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En España alguien grita: ¡Fuego! y los cabestros ponen sus orejas tiesas, unos entienden: “¡Mascarillas gratis!” y el resto: “¡Vacunas!”.
Aprovechando el tirón de la ignorancia y la cobardía generalizadas por el Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus, en estrecha colaboración con la prensa prostituida o sobornada por el régimen, han conseguido mediante sus habituales bulos, fijar en el imaginario popular de la cobarde población un importante latiguillo surgido de esa gran campaña de publicidad del fascismo (chino-comunista más exactamente), pro-vacuna de la trombosis contra el coronavirus.
Si por un casual cruzas alguna palabra con cualquiera de los idiotas elegido al azar entre los millones que hay en el territorio español y sus taifas; y afirmas: “Yo no me pongo la puta vacuna para que se me haga un trombo en la punta del nabo”. El idiota te responderá con una velocidad increíble con el lema publicitario doctrinal del fascismo español nuevo y normal, con voz estúpida a través del bozal: “Pues los medicamentos que tienes en tu casa, tienen efectos secundarios más graves, como la aspirina” (sic). Acto seguido esperará una caricia en la cabeza de su amo fascista, que no llegará; porque el gobierno fascista solo decreta prisión, acoso y ruina; no caricias ni ayudas de los fondos europeos (a pesar de que es obvio, los cabestros en su ignorante inocencia, siempre esperan una recompensa por ser mansos y obedientes).
Al escuchar el memorizado dogma doctrinal del fascismo, es normal que te lleves la mano al sobaco buscando una pistola que no tienes para descerrajarle un tiro en la cabeza. Y acto seguido te sumes en la profunda tristeza de que te encuentras en un territorio tan fascista, que jamás permitirán que puedas comprar un arma de fuego para defenderte de tanto estúpido asfixiante.
Es talmente, como si los subnormales cotizaran en bolsa compitiendo dramáticamente con Amazon.
Yo como no hablo con imbéciles no he tenido que soportar que me soltaran el nuevo y normal dogma fascista español, pero sé que se prodiga entre los cabestros con bozal como saludo de buenos días o para pedir el pan en la mesa.
Hay generaciones y generaciones y generaciones y generaciones que jamás deberían haber nacido por un bien del futuro genético de la humanidad.

(El tristeópata toma de la bandeja de la impresora el e-mail impreso. Como si en una primera lectura no lo hubiera creído, se lleva el puño a la boca para ahogar un grito. Sus ojos están brillantes, desesperadamente húmedos. Una alarma del ordenador le recuerda que es hora de iniciar el nuevo curso. Guarda la carta en el cajón de la mesa y respira profundamente varias veces antes de salir de su despacho)

–¡Hola a todos, amigos tristes!
Soy Tristán Llanto, doctor en tristeología y tristeópata. Estudio la tristeza y guío a los seres entristecidos en la metodología para erradicarla.
Deberán disculpar mi vanidad; pero me considero un auténtico honoris causa de la tristeza, la he padecido en muchas ocasiones por las más variadas razones. Pudiera ser que algunos de vosotros hayáis padecido más que yo. La diferencia radica en que yo tengo una facilidad innata para gestionarla, sin duda alguna, debido a mi reticencia al trato humano. Porque como ya veremos, la tristeza se debe gestionar en soledad.
Que conste que no os odio, y mucho menos ante lo que pagáis por este curso. Casi tanto como para crearos otra nueva tristeza que os servirá para poner a prueba la utilidad de este máster.
Es broma, alegrad esas caras si podéis.
Hay distintos motivos de tristeza; pero solo una tristeza. Siempre es la misma ocurra lo que ocurra. Puede ser más larga o más breve; pero no hay tristezas distintas para un mismo humano.
Por lo tanto, los tristes nos gestionamos con una metodología única e invariable.
Suelen decir los psicólogos que hay que encontrar el motivo (en caso de desconocerlo) de la tristeza. Es un gran error, los psicólogos quieren ganar dinero, como yo. Solo que ellos lo ganan muchas más veces con un mismo ser humano.
Buscar causas que se desconocen es un error, mis tristes. La tristeza es una afección tan emocional, tan intrincada en el tejido emocional y tan etérea que no existe nada que la cure. La tristeza no se extirpa, irradia, electrocuta o se seda. Es básico entenderlo para no sumar frustración a esa tristeza. Porque por su naturaleza, tampoco se puede entender en demasiadas ocasiones.
Cuando la tristeza se desconoce, su motivo, no hay forma de dar con la causa; porque puede obedecer a una afección nerviosa, a un sueño, un proceso hormonal, una fiebre, a un recuerdo latente que ha desencadenado una sucesión de ideas que llevan vertiginosamente a esa melancolía profunda e insondable. Querer encontrar el motivo es perder el tiempo, lo único que importa es sacarse de encima toda esa pena. Y ya sin ese dolor, sin legañas y si hay suerte y con el tiempo, un día entenderemos el porque de aquel ataque de tristeza.
La tristeza se agota, es una batería alojada en algún lugar muy adentro de la carne, tal vez en la médula ósea y solo cesa la pena cuando se agota. A veces, debe estar en el intestino, yo al menos he tenido que llevarme las manos al vientre porque pulsaba allí dentro.
La duración de la tristeza varía en función de la edad y del íntimo momento que vivimos.
Sea cual sea su duración, el proceso para erradicarla es el mismo.
Mis amigos tristes, de la pena y el llanto no os libráis, nadie se libra.
Y llegado a este punto, es hora de tomar un café y/o fumar un cigarrillo. Porque tiene una belleza arrebatadora el humo que envuelve y protege el rostro triste, es romántico. Es algo que nos contagiaron aquellos escritores un tanto “malotes”, pero de una intensidad pavorosa. Lo malo de fumar, es que es reflexivo y no es narcótico, por eso es un “vicio” que a empresarios y gobiernos no gusta; prefieren el alcohol que es una droga que fabrica idiotas y mediocres en cantidades industriales cada fin de semana y cabestros obedientes los lunes. No es publicidad encubierta del tabaco, tristes míos, es bueno fumar y convertirnos en la metáfora de la tristeza, que es combustible, se agota. Se hace humo y se va…
Nos vemos en unos minutos en la sala de la cafetera.
(El doctor Tristán es el primero en salir del aula para dirigirse a su despacho, cierra la puerta tras él, baja la persiana y se sienta en el suelo apoyando la espalda en la pared. Enciende un cigarrillo, le tiemblan los dedos.)
–Señoras, señores. ¿Han acabado su café, desean que continuemos? Pues adelante, tristísimos amigos.
–Ha quedado claro que lo primordial es atajar la tristeza, encontrar el motivo es perder el tiempo y prolongarla. Si te duele la cabeza tomas un analgésico y luego buscas la causa si es necesario. No te vas a dedicar a preguntarte el porque mientras la cabeza parece que va a reventar. Hay una constante universal para todo ser humano: el dolor tiene la función de avisar de que algo va mal, no surge el dolor para convertirse en nuestro compañero y amigo a lo largo de la vida. Acabar con el dolor lo antes posible es pura supervivencia.
La alegría no cura la tristeza. La enmascara, te pasas un rato riendo y cuando llegas a casa rompes a llorar sin ninguna elegancia. Lloras por el tiempo que has consumido en banalidad y porque no ha servido para nada.
Imaginad que en pleno ataque de tristeza aguda, os ponéis a bailar para ahuyentar el “mal rollo”. Es importante la elegancia, y bailar llorando es patético. Os sentiréis ridículos ¿De verdad que además de transmitir tristeza, queréis impresionar al mundo aparentando un daño cerebral que provoca esa descoordinación motriz del baile? Ya sabéis lo mucho que los banales (son legión) se ríen de cualquier cosa hasta que les pegas un tiro en la cabeza (ha de ser en la cabeza, como en las películas, son como los zombis). Sed honestos y valientes. Sé que la valentía es un concepto en desuso; pero la alternativa es la mediocridad que se enquistará hasta formar un tumor y matará toda ilusión, toda ternura sencilla.
La amistad no la cura tampoco, nadie puede agotar, desgastar vuestra tristeza; es vuestro proceso y responsabilidad. Ningún consuelo puede superar en efectividad la secreta y oscura lágrima en soledad.
Que nadie os aconseje remedios. Si os los aconseja una buena amistad, dad las gracias (si os place); pero no los sigáis.
Debéis sacar el coraje necesario para apagar la luz, bajar las ventanas, sentaros en la penumbra y desesperar, debatiros hasta el llanto en esa tristeza asfixiante. No la evitéis, lanzaos a ella a pecho descubierto. Sin amigos, sin seres amados. Cualquier distracción provocará una nueva recarga de esa batería de voltaica tristeza que tenéis dentro. Cualquier palabra amiga, detendrá el proceso del desgaste de la tristeza y será mucho más largo el proceso.
Debéis imaginar la tristeza como una membrana osmótica (filtración del agua hasta su destilación completa) que funciona gracias a la presión que ejerce la angustia de esa melancolía. Si desciende la presión, no funcionará.
¡Ánimo, mis tristes! Que vuestro corazón bombee al doloroso ritmo necesario para que las lágrimas sean expulsadas con la presión adecuada!
Es mucho peor la tristeza que la soledad, aguantad en la oscuridad, pobres míos.
–Disculpadme unos minutos, aprovechad para reflexionar sobre el tema, debo atender un asunto de tristeza urgente de un compañero vuestro del curso pasado.
(Se dirige de nuevo al despacho. Del cajón de la mesa, saca de nuevo la carta: los resultados pormenorizados del examen médico de Dani, su hijo. Padece leucemia y el hospital propone un tratamiento paliativo urgente, porque no habrá cura, es la más agresiva. Y llora en silencio mordiéndose el puño, evocando el momento en el que su hijo, hace cuatro días, se desmayó durante la cena. Tiene cinco años y solo quiere morir, ir con él a donde quiera que vaya.)
–Perdonad la interrupción, los teléfonos móviles nos sirven para eso; para dar suspenso a algo aburrido y descansar de tanta cháchara. Que nadie asienta, es solo una ironía sutil, ni se os ocurra entristecerme.
Lo siento, pero es así: tenéis que llorar hasta el agotamiento, en soledad. Si tiene que doler, que duela.
Y a menos que optéis por el suicidio (de ahí que cobremos el curso por adelantado, listillos y listillas) llegará el momento en el que os sentiréis al fin vacíos, incapaces ya de derramar una sola lágrima.
Sí, hay una inercia en el llanto de la tristeza, cuando ya no quedan lágrimas, sentiréis que debéis llorar más; es normal, son los últimos coletazos del llanto oscuro.
Habréis llegado, sin apenas daros cuenta, a la tristeza seca, la menos dolorosa y delirante.
Con la tristeza seca, sin la opresiva angustia del desgarrador llanto, los buenos momentos brillarán más y en poco tiempo habrán solapado a los tristes. No dejéis aún la soledad y la oscuridad hasta que sonriáis plena y suavemente con los recuerdos de aquello perdido; como aquellos globos de la infancia que llevabais ilusionados de la mano y se escapaban con una angustia de vuestro corazón pequeñito. ¡Ah, las primeras e infantiles tristezas! Qué añoranza ¿verdad?
Al final, las grandes tristezas debidamente desecadas de lágrimas, se convierten en entrañables ternuras.
En definitiva, esencialmente la tristeza se agota dejando que fluya el dolor en soledad, en la oscuridad.
Y cuando salgáis a la luz, dejaos deslumbrar como lo hace el sol tras la tempestad.
Y hasta aquí, lo esencial de la tristeza y su tratamiento o desgaste, que sería más correcto.
Mañana tan solo haremos un repaso a los diversos métodos de psico respiración para afrontar la soledad y la oscuridad necesarias para agotar la tristeza; son casi lógicos, de hecho cualquier respiración medida y disciplinar serviría.
Y por supuesto, no existen clases prácticas, la tristeza y su desecación es absolutamente individualista. La terapia de grupo, es obscenidad para la tristeza, la tristeza en la intimidad brota y solo en la intimidad se destruye.
Ojalá, mis queridos seres tristes, nunca debáis volver a pasar por la tristeza; pero me temo, que es imposible. Sentíos ahora, Jedis de la Tristeza, pues.
Hasta mañana, y fin de la clase, invito a café y tabaco.
(Durante veinte minutos en la sala de la cafetera, Tristán comentó con los alumnos del máster algunas dudas, algunas posibilidades. Cerró la puerta de La Academia Triste tras la salida del último alumno. Y entró de nuevo en su despacho.
Sentía que le faltaba el aire y los intestinos contraídos hasta el dolor, como un cólico profundo. Llorando se desnudó en la oscuridad, del bolsillo del pantalón extrajo una navaja de hoja curva dentada y la hundió en el vientre. Un samurái en ritual de seppuku. Buscó frenéticamente entre los intestinos aquella batería cargada de tristeza, extrayéndolos del vientre, al fin sintió algo duro y frío en ellos, y lo arrancó. Sus lágrimas comenzaron a secarse y sintió el alivio de la tristeza seca. Y luego, el dulce y liberador desfallecer de las venas sin sangre.)

Iconoclasta

Un gueto cualquiera en el estado fascista español, en cualquiera de sus taifas autonómicas gobernadas por severos caciques.
Son las 21:30 y la calle está desierta, silenciosa, muerta.
Las viviendas nunca han guardado tanto silencio por el temor a la policía y al coronavirus, se diría que alzar demasiado la voz les podría llevar a entrar en tu casa derribando la puerta, a ambos.
En los campos de concentración y en los guetos, el silencio absoluto es cuestión de supervivencia.
Tan solo las amenazantes y tenebrosas patrullas de la policía política del nuevo y normal régimen fascista español del coronavirus, rompen el silencio momentáneamente al pulular a la caza de aquellos quienes intentan salir de la prisión en la que han convertido las viviendas del gueto.
Sin embargo, las calles lucen más brillantes que nunca: han mejorado la iluminación nocturna para evitar sombras que puedan ocultar a los que intentan conseguir unos minutos de libertad. Joderlos como sea es su única misión.
Hay mucha luz para que la policía política del régimen ejecute sus sentencias apoyada por una maligna red de delatores, como en todo régimen oscuro; negro como cruces de la SS.
Los campos de concentración de la España Fascista y sus Taifas Autonómicas gobernadas por feroces caciques, son obscenamente eficaces en quebrantar libertades y derechos.
Aunque las fuerzas fascistas lo tienen fácil para realizar sus acosos, represiones y encarcelamientos; mucho más que en los guetos de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial. Los habitantes de un gueto español, con total seguridad respiran con un bozal en el hocico dentro de su propia casa (como en el campo, lejos de cualquier control) y les han educado en el lema: “la libertad es enfermedad”.
Los han amaestrado bien: se sienten protegidos como antaño en aquel longevo fascismo de Franco con el que vivían mejor.
Tras las nueve horas largas (se encierran ellos solos antes de la hora) de prisión nocturna, los habitantes de los campos de concentración españoles volverán a sus trabajos (quienes tengan), encenderán los receptores de televisión o atenderán el teléfono móvil para escuchar los bandos matinales del Nuevo y Normal Régimen Fascista Español del Coronavirus que, como cada mañana les anunciará que durante la noche (a pesar de las calles desiertas y muertas de todos los guetos del reino fascista) el número de contagios ha subido pavorosamente, por lo cual continuarán vigentes las leyes marciales de prisión nocturna y anulado todo derecho fundamental. El bando diario del fascismo se despedirá hasta una nueva emisión con su lema de estado: “La libertad es veneno. Fascismo forever).
Y el adoctrinamiento del miedo en las escuelas de los guetos proseguirá de la mano de maestros afectos al régimen, de esos que creen con fe ciega que podrían morir si al caminar por la calle, se les desprende del morro el bozal (aunque en su ingenuidad, le llaman mascarilla).
Maquiavelo debería leer esto, eyacularía en el tercer párrafo.
–¡Shh…! ¡Silencio, la bofia se aproxima!
(Extracto de “Las noches en el gueto”, diario de Iconoclasta Frank)

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

¿Qué tipo de ambigüedad puede haber en la película 300 y la relación tan escalofriante que tienen aquellos dos soldados espartanos: el sonriente y rijoso Stelios (que protagoniza Fassbender) y Astinos (el de la melenita negra y recién alaciada, hijo del capitán de Leónidas) y al que afortunadamente descabezan para acabar ya el deprimente romance de marcada actitud homosexual para nada ambigua?
Y es que si solo hay ambigüedad en 300 ¿por qué llegué a sentirme tan realmente incómodo en la butaca con esa parejita que constantemente se tiraban los tejos en una pantalla, tan panorámica como inconsolable ya que no podía escapar de aquellas escenas tan homoambiguas? No he pasado jamás momentos tan embarazosos viendo una película ¿No podía ser simplemente una película de acción, violencia y ya?
Merde…
Yo no digo que esté mal, por mí como si hacen el trenecito con el jorobado Efialtes (que por cierto acabó chupándosela a Jerjes, en el momento en el que se postró ante sus altos genitales); pero no hay ambigüedad alguna con los personajes en cuestión, son absoluta e imperdonablemente maricas. La mariconería es tan nítida y patente que parece filmada con óptica espacial desde un satélite a medio metro del plató.
Yo le decía a Leónidas: ¿pero es que no ves que los julandrones no paran? Diles algo coño, eres el puto rey; pero Leo, ni caso, por lo visto estaba tan acostumbrado a la mariconería que ni siquiera le incomodaba un poquito y se dedicaba a comer alguna manzana podrida que encontraba por la playa.

Alguna buena ha debido temer el gobierno alemán para que la Merkel pida disculpas por el intento de implantar más medidas fascistas de represión y acoso al pueblo.
Algo que no ocurriría jamás en España y sus taifas porque la dictadura y el falangismo o fascismo forma parte del tejido social de una nación tradicionalmente cobarde e indolente con los designios de sus amos. España tiene el récord histórico de haber aguantado la dictadura más larga y sangrienta de la historia, el hijo de puta de Franco fue un mal bicho que duró cuarenta años en el poder asesinando sin cesar; incluso a punto de morir el cerdo, dictó penas de muerte.
Pues bien, hay decenas de generaciones directas o bien inducidas por padres y abuelos que mantienen una entrañable nostalgia de aquellos tiempos de terror, y así es como decenas de miles de ignorantes muertos de hambre, afirman que con Franco se vivía mejor (porque para su escasa inteligencia e inquietudes culturales, les parecía de fábula). El actual Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus, confía plenamente en esas voces para reprimir, acosar, encarcelar y arruinar con impunidad absoluta a la población española, plenamente seguro de esa pródiga mansedumbre u obediencia. Y por supuesto, en una policía y ejército ansiosos de servir al régimen, of course. No sería nada exagerado aventurar que gran parte de la población se siente protegida por los nuevos serenos de las negras noches de prisión del Nuevo y Normal Fascismo Español.
En no poco tiempo, al igual que hizo el régimen del puerco Generalísimo, el Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus le pedirá a Argentina millones de latas de carne para paliar el hambre de su población. La historia es un ciclo que, en casos de cobardía y mansedumbre, los ciclos de tiranía y robo de libertades se repiten a velocidades lumínicas en muy poco tiempo.
No puedo dejar de sentirme fascinado por vivir en presente uno de esos ciclos que parecían solo cosa de literatura histórica hasta hace escasamente un año. Es tan ilustrativo y demuestra todo lo que he pensado desde pequeñito de la humanidad, que no dejo de felicitarme por ser tan listo.

España debería celebrar con desfiles militares su medio aniversario del Nuevo y Normal Toque de Queda Marcial del Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus, porque ya lleva robando la libertad casi seis meses. Y bueno, como va a durar posiblemente otros cuarenta años, pues no deja de ser un poco preocupante esta asfixia y acoso fascista.
Estar en un estado policial/militar como el español, sobre todo si tienes que vivir en las taifas más represivas como Cataluña, es lo peor que te puede pasar si no eres un mediocre cobarde castrado sin inquietudes culturales y de libertad.
A propósito, las putas ONGs, no denuncian el fascismo que asfixia la más mínima libertad (como en otros países de Europa que me sudan la polla), no denuncian ni por error el régimen policial/militar al que se ha sometido a los españoles, sean de la taifa que sea.
Y eso se debe a que las ONG, son ni más ni menos también, que el reflejo de una sociedad cobarde y capada; son una mediocridad con bozal asustados hasta el ridículo.
El coronavirus del fascismo español ha hecho de la cobardía toda una virtud. Es tan grotesco…
Pues eso, feliz medio aniversario de acoso fascista, de las negras noches españolas, más concretamente las peores: las catalanas.
Que los jodan por hijos de puta.
Me cago en el puto Dios.
Bona i puta nit de merda (en fascista catalán, el original, todo lo fascista se entiende perfecto, no problem -también se inglés, aunque me gusta más que me hagan el francés, una tía, of course; ser acosado por el régimen español no me hace maricón-).

No creo que sea del cielo su voluntad ser tormenta. Es muy posible que mi poderosa mente le ordene a la atmósfera en qué momento ser Apocalipsis.
No soy bueno, la piedad es un sentimiento que apenas me lleva una décima de segundo tramitar y resolver, lo que tarda en caer el devastador rayo.

–¿Cómo es tu tristeza?
–Circular, una peonza que gira dentro de mi pecho, donde los dedos no llegan. Y duele un poco porque causa una erosión, un roce. Duele mil…
–¿Por qué circular? ¿Por qué no plana o recta?
–Es la metáfora de mí, siempre buscándola en todas direcciones, sin descanso, sin consuelo.
–¿Qué sientes?
–Hay momentos en los que la peonza se tambalea, parece detenerse y no sé…, quiero llorar. Y se me pierde un latido del corazón, la vida se queda en suspenso durante una eternidad esperando qué sucede, si caerá o no.
–¿Por qué no acabas con tanta tragedia?
–Porque la tristeza es lo único que me queda para trascender, para ser algo más que carne y hueso. Porque una tristeza es la prueba de amar y ser amado. Cuando no te aman no hay tristeza, solo una pasajera decepción.
–¿Y entonces tu alegría?
–¿Qué alegría? Fue un pequeña línea recta, paralela a la tierra. El tiempo la borró, no me acuerdo cuando; pero no hay rastro de ella. Lo prefiero a que la peonza se detenga.
–¿Y tu valor? ¿Dónde reside tu coraje?
–No quiero responder más, por favor.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No se debe ser tan ingenuo como para creer en la buena fe de un político que, por definición representa el summum de la ambición de poder. Que viene a ser el hechicero de las antiguas tribus humanas que empezaban a asentarse abandonando la caza y la recolección.
El arribista político siempre protegerá sus intereses, su permanencia en el poder y a sus iguales y afectos; pero ante todo, se obsesionará por el control del pueblo: la máxima expresión del poder.
Cualquier otra consideración es un ejercicio de ingenuidad indigna de alguien que debería tener un mínimo de madurez intelectual o experiencia vital. Pasar por alto que el político es el enemigo de tu libertad y economía, es un acto de servilismo puro y duro. De gente a la que tanto le da la democracia (y su mínima libertad) o una férrea dictadura en la que se le impone prisión y un bozal que usa sin objeción alguna; puesto que para sus escasas inquietudes, le basta cualquier cosa.
Se podría decir que el político es la blasfemia de la honradez, una burla a cualquier ética. Ser arribista no es motivo de orgullo, es asqueroso. Por descontado, que si algún familiar propio pertenece a esa ralea de ambiciosos, seguramente será una persona especial, muy buena gente. Lo creeré.
El político es el enemigo eterno, una condena impuesta desde el nacimiento de la que jamás te podrás librar, va incluido en el lote de nacer en esta piojosa sociedad.

Hay una consecuencia lógica a la cobardía, la indolencia y la vida fácil: dominación.
La dominación lleva la esclavitud y la indignidad.
Llegados a este punto, lo sangriento y la destrucción son inevitables; pero no será un cómic, la sangre y sus muertos apestan.