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Por supuesto…
La cobardía española, su inmovilidad, la prisión llamada “confinamiento” decretada por el gobierno fascista-chino español y las insanas mascarillas; han creado a uno de los pueblos con el organismo más débil del mundo.
Otra cosita: Rusia tiene 144, 5 millones de habitantes. España: 46, 9 millones.

Lo que mal empieza mal acaba.
Las sociedades humanas han empezado todas mal; unas están muertas y el resto agoniza.
Y es que la sociedad humana es la parasitación del individuo o creador, ya sea por envidia o por ambición y usura para conseguir algo que como colectivo, jamás lograría.
Ninguna sociedad quiere que nadie sea diferente, que demuestre valor; porque un solo valiente deja en evidencia a diez mil cobardes. De ahí que quieran uniformar a todos por igual, con mascarillas y con cobardía. Los políticos mismos que acceden al poder provienen de rancias y estropeadas líneas genéticas endogámicas como las aristocráticas, que han creado cobardes arribistas generación tras generación.
La sociedades buscan el sometimiento y aniquilación del individuo y yo busco la exterminación de toda colonia insectil humana.
Ambos, yo y la humanidad, tenemos tareas que hacer.
Ganará la piojosa sociedad de la mezquindad: tiene más intestinos y por lo tanto más mierda para asfixiar.
Pero no sé porque, me siento bien jodiendo y denigrando cuanto puedo.
Aunque pierda.
¡Ea, no se hable más! A seguir trabajando cada uno en lo suyo y que gane el más hijo puta (la sociedad).

Lo más repugnante de la esencia humana surge cuando un peligro amenaza a un gran número de reses o bestias humanas.
Atemorizados, acobardados y llorando; exigen solidaridad y cargan contra el individuo libre su ponzoñosa cobardía forzándolo a ser responsable por el bien del rebaño.
Si has pasado por malos momentos económicos o de salud, sabes perfectamente que ese rebaño cobarde ni ha hecho, ni hará nada jamás por ayudarte.
Y lo cierto es que no siento deseos de ser mártir o joderme por la chusma.
Igualito que la chusma ha hecho por mí.
Sin ninguna clase de respeto a los gusanos y sin ningún prejuicio moral de mierda, haré todo lo que deba o quiera con independencia de si es bueno o malo para ese colectivo, comunidad o sociedad mierdosa, cobarde e hipócrita.
Cuando conoces perfectamente el insecto humano, cualquier daño o consecuencia que pueda padecer o disfrutar es intrascendente, ergo indiferente.
La mascarilla bien podría asfixiarlos a todos y yo sentir que todo está bien, aunque sea solo por una puta vez en la vida.
Por lo demás, a estas alturas de la reflexión, todo aquel que sepa leer, ya sabrá para quien creo que es necesaria la mascarilla.
La puta mascarilla.

Llevo ya unos días en los que en plena naturaleza, veo gente paseando o montando en bici con la mascarilla o bozal cubriéndoles el hocico.
¡En plena naturaleza y sin policía de mierda cerca!
Hay que ser cobarde y poca cosa…
Y la cobardía lleva inevitablemente de la mano el servilismo.
Cobardía y servilismo crean al idiota perfecto, al más evolucionado de los imbéciles.
Como si España entera, al igual que ocurre en el delta del Mississippi y sus devoradores de cangrejos, fuera endogamia pura.
Las familias españolas de hoy en día son las mismas que las del famoso cartel de la película Los Santos Inocentes.
Obviamente se diferencian en el color de la ropa y que los tontos de antaño no llevaban bozal.
Los antiguos imbéciles se morían de hambre, y los actuales cobardes de “la covid” también, solo que no se enteran porque están aturdidos de tanto aplaudir a las sucias autoridades; y porque al final son imbéciles tipo Pokemón, es decir: evolucionados.
No los he fotografiado, porque me dan grima.

Odio con toda mi alma (si la tuviera) el país que en nombre de su cobardía e ignorancia me ha robado la libertad por más de tres meses.
Parafraseando el escudo franquista español: España, una, pequeña, cobarde, sucia y venenosa.
Deseo su extinción por coronavirus o calcinación.
Y si fuera Dios, en este mismo instante debería recurrir a mi diario para recordar en que fecha dejó de existir semejante cosa de país.
Sé que desgraciadamente no se cumplirá mi deseo; pero no puedo evitar dar rienda suelta a mi imaginación pueril y bienintencionada. En mis sueños solo mandan mis cojones.
Y mi odio es tan real que me salen sarpullidos en la piel.
Me voy a untar la polla con crema, me pica el pijo.

El chapo Torra, presidente autonómico de Cataluña (los presidentes autonómicos son caciques con licencia de corso impuestos por el gobierno español de los Caudillos Sánchez e Iglesias para violar los derechos civiles del pueblo); con su institucionalizada retórica franquista de amenaza de prisión para toda la población (no le temblará la mano, es el lema del fascismo español), ha dicho que pasará como en los colegios de toda dictadura: pagarán todos por lo cometido por otros.
“¡Portaos, bien hijos de puta, porque no me temblará la mano!”, es el resumen de su perorata.
No está mal por ser el Chapo Torra uno de los primeros que se contagió y naturalmente contagió a muchos más de coronavirus.
Los fascistas son como cagarros en la playa que te vuelves loco dando manotazos al agua para que se vaya a otra dirección, solo que el cagarro aparece en la televisión amenazando con su mierda, en lugar de flotar en la playa.
Esto no tendrá un final feliz; ni para el fascismo español ni para mí y otros que no tragan con toda esta mierda.

El gobierno español está absolutamente desbocado, no cesa con sus mentiras para acabar con cualquier tipo de libertad, no pueden vivir sabiendo que hay libertades que destruir.
Y es que el fascista español no fuma, solo esnifa cocaína y es alcohólico.
Mentirosos de mierda…

La abeja idiota me picará y luego morirá.
Y yo blasfemando y rascándome, seguiré vivo, la veré morir.
Siento pena por ella, solo una vez en la vida es capaz de gozar de su poder venenoso y agresivo.
Yo puedo golpear y matar ahora, mañana, y al otro, y al otro, y al otro…
Es una suerte no ser abeja.
La naturaleza no es sabia, solo es puta con algunos seres.
Los gobiernos son igual, tienen a sus favoritos y a quien humillan, aprisionan y asesinan; bien con hambre o con un tiro en la cabeza.
La sociedad es una torpe parodia de la naturaleza.
En las sociedades humanas el más idiota, inepto y vago llega a las esferas de poder con el voto y apoyo de una mayoría: los sin cerebro.
La naturaleza ha hecho cosas buenas; pero las sociedades humanas aún no se han extinguido, simplemente, por causa del azar.
La prueba está en que los mejores momentos de una sociedad: buena economía y libertades sociales de calidad, se encuentran tras una guerra que ha causado millones de muertos, una vez superada la posguerra (cuatro o cinco años) lo nuevo florece encima de las ruinas y los mezquinos cadáveres.
Toda sociedad precisa algún largo periodo de exterminio humano para no asfixiarse a sí misma.
Lo que me hace pensar que, básicamente el coronavirus ha matado a aquellos que no tienen edad para ir a la guerra. Ahora les toca morir a los que sí están en edad de morir en los campos de batalla.
Y es que de morir no te libras, de coronavirus, de tiros o de hastío puro (la muerte más horrorosa y cruel).

Lo que no hay son datos al público sobre el coronavirus: estadísticas detalladas por edades, hábitos de vida de los enfermos, su lugar geográfico de residencia, su situación social, etc…
Cosas de las que deberían dar información y una idea de cómo actuar.
El oscurantismo del fascismo en España, es prácticamente pornográfico.
Y ridículo.
¿Cuánto le paga el gobierno de los Caudillos Sánchez e Iglesias a su prensa prostituta?
Si me pagan bien, puedo hacer artículos más especializados sobre los succionadores clitorianos o sobre los intruders anales que tanto gustan a hombres, más que a mujeres (los hombres empiezan a sentir el ano como un elemento más de su sexualidad en tiempos de coronavirus).
Herramientas para dar por culo al fascismo español no le faltan.
Y prensa de mierda, tampoco.