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Crónica eterna e inmutable en el tiempo.
(Léase cada año sin perder actualidad)

Es un día especialmente molesto y peligroso.
Molesto porque quien no lee ni media página de literatura en todo el año, se convierte en un ávido lector y un intelectual radical en este día. Y son miles los que forman muralla ante los puestos de venta para comprar absolutamente nada e imposibilitar ver las portadas de los libros malos, vulgares y baratos que se venden hoy a precio de plata de ley con un cuantioso descuento mentiroso.
Peligroso porque los vendedores de rosas payos y gitanos, los estudiantes de escuelas e institutos y los mendigos te obligan con la hostilidad de una sonrisa paranoide y feliz a que compres una rosa, con la amenaza implícita en la mirada que dice: si no me la compras te meto el tallo espinoso en el culo con la bandera catalana y la espiga de trigo que decora la rosa incluidas
Rosas que cuestan como poco siete veces más que en cualquier otro día.
En lo que a mí respecta, no me molesta porque compro libros durante todo el año, no espero a fechas de casposas tradiciones mercantiles y por lo tanto no pierdo mi precioso tiempo delante de puestos llenos de culos que esconden libros. Cuando se retiren todos esos saldos de libros de Sant Jordi, dentro de dos o tres meses, compraré alguno que tengo en mente.
Y no tengo miedo a los injertos florales anales porque mi culo es hermético y de una sola vía: de salida. Hasta tal punto, que de pequeñito me tenían que administrar los supositorios por vía oral con un tenedorcito de postre.
Es decir, soy 100% macho.

Iconoclasta

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Es el fetichismo de las estampas de penitentes y Jesucristo en calzones según Mel Gibson. Ello unido a la gran producción hormonal y el instinto de apareamiento, los convierte en unos feroces masturbadores y potencialmente papás y mamás de urgencia.
En definitiva, sexo desatado.
Es un asco saberlo todo, lo sé.

Lo que hubiera dado yo por que una mami como la de la noticia me hubiera acosado, seducido y follado con 13 o 14 años.
Hubiera echado de casa a mi madre bio y me hubiera quedado con la Coral.
No sé por qué cojones la juzgan. En todo caso tendrían que juzgar a los adolescentes por lelos.
Los idiotas no cesan, como el mar.

En Telegramas de Iconoclasta.

https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20190411/461587131455/retirado-vetado-caperucita-roja-bella-durmienta-leyenda-sant-jordi-escuela-taber-barcelona.html

Barcelona ya forma parte del universo de la novela Fahrenheit 451.
Así que ahora, los responsables de la escuela, tras la quema de cuentos infantiles deberán buscar en las editoriales pornográficas cuentos donde los protagonistas sean maricas y tortilleras. Y además, narraciones edificantes donde los niños y las niñas se arrancan el coño y la polla para hacerse del sexo que en verdad desean a sus seis añitos.
Queda pendiente que a los angelitos les dibujen generosos coños con notorios clítoris asomando entre los labios vaginales (hay videos realmente buenos de clítoris tan grandes como penes).
Que a papa noel o santa claus, les pongan tetas.
Que los reyes magos sean en realidad mujeres con un aire machuno y peludo y que los pajes sean pajas o se las hagan en el mejor de los casos.
Y que Pluto en realidad es perra o debería operarse para satisfacer las necesidades de sus cerebros enfermos de docentes indecentes.
Espai i Lleure no debería llamarse así, tal vez mejor Espai i Mussolini.
¿Es que no se cansan nunca los idiotas de nacer?

La angustia, el existencialismo, el romanticismo, las inquietudes humanísticas… Todo eso da mucha importancia a la psique, nos hace parecer importantes a nosotros mismos.
La muerte, la vida, el dolor y el placer, el hambre y la saciedad, la riqueza y la pobreza.
Sin embargo, pienso en lo mal repartidas que están las experiencias y sus emociones, los hay que conocen solo lo bueno y otros solo lo malo.
Fumas, escribes, te masturbas como un animal sin ser necesario y cierras tu pensamiento a cualquier otra consideración que no sea trabajar o hacer correctamente la compra.
Por tanto solo sé de lo malo.
Y ninguna mente es perfectamente hermética y robotizada o condicionada, por lo que el deseo de que haya una destrucción total asoma como un brillo de inteligencia en mi mirada cuando el jefe me daba la tarea del día o me cobran en la caja del supermercado con evidente aburrimiento tras hacer cola durante una eternidad.
Pienso en esos grandes artistas bohemios que tenían la suerte de poder alimentarse de mierda, marihuana y licor sin pensar en trabajar largas horas todos los asquerosos días. Y luego en mis largas jornadas laborales y en mi imposibilidad psicológica de pedir dinero prestado, cigarrillos o cualquier otra cosa. Vivir literalmente del cuento bohemio, no está dentro de mis gustos ni orgullo.
Y así, todos esos grandes maestros pierden peso. Su banalidad y su suerte me provoca prurito en los genitales.
No soy feliz como ellos.
A Bukowski, una puta le come gratis la polla y yo tengo que pagar una pasta por una mierda de mamada de una furcia de dientes podridos y bragas rotas.
No soy amable con la suerte de nadie, por muy carismática que sea su forma de alucinar con tóxicos varios.
Sin estar narcotizado sé de peores cosas que esos listillos.
He visto de niño a locos mutilarse a través de las ventanas de un manicomio y lo que es peor: la envidia.
La envidia es el pan nuestro de cada día. Me refiero a la envidia como forma de vida y pauta de comportamiento en esta sociedad mierdosa.
Aunque conociendo al ser humano, no puedo imaginar una sociedad sin envidia.
Si eres amable por fuera y por dentro desprecias con ira la mierda de leyes que han ido tejiendo a lo largo de los siglos tienes la fuerza del pensamiento; pero si aceptas con resignación el juego, te conviertes en una boca muda que come de una bolsa colgada de un ronzal con la cabeza gacha.
Siempre hay medios para hacerse oír y más en estos tiempos.
Decir estupideces no es necesario, simplemente inevitable. ¿No se dice que haya donde fueres, haz lo que vieres? Lo hago, cojones.
Así que ya no he de ser un borracho de mierda para que un editor me publique y vender el espectáculo del “hombre hecho mierda” y ser leído en un hipotético futuro.
Desde la comodidad de una buena silla o una buena mesa, puedo denigrar todos y cada uno de los estándares de esta mierda de colmena humana.
Ya no debo esperar a morir para tener la suerte que mi pensamiento sea leído por algún trapero que encuentre mis diarios y mis escritos envejecidos.
Ahora, aún vivo, soy capaz de ofender a mucha gente. Tanto o más como yo he sido ofendido.
Alguien tendrá que joderse al encontrar alguna de mis frases por culpa de un puto buscador y pensar: ¿Quién coño es este imbécil?
La gran obra maestra que solo acabará con mi muerte se ha metido tanto y tan íntimamente en internet que, ya soy una voz que se quiera o no se puede tropezar con ella.
No me importa la calidad, importa la claridad y la contundencia. Y cuando alguien busca felicidad, sexo, amor, dolor, envidia, humor, semen, violencia, violación, puta, polla, coño, infancia, mamada, política o religión, se encontrará con mi pensamiento y con toda probabilidad no le va a gustar.
Y se preguntarán si soy drogadicto o borracho, de la misma forma que yo me pregunto cómo es posible que los cuerpos con cerebros tan simples como los de la humanidad, puedan realizar funciones tan básicas como cagar o mear sin equivocarse de conducto de evacuación.
Nunca fui ni pude ser un puto y afortunado bohemio, solo un puto obrero amargado.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

¿Se puede “beber” la vida?
Eso es optimismo puro. La vida nunca se bebe como si fuera un buen licor o un dulce refresco.
La vida te la hacen tragar quieras o no. No como esos que dicen bebérsela a grandes tragos, con alegría y pasión.
Mentira.
Y si se lo creen, no deberían sentirse orgullosos de esa ingenuidad impropia de adultos formados. Claro que si viven en una burbuja de felicidad y comodidad, es lógica esa tara mental.
Para esas mariposas y mariposones preñados de felicidad, tanto que hasta cagan rosas: La vida tiene un sabor para quienes luchan por ella que los protegidos no conocen (Khe San).
No consuela; pero es digno.