Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

He mirado hacia el cielo, de noche y de día.
He observado el mar, sus olas y su serenidad.
El río cuando fluye y cuando es hielo.
He visto la degeneración y la descomposición de la carne, y también la he follado.
He amado a mis pequeños compañeros de vida, y he llorado su muerte piadosa por la bondad del veterinario.
He visto y derramado las lágrimas del dolor y el miedo y las otras, las de los cobardes.
He escuchado tu respiración en el orgasmo y durmiendo.
Y a las montañas respirar por las mañanas y hacerse negras como la muerte en la noche.
He visto a un bebé nacer y hacerse hombre.
He visto tantas cosas que se amontonan unas encima de otras.
Y la ganadora de este concurso a la cosa más fascinante, eres tú y tu respiración, no hay nada comparable a lo que siento cuando gozas y cuando descansas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Esto va a ser lacovid
Sin duda alguna, concluirán que este accidente se debe a que el coronavirus se metió en los ojos del camionero dejándolo ciego al instante.
Ya mismo, el fascismo español va a decretar que todos los vehículos, incluidos patinetes y bicicletas y cochecitos de bebé, deberán tener el habitáculo sellado y hermético. Esto es fijando las lunas de tal forma que no se puedan bajar y bloqueando las tomas de ventilación.
A menos que, tras un análisis científico de tantos que practica el nuevo y normal fascismo español, descubran que había restos de coronavirus en el líquido de frenos del camión que causó el atropello, en tal caso, decretarán que los frenos quedan prohibidos.
Ya sabemos que los líderes fascistas españoles tienen muy mala leche y no les tiembla la mano para encarcelar a la población y arruinarla; pero sus cerebros se han de observar a través del microscopio cuando se les realiza la autopsia por lo muy pequeños que son.
Un cerebro tan pequeñito que podría provocar la misma falsa ternura que los ponys de Pinypon.

Son como verracos hambrientos, están completamente desbocados de ambición y mesianismo. Y de una mezquina cobardía que funde cualquier asomo de dignidad.
Se han propuesto matar el coronavirus, matando a la gente de hambre y violencia.
Los caciques autonómicos españoles son peligrosos como picadura de garrapata.

Es el siguiente paso a cualquier régimen totalitario, sea comunista o fascista: crear el nuevo y normal martirologio del fascismo español.
España, por medio de su prensa, hace mártires de los represores, serenos y carceleros.
Como la bofia no tiene muy buena fama (por decir lo mínimo) la prensa del fascismo se dedica a crear melifluas y falsas piedades en los votantes y otros cabestros; como que es mejor no tener un ápice de libertad y estar sometido, a ser policía y suicidarse, por ejemplo.
Todo son ventajas para los oprimidos, extorsionados y los encarcelados del fascismo español.
Desde luego, los fascismos no entienden de sutilezas ni inteligencia.
Franco hacia lo mismo, nada nuevo bajo el sol.
Pobres… Tan aplicados en sus extorsiones, abusos y control…

Continúan los caciques de las taifas del territorio español ejerciendo su represión máxima, el encierro, la coacción al ciudadano y el asesinato de los enfermos.
Los caciques o presidentes autonómicos están librando una competición por ser los más represivos, los tiranos más feroces del nuevo y normal fascismo español del coronavirus.
Los bastardos siempre han querido ser más que sus padres y ese complejo de inferioridad los hace venenosos en su cobardía innata.
Tiranos provincianos ávidos de poder, dinero y notoriedad que, si por ellos fuera, montarían campos de concentración tatuando estrellas de David en la ciudadanía.
Lo que se siembra se recoge, justamente lo que está ocurriendo, a un fascismo irracional y cobarde de un gobierno, se suman los de sus sub gobiernos territoriales.
Es de todo punto necesaria una masacre bélica en España que la arruine por completo para volver a crear algo decente de entre las ruinas y los cadáveres.

En el dudoso caso de que el nuevo fascismo deje de estrangular las más elementales libertades por la baja incidencia de “contagios por coronavirus o lacovid? (gripe o catarro): ¿Qué ocurrirá con su fiera policía cuando ya no pueda ejercer su abuso, paranoico control, extorsión, maltrato y sanción caprichosa a los ciudadanos honrados?
¿Deberán ser reeducados para que puedan distinguir a los delincuentes de los ciudadanos honrados a los cuales se han habituado a perseguir y acosar alegremente?
¿Necesitarán tratamiento psicológico, incluso psiquiátrico por depresión? Porque volverán a trabajar de verdad y dejar la comodidad y alegría de controlar a los trabajadores que, acuden a sus puestos de trabajo en las noches oscuras de la nueva y normal dictadura española como si fueran delincuentes.
¿O tal vez el nuevo y normal fascismo español se inventará nuevas enfermedades graves para mantener las medidas de prisión, extorsión, acoso y represión contra el ciudadano honrado y así la bofia y sus amos vivan felices durante cuarenta años más?
Total, está visto que lo único que se le da bien a la bofia es el acoso a la gente honrada. Y como el fascismo español miente a cada segundo, le contará en una comparecencia televisiva a la chusma que lo alimenta y lo nutre de millones que, gracias al coronavirus y su policía, los niveles de delincuencia han sido los más bajos en diez siglos. Y por lo tanto se verán moralmente autorizados a proseguir con sus acosos a los niños que no llevan bien colocado su bozal y a los fumadores.
A propósito del bozal ¿se sentirá la policía desnuda sin la impunidad añadida de sus negros bozales?
Son cuestiones muy importantes que necesitan esclarecerse urgentemente; porque cada vez que salgo a la calle, corro un gran riesgo de toparme con un madero de las más de cuatrocientas clases de policía que el nuevo y normal fascismo español ha implantado y que pululan extorsionando la ciudadanía y robando libertades sin pudor. Policías que, para mayor inri, ganan dinero parasitando el jornal de mi trabajo.
Hay que conocer en todo momento al enemigo y saber cómo pueden reaccionar, es pura supervivencia en toda dictadura con tantos sus secuaces y delatores controlando.
Al final, en caso de que el fascismo afloje su feroz y china represión, será inevitable sentir cierta ternura por esos policías abatidos anímicamente que ya no podrán clausurar con sus cintas de plástico y precinto los parquecitos infantiles en las calles como si fueran alijos de cocaína, con ese mismo rigor y agresividad de la lucha contra narcotraficantes.
Con lo felices y empoderados que se sentían al dedicarse a aquellas estupideces. Pobres…

1984 (en su versión original en inglés: Nineteen Eighty-Four) es una novela política de ficción distópica, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela popularizó los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano o Hermano Mayor, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del Pensamiento y de la neolengua, adaptación del idioma inglés en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el principio de que lo que no forma parte de la lengua, no puede ser pensado.
Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana, una sociedad donde se manipula la información y se practica la vigilancia masiva y la represión política y social
.” Wikipedia.


El fascismo, sea como sea y donde sea, pretende inyectar en todo momento y lugar su ideología y marcadores de conducta. Primero lo intentó metiendo porquería falangista, socialista, comunista y revolucionaria en los cráneos vacíos del pueblo. O sea, adoctrinando al vulgo mediante himnos y panfletos de un mundo mejor y justo.
La radio acostumbró al rebaño a reunirse en torno a él para escuchar los mensajes del poder y unas noticias que aún no podían ser amañadas a la velocidad adecuada.
Luego inventaron la televisión para que cualquier piojoso gobierno entrara en las casas de su ganado con un rostro familiar.
Con la informática llegó la corrupción del periodismo, amañar las noticias a la velocidad de la luz, incluso la historia. Mientras tanto, mediante reformas de los sistemas educativos entraban en los colegios para hacer idiotas a los niños, amañando y ocultando la historia para crearles una burbuja de bienestar y permisividad en la que se hicieron cobardes y mansos. Los incitaron a la ingesta masiva de alcohol y drogas narcóticas; castigando, a sí mismo, el tabaco (ya que es un hábito reflexivo y no narcótico) y refrescos (ya que el azúcar es el alimento que más consume el cerebro). Entre otras cosas les enseñaron que en el homosexualismo y transexualismo son todo ventajas y les negaron el conocimiento de las infamias de la historia para mantenerlos ciegos y torpes. Crearon las redes sociales para que esos idiotas que crecían, se sintieran formar parte de una gran rebaño de reses, y felices por ello. Con las nuevas redes de telecomunicaciones de gran potencia y alcance directamente en el teléfono móvil del ganado, consiguieron un gran y útil control estadístico, de movilidad y veterinario. Y provocaron un estado de alarma planetario para robar cualquier asomo de libertad y someter al populacho a sus decretos mediante histeria colectiva, por medio de una simple gripe; y todo ello con la alegría de los idiotas, a pesar de la cárcel y la ruina.
De la evidente estafa.
Y ahora, lo definitivo: inyectar la mierda de su ideología y control directamente en la carne, en la sangre de la hiper adocenada chusma. Le llaman vacuna, precioso; el fascismo hace alarde de una poesía de niño de cinco años. Y si alguien se piensa que no habrá marcadores en sangre, debería dar un repaso a su madurez intelectual.
Antes han asesinado a muchos miles para crear un gran estado de alarma y pánico social que lleve a las reses a vacunarse ávidamente, desesperadamente.
Y ahora, tendrán a sus cerdos, vacas, gallinas, cabras y ovejas, sometidos a un estricto control, con una precisa ubicación cada una de las bestias votantes.
Orwell se quedó muy corto con su 1984 y sus ovejas mansas y estúpidas; pero con sus gobernantes fabricando noticias y rehaciendo la historia a su conveniencia continuamente, hizo gala de una precisión quirúrgica, es plena actualidad. Es literal a la novela lo que los fascismos que antes decían ser democracias, con la estafa del coronavirus han llevado a cabo el más importante y global movimiento dictatorial jamás creado y han subordinado toda noticia, toda literatura y arte en pro de su ideología y fines lucrativos y de poder estafando con el método epidemiológico.
Que Orwell se quedara corto describiendo una sociedad de mierda como esta en la que estoy viviendo, es normal. Nadie podría haber imaginado el grado de mezquina decadencia en la que se precipitarían las actuales sociedades.
Orwell era un cándido que sobrevaloraba al género humano. Un ser humano capaz de escribir sus ideas con claridad e imaginación, es uno entre millones. Su existencia nada tiene que ver con la inteligencia ni las habilidades de la especie humana.
Los nuevos y normales gobiernos fascistas del coronavirus están formados por una piara de trileros con una corrupta ambición como nunca en la historia se había visto con tanta desfachatez y ceguera por parte de un populacho endogámico; sin rastro alguno de dignidad e inteligencia, salvo la básica del cobarde para encontrar un lugar donde esconder su cabeza vacía de todo.
Los actuales presidentes y ministros de los países más ricos y algunos, como España, de los más pobres, son auténticos degenerados como el mesías Hitler; solo que con otros trajes, otro decorado y, sobre todo, con la retórica de los telepredicadores y sus mandamientos sagrados: Si respiráis sin nuestro permiso, moriréis. Si os movéis donde os prohibimos, moriréis. La libertad os matará. Y sin nosotros moriréis.
Los nuevos fascismos surgidos con la estafa del coronavirus, han adquirido un carácter mesiánico para un rebaño degradado globalmente en su salud e intelecto que, en lo más absurdo nunca visto, se ha dedicado a aplaudir desde los balcones y ventanas de sus prisiones a sus perros carceleros: la feroz y carente de cerebro policía y ejército; cuando según las noticias del nuevo y normal régimen fascista, estaban muriendo cada día centenares de reses.
Los actuales trileros fascistas electos en una falsa democracia, son unos genocidas que nada tienen que envidiar a los nazis o a los jemeres rojos.
Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece; pero los pueblos nunca han tenido la habilidad y la oportunidad de merecer nada, de la misma forma que las vacas no saben que las llevan al matadero hasta que las destripan; un colectivo, o un conjunto de reses humanos jamás podrá crear nada, y menos de provecho. Son meros esclavos al servicio de reses que son poco más listas que ellos.
El asesinato del individuo, como libre pensador, ha sido la consecuencia de una sociedad insectil, basada en la importancia del rebaño. Y ser parte de un rebaño es el más grande y ofensivo insulto que a un ser humano se le podría hacer, salvo ahora, en esta sociedad endogámica, asfixiante en su cobardía, analfabetismo y dejadez.

Iconoclasta

La libertad está por encima de toda consideración ética y legal.
Por encima del dinero y poder que ambicionan los corruptos presidentes y ministros electos de las dictaduras europeas, extintas democracias degeneradas y decadentes para ser más preciso.
Por encima de cualquier vida sea cual sea su edad.
Si eres humano, no perteneces a un rebaño, a menos que estés castrado, cabrón.
La libertad está por encima de cualquier miedo y el mezquino que lo padece hasta el punto de prostituir su más básica capacidad de movimiento.
No existe nada que valga más que ella, porque todo lo que no es libre, es animal sin cerebro, no es humano. Los esclavos son bestias de carga y máquinas sexuales para los actuales políticos demócratas de mierda.
Cualquiera que robe una libertad, es un criminal, alguien susceptible de ser asesinado. Cortarle la cabeza y pincharla en un poste de una plaza, como antaño, es lo único que puede saldar el crimen del robo de la libertad.
No me engaño, no ha habido suerte en la historia con este tema, salvo con el Duce, en Italia. Las buenas cosas no abundan; pero solo pensar en la decapitación del cerdo, sinceramente, se me pone dura.