Los cerezos y ciruelos empezaron a florecer la semana pasada.
Desde hace tiempos inmemoriales, de vez en cuando oigo la misma canción: este año se ha adelantado la primavera.
El presunto (como dicen de los delincuentes en la tele) cambio climático es tan cruel… No tiene piedad con sus floraciones tempranas, es lo más triste que he visto en mi vida.
Es que me parto…
Y ahora un maratón televisivo para recoger dinero y ayudar a esos pobres cerezos que han florecido tan pronto, que cada cual afile su tarjeta de crédito.

La ilusión es tan fascinante y creativa como peligrosa. Es durísimo sumergirse en la imaginación y emerger en la mediocridad completamente seco, sin rastro alguno de lo que has disfrutado dentro de ti.

Se gastan los lápices sin poder escribir lo que falta.
Y acumulando…
Es desesperanzador.

Han pasado muchos años desde la última vez que vi Apocalypto, y durante ese tiempo he maldecido que en ninguna cadena de televisión fuera emitida alguna vez, o que en ninguna plataforma de películas y series, estuviera catalogada.
La sociedad ha virado hacia la censura y la castración intelectual de padres, madres e hijos; promoviendo incruentas y festivas manifestaciones pacíficas, donde las reses humanas se apiñan unas contra otras como las vacas en los pasos estrechos entre montañas, convirtiéndose toda esa chusma en un rebaño de igual características que el vacuno ya mentado.
Se han desterrado de emisoras y plataformas multimedia de pago, las series de televisión y las películas más violentas (las que son auténticamente para adultos formados, sin concesiones).
Puta época de mierda ésta…
Y mira por donde, Amazon Video la ha incluido en su catálogo con dos cojones o con dos ovarios para ser inclusivo de mierda.
Es una película de acción ultraviolenta; la violencia más brutal y primitiva. Fastuosa en sus adultas agresiones sin espacio para un acto de piedad.
Por supuesto, es ficticia; no está basada ni por asomo en hechos reales; aunque transcurra en plena decadencia y ocaso de la cultura maya. Es una aventura lógica y natural que parte de un certero entendimiento de la historia de la especie humana. El mensaje desmitificador de Mel Gibson es claro y contundente: no existe ni ha existido una sola civilización en la que sus jefes políticos o religiosos, no hayan asesinado, robado, esclavizado y masacrado a la gente que gobiernan. Y entre las reses gobernadas, la forma de vida se basa en robos, pereza, acusaciones, asesinatos, etc… Es decir todo aquello que promueve la envidia y el miedo al esfuerzo del trabajo.
No importa si las razas humanas viven, como dice la patética expresión: en comunión con la naturaleza. Son todos unos hijos de la gran puta a grandes rasgos.
Mel Gibson dice: toda civilización es igual de violenta, envidiosa y corrupta por sus mandatarios y su populacho, la máxima de que todo pueblo tiene el gobierno que se merece, es infalible. Si unos pocos conquistadores pudieron dominar toda una civilización se debía a que esa gente estaba más preocupada en matar y esclavizar a sus vecinos que en luchar contra los invasores.
Apocalypto jodió a muchos, porque no idealizó la cultura maya. La mostró decadente, depravada y apestosa. Mel Gibson ni siquiera intentó idealizar a Jesucristo, es un genio contando apasionantes medias mentiras.
La peli dice que si quieres libertad, has de matar al que te esclaviza. Es la esencia humana, matar lo que te quiere esclavizar o denigrar. También demuestra que los sacrificios cruentos, son la forma más efectiva de mantener a la chusma atemorizada y mansa.
Los que no tienen valor, mueren esclavos gritando en manifestaciones festivas los lemas que les han obligado a memorizar.
Por no hacer caso a esta esencia, es por lo que la sociedad ha llegado a este grado de decadencia, cobardía, servilismo, inmadurez e ignorancia.
Todas las razas humanas son malas, venenosas para si mismas y otras especies, en cualquier región del planeta que habiten.
El pacifismo, al final, es la dominación doctrinal de las masas, que persigue un abaratamiento en los gastos de control.
Y no hay mejor forma de engañar y adoctrinar a la chusma para que se conviertan en cabestros que, censurar cualquier obra artística, literaria o cinematográfica que ponga de manifiesto la idiosincrasia violenta (una buena y necesaria característica para la supervivencia y evolución), repugnante, envidiosa y cobarde de la especie humana.
La envidia y la avaricia son los motores que crean y hunden civilizaciones; y solo el individuo alejado de la masa, puede ser creativo, noble y valiente.
No sé si Amazon es consciente de su alto grado de libertad y su burla al sistema al haber incluido Apocalypto en su colección cinematográfica; pero ahí va mi admiración hacia ese acto de rebeldía contra la asfixiante e hipócrita censura global que infecta todas las artes, políticas y economías.
El mensaje de Mel Gibson es de una contundencia que avergüenza a los actuales buenistas y su preocupación por el adoctrinamiento y castración globales de sus esclavos o productores.
Mi admiración a Mel Gibson y Amazon en estos momentos en los que la hipocresía y la censura son tan asfixiantes como lo eran los regímenes fascistas y comunistas del siglo pasado, desde la gestación de la Segunda Guerra Mundial a la posguerra que se extendió hasta bien entrados los 80.

Iconoclasta

Tras subir en bicicleta una buena montaña de pronunciadas cuestas, respirando el olor a podrido de los abonos y sorteando con elegancia y habilidad las plastas de esa mierda que un tractor ha dejado por todo el camino, me encontraba fumando lujuriosamente en la primera cima del recorrido.
Al menos el cigarrillo me consolaba de ese acre olor a mierda.
Y estaba tan deliciosamente solo que hasta me sobrevino una erección.
Pero como nada es perfecto, sube un ciclista y sin un saludo, se detiene frente a mí para decirme que no deje la colilla, que me la guarde porque se quedaría allí por mucho tiempo.
Yo le digo que por supuesto la recogeré y pienso: “Vete ya a la mierda, hijo de puta retrasado mental”.
Y es que además de tener imán para los subnormales en los lugares más insospechados, se junta el hecho de que todo tarado de pocas luces se cree representante de la autoridad y protector de la comarca del Ripollés y del planeta en general.
Así que pensando distraídamente en el asqueroso ciclista, me fumo seis cigarros más, cuyas colillas dejo cerca de mis pies para luego reciclarlas si me saliera de la polla.
¿Cómo se tratan los casos en los que te encuentras con un imbécil?
Pues bien, recoges el montón de colillas, las colocas en mismo centro del sendero formando una montañita en miniatura y te meas en ellas para que se degraden antes y por supuesto, se apague alguna que aún pudiera estar encendida.
Así que luego me monté en la bici pensando: “Espero que te guste hijo de la gran puta. Y fóllate a tu madre cuando llegues a tu choza de mierda”.
Y así gestionas la imbecilidad de un ciclista retrasadito y climático como la puta que lo parió.
Es que me dan unos disgustos…
Lo que me temo es que la próxima vez, en lugar de estrategias ecológicas, deberé usar la violencia para quitarme al subnormal de encima.
Si es que me lo paso bomba.
Qué mala suerte tengo, cojones.
Y lo mal que lo podría pasar el ciclista ecológico de mierda, ni se lo imagina.

Imagen  —  Publicado: 22 febrero, 2020 en Sin categoría
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Si intentas entender el espíritu insectil de las masas, no le des demasiadas vueltas.
La chusma ha demostrado definitivamente que no tiene la más mínima noción de cosas como: criterio propio, ingenio, creatividad, dignidad y mucho menos justicia.
Lo lógico es que reciban el trato que se merecen: un tuit que los entretiene y lo comparten un millón de veces en el termitero donde habitan.
Al patriotismo y la religión, que son los pilares básicos para conducir un rebaño de borregos por el camino deseado, ahora se suma la violencia de género indiscriminada y de prensa amarilla, el clima, la mariconería, el lesbianismo, el travestismo y el transexualismo para tenerlos entretenidos mientras les das de comer cucharadas de mierda que tragan relamiéndose los labios mientras miran sus pantallitas. Todo ello amenizado con cosas como la eutanasia o el coronavirus; según si es invierno o verano.
Por cierto, ahora que son carnavales: ¿para qué cojones quiero ver los espectáculos de los bujarras drags queen, cuando hay una cantidad indecente de tías buenas y deseablebleblebles, meneando con gracia y exotismo sus tetas y culos de mujer tan mujeres?
(Cuanto me alegro de que mis padres, siendo yo pequeñito, no me llevaran a esos carnavales de gallinas con plataformas y tetas de plasticolene. ¡Buf…!)
Lo cual me lleva a concluir que todo aquel que disfruta con los drags, es inequívocamente maricón o bollera. Si no lo es, roza peligrosamente los límites de Anolandia.
El problema para muchos hoy, no es salir del armario. Si no abrirse paso para salir del contenedor de setenta toneladas apilado en el puerto de Elegetebelandia y del que miles de raros allí metidos están deseosos de salir, como los africanos de las pateras ser recogidos en el mar por alguna ong de buen corazón y ansias de protagonismo y dinero.
Y ahora recordad lo que en verdad os digo: los niños de hoy educados en el buenismo, serán los lelos del mañana muy útiles como ceniceros de moto.

Iconoclasta