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El tan cacareado ahora Pin Parental, es una estupidez en cuanto a que no se trata de un pin de mierda, sino de una autorización, un documento escrito en el que se libera a los menores de ser adoctrinados en los distintos géneros sexuales que existen en la sociedad.
Lo primero de todo: es necesario un vocabulario preciso, conciso y práctico: llamar pin a una autorización en forma de documento firmado, es puro populismo para tener contentos a los “sin cerebro” que lucen su puto smartphone nuevo.
Dicho esto, el pin parental es tan necesario como la libertad que tienen los padres para que sus hijos estudien o no religión.
Los colegios no existen para adoctrinar o inducir ideologías religiosas o sexuales. Jamás deberían ser como los del franquismo, comunismo y el Tercer Reich. Adoctrinar es una facultad de los padres.
Porque los hijos pertenecen a los padres hasta que se convierten en adultos capaces de valerse por sí mismos. Y no hay discusión al respecto.
Quien quiera que su hijo sea adoctrinado, basta con que le instale la app de twiter o facebook en su teléfono.
Otra forma (de hecho es la única sana) en la que se adquieren ideologías o doctrinas, es con el desarrollo intelectual de cada cual aplicado a sus propias experiencias y forma de ver el mundo que le rodea.
Los colegios deben ofrecer conocimientos y cultura a los niños. En lugar de religión o ideologías de género, deben dar conocimientos de ética, por ejemplo: Podéis ser arribistas si queréis (populistas en política); pero no hay dignidad en ello. El arribismo es envidia, es horrible subir en la escala social pisando la cabeza de otro. También podéis ser racistas; pero otros os pueden discriminar también porque no tengáis el tono adecuado de piel tras tomar el sol en vacaciones.
La ética o el deja vivir como materia de reflexión en los primeros años de estudio de la infancia y la juventud, no es una buena cosa que enseñar para los gobiernos e instituciones; ya que ese conjunto de reflexiones se volvería, con toda lógica, contra los ideólogos y/o gobiernos, a los que señalaría como elementos tumorales para la inteligencia y la libertad.
Adoctrinar sistemáticamente, como en el colegio, es hacer idiota la infancia y la juventud. Robarles tiempo para adquirir conocimientos que les proporcionarán oportunidades para su supervivencia en sociedad, como es el trabajo.
La ética, como materia de reflexión debería bastar en una sociedad sana y decente.
Debería bastar para que la cobardía hacia el esfuerzo y el conocimiento de la cruda realidad de la esencia humana, no los convierta en unos pusilánimes aborregados entre cientos de miles de reses buscando consuelo y protección en un pastor subido a un púlpito.

No nací ayer. ¿Qué cojones dice la noticia de que acaba de nacer este partido?
Este partido fascista (Renaixença Nacional Catalana), nació de los mismos cojones de los monseñores Mas y Puigdemont cuando soltaron sus primeros lloriqueos pacíficos para quedarse con Cataluña para ellos solitos (y los ilustres empresarios catalano-ambiciosos que les pagan para ello).
Estos fachas, están tan cerca de Milosevic, que si dan un paso más a la derecha, los nacionalizan búlgaros con honores.
A ver si aún hay lelos que ignoran que cualquier nacionalismo es supremacista, racista y dictatorial y violento. Sobre todo para aquellos que no tengan un rancio apellido con aparatosa y rural fonética catalana.
Cataluña es la región europea más represiva y la que roba más dinero con impuestos al obrero.
Si en el sur de España hay “señoritos”, en el norte también los hay. Son la imagen perfecta para en una enciclopedia, ilustrar las voces: franquismo, usura y racismo.
Los de Renaixença son aquellos que cagan leyendo una exquisita y pacífica (cómo no) traducción pompeu-fabriana del Mein Kampf.
Putos fascismos repugnantes.
Moraleja: el poder de los imbéciles siempre será superior al de los cultos o listos, porque de subnormales siempre hay más (para votar y gobernar).
Siempre se impondrá la cantidad a la calidad, el ser humano es mezquino hasta la náusea; donde quiera que crea que es su patria de mierda.

“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.”
Cicerón.
Siempre lo he pensado así.
Os explico: “niños” es un eufemismo piadoso por “idiotas”.
La idea es la misma para quien se cree versiones “raras” y distorsionadas de la historia, debidamente acomodadas a las ideologías de moda en cada época de la mierdosa humanidad.
El analfabetismo, al no permitir comprender lo leído, es campo abonado para las infecciones de la mentira histórica. Y un bocado de dulce imbecilidad para los crédulos iletrados.
Leer crepúsculos, guerras del hambre y de enigmas facilones de iglesias y números falsamente históricos, no es algo de lo que sentirse orgulloso ni de considerarse lector profesional.
Y al igual que los borregos, los idiotas se apiñan y amontonan entre sí para rendir culto a su ociosidad y absoluta y mísera ignorancia “infantil” (eufemismo, claro).

He sentido náuseas al leer la gran degeneración, cobardía, mojigatería, censura y miedo de estos estudiantes que representan lo más bajo, tirado y populista de una sociedad tan decadente que solo se merece muerte, guerra, hambrunas y extinción.

Pertenecer a la especie humana con tanto cobarde y maricón llorón es algo que consigue amargarme hasta el límite de ansiar el genocidio.

¿A estos estudiantes idiotas y sus profesores les van a poner orejeras como a los burros para que no vean lo que temen al caminar?

¿Van a seguir censurando películas, libros, cómics y arte como si fueran los putos inquisidores de la cobardía y la degeneración psíquica y física?

Se acabaron los tiempos de los latigazos a los idiotas y por tanto, se reprodujeron como mierda para joder hasta el arte. La línea sanguínea de la cobardía y la ignorancia ha infectado a la humanidad, y la penicilina es insuficiente para curar esa miseria de hipócrita y cobarde cultura aunque se les dosifique con una inyección a través del iris del ojo.

Es tan solo una muestra de subnormalidad, hay muchas más todos los días.

Sangre y destrucción.

Es la variante lógica e inevitable a las mentiras pretecnológicas que se repetían mil veces para convertirlas en dogmas y verdades.

Nada nuevo bajo el sol.

El tipo este, “el síndic” (una especie de juez político catalán sin más trascendencia que cobrar de los contribuyentes) viene a decir que lo proporcional hubiera sido que después de haber jodido a todo el mundo cerrando carreteras y quemando coches, que los policías a los desocupados y ociosos cdrs les hubieran comido la polla gratis acariciándoles los huevos con cariño.
Talmente, como lo haría el síndic: Oi que sí, maco? (“¿Verdad que sí, guapo”, en catalán, el martirizado idioma).
Fijo que el síndic tiene un efebo entre los cdr…

Joder, es un poco denigrante que un gato de caricatura se me (“me se” para los más cultos y leídos, ¡ja!) parezca; pero a Garfield le pasa como a mí, está hasta la polla de tanta Gilipollez Ilustrada.
Es una genialidad de personaje.
Como yo.
Podría ser peor: se han puesto de moda las ortigas.