Eso no es nada y aunque el gobierno no lo proponga, seguirán llevando su mascarilla a la que tan bien se han acostumbrado. Respiran de nuevo lo que se debería expeler, (es una conclusión erudita que he desarrollado por la observación del uso fanático del bozal entre la cobardía ciudadana) un aire enrarecido e insano que los sume en esa dulce idiocia que no es del todo narcosis; pero crea adicción.

El bozal lo seguirán llevando hasta para masturbarse, como esa especie de estrangulación sexual en las películas de sexo blandito.

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