Archivos para diciembre, 2008

Morir es aburrido

Publicado: 31 diciembre, 2008 en Absurdo
Una caída vertiginosa, el corazón acelerado y una fuerte sacudida contra el colchón. Es angustioso; el cerebro me expulsa como si fuera una flema, no quiere que disfrute o viva de forma consciente sus creaciones. Me quiere alegre, empalmado o angustiado; pero engañado.
Mi cerebro no soporta que le espíe y me expulsa de sus dominios como a una puta sifilítica vieja y loca.
No soporta que disfrute del sueño; de una película maravillosa de emociones vívidas y aberrantes. Sólo quiere engañarme y que padezca de sus creaciones sin demasiados aspavientos. El cerebro es un artista que no soporta ser molestado.
Un enfermo esquizofrénico que un día me convertirá en un baboso que mira un trozo de mierda en el jardín desde una celda blanca.
Cuando no pueda contener la inmundicia de mis intestinos, mi cerebro se reirá, lo sé. A veces tiene ataques de exacerbada e innecesaria crueldad.
Me gusta mirarme en sueños porque no hay una pierna podrida que duela; en sueños no soy un tullido que no podría correr para salvar su propia vida. En sueños, no soy ese que cruzando la carretera, no puede esquivar con rapidez el coche que le arrancará y aplastará la masa encefálica.
En sueños resalto con un brillo épico contra el mate mundo que me rodea. Los años que vienen son mejores y otras veces trágicos, siento alegría y siento terror; siento conteniendo la respiración ante la intensidad de las emociones.
Un cieno húmedo que me amortaja. A veces me siento muerto en sueños y es todo tan fresquito… ¡Ja!
Cuando sueño, el mundo está mudo salvo las palabras que son para mí, hay detalles deliciosos de gente que muere a mis espaldas, a mi lado. Sin que me importe, sin que las palabras que oigo se interrumpan o fluctúen. Nada importa y el universo me mira, me mima, me aterra, me tortura; ante muertos y admiradores.
Y me siento en mi mundo, estoy bien, me siento bien entre los muertos que no huelen. No me molesta nada.
Hay humanos que solicitan mi atención con los brazos hacia mí y yo como si de un poderoso se tratara, los dejo morir con una sonrisa de disculpa.
En sueño importo tanto…
La muerte es liberadora, tanto la mía como la de los otros, de hecho (no es por alardear), me importa un huevo el momento y la forma de mi muerte. Sólo soy curioso.
Mi cerebro tantas veces hostil, es el simulador de la nada. Cuando muero en sueños, todo se detiene y los últimos rumores del organismo, enmudecen el ruido universal de la vida de los otros y las cosas. Los árboles se agitan sin sonido y los horribles grillos raspan ahora muñones silenciosos.
Y la muerte adquiere su aterradora importancia y dureza.
No existe la muerte dulce, lo sé. Los que mueren durmiendo roncan aterrados por aspirar un poco de aire, contraen todos los músculos por arrancar un latido más al corazón y como en el sueño, son protagonistas de una escena eterna donde reconocen que no abrirán jamás los ojos. Recuerdo el rostro de mi padre muerto y no me engañó en ningún momento, rabió como un perro durante los segundos que tardó en morir. Eso son cosas que cualquier tullido sabe.
Muy zorro yo, abro un ojo por dentro y espío a mi cerebro sin que se dé cuenta de que estoy despierto; oigo su risa cuando la apnea dura más de lo que la vida aconseja.
Es tan cabrón, tan liberadoramente desinhibido de cualquier asomo de escrúpulos…
En sueños importo por encima del dolor, la muerte y la alegría de los otros. Mi cerebro está podrido; pero en el fondo me quiere; no es tonto, ha de cuidar del cuerpo que lo sostiene y me da protagonismo.
Cuando muera, lo echaré de menos.
Soñar…
La muerte es aburrida, estoy seguro de que será peor que vivir. Porque sin cerebro, sin sueño; se acabó la belleza y la emoción de un universo bien creado, de una naturaleza sin errores.
Yo no quiero morir.
Aunque vivir tampoco es para tanto.
Bueno, pongamos que caigo en coma por unos años.
Para toda la puta vida que me queda.


Iconoclasta
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Yo no soy un hombre

Publicado: 27 diciembre, 2008 en Amor cabrón

Yo no soy un hombre, soy un animal sin alma. Sólo soy reproductor, un cerebro primitivo y lerdo.
Los enamorados claman al viento su amor, escriben poemas de luz y sonido, lloran la tragedia de la ausencia. Hacen el amor entre olas de espuma cálida o entre ráfagas de etéreo polen. Las velas hacen de sus sombras seres de prestancia divina.
Yo no. Soy un animal que no siente nada de eso.
No tengo corazón, no lo siento latir. Soy un simple.
Son mis tripas, en mi vientre es donde se acumula el deseo. ¿Es pasión o es locura desbocada?
Me aferro al abdomen clavando las uñas pensando en ella, digiero cada imagen suya, cada palabra.
Es mi vientre el que me estremece.
No tengo corazón, soy intestino, un músculo que se tensa, que me aplasta hacia dentro
Soy tan primitivo que siento vergüenza de mí.
¿Quién coño me parió?
Sin previo aviso se me tensa el músculo y me abrazo el vientre con una nostalgia, con una sensación de hambre que me dobla en dos.
¿Cólicos de amor?
Quiero joderla, lamer cada trozo de su piel, rozarme con ella hasta que mi puto pene reviente en mil pedazos.
Yo no soy un hombre, soy un perro en celo, coño.
No puede ser amor susurrarle al oído “puta”, meter mis dedos en su sexo y mojarme de ella, hacerla gemir como a una perra.
Coño, qué digo…
Soy un animal. Soy sucio, soy una pesada carga de semen hirviendo por ella. Un pene baboso, un glande terso colapsado de sangre.
Yo sólo sé que cuando el vientre se estremece mis manos lo recorren intentando frenar esa tensión. Y me encuentro con el pene en la mano, consolando mis cojones duros, ardientes.
No lloro, es vergonzoso…
De mi pene gotea un líquido espeso, un aceite. Destilo el puto amor por el pijo. ¿Son mis lágrimas de amor? Si ella supiera lo que soy…
Camino desnudo por la casa dejando un rastro de mi excitación, como un animal salido. Estrangularía el deseo; pero su imagen sólo me lleva a tocarme, acariciarme hasta que con gruñidos y gemidos me derramo.
Arañando el vientre, tirando de mi sexo endurecido y resbaladizo.
Babeando por lamer su coño.
Aspirar sus pezones hasta saciar mi sed.
Meterme en ella y joder hasta su alma.
No puedo ser un hombre, los hombres no se hacen pajas desesperados así. Los hombres aman y sonríen y bendicen la suerte de ser amados.
El corazón es mi pene latiendo, bum-bum-bum…
Creciendo y expandiéndose por ella.
Mis lágrimas son el semen que se enfría rápido entre mi puño, en mi vientre salpicado.
Mi puto vientre de animal…
Qué vergüenza…
La jodo hasta lo más profundo de ella.
Sin amor, sin corazón.
Soy una polla que llora, unos cojones plenos.
Un animal sucio.


Iconoclasta

El gordo de navidad

Publicado: 22 diciembre, 2008 en Reflexiones
Hoy se ha sorteado la lotería y desgraciadamente para mí, no he podido evadirme de las noticias o comentarios del sonido feo e idiota que emiten los televisores y radios. Las mismas voces, el mismo soniquete repetitivo y estupidizante.
Por enésima vez me he sentido incómodo, infectado de nuevo. No he sentido ningún tipo de alegría por los afortunados, no me interesa si brindan o llevados por la emoción del momento padres e hijos mantienen relaciones sexuales compulsivas y cremosas.
Me irrita tanto la alegría de esos, que me hacen sentir afortunado de no haber tenido suerte con el dinero. No me gustaría sentir esta despectiva irritación hacia mí mismo.
Hay quien llamará a mi estado de disgusto e incomodidad misantropía, o simplemente pensarán que soy un hijo puta.
Como no soy muy docto, me paso la misantropía por los huevos, no sé qué coño es eso.
No soy un misántropo, de lo contrario viviría para pegarle fuego al mundo. Simplemente me molesta esa alegría de los cerebros superficiales y pienso que toda esa suerte de la que disfrutan los afortunados, es como tirar margaritas a los cerdos.
En definitiva, que me suda la polla lo felices que son, que puedan ser y que serán. Su felicidad y su vulgaridad tatuada en sus genes.
No, no soy empático y cada año me molesta más y más saber de la felicidad de esa caterva de afortunadillos que les trae la suerte en forma de pasta.
Es injusto para mí, no puedo escapar de esta trampa que se repite cada año. Mis oídos se infectan sin posibilidad de escape.
Me hago viejo y mi paciencia es cada vez más escasa. Mi humor también.
Buen sexo.

Iconoclasta

Celoso

Publicado: 19 diciembre, 2008 en Terror

No deseo que seas feliz, no deseo en absoluto que encuentres la dicha. Que el amor te sonría con otro.

Rogaríaa todas las fuerzas del universo porque se te muriera entre los brazos ese cabrón.

Pero no soy un hombre de fe.

Soy sólo un loco romántico a veces iluso, a veces con la polla dura; muchas veces, no es por alardear.

Cada día, cada segundo, en cada instante desearía que se le secara la sangre en las venas cuando su pene bombea en ti. Que se convirtiera en cadáver cuando te jode, cuando te folla.

Cuando se la mamas.

Que se muera con el corazón roto en tres pedazos cuando te llevas su pene a la boca.

Que muera cuando nazca su hijo; cuando de tu coño salga la vida. Que la muerte se lo lleve al infierno si existiera semejante cosa.

Que se pudra ese cabrón.

Que se pudra ante ti, en ti.

Sé que no moriría jamás por obra y gracia de algún genio que me ha salido por el pijo al frotarme la polla y al que le he pedido un deseo, no caería esa breva en mi jardín.

Los hombres prácticos somos pesimistas por sistema. Y no divagamos demasiado en mundos de onírica fantasía. Sólo nos masturbamos por un exceso de testosterona. Eso dicen los médicos, a mí me da igual, sólo quiero que te jodas.

No soy ese hijo puta cobarde y falso que a pesar de no ser querido, conserva todo su amor celestial intacto y quiere tu felicidad por encima de su propia vida. Deseo tocarme la polla con violencia ante el llanto de tu desesperación. Ese es mi único deseo.

Es un poco enfermizo, demuestra que algo huele a podrido en Dinamarca, lo asumo.

Tengo el capullo tan hinchado, tengo tan presente tus pechos en mi boca, que aún me masturbo a pesar de que en mis oídos resuena esa última frase que dijiste: “Ya no es lo mismo, espero algo más y tú no me lo puedes dar”.

Si mi semen fuera ácido, me correría en la boca de tu amante, lo envenenaría, le quemaría hasta el ánimo si pudiera.

Su boca sería mi cenicero. Que risa más tonta me ha dado la imagen. Así no hay quien sea malo, se me pierde este oscuro carisma entre risitas adolescentes.

Llámame celoso si así lo quieres; pero no odio a tu amante. Quiero masturbarme ante tu rostro sucio de rímel corrido; negras rayas de pena ante el cadáver que aún está clavado en tu coño hambriento.

Es hermoso el rostro de la pena. En el fondo soy un vate despojado de amor y trágico en su pesar. Un triste payaso, un augusto de labios ensangrentados.

Deseo tu pena, deseo el movimiento obsceno de tus tetas cuando lloras; cuando se agitan, mi mente sólo desea clavar los dedos en ellas, erizar los pezones hasta sentirlos duros. Tan duros que cuando los chupe, gimas perversa.

Mi cuerpo también lo desea. Al final soy como la santísima trinidad; pero en porno: mente, cuerpo y polla.

Deseo que gimas de placer llorando por tu amor muerto. Quiero ser la parte más sucia de tu psique, lo más recóndito. Lo más pútrido, el que folla la pena, el que se masturba con el cadáver, el que odia con la misma pasión con la que ama.

Soy animal y luego, cuando he follado, cuando he soltado mi leche en tu rostro anegado de lágrimas, soy hombre y puedo escribir estas cosas con la frialdad de mi semen mojándome los testículos, goteando de mi pijo entre los pies. Disfrutando de tus lágrimas, de tu miedo.

Jamás seremos amigos, no puede haber amistad ni buenos deseos cuando ya no puedo tener el coño que tanto he penetrado y apresado en mi puño crispado.

Sin embargo, sé que no hay justicia; sé que serás feliz, sé que tienes en tu vientre a su puto hijo desarrollándose. Sé que no moriría jamás ese cabrón por una justicia divina, ni por mi deseo irracional de que te derrumbes ante su cadáver. Dios no existe ni existen poéticos hados.

Es todo una mierda, como tu coño cuando se llenaba de él.

Y nadie muere por causas mágicas ni divinas, soy celoso; pero no imbécil.

Así que aquí tienes su cabeza; le he cortado los párpados para que puedas ver cuanto pánico había en su mirada momentos antes de morir.

Ojalá pudiera verte gritar y llorar ante la cabeza que habrá caído a tus pies. Ojalá pudiera estar cerca para darte una patada en la tripa y matar la vida que llevas dentro.

Me da igual que estés dentro del periodo legal para el aborto, no soy un hombre socialmente integrado.

Deseo que tu pena sea inmensa. Cada vez que mires a tu hijo, que veas la cabeza cortada del hombre que amabas.

Si estuviera ante ti, te acariciaría los pezones como te gustaba, con descaro ante el mundo; mientras lloras por el perro muerto.

¿Seguro que un día no te tocarás excitada leyendo esta carta? Con el tiempo, buenos y malos nos hacemos deliciosamente perversos.

Avisa a la poli, llamaa quien quieras; ya no me verás jamás. No habrá cárcel para mí, estoy muy lejos. No me interesa tu muerte, sólo tu pena. Soy libre y ya me siento tranquilo.

No hay justicia ni para ti ni para mí; es lo maravilloso de este mundo de mierda.

Es curiosa la felicidad, la tuya era mi desgracia y la mía tu dolor.

Así no hay quien folle. No se puede uno relajar ante tantas antítesis enfrentadas.

Ojalá sufras toda tu vida.

Te quería.

Que te jodan.

P.D.: Ya empiezo a sentir indiferencia por tu dolor. Lo tendría que haber hecho antes, ése ha sido mi fallo. Lamento que hayas sido feliz en algún instante.

Iconoclasta

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Dangerous Pezons (final)

Publicado: 8 diciembre, 2008 en Humor

La puta me saludó con frialdad.

—¿No es un poco pronto? A las seis de la tarde se toma un café o se va al gimnasio.
Era una amargada.
—Trabajo en el turno de mañana. Y si no quiero que mi mujer se entere de que le pongo los cuernos y me gasto la pasta de las gratificaciones, he de llegar pronto a casa. Así que empieza a hacer alguna gracia, porque me ha costado una pasta —la saludé yo también.
—¿Así?
Se había cogido los pezones entre los dedos de cada mano y los comenzó a estirar, estiraba tanto y sin cuidado que parecían que los iba a arrancar, el broche central del sujetador se abrió y sus grandes tetas parecían pender aún más pesadas de su delgado y pálido pecho. Salían chorritos de leche entre los dedos que caían sobre sus piernas y braguitas.
La verdad es que la puta valía aquella pasta. Abrí la bragueta del pantalón y metí la mano necesitado de masturbarme.
Se dio unas fuertes palmadas en los pechos. Los pezones dejaban escapar de nuevo, finos hilitos de leche en aleatorias direcciones.
—Mira como me castigo por mala. Toda esta leche tirada por el cuerpo, por el suelo… ¿Qué comerá hoy mi hijito?
A mí la hambruna me la pela, no soy sociable ni solidario. Soy un hombre que folla y poco más. Así que su hijito me la pelaba también; pero he de reconocer que era de una malicia bárbara.
—Yo también tengo alimento aquí —y me saqué el pene por la bragueta, tiré de la piel y descubrí el glande amoratado por la gran irrigación sanguínea. Notaba cada vena retorcerse en torno al bálano como raíces buscando agua en una tierra seca sin vida.
Las cosas de follar siempre me inspiran líricas imágenes.
Emy separó las piernas, se llevó la mano a la braguita rosa de algodón y apartó la tela que protegía la vagina hacia la ingle tirando del camal. La vulva apareció brillante y mojada de leche materna.
Haciendo tijera con los dedos separó los labios mayores de la vulva y un clítoris largo y grueso floreció de entre aquella carne mojada y flexible. Nunca había visto algo así de grande. Se me hizo la boca agua y un filamento de fluido se desprendió lentamente de mi glande como símbolo de admiración.
De pronto, quedose quieta mirando fijamente mi polla. Está bien hidratada y cuidada, me depilo por higiene laboral y la someto a breves sesiones de rayos UVA para que tenga una bonita y apetitosa apariencia, ya que sirve para ilustrar algunos folletos de instrucciones de uso y publicidad de los condones. También es utilizada como modelo para realizar algunos regalos promocionales. Realmente, el noventa y cinco por ciento de mí, está en la polla. Son cosas que con las que uno aprende a vivir.
Abrió el cajón del tocador y sacó uno de aquellos famosos consoladores que se regalaba mediante sorteo. El ó la concursante debía enviar la prueba de compra de una caja de condones de la línea “Penetraciones de ensueño” y recibía como regalo la reproducción de mi pene a escala real.
Me emocionó vivamente.
—¡Eres tú! —exclamó mirando con incredulidad la polla de resina y la mía.
—Psé —dije con mi locuacidad habitual.
Y dejé de cogerme la polla para sacarle brillo a las uñas de mi mano derecha en el pecho.
Los ojos de la puta se entrecerraron como sólo una mujer aquejada de lujuria aguda puede hacerlo, levantó las piernas al tiempo que las abría y abierta en todo su esplendor se metió a mi hermano de plástico en el coño, tan rápida y profundamente que sentí como mi glande intentaba salir disparado para meterse en aquel coño indecentemente lleno y mojado.
Me aproximé a ella y acaricié sus pezones con mucho tacto, estaban tan duros… Se masturbaba con vehemencia y ya que me tenía cerca, me cogió con fuerza el pene y lo meneó como una posesa.
—Eres tan puerco… —y cerró con fuerza el puño en mis cojones.
Yo pensé en la imprevisibilidad que me comentó la recepcionista sobre las madres putas primerizas y no conseguí ser comprensivo. Lancé un grito muy agudo, casi femenino y tuve que darle una bofetada para que me soltara. Emy aflojó inmediatamente el puño y me dio un beso en la punta del pijo con una sonrisa traviesa. El reguero de sangre que bajaba por la comisura de sus labios, le daba un aire de vampiresa.
Y seguí jugando con sus pezones. Lo del tacto exquisito y la sutilidad me dura lo que una botella de agua mineral en boca de un etíope y cerré con fuerza mi puño en el pezón izquierdo. Emy se quejó y el chorro de leche que salió le dio de lleno en un ojo. El rímel negro se mezclaba con la leche y parecía desamparada; había una fuerte carga dramática en aquella habitación de puta.
Apreté más el pezón hasta que la punta enrojeció saliendo por el puño y ella clavó las uñas en mi bálano hasta hacerlo sangrar.
—¡Qué hijo de puta eres, cabrón!
A mí, incluso me gusta que me traten como un mierda durante el cortejo sexual, pero aquella puta parecía Regan (la niña de El exorcista), pero como mi pijo estaba rozando su teta derecha, sentí más gusto que miedo.
Y además, si una tía te dice eso moviendo la estatua de tu propia polla en su chocho, no tienes porque tomártelo todo a mal; en el fondo te están rindiendo culto como a un dios.
Ya quisiera dios meter su cabeza en el coño de una mujer caliente.
El follar me hace épico, fuerte, heroico y viril.
Dejó el pene de plástico clavado en su vagina y se dedicó a acariciarme los cojones con la otra mano. Yo los contraje con miedo a que sufriera otro ataque de imprevisibilidad.
La obsequié metiéndome el pezón dolorido en la boca y se le escapó un suspiro que casi provoca en mí una vergonzosa eyaculación precoz. Serán putas, pero tienen una forma de gozar muy intensa para desquitarse de los polvos aburridos y a-orgásmicos de los que son objeto por parte de la mayor parte de sus clientes.
Cuando mordí el pezón, aunque lo hice con cuidado, me inundó la boca de leche, tosí y me salió por la nariz. Le cogí un marlboro y me lo encendí para ayudar a pasar aquel mal trago. La nicotina y los alquitranes volvieron a crear una capa protectora en mi laringe y combatieron eficaz y rápidamente los nocivos efectos de la leche.
—¡Eres la más puta de las putas! —le susurré al oído.
Le saqué la polla plástica y la tiré al suelo, hice presa en el superclítoris y con los dedos índice y pulgar lo masturbé como si fuera un micropene. Emy, o se había ilusionado mucho con conocer al probador de condones de su marca habitual de condones o necesitaba un polvo de verdad como una loca. Porque cuando le metí los cuatro dedos en la vagina sin ningún cuidado, comenzó a golpearse los pezones con las púas del cepillo para el pelo. No sé por donde pasó la mano para hacerse con él; pero apareció allí y pensé en lo maravillosa que es la vida cuando nos ofrece su magia.
Le apresé bien la teta con la mano que tenía libre y le mantuve el pezón alto para que pudiera castigarse más certeramente. Noté como se me escapaba una gota de semen por el pijo y apreté el culo, la próstata y todo lo que pude para que aquello no fuera a más.
—Te está sangrando el pezón —así que saqué lentamente los dedos de la vagina para que se relajara.
—No, no, no… —se lamentaba entre gemidos.
No recuerdo bien lo que dije, sólo recuerdo palabras inconexas; estoy seguro de que dije algo sobre cagar, dios, la puta, la madre y algo sobre arrancar una cabeza a puñetazos.
Tengo unos prontos malísimos.
No sé como llegó aquella pinza de largas púas para el pelo a quedar enganchada en mi tetilla. Supongo que debería haber imaginado que algo así podría pasar cuando ella jadeó excitada:
—¿Te gusta joderme los pezones, eh cerdo?
Me la arranqué como King Kong se quitaba las pequeñas lanzas del cuerpo y continué trabajándome a la puta ignorando el dolor y la humillación.
Me coloqué a su espalda, muy zorro yo, cogí su otro pecho, que estaba menos magullado, lo elevé hacia su boca y la obligué a que mamara su propia leche. Yo tenía el pene pegado a su espalda y me frotaba rítmicamente contra aquella piel hidratada con crema especial para putas; que es una sub-marca de Dolce y Marrana especial para profesionales.
Ella solita y sin que yo se lo dijera, encogió los labios con fiereza y cerró los dientes apresando al pezón. Una y otra vez lo hacía resbalar por entre los dientes. No había que ser puta para saber que aquello dolía una barbaridad.
Pues siguió así hasta que se hinchó como el pulgar de mi mano.
La obligué a apoyar los pechos en el tocador con el culo en pompa y las piernas separadas. La penetré profundamente y bombeé en su coño hasta que noté como su coño se contraía, en ese mismo instante una oleada de humedad inundó mi polla y cuando la saqué, goteaba zumo de puta.
—Cerda, puerca, asquerosa, zorra… —le recité en el oído mientras se apretaba el pubis y el coño con la mano intentando contener el placer.
Conseguir que una puta se corra antes que tú, tiene mucho mérito, no soy un hombre humilde y de hipócrita modestia. En aquel mismo instante, pensé en pedirle dinero por el polvo; pero por puta que fuera, seguro que tonta no. Y dominé así mis fantasías sexuales de ser puto.
Los pezones daban pena, penita, pena de hinchados, amoratados y duros.
La obligué a tenderse de espaldas en la cama y yo me puse a horcajadas sobre su vientre, con aquellos tremendos obuses rozándome el pene.
Metí el pene entre las tetas y ella las apretó contra sí con ambas manos a la vez que los agitaba arriba y abajo.
Cuando sentí que la paja tocaba a su fin, le dije:
—Y ahora el tratamiento para la hidratación de los pezones.
Presioné el meato del glande contra la areola de su teta izquierda hasta que el semen empezó a derramarse pecho abajo. Hice lo mismo con la derecha hasta vaciarme completamente.
Y sintiendo un hambre atroz, le masajeé con mi propia leche los pezones hasta que estos se relajaron y ella también. Yo pensaba en la merienda. Follar me da hambre.
—Iconoclasta… Ummm… ¿Me firmarías mi juguetito?
—Claro, como no —recogí la polla de plástico del suelo, la limpié en la sábana y estampé mi firma con prisa. Se lo metí en el coño de nuevo.
—Te regalo una segunda sesión —me ofertó frotándose distraídamente el monte de Venus.
—No puedo quedarme más tiempo, tengo que recoger a mi hijo en el gimnasio.
—Puta loca —le dije a modo de despedida.
—Te amo —respondió imprevisible de nuevo y sentí cierta vergüenza, soy un hombre humilde.
Ojalá hubiera sido así de imprevisible hacía unos minutos la hijaputa.
Entré en la hamburguesería y dejé la camisa perdida de mayonesa y ketchup. Me embrutecí por el hambre a pesar de la irritación de mis testículos y la tetilla derecha.
Cuando llegué a casa, puse los cojones en agua muy caliente suspirando de alivio y aplicándome mascarilla hidratante en el pezón derecho intentando que consiguiera reducirse a su tamaño normal antes de que mi mujer llegara de trabajar para hacer la cena y se le ocurriera acariciar mi poderoso pecho como tantas veces suele hacer cuando tiene ganas de follar.
Peligro es mi apellido…


Iconoclasta