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Mirad a los puercos, jugando con mi libertad para conseguir sus fines; regateando y comerciando el tiempo que me permiten vivir libre. Su extinción es un sueño dorado, no puedo hacer otra cosa que soñar con la evisceración de sus cuerpos.
Con su democracia de mierda, junto con la mascarilla y la prisión llamada confinamiento, pueden hacerse un buen supositorio.
¿Quién cojones son ellos para decidir sobre mi libertad?
Solo son unos mierdas. Me jode que un ladrón con deficiencia mental tenga el poder de destrozar mi libertad.
Siempre ha sido así; pero no soy un cabestro que se acostumbre a semejante estafa y semejantes tarados mentales.

El gobierno español con su nueva normalidad fascista del coronavirus se revuelca lascivamente como un cerdo en una charca masturbándose de su poder.
Son tiempos oscuros de noches de asfixia y abuso; de perros fieros acechando. Y aun así serán elegidos de nuevo por la chusma temerosa, la que vota con mano temblona y mascarilla enferma de fetichismo homosexual.

Por si fuera poco tener que vivir en un país fascista y cobarde, España, of course (sé inglés aunque prefiero que me hagan un francés), además de la mascarilla y de la frustración de que no muere quien debe (los fascistas disminuidos mentales que gobiernan la nueva normalidad española del coronavirus), además de todo eso: ¡Han vuelto a joder con el cambio de horario al de invierno! Me cago en Dios…
¿Por qué nadie les retrasa una hora la cabeza girando su cuello porcino trescientos sesenta grados, aproximadamente?
Es que la poca inteligencia que tienen, solo la usan para joder.
Lo cierto es que si estos tarados que gobiernan la nueva normalidad, tuvieran cerebro, no serían políticos ni ocuparían cargos importantes.
Y así en el trabajo, y así en la literatura, y así en el cine, y así en el supermercado, y así en la escuela.
La subnormalidad sí que es vírica y lo copa e infecta todo.
Estoy abandonado…

Junto con el coronavirus, como daño colateral ha surgido una serie de parásitos que pomposamente se hacen llamar epidemiólogos, sanitarios, economistas, periodistas que nunca lo fueron…
Los expertos son, ni más ni menos, que idiotas con mucho dinero, tiempo libre y mucho espacio e inmunidad para moverse. De ahí que insistan en seguir robando todo asomo de libertad.
Así que sus consejos de mierda, no son de aplicación para ellos mismos. Por una suerte o un azar, tienen mucho dinero y están muy alejados de la realidad. Tanto que son los ciudadanos bien situados de la nueva decadencia de la Roma de Nerón, en la España fascista de la nueva normalidad del coronavirus.
Que callen los putos expertos que no tienen puta idea de nada.
Y que el coronavirus infecte sus bien situados y acomodados genitales.

Deben tener miedo a que el 13 sea un reservorio del coronavirus y fuente de infección.
Se han tomado tan en serio su cobardía que, no son capaces ya de pronunciar ni escribir el número 13 (de mala suerte para los supersticiosos). Ya era habitual; pero ahora se trata de evitar acobardar más a los cabestros cobardes, sean machos o hembras.
Y es tanta la cobardía y la hipocresía fascista, que quieren joder a unas enfermeras porque han hecho una comedia simulando una muerte por coronavirus. Seguramente, los cobardes de mierda que han visto el video horrorizados, al ver que era una broma se han sentido engañados de no ver una muerte real. No hay nada peor para las bestias de pasto cobarde como ver que alguien sea valiente y con humor. Porque la cobardía es el traje de la envidia.
Un solo valiente pone en evidencia a millones de cobardes.
Ser cobarde no es algo de lo que sentirse orgulloso. A los cobardes se les pega palizas por el simple hecho de serlo (no se puede negar el placer cinegético de cazarlos, es puramente instintivo) y se les mete en duchas de Ciclón B en rebaño. O se les mata de hambre, mientras se esconden en sus casas por miedo a respirar aire libre.
Me temo que la cobardía ya no es simplemente una emoción temporal o un sentimiento. Es tan fuerte y virulenta hoy día, que debe ser un tumor, un cáncer, alojado en el cráneo (los cobardes tienen un cerebro pequeño y siempre cabe algo más ahí dentro), que no los mata; pero los hace más imbéciles de lo que en un principio nacieron.
Es muy urgente e importantísimo que el coronavirus, la guerra, el hambre o un incendio planetario mate a millones de seres humanos para limpiar esa cancerígena cobardía.
De lo contrario, se habrá perdido la característica humana más importante que permitió sobrevivir y evolucionar a la especie humana durante cientos de miles años: el valor, la nobleza.
Sin valor, el ser humano se convertirá en una mutación entre rumiante y roedor que servirá de alimento para una especie superior; y por tanto será su extinción.
Que la especie humana no vea la entrada del próximo año, ésta es mi voluntad (que se muera, a ver si así lo entienden los lelos). Si yo fuera el nuevo mesías o el anticristo, ahora mismo no habría esperanza de vida para nadie.

Europa ve la reforma del poder judicial español demasiado parecida a la polaca.
Y es que si algo tiene el fascismo español, es que absorbe lo peor de cada país, como ocurre con sus estados de alarma por coronavirus que calca de la dictadura china y de los asuntos judiciales que calca de los polacos.
El gobierno español se alimenta de excrementos.

No hay un día mundial del miedo, y en los tiempos que corren debería designarse uno.
Un día en el que los cobardes hagan marchas, orgullosos de serlo.
Muy juntos para sentirse protegidos y abrigados de norte a sur y de este a oeste.
Con bozales para no respirar cosas malas, con manga larga para evitar picaduras de insectos, con gafas de sol super polarizadas para cuidar los ojos que tienen la virtud de la envidia, con sus hijos atados con cuerdas para no perderlos, con orejeras para mirar siempre al frente, formando largas colas en los comercios para no sentirse solos…
De hecho, todos los días son celebraciones del miedo, simplemente basta con institucionalizar uno al azar.

Es justo lo que ocurrió durante el estado de alarma que impuso la dictadura de Sánchez e Iglesias, mataron a más gente que el coronavirus al dedicar hospitales y recursos solo a los acatarrados por coronavirus. De ahí que les fuera incómodo realizar autopsias, ningún dictador se carga sus crímenes a sus espaldas.

No es necesario ser epidemiólogo para llegar a esta conclusión sobre la pandemia del coronavirus, basta el sentido común y moderar la intensa cobardía de una población y gobierno decadentes hasta el vómito. Es la primera noticia en la que se critica con fundamento médico el confinamiento, al fascismo se le ha debido pasar por alto censurarla.

https://www.larazon.es/sociedad/20201008/tb3qgldfdjaivg47daxxuxa6bu.html

Este tiempo de coronavirus, después de todo, lo disfruto como una moda de ropa que me sienta bien. Me da buen rollo hacia mí mismo.
Yo no soy de llevar mascarilla, soy absolutamente inmune a la cobardía global; y cuando me cruzo ante alguien que lleva mascarilla no en el hocico, si no colgada de una oreja o de la mano como un bolsito maricón; se apresura a cubrirse la jeta con esa mezquindad y mediocridad tan propia del miedo y la castración mental.
Y es en ese glorioso momento, en el que me elevo por encima de ese espécimen (sea joven, adulto o viejo) como un ser superior al que temer. Muy por encima del que se ha colocado el bozal con tanta urgencia.
En definitiva, me siento dominante, territorial y para mayor inri, muy guapo.
Es la misma sensación que da llevar una buena ropa, un buen calzado y un reloj de siete mil euros.
Y porque no me dejan, que si no también entraría a comprar tabaco tosiendo y escupiendo al suelo.
¿Veis? Alguna cosa buena debía tener este asunto de los bozales anti-coronavirus (que no sirven para nada; pero calma la ansiedad de los mediocres).
En definitiva, me siento tan poderoso como aquel puñado de conquistadores que portaban el virus de la gripe; ese grupo de amiguetes que se hicieron con todo un continente lanzando un par de escupitajos mientras se rascaban el culo contagiando a las macizas indígenas con buenas tetas aún.
Yo y los indígenas…
Precioso.