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Si fuera árbol, tal vez lo sea, no lo sé… Y tú caminaras con toda tu brutal sensualidad en la soledad y el desamparo de la fría noche, extendería mi impúdica rama preñada de deseo para atraparte, para llevarte a mi húmeda y desenfrenada oscuridad. Llenarte toda de mí en una blasfema comunión pagana. La hostia, mi semen humeante prendido como gotas de nácar en tu monte de Venus.

Y el agua del río formando un sereno canto de tragedia…

Cubrir toda tu piel, meterme en todo cuerpo por todos los huecos…

Un árbol-bestia rugiente, follándote carne y espíritu tan profundamente como el amor y su imposibilidad corren por mi savia.

Rasgarte vestiduras y lacerar tu piel hasta que tu gemido se convierta en suspiro y entre mis fuertes ramas, te vengas, te corras y maldigas mi pornográfico y terrible amor violento e impúdico. O tal vez, que mi corteza se abra sangrante con el rugiente acto de violarte.

Herirás hasta la sangre mis labios mordiéndolos con tanto deseo como puedo soñar… Ésta es mi voluntad, éste es mi sueño de humor espeso y blanquecino que mana de tu coño satisfecho en mi eterna oscuridad, con tu corazón latiendo entre mis ramas.

Y tu pensamiento, adueñándose de lo poco que queda del mío.

Al fin y al cabo, no tengo alma te la llevaste; la aspiraste con la primera mamada que me hiciste.

Y te necesito para tener algo de humanidad en esta soledad sin ti.

Tal vez sea un lobo, y tú una caperucita; pero te aseguro que no hay nada de infantil en ello.

Y la moraleja es tragedia de amarte.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Vamos a por una lección de aquel añorado Barrio Sésamo (Plaza Sésamo), sobre lo que hoy es correcto e incorrecto en estos tiempos de repugnante moralidad doctrinal festiva y pueril. Porque los idiotas celebran su propia imbecilidad con comuniones de tolerantes hostias con sabor a mierda.

Respecto a la censura, ahora se reaviva más que nunca, todos se sienten sacerdotes de la corrección de mierda, con sus cerebros repletos de heces.

Que mueran unos cuantos centenares de miles de seres humanos de la sociedad occidental es una depuración necesaria. En las endogámicas ciudades se han reproducido tantas veces los imbéciles que, ahora se encuentran en el poder, en todas las manifestaciones y en todas las fiestas de orgullos gays, de putas y de miedosos de leer violencia u oírla en canciones; tienen miedo los analfabetos que del libro salga un cuchillo que los hiera, o que el micro del cantante sea una pistola camuflada.

Le tienen un miedo enfermizo a la palabra.

Algunos “en su opinión” censuran con el afán de los puercos buscando trufas. Puedo comprender que, no se permita con dinero público mostrar arte de baja calidad, eso que no es arte, que es un engaño populista. Un timo como tantas formas de “arte” que buscan dinero fácil.
(Hay grupos musicales tan artísticamente malos que no deberían cobrar por actuar, cosa que es muy diferente a censurar, aunque muchos no entiendan lo que escribo)

Pero censurar por “opinión” y “moralidad”, es una acto de fascismo tan repugnante como lo fue la existencia del Tercer Reich.

Menos mal que nací a tiempo de conocerlo, que tuvo tiempo de nacer Hannibal Lecter y no lo mataron estos hijos de puta.

Y mientras tanto, censores y “correctistas buenistas” educan a sus hijos en la imbecilidad y cobardía. Sin que nadie muera…

Es necesaria una matanza global.

Es necesario colgar en una plaza pública a los putos censores y correctores de todo tipo.

La lección que todo niño no educado por unos padres idiotas, comprendería:

Lo incorrecto.

Con violencia le arrancó las bragas dejando marcas rojas en su cintura y muslos, a esas alturas, su coño estaba húmedo y ansiaba que la penetrara. Retiró las copas del sujetador y se pellizcó los pezones erizados, él tenía aferrada con el puño su polla dura, el glande palpitaba húmedo y brillante, amoratado de sangre.

Escupió en su coño y se la metió. Teresa lo llamaba hijo de puta con cada embestida, se corrió abrazada a su cuello, con el cálido semen rebosando por su coño, regando deliciosamente el esfínter.

La llamó puta y se rieron en la cama encendiendo un cigarrillo.

Lo correcto para los tarados.

Se bajó los calzoncillos con dificultad, su pene estaba erecto y su mente absolutamente enamorada. Ella se retiró el sujetador y sus enormes pechos al liberarse, parecían doblar su espalda, al respirar oscilaban voluptuosamente.

Se bajó el tanga y su pene de mujer apareció enorme, perfecto. Se acercó a Roberto, le invitó a darse la vuelta en la cama y le untó el ano con lubricante gel. Lo penetró. Al cabo de tres minutos el semen brotaba oscuro y ensangrentado de ese cráter de amor que era el ano de Juan.

Se besaron la boca enamorados, con ternura y en silencio para no despertar a su hija que, se escuchaba dormir tranquila en la cuna a través de la radio de vigilancia.

Lo incorrecto.

Se dirigió a la sala de hibernación. Tan solo se escuchaba el suave zumbido de los reactores. Con un láser decapitó a los cuatro bebés en sus cápsulas de mantenimiento vital, sin que llegaran a despertar. Casi dulcemente.

No limpió toda aquella sangre.

Volvió a su cápsula de hibernación, esperando con ilusión despertar tras cuatro años y admirar el dolor de los dos matrimonios, sus compañeros de tripulación, en su viaje a Demencia 10.

Lo correcto para los tarados.

“Días después, el 27 de diciembre y en el último pleno municipal del año, la concejal de Cultura, María Victoria Bermejo, reconoció como “un error” incluir un concierto del grupo en la programación de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes para el primer trimestre de 2020.

En su opinión, Los Chikos del Maíz hacen “apología de la violencia extrema” y en sus canciones “se da cabida a mensajes que invitan al puñetazo, a la patada en el vientre o al ahorcamiento”. Ahora ya se ha decidido cancelar definitivamente el concierto, previsto para el día 10 de enero y que tenía las entradas agotadas”.

Y ahora niños, vamos a cantar la canción del cinco, que en el culo te la hinco.

“¿Eso te hace sudar?” (El Cuervo, 1994)

A la mierda, gilipollas.

Que os jodan.

(La película El Cuervo, en esta actualidad idiota, sería incorrecta a pesar de ser maravillosa, violenta y fascinante, sin titubeos ni concesiones a moralidades de degenerados cerebros inoperativos. El Cuervo ha dejado la más grande colección de divertidas, violentas y sarcásticas citas del cine y tal vez de la literatura)

Iconoclasta

La gente pacífica es muy peligrosa, desea dominar e imponerse a los demás con grandes movimientos ganaderos de cientos de miles de cabezas de ganado. Algo así como las voraces marabuntas o las plagas de langosta.
No, la gente pacífica no mata, aplasta ciegamente, sin entender bien el porqué. Y le comunica sus deseos a los sicarios de su dictador para que maten por ellos (mucho dueño de campos, aun hoy día lo es gracias a esta costumbre de conseguir algo lamiéndole el culo al dictador de turno o sus representantes, entregando las vidas envidiadas con mentiras o simplemente delatando para que los maten). De esta forma, con una hipocresía digna de caricatura, seguirán alardeando de su pacifismo (los ciudadanos ejemplares e integrados del nazismo, franquismo, falangismo, hinduismo o comunismo por ejemplo).
Tras la máscara pacífica se esconde la cobardía.
Hace falta gente decidida y auténticamente violenta que provoque una gran guerra identificando a los buenos y a los malos. Y sobre todo, que de una vez por todas, quede claro quien son los vencidos, si quedase alguno.
Además, es necesario renovar sangre, genética. Por ejemplo: los habitantes de los lugares más fríos suelen caer en profundas depresiones por una decadencia acomodaticia.
Los niños se manifiestan por banales razones, evitando así trabajar y sus lerdos padres los educan en el borreguismo.
La sociedad se ha colapsado y la ética, la dignidad y el esfuerzo, son temas oscuros que dan miedo en la población. Se han acostumbrado a las incruentas luchas de tuits y likes, banalizándose a sí mismos. O a los festivales musicales o congregaciones festivas para celebrar catástrofes, muertes y asesinatos.
Hay que mover el culo.
Y lo malo, solo se puede erradicar con violencia y muerte.
Yo apuesto a que ganarán los pacíficos, los hipócritas o malos siempre ganan.
Tras el periodo de guerra, los vencedores deberán luchar contra la pobreza, el hambre y la enfermedad; las guerras esquilman los recursos económicos.
Tranquilamente, alcanzar un nivel de bienestar parecido como el anterior a la guerra puede llevar treinta años y la pérdida de una cuantas generaciones. La guerra es la parte más escandalosa, lo bueno viene después. Como ocurre con las catástrofes nucleares.
Y entonces sí deberán trabajar con un par de cojones y llorar menos con su teléfono en la mano.
La debilidad y la cobardía no es algo de lo que nadie deba sentirse orgulloso.
Si algo pesa, uno se esfuerza por levantarlo, no se llora, no se publica un estado de mierda en una red social.
En la pacífica y mística India, comen mierda y se bañan en ella; llevan décadas haciéndolo. Es el precio a pagar por la cobardía del pacifismo, por el borreguismo de las castas inferiores.
Al ataque y que muera quien deba, que viva quien pueda…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La maldad y la enfermedad anidan en el tuétano.
La médula de los huesos irradia hacia el exterior la maldad y los dolores cancerígenos que se extienden a los órganos.
El Supremo Biólogo usó materiales defectuosos para el chasis humano.
Demasiados seres fueron creados para exterminarlos a todos y fabricar nuevos; la pérdida de tiempo, huesos y prestigio sería inmensa. Y El Supremo Biólogo no puede equivocarse, es algo básico en el concepto divino.
Añadió carne, grasa y piel a los huesos como contención a la ponzoña de los corruptos cimientos humanos.
Sin embargo, había casos en los que no era suficiente y añadió más grasa, carne y piel en grandes cantidades; pensando que de una vez por todas la enfermedad y la paranoia quedarían enterradas en la génesis ósea.
Cosas ocultas, ojos que no ven…
Se crearon seres humanos indecentemente pesados y torpes, tanto que no sabían de donde salía el pensamiento: si de los huesos o del cerebro.
Solo les bastaba con matar, comer y follar.
Carne, grasa y piel resultaron también defectuosas, porque los errores que un dios no puede cometer, no se pueden reparar.
El Supremo Biólogo se cansó de parches, programó una muerte temprana y una estupidez eterna entre los tejidos que mal contenían la ponzoña.
Si morían pronto, nadie sabría de su torpeza y si eran suficientemente idiotas no podrían pensar con claridad sobre el origen de sus miserias.

Inicio de la humanidad.

Yo no sé de donde sale mi pensamiento, solo sé que algo no va bien. Cada día duele más la vida y combato el dolor mordiéndome los labios y apaleando a otros machos y hembras.
Odiando sin ninguna razón, simplemente porque soy imbécil en esencia.
Cuando nació mi primer hijo, lo partí en dos con un cuchillo de sílex para buscar entre sus huesos el dolor que yo padecía y hallar la fuente de mi pensamiento imbécil. Solo vi un huesecito ennegrecido en un brazo que radiaba hacia el hombro como los tentáculos venenosos de una medusa.
Tiré lo que quedaba de mi hijo a la hoguera y me follé a dos hembras hasta que les sangró el coño y las seguí follando con odio y golpes hasta asegurarme que quedaran preñadas.
Porque lo único que comprende mi escaso pensamiento, es que me he de reproducir.
Reproducir la ponzoña y la insania.
Lo pide toda esta carne, grasa y piel.
Al Supremo Biólogo me debo, aunque no sepa porqué, ni que gracia puede tener; él dice que más adelante alguien dirá que seremos “sapiens”, no sé que putas es eso.
Solo sé que cuando piso fuerte, me duele y cruje un hueso de la pierna de tal forma que me aterroriza.
He matado hembras, crías y viejos; tantos que a veces me duele un hueso de la cabeza.
Pronto me matarán a mí.
Espero impaciente el momento de que mis huesos se hagan de piedra indolora por fin.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Un coche que circula lentamente por la zona industrial, se detiene frente a un chulo de putas que fuma un porro.

– ¿Cuánto por la puta sin bragas? -pregunta el cliente señalando a la zorra desnuda por debajo de la cintura.

– Treinta la mamada, cincuenta si se la metes. No más de quince minutos -recita con displicencia el chulo.

– ¿Se la puedo meter por el culo?

– Por cien euros, sí.

– ¿Y si le parto la cara?

– Seiscientos y gastos médicos aparte. Si le dejas cicatrices, te haremos a ti también algunas. Mira, si quieres hacer con ella lo que quieras la puedes comprar por siete mil.

– ¿Está enferma?

– Aún no.

– Tengo una hija de catorce. Te la doy por ella.

– ¿Tienes una foto?

El cliente le muestra una en el teléfono.

– ¿Es virgen?

– No. Ya me la he tirado algunas veces -responde con irritada impaciencia el cliente.

– Hecho. Si me la traes ahora, te puedes llevar a la puta.

– Denunciaré la desaparición de la niña en un día, ya sabes como va esto.

– Bien, ya estará embarcada cuando te pases por comisaría. No tardes.

– No tardo. En media hora la traigo. Y que la puta esté lista para entonces.

Iconoclasta

(Mi fe impía / un credo incorrecto)

Creo en la violencia como resolución de los conflictos y reafirmación de la dignidad.
Creo en la épica del combate cruento.
Creo que sangre con sangre se paga.
Creo en el rencor más que en el amor.
Creo en la única cópula: la de macho y hembra.
Creo en la prostitución como alivio a la lujuria de la soledad y la narcosis.
Creo en la envidia como motor de la sociedad.
Creo en la compraventa de seres humanos con legales facturas y documentos de propiedad.
Creo en la ofensa y la falta de respeto.
Creo en la corrupción de jueces, ministros y sacerdotes.
Creo en la tauromaquia, en toda esa sangre y el dolor de las dos bestias. La violencia, la sangre y el dolor son lo más efectivo contra la disfunción eréctil.
Creo en la mentira, escudo contra la hipocresía; aunque parezcan lo mismo para un observador negligente.
Creo en la voladura de la sociedad con explosivos para la creación de una nueva digna y limpia.
Creo en la obstinada y obscena voluntad de mi rabo erecto ante una mujer hermosa con ropa ajustada. De tetas y culo rotundas.
Creo en mi propia abominación.
No creo en dios; pero amén.

(Credo in malum)

Iconoclasta

Son tiempos normales, apacibles. No hay nada extraño y todo es mejor que hace cientos y cientos de años atrás por muchos feminicidios, infanticidios y parricidios que haya.
La tan cacareada violencia entre machos y hembras primates es casi inexistente, comparando a los primates actuales con los de hace simplemente cinco mil años. Hoy día son unos rumiantes inofensivos que jamás usan la violencia con sus parejas reproductoras.
Que un macho le pegue una buena paliza a una hembra, aunque habitual en las noticias, es un hecho puntual que estadísticamente no influye negativamente en la expansión demográfica de los primates, sois tantos que la muerte de una hembra o macho no significa nada.
El asunto de los asesinatos “de género” como pomposamente los llaman, son meros hechos anecdóticos y noticiosos para llenar espacios de noticieros y prensa.
Los humanos, sois plaga. No es preocupante que muera un mono o mona reproductoras y toda su descendencia.
En algún momento todo cambió y algunas hembras aprendieron a conocerse y poco a poco (tan poco a poco que les ha costado milenios poder entrar en los círculos de poder) se han hecho poderosas algunas líneas genéticas de monas. Los monos machos no han cambiado, son idiotas en todas las eras geológicas y sociales del planeta.
Las mujeres prehistóricas y antiguas no veían maltrato en las palizas y violaciones a las que eran sometidas a lo largo de sus cortas vidas. Nunca sintieron placer (como muchas hoy día, los machos más machos no saben follar y las dejan hambrientas y por tanto, putas). Hombres y mujeres eran animales en estado puro, incluso hasta hace apenas tres siglos atrás. El macho se la metía y ellas parían y servían de saco de entrenamiento cuando el mono frustrado y borracho por su propia torpeza no había sido capaz de aportar comida o dinero a la familia.
Tal vez, por esa prehistórica o antigua sumisión de las monas, la especie humana se hizo plaga. Las monas tragaban con todo y no existía cuarentena entre parto y parto. Parían sus crías como las ratas en las alcantarillas.
A medida que los monos os esclavizabais con las leyes y sus obligaciones, religiones y moralidades; os hicisteis más débiles machos y hembras, menos violentos y además, comenzasteis a procrear con más higiene y profilaxis, con más rapidez y seguridad. Las monas y sus crías sobrevivían más tiempo sobre el planeta. Os convertisteis en la peste que sois hoy.
Degenerasteis hasta convertiros en la mediocridad cobarde que sois hoy día, en animales de granja, productores con amos que os atan corto y os hormonan (suministrando licores y otros narcóticos) si es preciso, para que no baje la producción y se mantenga esa imbecilidad tan característica que tanta repulsión me provoca.
Lo cierto es que siempre os he odiado, os he matado y descuartizado por ser la especie más repugnante y amada por ese degenerado de Dios el melifluo, el maricón folla-ángeles.
Pero siempre quedan genes que de vez en cuando se hacen más evidentes en algunos ejemplares machos o hembras y por ellos, aún hay parejas y unidades familiares más o menos numerosas; formadas por sumisas de coño baboso por amor a sus maridos machotes, borrachos, violentos y lo más incomprensible: incapaces de darles un orgasmo de verdad.
He visto monas llorar por el macho que les ha pegado patadas en el coño, cuando lo he abierto desde el pubis hasta el esternón desparramando sus tripas. Tuve que hacer callar los gritos de la sumisa asfixiándola con mi pene en su boca llorona de mierda. Bueno, lo cierto es que mientras me la mamaba intentando respirar, le hice un coño más largo y sonriente con el cuchillo. En aquel charco de orina y sangre me sentía como el dios que soy.
Que amen tanto a sus monos es algo que me divierte. A veces pisoteo bebés hasta convertirlos en pulpa que, tienen más capacidad intelectual y dignidad que esas sumisas primates.
Creedme, he visto evolucionar el planeta y las cosas que lo llenáis; y de todas las bestias que torturo y descuartizo, las que me provocan más placer son los machos que aún a pesar de no saber meterla bien a sus monas, tienen muchas crías como prueba de su virilidad.
También esas hembras taradas son gratificantes de matar: folladas sin placer, apaleadas como perras y pariendo como conejas, envejecen mal y en pocos años ya no inspiran una mísera erección. Vale la pena matarlas durante unas horas. Una pareja de monos así, es un buena forma de pasar el rato antes de la cena.
Hace unos meses, mi Dama Oscura y yo pasamos una sangrienta y sexual velada con un matrimonio de primates de la especie que nos ocupa: sumisa-violento.
¿Sabéis que los más agresivos machos con las hembras gritan como cerdos acuchillados ante el más mínimo dolor?
Y conmigo y mi puta Oscura no existe dolor mínimo.
Os cuento lo que hicimos. Podéis hacerlo si queréis; aprended. Pero vosotros pagaréis las consecuencias legales e incluso podríais morir cuando vuestras víctimas se defiendan. No sois dioses, así que sed muy cuidadosos cuando asesinéis o torturéis.
Barcelona es otra apestosa ciudad granja, que vestida de modernidad y cosmopolitismo, quieren creer sus reses que es un lugar especial.
Dejando atrás el centro de Barcelon, marchando en dirección norte y ya en plena sierra de Collserola (lo de “sierra” es una broma, es una montaña pelada de tan pisoteada que está; allí hasta los jabalíes se sienten ciudadanos), se encuentra el último suburbio más miserable de toda la comarca (Torre Baró). Formado por chabolas de fibrocemento, planchas de metal y maderas podridas. En el mejor de los casos, hay casas que no se han acabado de construir y los primates viven dentro entre ladrillos desnudos y los bichos que allí se esconden entre tanta miseria.
Gitanos, delincuentes sin cerebro, camellos que se colocan con su propia mercancía y las ratas que duermen e infectan con ellos y en ellos…
En fin, si quieres hacer embutidos y chacinas humanas, allí hay suficiente carne para ello. Solo hay que matar el que más te guste, lo despedazas y te lo llevas a casa sin ningún problema legal. Como ya he dicho, son tantos que el asesinato de cuatro o cinco monos de piel oscura por raza o por suciedad, crea hasta cierto alivio.
Así que aparco mi Aston Martin frente a un solar en el que hay varias tiendas de campaña sucias y unos cuantos tipos fumando hierba entre la mierda, bebiendo vino de cartón ante un hoguera maloliente.
No tocarán ni la pintura de mi coche, son bestias que entienden muy bien quien es el macho dominante y captan el peligro de una forma muy primitiva. Su cerebro es muy ineficaz; y de tan primitivo, instintivo. Les sirve para salvarles la vida alguna vez por ese carácter básico y animal.
Tal vez los mate luego si me apetece.
Miran las rotundas piernas bronceadas y musculosas de mi Dama Oscura al bajar del coche, su microfalda de piel deja ver su coño desnudo y rasurado y su blusa negra, abierta en un gran escote, deja asomar las areolas de sus pesadas y sólidas tetas a través de las copas de un sujetador negro sexualmente pequeño.
Todo primate sabe que es un hembra vedada, a ellos. Solo es mía, jamás podrían tener y satisfacer semejante mujer. Por eso la observan con disimulo, desconfiadamente y con sus pequeñas pollas duras latiendo en sus calzones cagados.
Tres chabolas más adelante y hacia la montaña se encuentra la casa a medio construir y con los agujeros de las ventanas cubiertos con plástico y maderas, del matrimonio cuyo macho es un tal Axel Perea y la sumisa Desiré Expósito. El macho tiene treinta y siete años; la hembra, a pesar de aparentar sesenta, solo tiene treinta y cinco. Un niño de doce años (Luismi) y una niña de cuatro (Angelina) son los hijos.
Madre de Desiré: “No puedes seguir con ese hombre, un día te matará”.
Desiré: “Es el padre de mis hijos, es un buen hombre, solo está pasando un mal momento”.
Cuando Axel la tira al suelo y la patea durante minutos, al quedarse sola restriega su clítoris con el puño hasta correrse.
Es una subnormal absoluta, una enferma y retrasada mental.
Sin pretenderlo, resulta que estoy haciéndole un favor a los humanos primates.
El bueno de Axel le ha dado una buena paliza a Desiré (la segunda del día) porque no le ha comprado la cerveza como él le ha ordenado. Los niños lloran en su habitación bien calientes por un par de bofetadas que les ha pegado su padre tan macho. Desiré con la nariz y los labios sucios de sangre y de rodillas, le chupa la polla a su marido en la cocina, si así se le puede llamar a esa pocilga. Axel marca el ritmo del movimiento de su puta mona sucia agarrándole el pelo con fuerza. De vez en cuando le pega una bofetada para que use bien la lengua.
Tarda mucho en correrse porque es un borracho y no es tan hombre como se cree. Hoy no se correrá en la boca de su hembra idiota.
Axel trapichea con drogas, roba en el centro de Barcelona en comercios y a los niños y adolescentes al salir de los colegios. Un día trabajó en una obra como peón; pero se cansó demasiado y tuvieron que ingresar en urgencias a Desiré y extirparle el bazo tras una patada que le dio al llegar a casa tan cansado.
“Por tu culpa tengo que matarme a trabajar, asquerosa”.
Entramos en la casa, casi con una actitud aburrida. A veces nos pesa un poco la iteración de nuestro trabajo.
Mi Dama Oscura se deja caer mostrando sin cuidado su coño en un asiento de coche que usan como sillón frente a la tele. Yo me dirijo al cuarto donde se encuentran los niños.
Los degüello con el cuchillo y los decapito.
Los he poseído, he entrado en sus pequeños y apenas eficaces cerebros para que no gritaran. No han muerto dulcemente, simplemente les inhibo la capacidad de hablar y moverse, les duele y son conscientes de todo. Me gusta que sufran los primates por muy pequeños y lindos de mierda que sean.
Le doy una cabeza a mi Dama Oscura, la de la niña, e irrumpimos en la cocina.

-¡Ejem! -carraspeo ostentosamente.

Desiré me mira boquiabierta, y también la cabeza del pequeño Luismi, con la polla de su macho a unos centímetros de sus labios y el puño sujetándola con profesionalidad. La inmovilizo entrando en ella antes de que pueda gritar o hablar mierda, como a su marido.
A mí se me escapa la risa.
La Oscura lanza la cabeza de la niña y el Axel no intenta cogerla, le golpea el pecho y cae a sus pies. Es tan sórdido que me siento como en mi infierno.
No hablan, no dicen nada. Ni siquiera pueden moverse.
Son tan graciosos que les hago una foto con el móvil para subirla a mi Instagram.
Es que me parto.
Con el cuchillo corto muy lentamente el pene del macho permitiéndole que se muerda la lengua para intentar descargar un poco de dolor. Le quito ese pequeño rabo de los dedos a su puta sumisa y se lo meto en la boca.
Axel parece estar fumando un extraño puro mientras de su pubis mana un torrente de sangre que impacta en los inmóviles labios de la sumisa Desiré.
La Oscura trabaja con Desiré: rasga la camiseta de Metálica (su macho se la regaló hace cinco navidades). Sus tetas ya deformes y de largos pezones oscuros le caen por encima de los michelines de la barriga. Mi Dama saca una larga aguja que sujeta su melena negra y la usa para ensartar los dos pezones juntos.
Los ojos de ambos primates están anegados en lágrimas y por la forma en que los abren, parece que se les van a salir de las órbitas.
Dentro de sus cerebros puedo sentir el dolor y el pánico que vociferan mentalmente pidiéndome piedad.
No sienten pena por sus hijos muertos, ahora mismo están pendientes de un pene que ya no tienen y unos pezones que duelen sin que el puto Dios sea capaz de hacer nada por ayudarlos.
Cuando los primates ateos son sometidos a una buena lección de anatomía forense, le rezan hasta a las cabras si es necesario.
Me acerco a Axel y permito que sus pupilas se dilaten cuando le corto las fosas nasales para que se asemeje a un jabalí.
También corto sus mejillas desde las comisuras de los labios hasta el tope que marcan los maxilares. Sus muelas podridas se hacen visibles y se aprecia en el aire el olor de una dentadura con muy poca higiene.
La Dama Oscura ha practicado un pequeña y precisa incisión en el cuello de Desiré para que mane un chorro de sangre que usa para untar sus manos (una práctica habitual con las reses en las aldeas africanas hambrientas). Se arrodilla ante mí, saca mi falo malvado y lo unta con toda esa caliente sangre, me besa con devoción el glande y yo le regalo una gota de semen en la punta de su lengua.
Conduce mi rabo ensangrentado a la boca de la inmóvil sumisa que bien podría confundirse con una fea muñeca de látex hinchable.
Tengo unas absolutas ganas de rugir de caliente que estoy. Le follo la boca y hiero mi polla profundamente con sus dientes y muelas.
Mi Dama Oscura hace algo con el Axel que provoca un chapoteo. Me corro en la boca de la mona y le doy un golpe en la cabeza con una sartén. El lado izquierdo de su cabeza se deforma con un crujido al romperse el cráneo y su pelo se apelmaza de sangre.
Me giro con curiosidad apartando la cabeza de Lusmi con un pie; resulta que la Dama Oscura ha hecho una larga raja en la garganta del macho, le ha cortado los testículos y los ha colocado de forma horizontal en la herida. El vello rizado que asoma por esa llaga fresca resulta repugnante.
Coloco de nuevo a la sumisa frente a su macho mutilado con el rostro mirando hacia a mí y los fotografío para enviarle a Dios la imagen por wathsapp.
La amo. Amo tan profundamente a mi Dama… Tiene una sensibilidad inhumana. Es una rareza entre millones y millones de primates.
La muy graciosa le quita la polla de la boca y simula que es un puro al que le da una calada mientras se mete los dedos en su caliente y húmedo coño incitándome a metérsela. Juguetea con la cabeza decapitada de la pequeña Angelina, metiendo sus dedos entre su pelo ensangrentado.
La subo sobre la mesita de la cocina y la follo, y la follo, y la follo… La cabecita rueda mudamente por el suelo hasta el salón.
Mis pies resbalan en sangre y la muerte huele rancia. Los gemidos de la Oscura se extienden por todo el barrio que, permanece silencioso, expectante de una forma primigenia y atávica. Supersticiosa…
Y es que cuanto más pobres son los primates, más parecen involucionar.
Nos corremos, nos fumamos un cigarrillo en silencio frente a los cadáveres y permito que sus cuerpos se derrumben ya (ambos han muerto desangrados hace unos minutos).
Dejando pisadas ensangrentadas en la calle, llegamos al Aston Martin y mato a tiros a los monos del solar con mi Desert Eagle .50.
Las mitades superiores de sus rostros desaparecen en una nebulosa rojiza antes de caer en la basura muertos.
Y ahora vamos a un buen restaurante a cenar en la “exclusiva” Barcelona.

Os aseguro que no salió en las noticias. Que unas mierdas mueran no importa a nadie.
Nada nuevo bajo el sol y una familia de piojosos monos menos en el mundo.
Tenéis que reconocer que sin mí, el mundo sería infinitamente peor.

Siempre sangriento: 666.

Iconoclasta

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