Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

“Womanhood: La Realidad Desnuda” de Laura Dodsworth, es un álbum fotográfico de cien vulvas y las anécdotas e historias de las mujeres que han posado.
“Ninguna parte del cuerpo inspira amor y odio, y miedo y lujuria de la misma manera que la vulva”.
“Nuestro principal punto de referencia es el porno en internet. Por eso las mujeres, especialmente las jóvenes, se comparan con una vulva pulcra, suave, rosada y ‘perfecta’. Pero las tenemos de todas las formas, tamaños y colores; ninguna es igual a otra”.
“Como las vulvas están escondidas y son tan misteriosas nos cuesta vérnoslas a nosotras mismas”.
“Hay mujeres que han visto la suya por primera vez en el visor de mi cámara. Para algunas no fue gran cosa, las hay que comentaron lo bonita que era y otras me preguntaron si eran normales. Aunque se hubieran visto antes en un espejo, mirar una fotografía es mucho más claro. Lo sé ¡por mi propia foto!”.
(Laura Dodsworth)

Y de aquí a una nueva disciplina adivinatoria: la coñomancia.
Por los pliegues de vuestros coños, os conoceréis, dijo Yahvé.
La autoayuda a través del coño: si te sientes mierda, mírate el coño un buen rato a ver que pasa.
Será muy metafísico, rompedor, liberador y todo lo que quieran; pero los coños me gusta verlos en el contexto sexual. Charlar con ellos es absurdo y desagradable.
Y a mí los coños no me inspiran amor, temor u odio.
Ni los veo misteriosos, soy bastante relajado en el aspecto anatómico humano.
Todo artista o quien cree serlo, defiende sus obras y les da una razón por la cual pueden ser interesantes. Es normal, porque ser artista conlleva una insoportable dosis de narcisismo, rayana en la metástasis de la estética y la ética. En cuanto a la ética, me refiero al “todo vale para vender”.
Lo cierto es que hay demasiada gente que cree serlo: artista.
Los coños me encantan; pero para hablar, comprender y aceptar a una persona, prefiero mirarla al rostro. Si tienes la suficiente habilidad, no necesitas mirar atentamente sus genitales para entenderla.
Lo del gran desconocimiento y misterio de la vagina (y por tanto vulva) de sus usuarias y dueñas, es un mito de lo más idiota, un amarillismo útil para vender más ejemplares de performance sin gracia alguna, más que la de la oportunidad del momento #metoo. No hay ya coño que no haya sido retratado por la cámara del teléfono de su dueña o espejo que no los haya reflejado.
En definitiva: yo no hablo con coños (los beso, los lamo, los penetro, los toco, los muerdo, me los como, me hacen babear). Hablo con sus dueñas y observo sus rostros, fascinantes ademanes y sus escotes. Ya superé (nunca sentí vergüenza o incomodidad, es pura retórica) el cacareado hasta el aburrimiento “tabú sexual”.

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Es un privilegio caminar bajo la luna, a veces a su lado.
Sin apenas darme cuenta, la magia, la dulce magia lunar da tregua a mi ánimo.
Como si vertiera en mi rostro una poción de paz.

Una de las expresiones más terroríficas y repugnantes que está de moda usar por políticos, prensa y que hacen suya ciudadanos que escriben cartas al director y mensajes pseudo-democráticos en las redes sociales es: “La inmensa mayoría de…”. Para completarla se deben sustituir los puntos suspensivos por un gentilicio o adjetivo político o religioso.
La inmensa mayoría es una inmensa bola de mierda. Las inmensas mayorías aclamaron a grandes genocidas como Hitler, Stalin, Milosevic, Idi Amín, Trump, Franco, Mussolini, Chávez, Maduro… Y con ello, eliminaron a “inmensas minorías”.
Las inmensas mayorías disfrutan cuando se congregan festivamente para ver arder un hereje o falsa bruja en el fuego purificador, cuando el puto conde manda ajusticiar a un niño muerto de hambre por cazar un conejo o para apedrear la cabeza de una mujer cuyo cuerpo se ha enterrado cobardemente en un hoyo.
Cuando existe una “inmensa mayoría”, existe un feroz analfabetismo, una absoluta carencia de entendimiento y una ingenuidad que hace de esa “inmensa mayoría” un conjunto de deficientes mentales hermanados.
Es ahora cuando de alguna forma (la única que es rápida y eficaz es una guerra mundial), el planeta tiene que eliminar inmensas y feroces mayorías para, crear nuevas líneas sanguíneas y erradicar así esta endogamia global.
La inmensas mayorías que crean grandes corrientes morales eliminando y ensuciando todo asomo de ética, deben morir. Es la única forma de eliminar la náusea, la mía.
Cuando pienso en “la inmensa mayoría”, sufro visiones de vulgaridad, ingenuidad, crueldad y un injustificado elitismo. La inmensa mayoría no lo sabe; pero son todos ellos los que deben acabar en hornos crematorios.
Y es que ninguna “inmensa mayoría”, al igual que un camello, ve su propia giba.
Las “inmensas mayorías” son tumores que gangrenan la libertad, el humor, el arte y el individualismo que hace digno al humano.
La inmensa mayoría es una piara de envidiosos y frustrados.
Que nadie se sienta privilegiado de pertenecer a una “inmensa mayoría”, es lo peor que a uno le puede ocurrir.
Inmensa mayoría de paletos…

Iconoclasta

Vaya, resulta que ahora, el voyeur o el que mira como un tipo se folla a su esposa masturbándose, se llama “relator”.
No jodas con la semántica…Políticos y la mierda que tienen en su cerebro…
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Uno de los “relatores” más famosos en el mundo del arte: Dalí.
No es malo ser relator, es algo que simplemente ocurre.

A veces ocurren cosas raras en mi vida que me llevan de una banalidad como pedalear, a repentinamente vivir una experiencia mística. Casi como una epifanía.
Iba yo soltando babas por el esfuerzo, subiendo con la bici la montaña. Bien, pues al pasar bruscamente por encima de una raíz, he perdido los pedales de los pies por el salto y uno me ha golpeado sin piedad ni miramientos la tibia izquierda. El dolor ha sido sublime, me ha elevado a una dimensión superior por encima de todos los seres del planeta. Y he podido ver las estrellas. Entre ellas, muy sonrientes los subnormales, se encontraba el Gran Manitú, Orus, Zeus, Júpiter, Jesucristo y su madre borracha, Yahvé, Buda y un lama flotando con las patas cruzadas, Shiva, Alá de la mano de Mahoma y la Venus del Coño.
Ha sido un instante mágico a pesar del puto dolor que me mataba.
Les he saludado y les he aconsejado que fueran a dar un paseo por el bosque con sus putas madres, follárselas y coger una buena enfermedad venérea mientras yo sigo rabiando. Hijo putas…
Luego, me he encendido un cigarro, han desaparecido las estrellas y los cochinos dioses. Solo ha quedado la sangre en la piel de la tibia y mis sienes latiendo furiosas.
Un pájaro carpintero ha hecho el ruido que debía y una ardilla tonta, casi se cae de una rama.
Y todo estaba bien de nuevo.
Me monto unas fiestas yo solito…
Si me emborrachara o narcotizara, no tendría tan buenos viajes.
Y la suerte de tener intimidad en estos grandes momentos de misticismo…
Precioso todo.
Mierda.

Soy un fetichista radiactivo. Sueño con transformarme en un Hulk de radiante y verde pene ultraperforante; pero tengo mis limitaciones.
Seguiré con mis secretas y tristes fantasías preñadas de isótopos mutadores.
Soñando que no soy un mediocre habitante del decepcionante planeta Tierra.
Desde mi radiocueva, os adoro terráqueas.

Los que gritan llorones clamando por sus derechos se equivocan cobardemente.
Los derechos no se piden, se ejercen.
Se menosprecia la violencia, la única virtud sincera y efectiva de los humanos. Por ella muchos aprendieron a leer y a escribir.
Y también dejaron de comer donde cagaban.
La sangre es la mejor y más eficaz manifestación de la libertad. Muchos mueren esperando pacíficamente. Gandhi no se mereció el nobel de la paz, se mereció el nobel al mejor actor por su gran labor para eternizar la miseria.