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Francine Dee

En Telegramas de Iconoclasta.

Sin sutilezas

Y si digo que te quiero, no hay sutileza alguna en ello.
Adoro tu pensamiento y ansío follarte. Metértela.
No puedo querer a un cerebro o a un coño simplemente.
Entendiendo esto, es legal que bese tus pezones con obscena devoción sin menoscabo de tu mente.

 

La envidia

Todo es un craso error y la sociedad está podrida desde sus bases.
Lo que se desarrolla socialmente es un tumor, algo cada vez más corrupto, generación tras generación.
No se puede edificar sobre la envidia y la ambición, sobre el genocidio y su hipocresía, sobre la ignorancia y la cobardía. No puede salir nada bueno.
No ha salido nada bueno.
Hay tantos asesinatos y abusos como conciencias se deben confundir y engañar para que el ser humano siga dejándose llevar por una élite de seres especialmente envidiosos y ambiciosos.
Se debe hacer creer a la gelatina humana que genocidios y crímenes sistematizados son hechos aislados, esporádicos. Que nadie y menos en estos tiempos de libertad y comunicación, conseguirá exterminar sistemáticamente una raza o pueblo.
O al menos, a quien no se lo merezca.
Está ocurriendo y seguirá haciéndolo porque es una cuestión de envidia, el motor de la humanidad.
Nadie que haya comprendido la historia se atrevería a decir que no volverá a ocurrir, ya que caería en la idiocia y la ignorancia.
Y no hay ignorancia cuando de exterminar en masa se trata.
Los ignorantes son simplemente hipócritas, la cara más repugnante de la envidia y moralidad. Los ignorantes lamen los genitales de los verdugos por unas migajas y son agradecidos porque sus amados asesinos, descuartizan a los que envidian. Y cuando se destruye a los seres que se envidia, no es crimen, es ley. La ley que con absoluta falta de ética y con total descaro y obscenidad llaman justicia. Como un mal chiste que insulta mi inteligencia.
La justicia agusanada, podrida de la sociedad, de lo colectivo. De lo ignorante e hipócrita. De lo envidioso y baboso.
Si el ser humano fuera consecuente, haría de los cementerios cagaderos. Mearía y cagaría asqueado sobre las tumbas de los antepasados envidiosos, de sus padres y abuelos hipócritas y asesinos secretos y anónimos, que en sus humildes pocilgas educaron a sus hijos, o dejaron que otros los educaran para que fueran exactamente como ellos. Porque los padres son envidia pura y no quieren hijos mejores, los quieren igual que ellos o peores.
“Porque los exterminados, algo habrán hecho”.
“Porque si te asesinan es porque te lo has buscado”.
“Porque hablan demasiado”.
“Porque han ganado demasiado dinero, más que yo”.
Eso dicen, eso piensan, eso creen los humildes, los trabajadores, los ciudadanos; credos de una doctrina ponzoñosa que me dobla en una náusea.
Los que buscan el trabajo en equipo, en colaboración; para que nadie sobresalga. Eliminar la creación de un individuo, parasitarla.
El fútbol es el deporte de masas porque es la demostración práctica de la destrucción del individuo. Y porque juegan mientras queman niños en hornos secretos que humean las veinticuatro horas del día. Niños que se lo merecen.
Porque los famosos reyes del dinero, políticos, empresarios y vendedores de droga y putas, no pueden ser tan malos.
Porque a los cerdos asesinos con lujosos coches, collares y relojes de oro, se les admira porque son la consecuencia de una sociedad vomitiva que cultiva mierda y la caga y la come y la caga y la come y la caga.
Y el miserable no quiere ser valiente, ni fuerte, no quiere saber. Solo quiere ser como ellos, como los puercos que hablan en la televisión, los que protagonizan noticias en las que aparecen junto a mareas humanas o sobre pilas de cadáveres.
Y el miserable es el correcto e integrado ciudadano que cuando funcionen hornos crematorios, dirá que solo se quema carbón. Y se abotonará su abrigo con botones fabricados con los huesos de quien se merecía ser exterminado por ser mejor que él.
La envidia es lo que hace avanzar la sociedad, la inteligencia y la integridad son los estigmas sociales, lo que debe ser extirpado.
Y mientras arden los que se lo merecen, el buen ciudadano leerá emocionado las falacias repugnantes de bucays y cohelos. Y se creerán cosas de bondad, optimismo y paz espiritual. Porque ellos lo valen, porque ellos lo envidian enfermizamente.
Dadme una tumba al azar y encontraré la verdadera paz y justicia al cagar sobre ella.

 

ic666 firma
Iconoclasta

El cuerpo

Soy un torso diferente al de Cristo.
No busco redimir a nadie ni predicar amor gratuito.
Yo extiendo mis brazos para soportar el peso de la vida.
Y cuanto más pesa, más fuerte me hace.
Llegará el momento de romperse, los huesos de los brazos y el pecho estallarán en una nube de astillas; como madera seca…
Bien. Mejor que morir aplastado lenta y anodinamente.
Sin cuerpo mi pensamiento sería un vapor nada más. Debo forzarlo para que quepan dentro más ideas, más trascendencia.
Más obscenidad, más paranoia.
No tengo otra cosa que hacer mientras muero.

Desahuciados

Desahuciados (1) son seres sin presente económico ni posesiones; con una deuda insalvable. No pueden habitar una casa.
Desahuciados (2) son seres con una enfermedad incurable y mortal a corto plazo.
¿Quién tuvo el acierto de usar “desahuciados” para los enfermos?
La administración pública, los bancos y las empresas.
Y es que el enfermo no está desahuciado, lo desahucia el poder (esos tres entes mierdosos). Lo desahucian porque no tiene futuro a largo plazo, es tan arriesgado un crédito, un trabajo… Y para mayor inri, pronto dejará de pagar impuestos.
Esto prueba que el dinero es lo más importante en la vida. El dinero está presente en todo momento y es decisivo para el amor, el sexo y la salud.
Lo segundo más importante es el sexo, porque es un instinto reproductor, con breves destellos de fantasía en algunos individuos. Y lo tercero es la salud.
El amor es una confusión momentánea, algo pasajero que se muere con el día a día.
Que nadie se engañe, el dinero compra o provee sexo (amor), salud y una casa.
Cualquier otra consideración o prioridad en la vida social, es mentira o ingenuidad.
Desahuciados (3), son los metafísicos, los que se proponen ser ingenuos a pesar de que no tendrán un final feliz. Nos desahuciamos nosotros mismos del mundo cuando despertamos con una tristeza que hace doler el cuerpo. Pensamos en los años perdidos sin haber conocido otra cosa más que una formal y correcta familia, un trabajo miserable y una patética y triste ciudad-pocilga. Buscan y rara vez consiguen morir con la serenidad de estar en el lugar y tiempo correcto.
Tienen en común todos los desahuciados, su asco y fobia hacia los no desahuciados que no tienen ingenuidad porque no pueden crearla en su mínimo cerebro. Los no ingenuos, se revuelcan en sus propios excrementos asumiendo su vida como plena a pesar del hedor que los rodea.
Yo soy un ingenuo a conciencia, aunque me joda, soy la acepción 3 y no es un orgullo, es un tormento.
La gracia está en que yo elijo mi propia tempestad.

Alley Baggett

En Telegramas de Iconoclasta.

El beneficio de la duda

Que alguien me pueda otorgar el beneficio de la duda sobre mi moralidad y absoluta falta de prejuicios, es algo que me importa lo mismo que la vida de cualquier presidente de cualquier país: nada.
Por otra parte yo no tengo dudas, soy absolutamente definitivo en todo. Así que el beneficio se lo pueden meter por el culo.
Que alguien me pueda juzgar no constituye ninguna preocupación para mí. Seguiré haciendo y pensando de la misma forma que si fuera el único habitante del universo (una lágrima de ternura se desliza por mis sonrosadas mejillas).
No nací para hacer caso a alguien.
Si alguien quisiera darme algún tipo de beneficio, que me la chupe si es mujer o me extienda un cheque millonario en euros si es macho.
Cualquier otro beneficio es papel para limpiarse el culo.
Si fuera menos digno y menos libre e independiente, seguramente me importaría la duda que despertara en otros individuos: si realmente soy tan deshumanizado o es un simple rol.
Y respondería con ambigüedades como hacen todos los cobardes sin carácter para parecer buenos a toda la chusma.
Por ejemplo:
“¿Sabes cuánta gente ha muerto en los conflictos étnicos en los últimos veinte años?”
A lo que Yo exclamaría:
“¡Vaya, no jodas! ¿Cuántos?”
Pero soy irritantemente digno, en verdad respondería:
“El precio del tabaco ha subido y cobro la misma mierda que hace seis años. Si quieres otorgarme el beneficio de la duda para creer que no soy tan cabrón, que sea en cigarrillos. Respecto a las razas, las hay más fuertes y las hay débiles. Y el león se come a la gacela, no se la folla”.
Acto seguido, me haría una selfi feliz, tierno, simpático y guapetón con unos muertos incluidos para que quede claro que eso del “beneficio de la duda” me es absolutamente innecesario.