Archivos para noviembre, 2019

El mundo se distorsiona en función del grosor del hielo que se forma en los ojos por las lágrimas al congelarse, son cosas de la temperatura que aunque sean simples y lógicas, cuando te las cuento adquieren un hermoso aire trágico.

No estoy loco, solo un poco triste de melancolía cuando pienso en tu calidez.

Te diría caminando cogidos de la mano, tranquilamente como aviones a reacción (me encantan las estelas de vaho que exhalamos en el aire frío), que por muchas distorsiones y refracciones que causen mis lágrimas con la luz, todo lo humano conserva con desesperante definición su mediocridad atávica cuando vago solo.

Sé que puede parecer repetitivo; pero… Si no te lo cuento a ti ¿a quién, cielo?

Pensarte me da paz y cobijo. Tu existencia me da un lugar higiénico cuando la vulgaridad me asfixia.

Estoy amargado a conciencia, alimento mis frustraciones y tristezas para no encajar entre ellos, entre los humanos. Una rebeldía inútil; pero absolutamente digna aunque me joda.

Solo necesito estar en ti, dentro de tu cuerpo, con las almas mezcladas en volutas que danzan perezosamente ingrávidas alrededor de los cuerpos jadeantes.

Porque el día que sienta que pertenezco a esta sociedad ya no seré digno de ti.

Sería terrible, amor.

Que no te preocupen mis lágrimas congeladas, son mi volición, mi necesidad de ti.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Como si no existiera violencia, robo, vandalismo, fallos de transporte, suciedad y precariedad de la vivienda; el ayuntamiento de Barcelona se dedica a trabajos más amables, menos peligrosos y más recaudatorios como multar juguetes como patinetes y con el tiempo, a los playmobil también.
Se dice despectivamente que España es diferente; pero Barcelona con este ayuntamiento usurero y su dejadez de obligaciones, no es diferente; es simplemente corrupto e inoperante, al más puro estilo mexicano.

La vida no es un río, es un despeñadero hiriente que te rompe los huesos y el ánimo con cada piedra, en cada recodo.

Un torrente que tiene más piedras que agua, más turbidez que nitidez, más miedo que alegría y más muerte que vida.

No puedo entender porque la espuma que se forma al estrellarse el agua contra las rocas, pueda ser blanca. Debería ser roja de sangre y negra de muerte.

Y sin embargo, tú estás ahí, bella y deseable en algún lugar para que todo el dolor valga la pena.

No quiero encontrarte y sonreírte así de roto, quiero tu abrazo, tu consuelo antes de que sea un despojo arrastrado al mar.

A veces me siento así, triste de una forma desesperada.

Qué vergüenza, cielo…

¿Sabes, cielo? A veces deseo algo tan simple como regalarte una flor y arrancarte una sonrisa y que tus poderosos ojos iluminen nuestra mañana.

¡Vaya! Quería hacerte un regalo casual, y resulta que tú eres mi regalo. Cuanto más te pienso, menos valor tienen las flores.

Deja… Omitiré lo de tus enormes y profundos ojos y tu sonrisa para que el regalo sea solo para ti.

Amarte, inevitablemente me hace un poco egoísta.

Te amo dos veces, cielo.

Las nubes que descienden

Publicado: 5 noviembre, 2019 en Sin categoría

Fumo y observo las nubes bajar y cubrir los altos bosques, haciendo fascinantes espectros de los árboles. He escuchado como el sonido se retira, se esconde en lo más profundo del bosque, bajo las otoñales hojas muertas. Como si se inclinara el rumor del bosque ante la aparición de sus majestades.

Como si todos los seres contuvieran la respiración, así se crea el silencio cuando las nubes bajan al bosque.

Como yo la contengo ahora consumiéndose el cigarrillo entre mis viejos dedos.

No hacen daño sus ilustrísimas; pero me hacen demasiado pequeño. Como si fueran maestras de viejas escuelas rancias que ordenan silencio con el semblante grave y fiero de aquellos maestros perros.

Solo que las nubes son mucho más hermosas y son amadas. A pesar de que al cubrirme me convierten en un ser más que habita la fronda y sinceramente, me siento mucho más indefenso que los animales que callan y apenas respiran.

Salvo los escandalosos cuervos, negros y graciosos ácratas…

El tiempo ha pasado en un suspiro contenido y cuando he llegado a casa, he visto en el televisor a los mismos patéticos de siempre, empleando y prostituyendo su tiempo quemando papeles y mierda por orden de sus amos, gritando como putas y maricones enceladas, con alaridos tóxicos escupen la rabia de que no les han regalado el país de Nunca Jamás. Gritando para esconder el ridículo de una ingenuidad infantil en rostros adultos. La vergüenza de ser adultos torpes, crédulos, decadentes…

He vomitado en el instante que apagaba el televisor y deseado que Barcelona fuera cubierta por sus majestades las nubes y que fueran venenosas. Que mataran indiscriminadamente a cientos de miles de seres porque imbecilidad y fanatismo solo con dolor y muerte se erradican. Porque lo que está podrido debe derribarse o quemarse y hacer algo nuevo tras haber barrido escombros, cenizas y esqueletos.

En un tiempo de gritos y llantos por libertades y paz pueriles, indignas de adultos, yo mascullo cosas de violencia, dolor y muerte.

Alguien tenía que hacer el trabajo sucio y desear que a tantos se les pudriera el corazón envueltos en mis nubes queridas.

Nubes, ahora sí, de justicia verdadera.

Me da miedo seguir imaginando y caer también en una imbécil ingenuidad, he de ser cuidadoso si no quiero morir indigno.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.