Posts etiquetados ‘Reflexiones’

Otro nuevo día.
Amanece en la república bananera del fascismo español tras una noche de ratas, bofia y basura. Las únicas cosas que pululan en las tiranas calles frías y malolientes
Las tres cosas se llevan fenomenal en la nocturnidad franquista.
El toque de queda no frena el coronavirus, ni los bozales; cosa que no le importa al Caudillo, ni a sus caciques. No es por eso la cárcel nocturna, es algo más mezquino, más criminal.
Y mientras la cosas ocurrían o no, soñaba con un follar cremoso. Su vagina voraz pulsaba exprimiéndome de la polla hasta la última gota de mi humanidad retornándome a la animalidad más salvaje. Era táctil, era húmeda la onírica realidad fascinante.
Después he despertado de nuevo en la pesadilla de siempre con la polla aún dura y el glande agotado y empapado.
Y está bien.
He jugueteado con una navaja sin precisar ideas, solo tabaco y café.
Ha sido una buena noche, definitivamente.
Mi lascivia es solo comparable a mi absoluta indiferencia a quien vive o muere.
Me pregunto si padre y madre podrían imaginar en lo que me convertiría, en una nocturna obscenidad insaciable ajena a todo, cruel con precisión y un vocabulario perfectamente escogido, ni una palabra o idea al azar.
El amanecer hace foco en la mezquindad: en los que se colocan el bozal en el hocico y sonríen invisiblemente a un nuevo día de mierda, a la madre puta cobarde que, tiene miedo a que su hija entre en casa y la contagie de coronavirus. A las embarazadas desarrollando fetos de rata que nacerán vestidas de humanos y roerán libertad y dignidad hasta pudrirse en vida.
Y yo cierro la ventana a la mezquindad. Rezo cosas innombrables cagando y jugando con un videojuego.
Bofia, ratas y basura… Estoy a salvo de toda esa mierda.
Y ahora ya tengo hambre.
Que los jodan a todos a plena luz del día. Que los tigres y los leones los devoren. O las bombas hagan su trabajo, hasta que la cobardía desaparezca de toda estirpe humana; o que desparezca toda estirpe humana, me da igual. No importa, ya he vivido suficiente y no quiero más mierda.
Bon apetit.

Iconoclasta

He mirado hacia el cielo, de noche y de día.
He observado el mar, sus olas y su serenidad.
El río cuando fluye y cuando es hielo.
He visto la degeneración y la descomposición de la carne, y también la he follado.
He amado a mis pequeños compañeros de vida, y he llorado su muerte piadosa por la bondad del veterinario.
He visto y derramado las lágrimas del dolor y el miedo y las otras, las de los cobardes.
He escuchado tu respiración en el orgasmo y durmiendo.
Y a las montañas respirar por las mañanas y hacerse negras como la muerte en la noche.
He visto a un bebé nacer y hacerse hombre.
He visto tantas cosas que se amontonan unas encima de otras.
Y la ganadora de este concurso a la cosa más fascinante, eres tú y tu respiración, no hay nada comparable a lo que siento cuando gozas y cuando descansas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

1984 (en su versión original en inglés: Nineteen Eighty-Four) es una novela política de ficción distópica, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela popularizó los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano o Hermano Mayor, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del Pensamiento y de la neolengua, adaptación del idioma inglés en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el principio de que lo que no forma parte de la lengua, no puede ser pensado.
Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana, una sociedad donde se manipula la información y se practica la vigilancia masiva y la represión política y social
.” Wikipedia.


El fascismo, sea como sea y donde sea, pretende inyectar en todo momento y lugar su ideología y marcadores de conducta. Primero lo intentó metiendo porquería falangista, socialista, comunista y revolucionaria en los cráneos vacíos del pueblo. O sea, adoctrinando al vulgo mediante himnos y panfletos de un mundo mejor y justo.
La radio acostumbró al rebaño a reunirse en torno a él para escuchar los mensajes del poder y unas noticias que aún no podían ser amañadas a la velocidad adecuada.
Luego inventaron la televisión para que cualquier piojoso gobierno entrara en las casas de su ganado con un rostro familiar.
Con la informática llegó la corrupción del periodismo, amañar las noticias a la velocidad de la luz, incluso la historia. Mientras tanto, mediante reformas de los sistemas educativos entraban en los colegios para hacer idiotas a los niños, amañando y ocultando la historia para crearles una burbuja de bienestar y permisividad en la que se hicieron cobardes y mansos. Los incitaron a la ingesta masiva de alcohol y drogas narcóticas; castigando, a sí mismo, el tabaco (ya que es un hábito reflexivo y no narcótico) y refrescos (ya que el azúcar es el alimento que más consume el cerebro). Entre otras cosas les enseñaron que en el homosexualismo y transexualismo son todo ventajas y les negaron el conocimiento de las infamias de la historia para mantenerlos ciegos y torpes. Crearon las redes sociales para que esos idiotas que crecían, se sintieran formar parte de una gran rebaño de reses, y felices por ello. Con las nuevas redes de telecomunicaciones de gran potencia y alcance directamente en el teléfono móvil del ganado, consiguieron un gran y útil control estadístico, de movilidad y veterinario. Y provocaron un estado de alarma planetario para robar cualquier asomo de libertad y someter al populacho a sus decretos mediante histeria colectiva, por medio de una simple gripe; y todo ello con la alegría de los idiotas, a pesar de la cárcel y la ruina.
De la evidente estafa.
Y ahora, lo definitivo: inyectar la mierda de su ideología y control directamente en la carne, en la sangre de la hiper adocenada chusma. Le llaman vacuna, precioso; el fascismo hace alarde de una poesía de niño de cinco años. Y si alguien se piensa que no habrá marcadores en sangre, debería dar un repaso a su madurez intelectual.
Antes han asesinado a muchos miles para crear un gran estado de alarma y pánico social que lleve a las reses a vacunarse ávidamente, desesperadamente.
Y ahora, tendrán a sus cerdos, vacas, gallinas, cabras y ovejas, sometidos a un estricto control, con una precisa ubicación cada una de las bestias votantes.
Orwell se quedó muy corto con su 1984 y sus ovejas mansas y estúpidas; pero con sus gobernantes fabricando noticias y rehaciendo la historia a su conveniencia continuamente, hizo gala de una precisión quirúrgica, es plena actualidad. Es literal a la novela lo que los fascismos que antes decían ser democracias, con la estafa del coronavirus han llevado a cabo el más importante y global movimiento dictatorial jamás creado y han subordinado toda noticia, toda literatura y arte en pro de su ideología y fines lucrativos y de poder estafando con el método epidemiológico.
Que Orwell se quedara corto describiendo una sociedad de mierda como esta en la que estoy viviendo, es normal. Nadie podría haber imaginado el grado de mezquina decadencia en la que se precipitarían las actuales sociedades.
Orwell era un cándido que sobrevaloraba al género humano. Un ser humano capaz de escribir sus ideas con claridad e imaginación, es uno entre millones. Su existencia nada tiene que ver con la inteligencia ni las habilidades de la especie humana.
Los nuevos y normales gobiernos fascistas del coronavirus están formados por una piara de trileros con una corrupta ambición como nunca en la historia se había visto con tanta desfachatez y ceguera por parte de un populacho endogámico; sin rastro alguno de dignidad e inteligencia, salvo la básica del cobarde para encontrar un lugar donde esconder su cabeza vacía de todo.
Los actuales presidentes y ministros de los países más ricos y algunos, como España, de los más pobres, son auténticos degenerados como el mesías Hitler; solo que con otros trajes, otro decorado y, sobre todo, con la retórica de los telepredicadores y sus mandamientos sagrados: Si respiráis sin nuestro permiso, moriréis. Si os movéis donde os prohibimos, moriréis. La libertad os matará. Y sin nosotros moriréis.
Los nuevos fascismos surgidos con la estafa del coronavirus, han adquirido un carácter mesiánico para un rebaño degradado globalmente en su salud e intelecto que, en lo más absurdo nunca visto, se ha dedicado a aplaudir desde los balcones y ventanas de sus prisiones a sus perros carceleros: la feroz y carente de cerebro policía y ejército; cuando según las noticias del nuevo y normal régimen fascista, estaban muriendo cada día centenares de reses.
Los actuales trileros fascistas electos en una falsa democracia, son unos genocidas que nada tienen que envidiar a los nazis o a los jemeres rojos.
Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece; pero los pueblos nunca han tenido la habilidad y la oportunidad de merecer nada, de la misma forma que las vacas no saben que las llevan al matadero hasta que las destripan; un colectivo, o un conjunto de reses humanos jamás podrá crear nada, y menos de provecho. Son meros esclavos al servicio de reses que son poco más listas que ellos.
El asesinato del individuo, como libre pensador, ha sido la consecuencia de una sociedad insectil, basada en la importancia del rebaño. Y ser parte de un rebaño es el más grande y ofensivo insulto que a un ser humano se le podría hacer, salvo ahora, en esta sociedad endogámica, asfixiante en su cobardía, analfabetismo y dejadez.

Iconoclasta

Lo han hecho todo mal, todo se fabrica con y para la mediocridad; y los seres sobresalientes mal vivimos en medio de medidas y calidades despreciables.
Por ejemplo, los inodoros. Cuando cago he de hacerlo con un cubo entre las rodillas, puesto que mi pene no cabe dentro del inodoro; y si me esfuerzo por mantenerlo vertical, rozo la porcelana con la consiguiente inquietud y frío para mi ánimo y bienestar.
¿No podrían medir veinte centímetros más de longitud los cagaderos?
Es difícil, incluso, limpiarse el culo. He de asir el pene en vertical para que no caiga contra en el agua. Le deberían haber dado otros veinte centímetros de profundidad.
Pero lo peor llega cuando aprieto. Lo normal es mear ¿no? Pues por eso el cubo, porque como el pene reposa horizontalmente como una venosa serpiente albina, apoyado en el asiento del minúsculo inodoro, el chorro sale directo contra el armarito de las toallas y condones. Hay instantes de urgencia que ni el cubo sirve para nada.
Por que si vas con prisa o diarrea, no te da tiempo de apretar, mear y a la vez mantener el cubo en la línea del caño de orina. Hay días que salgo estresado y agotado después de cagar.
Cuando era pequeño, recuerdo el momento de soltar los truños como una dulce y relajada intimidad mientras me la pelaba con las guías de televisión y sus anuncios de ropa interior de mujeres: las modelos luciendo braguitas. No se les veía la cara, pero siempre me ha importado el rabo de la vaca el color de ojos de la maciza que lucía la minúscula y tersa prenda, realzando sus tan maravillosos muslos y el vientre liso y deseable con un perfecto ombligo, colocado con precisión en la justa perpendicularidad de la raja de su sexo, Siempre observaba detenidamente si en alguna foto se podía ver un asomo del vello del monte de Venus; pero nunca tuve suerte hasta que encontré una baraja de póker de mi padre con tías en pelotas y las piernas tan separadas que me mareaban. No tenían vello; pero era innecesario para mi trabajo.
Como iba diciendo, en esta sociedad mediocre de medidas y accesorios más mediocres aún, para cagar preciso de una logística comparable a la de Amazon y sus envíos.
Masturbarme, sin embargo, es dulce y suave. Uso el cubo porque ya que está, lo aprovecho; pero no soy melindroso con la leche si me cae en los pies o en los muslos y a veces en mi pecho cuando pierdo el control durante el orgasmo. Vaya donde vaya la lefa, siempre me hidrata graciosamente. Además, es ácidamente dulce, cosa que la orina no.
Insisto, el tamaño de los inodoros es una vergüenza para alguien especial.
Y vamos a ver, el tamaño de la ducha no es como para tirar cohetes; pero si me sitúo en un extremo de la diagonal, puedo mantener una distancia de seguridad, un par de centímetros libres hasta el extremo opuesto y así, no tener que pasar el glande por las baldosas continuamente con la consiguiente irritación que ello conlleva. El problema es que en cuanto meto un pie en la ducha, me sobreviene inevitablemente una erección, cosa que es buena porque facilita la higiene íntima y lo que después será incontenible durante el suave, metódico y jabonoso roce.
Ser sobresaliente en una sociedad mediocre, es incómodo por decir poco; por decir lo mínimo.
Es el drama de la excelencia, qué le vamos a hacer…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Es increíble, absolutamente absurda la fe de la cobardía.
Les han robado la libertad más básica, la del movimiento; los han encarcelado en sus propias casas, les obligan a usar un bozal que les cubre el hocico y han dicho amén a la ruina económica.
Incluso han dejado entrar mezquinamente la desconfianza y la cobardía en sus casas, entre su familia y amigos.
Es increíble, absolutamente absurda la fe de la cobardía que, ha accedido a prostituir su libertad de respirar libremente para nada.
Son incapaces en su cobardía de ver la estafa y el ansia de control de los tiranos que votaron.
Ni siquiera con la rotundidad matemática de la duplicación y triplicación del coronavirus, son capaces de razonar que todo ese control, prisión y dominación que ha decretado el nuevo fascismo de las democracias, ha servido para duplicar y triplicar muertos y contagios. Aunque muertos, no; porque cada vez quedan menos vivos susceptibles de morir por coronavirus. Es una purga.
Sus mesías políticos no han conseguido frenar la enfermedad, la han hecho más virulenta porque por ignorancia y ambición de poder, han minado el organismo de los habitantes que han aceptado debilitarse por una cobardía injustificada. La imagen de las ovejas amontonadas entre ellas, ofreciendo sus cuartos traseros a los lobos es la verdad de esta sociedad que algunos pocos hemos tenido la mala fortuna de ver, oír y sentir.
Es fascinante en su sordidez observar la fe de la chusma que, a pesar del engaño obvio y en presente, siguen llevando con fe indigna su bozal de moda, creyendo que pueden morir si respiran con decencia y dignidad.
Es fascinante en su sordidez la fe de la chusma, en sus políticos electos, estafadores y dictadores que ven como auténticos mesías y padres salvadores.
Y se dejarán inyectar el veneno de la mezquindad con agradecimiento y reverencia.
Ni siquiera es necesario esperar un tiempo para tener una perspectiva histórica de esta decadencia político social.
Es tan patente ahora que vuelve a ser increíble, absolutamente absurda la fe de la cobardía.
Es sucio incluso de escribirla; y no hay un gel, filtro de aire o vacuna que cure la mezquindad y la cobardía, estoy abandonado…
Nunca como ahora, los límites entre ganadería y política, veterinaria y medicina, nazismo y democracia, voto y sumisión, oscurantismo y educación, y madurez e infantilismo; han sido tan confusos y difusos.
Tal vez, el gran visionario que haya conocido la humanidad en toda su historia, fuera Kafka.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta

Jamás pretendí existir, nunca rogué ser parido.

Soy un accidente, un infortunio.

Mis padres follaron con demasiada alegría y despreocupación.

Y por ello tuvieron que cargar con la consecuencia: yo.

Y yo con ellos.

La vida está sobrevalorada.

Demasiados pseudo literatos de retórica fácil se callan muy cobardes y ansiosos de ventas, que la muerte y el dolor son la canastilla del recién nacido.

Lo peor que te puede pasar es nacer fuerte, porque no sucumbes a ningún dolor.

Si eres fuerte, la vida es asaz larga.

Sinceramente, prefiero que pase el tiempo rápido, en un bip-bip que diría el Correcaminos.

Y si hubiera nacido libre de dolores y tristezas concebidas amén, hubiera encontrado la forma de sentirme asqueado en este tiempo y lugar, una consecuencia más de mi aleatorio nacimiento.

Estaba condenado al fracaso.

Soy la consecuencia de una cópula mediocre.

Y si algo no pides o no quieres, se convierte en condena y el mundo en un vertedero.

Todo lo que contiene un vertedero es basura, a mí me contiene también; ergo…

En familia debes tragar cada año doce uvas que son cristales rotos que destrozan las muelas y a ti por dentro.

Hasta que rompes con casa y familia y la cosa mejora un poco; pero tampoco es que sea para tirar cohetes con explosión multicolor y traca final de alborozo.

Cuando al fin te quedas solo, de ser accidente no te libras.

Así que meto la mano entre tus muslos y accidentalmente, cuando los separas húmeda y viscosamente, juego con los filamentos que desprendes y los extiendo por esos labios que palpitan ante el roce de mis dedos ásperos. Cuando los separo y descubro esa belleza de perla que esconden, dura y resbaladiza; al presionarla tus uñas hieren la piel de mi brazo como si quisieras frenarme y a la vez, meter todo eso más adentro de tu coño.

Esa desesperación tuya no es un accidente; pero me roba la cordura y el decoro si alguna vez lo tuve.

Y chupo tus pezones para beberte, los amenazo con los dientes porque te comería. Me haces voraz.

Un voraz accidente.

Un accidente imprevisible que en medio de una frustración decide follarte.

Follarte sin piedad y cerrar la puerta a todo, incluso al aire y la luz.

Será que el corazón a veces baja al pene, se aloja en el glande y hace lo que debe con todas esas venas y con mi instinto accidental, como un jaco en vena que me arrebata de mi propia accidentalidad.

Y cuando te la meto, sin delicadeza alguna, todo está bien. Tu coño cálido se contrae y expande comprimiendo mi carne dura que hierve de presión, haciendo de mí un animal encelado, sin pensamiento.

Todo tiene sentido cuando revienta mi pene y la leche rebosa entre la cópula de tu coño y mi bálano.

Luego, mientras mi mano descansa en tu monte de Venus, a medida que el semen se enfría, vuelvo a mi accidentalidad y te beso como si tuviera que marchar lejos de nuevo, allá donde no pedí estar.

No follarte me devuelve a aquello…

Es una mierda ser fuerte.

Soy un organismo puramente accidental.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Sé que no te detendrás jamás; pero… ¿podrías contar lentos los segundos de la Alegría? Es que no abunda, amigo.
Y cuando la vida duela, cuéntalos veloces, hazme viejo por minutos; no importa. Porque de dolor hay tanto que lo dan gratis.
Yo siempre mantendré tu corazón caliente por mucho que la vida duela, lo juro. Puedes creerme, no soy del todo un mal tipo.
Es que no me fio del diablo y sus imprecisos contratos de sangre y alma.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El nuevo y normal fascismo español del coronavirus ha hecho retroceder social y económicamente a su población a las décadas franquistas del siglo pasado.
Como resultado de su asfixiante represión, ha resurgido una especie mezquina de la que muchos de sus especímenes quedaron impunes de sus actos de envidia que, causaron encarcelamiento, tortura, muerte y un expolio de bienes del que se vieron beneficiados en la dictadura franquista.
Colaboracionistas que denunciaban a sus vecinos por una razón de envidia y ambición eran premiados por el régimen franquista con una caricia en la cabeza o bien con parte del botín que la piara formada por Franco y sus secuaces, robaban sin ningún pudor. Con alegría.
Esos informantes, chivatos, confidentes y mierdas más; los que por envidia llevaban a la prisión, tortura e incluso a sellar la pena de muerte para sus vecinos (España está plagada de barrios, pueblos y ciudades donde viven sus descendientes que eran legión) son los que se asoman a las ventanas corriendo un poco las cortinas, para denunciar a gente que usa su libertad y recibir, como con Franco, las caricias; ya sea de los perros policía o de sus amos los fascistas normales españoles del coronavirus que llevan a cabo la gran estafa social y económica.
El fascismo español ha dedicado grandes titulares a denunciar que la juventud ha propagado el coronavirus, y el resto de la población se lo cree. España está llena de mierdas analfabetas, de auténticos pedazos de mierda, sean machos o hembras.
En España, el analfabetismo de la síntesis y la comprensión lectora, ha llevado a millones de personas a creer que arruinándose, empobreciendo su salud y humillando su libertad; conseguirán que el virus se marche al espacio exterior en busca de otros cuerpos que invadir.
Y el nuevo fascismo normal español del coronavirus, ha comprado toda la prensa posible y convertido a todos los periódicos españoles o agencias informativas, en la Hoja del Lunes del franquismo.
La Hoja del Lunes, era un diario publicado por el régimen franquista exclusivamente los lunes, ya que los censores no trabajaban en fin de semana (era pecado y estaba prohibido trabajar en domingo) y los periódicos por ello, no podían publicar en lunes.
Era por gente como aquellos mierdas confidentes, que los crímenes del fascismo se extendieron durante casi medio siglo en el tiempo. Los mismos que ahora lamen los genitales de las fuerzas del orden púbico para ganarse algún favor o sacar a pasear a su puto perro un par de veces más al día durante el encarcelamiento que imponen los caudillos Sánchez e Iglesias por su necesidad de enfermar y arruinar a la población para sacar más dinero de los fondos de la Unión Europea por esa gripe llamada coronavirus.
Cuando murió el cerdo (Franco) aquellos mezquinos confidentes (y aún vivos unos cuantos), lloraron porque no sabían que hacer sin aquel mierda en el poder.
Y en aquel instante se encuentra ahora España, sin necesidad aún de torturas (aunque nunca se sabe, mantienen un férreo control de la prensa y ahora quieren, al igual que sus amos chinos, controlar internet) y fusilamientos. En ese instante de una libertad robada y estafada hasta la pobreza y la enfermedad, con el tácito beneplácito de una población cobarde, decadente y degenerada en su endogamia.
El nuevo y normal fascismo español condena la violencia. Necesita para ejercer su estafa y prolongar su tiranía durante años, que los cabestros habitantes sean sumisos; aduciendo que si obedecen, les salvarán la vida.
Lo gracioso es que los están matando, están cometiendo genocidio con gente verdaderamente enferma a la que han negado sus tratamientos vitales.
Pero como el fascismo no se alimenta precisamente de inteligencia, se equivocan. Franco consiguió dominar a millones de españoles tras exterminar a más gente que la peste.
La guerra en sí no fue larga. Lo que se prolongó fue el sistemático asesinato de todo sospechoso de no ser afín al régimen; solo así se consigue implantar el terror en la población, para su obediencia y control. Franco y sus secuaces dedicaban meses a la depuración de todo pueblo o ciudad a la que llegaban las tropas; que no avanzaban hasta haber matado todo lo que debían.
El nuevo y normal fascismo español, si quiere durar como Franco, va a tener que masacrar a mucha gente para seguir en el poder. No lo ha hecho.
Y ahí radica la equivocación: la violencia es tan necesaria como inevitable para ganar una libertad robada. Y por lo tanto, el fascismo durante un tiempo va a perder mucho dinero que ha robado para atajarla.
Hay una violencia para agredir y otra para defender; pero tras una sola batalla de la guerra por la libertad, solo existe la violencia agresora.
Los cuchillos no solo sirven para cortar bistecs y embutidos, son igualmente útiles para cortar carne humana; un bate de béisbol, además de golpear una pelota, sirve para romper huesos. El fuego no solo sirve para cocinar y tener calor en invierno, también sirve para incinerar a los hijos de puta.
Quiero decir, que no es suficiente para evitar la violencia, la prohibición de la posesión de armas de fuego; es algo ya experimentado.
Afortunadamente, vivimos rodeados de objetos que pueden herir, matar, defender nuestra libertad y dignidad, etc…
Objetos con los que se puede defender el simple derecho a caminar por donde y cuando quieras.
Muchos cobardes morirán por inanición y debilidad orgánica que causa el nuevo y normal fascismo español del coronavirus.
Y unos pocos vivirán lo suficiente para intentar devolver el mal que se les ha hecho.
Mientras tanto, aquellos serenos (vigilantes nocturnos del franquismo que disponían de las llaves de las porterías de los barrios que rondaban para controlar quien salía, quien entraba; e interrogar a donde iba y de donde venía la gente cuando comenzaba a la noche el toque de queda eterno, de las 22:00 a las 06:00, y que se prolongó durante décadas) ya vuelven a arrastrarse por las calles como peligrosas alimañas a las que no les importa matar o asfixiar a nadie.
Bienvenidos de nuevo al siglo pasado de una España enferma y mezquina.
Y no es una broma, la dictadura franquista ha sido la más larga y sangrienta de la historia, tienen ese honor los españoles. Y ahora llega otra mierda igual.

Iconoclasta

Día un millón: estoy en el bosque y suenan lejanas unas campanas, repetidamente.
Son las once de la mañana y es el día de los muertos, es la razón de su insistencia. Llaman a los vivos, es hora de llorar frente a los huesos. O de reír, no todo lo muerto es bueno.
No hago caso, estoy donde debo estar.
Tengo ya unos cuantos muertos en el cementerio; pero no voy a visitar sus nichos, los huesos no tienen nada que decir.
Ni esperan nada.
No son nada.
Pienso en la resurrección y la putrefacción de los cuerpos. Pienso en la reencarnación y en los riesgos de iniciar otra vida de mierda.
Simplemente morir, es lo correcto. Está bien.
Todos los días, al igual que a quien amo, hay un instante para evocarlos, solo requiere una milésima de segundo y hay cientos de miles de ellas en un día.
En el cementerio nunca. Es un lugar demasiado aburrido. Demasiado festivo cuando tocan a muertos las campanas.
Sin embargo, hay días que paseo por el cementerio, para huir del rugido de vida del bosque, se han de cuidar los oídos…
A pesar de que ahí no hay ninguno de mis muertos, paseo convirtiéndome en silencio entre sus tumbas y nichos. Paseo para imaginarme ahí dentro, en una tumba, vertical u horizontal, no importa; para leer cuánto vivieron y ver a quien gano y a quien no ganaré en años de vida. Para fotografiar la decrepitud definitiva…
Es día de muertos, pero el bosque es más poderoso que las campanas. Y mis muertos no me esperan. Y yo no hablo con simples calaveras que ni siquiera tienen ojos. El tiempo es oro y los muertos no aprecian estas cosas.
Flores no necesitan, están rodeados de ellas. Ellos enriquecen el suelo con lo que fueron.
Y la condensación de su cuerpo muerto hace tiempo que se esfumó. Las almas tienen la longevidad de un cigarrillo.
Hay muertos sin nombre que tampoco se preocupan por las campanas. A veces creo que tengo más en común con los muertos que con los vivos.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.