Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

Sí, ya sé que mi gusto decorativo es muy discutible, incluso reprochable y delictivo.
Pero es que me lo paso bomba.
Precioso.

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Los días de niebla, con una visibilidad de doscientos metros, son una gozada.
Ideales para, en lo profundo del bosque, acosar, violar, torturar, matar y descuartizar a cualquier ser vivo, sea primate o no. Macho o hembra, joven o adulto.
Lo recomiendo. Dios os creo a vosotros, monos y al resto de los animales, para que os despedace y os viole el alma y el cuerpo vivos o muertos.
Si nos encontramos entre la niebla, entenderéis sin duda alguna la naturaleza del mal.
Feliz día de muerte impune.
Siempre sangriento: 666.

En Telegramas de Iconoclasta.

Quiero creer; quiero imaginar en un ataque de romanticismo,ejerciendo mi privilegio de la imaginación y sin que sirva de precedente, que las nubes bajan a llorar los miles de cadáveres pequeñitos y grandes que hay en las montañas. Y que no estoy seguro de que el vapor sea del cielo. Parte de esos muertos se hacen humo para sentir la luz. Tal vez (pobres), tienen frío.
Son buena gente esas nubes y esos muertos.
Es un precioso momento para morir.
Compartir la muerte así es hermoso ahora que aún respiro.
Un día me lloraréis con esa dulzura ¿verdad, nubes? No soy un mal tipo después de todo.
Hasta pronto…

Subir doscientos metros de montaña en apenas tres kilómetros de recorrido. Aspirar los pulmones que con restos de tabaco se me han salido con una tos. Recuperar ritmo cardíaco con un cigarro colgando de los labios y observar con la mirada brillante las lejanas montañas nevadas.
El frío cala en la piel filtrándose bajo el sudor. Y pareciera que la bici está cansada como yo.
Eso es pasear de verdad y no andar oliendo la mierda que sueltan los coches en las pocilgas-ciudades. A veces tengo suerte, o la identifico.
Bueno, tal vez no sea demasiado el esfuerzo realizado; pero si tienes una pierna podrida, sin sangre, con una rodilla que parece un balón y un tumor que no duele pero jode, los tres kilómetros valen por quince y los doscientos metros por el puto Everest.
Lo del fumar es un extra que me hace aún más heroico.
Veo cada día gente que por menos daño, circula en un cochecito eléctrico.
Pusilánimes…
La foto está inacabada, más temprano que tarde la imagen será completa con mi cadáver enredado entre la bici, la mochila y el casco. Yo diría que mi sombra es algo profético. A veces soy místico de la forma más coloquial.
Está bien, es un hermoso momento y lugar para morir.
Seré un cadáver exquisito, no el sentido literario; en el literal. Un lujo de muerto…
He visto lugares peores para morir, más anodinos y sórdidos. Morir formando parte de la carrocería de un coche no es exquisito y morir en casa y que descubran tu cadáver cuando apesta, tampoco es una delicatesen.
Sé de estas cosas, la experiencia es un grado.
Sinceramente, antes que formar parte de la foto, conozco muchos que deberían morir y yo estar presente para fotografiar sus cadáveres.
Me pregunto que, si mi padre hubiera muerto ahora en la era digital, lo habría fotografiado y colgado en las redes con algún jocoso comentario.
Nunca he querido ser buena persona, de hecho no he considerado ser nunca malo o bueno. Soy como un buitre o un cerdo: es mi naturaleza y no la combato. No me juzgo, solo hago lo que debo y lo que quiero cuando puedo.
Es frustrante lo que se refiere al “cuando puedo”. Me jodo.
¡Bah! Mientras muero y no muero, bajaré a casa con más alegría, la bajada me da risa en la misma medida que la subida me ha dado diarrea.
Tengo un hambre del carajo.

Hasta pronto, Muerte. Nos vemos.

Iconoclasta
Fotos de Iconoclasta.


La mano se quedó vacía de repente. Se le ha robado lo que amaba, la calidez y el suave pelaje de la tierna vida.
¡Por favor! Ahora no sabe donde posarse.
Y le es imposible encontrar y sacar eso que oprime el corazón, está demasiado profundo.
La mano es solo una pobre mano desoladoramente vacía.
Y el corazón no consigue gestionar toda esa tristeza que le roba un latido, como si sorpresivamente a lo largo de las horas oscuras, la muerte lo pulsara con su negro dedo.

En Telegramas de Iconoclasta.