Dicen con cierto orgullo (los que llevan uno) que lo mismo da la hora un reloj de veinte euros que uno de miles. Pero no es una cuestión de tiempo, es el eczema que me provoca el de veinte.
Y su tristeza.
Ocurre como con la sórdida experiencia de verse obligado a escribir con un bolígrafo bic.

– ¿Alguna vez has visto a Dios?
–No me jodas, cabrón. Quiero pasar desapercibido.
–Eres un borde.
–Y tú un rencoroso. La culpa fue tuya y de tu parienta. Mira que había manzanos en el paraíso y tuvisteis que comer de aquel.
– ¡Joder! Es que hiciste a Eva muy puta. Antes de morder la manzana, ya le había hecho una mamada a tu angelito disidente. ¡Coño! Cuando la mordí me di cuenta, la guarra ni se había limpiado la boca.

Hay algo obsceno como pocas cosas en esta sociedad. Obsceno en cuanto a que denigra a los humanos de corral que exhiben frente a él sin pudor su estulticia e indignidad.
Es el televisor.
Y las familias reunidas frente a él durante la comidas y cenas atendiendo sus decretos y abusos son una vergüenza; algo que produce el súbito deseo de incinerarlos con napalm y lanzallamas mientras respiran con la boca abierta.
Son millones de familias masticando vorazmente junto con su pienso, las mentiras y pánicos que les introducen en su mente meramente funcional a través de sus ojos fijos en la pantalla. Son auténticos chimpancés en una jaula cuyo domador los adiestra a través de una cámara de circuito cerrado.
Es fascinante en su obscenidad y repugnancia observar de qué manera el fascismo gobernante, les inculca sus órdenes y decretos de prisión y sumisión bovina sin ninguna resistencia por parte de los monos.
El televisor es el consolador del gobierno, un consolador remoto que se mete en los anos y vaginas de los chimpancés que jadean, sin saber por qué, escupiendo trocitos de comida. Luego confundidos, algunos padres harán madres a sus hijas.
Y así siempre.
Y así amén.
Una buena ración diaria de mentiras con sabor a mierda y de postre endogamia incestuosa exprés es la programación diaria, un menú para miles de millones de reses humanas.
Una vez les dijeron que la libertad era enfermedad (“la libertad es covid 19”). Una mentira que les secó el cerebro; ahora solo pueden obedecer como monos vestidos de hombres y mujeres en la pista del Gran Circo Fascista.

Los chulos de putas, políticos, sacerdotes y la policía tienen las mismas ambiciones y aficiones: vivir a costa del trabajo de otros.
Los chulos facilitan un servicio sexual y se llevan una pasta de sus putas.
Los políticos mienten a las presentes y próximas generaciones con esa basura de “un futuro mejor para ellas” y una mierda para los que respiran ahora.
Los sacerdotes te dicen simplemente: “espera a morir para tener cosa buena”. En definitiva: después de muerto ya hablaremos de tu felicidad.
Y la policía de las “democracias” alardea de respetar derechos y libertades. Mienten como bellacos: acosan, extorsionan, sancionan por nada y dan palizas si se surge la oportunidad. Por el mismo precio, tal vez sea una opción mejor ser negro en USA.
Confía en el proxeneta.

Cuando escucho las sintonías de los dibujos animados de mi infancia pienso que entonces mis seres más queridos estaban vivos.
No podía imaginar su muerte por esa inocencia que nos deja indefensos a todo.
Y admito que nunca se me había ocurrido pensar que debería deshacerme del niño para ser hombre. Lo hice de repente, como una revelación que nada tenía de divina.
Es mentira, el ser humano adulto no puede ni debe esconder al niño dentro de sí. Es obsceno solo imaginarlo. Lo ha de matar y asumir su forma definitiva adulta.
Jamás un adulto debe usurpar edades que no le corresponden, porque es indignidad y cobardía.
Los recuerdos de mi infancia son las pruebas del crimen, lo que queda tras el asesinato que cometí.
Si te matas a ti mismo, matar lo demás es casi intrascendencia. Si has asesinado al niño que fuiste y te has untado la cara con su sangre, te has hecho adulto. Es un bautismo cruento.
No hay lenta metamorfosis, un disparo en la cabeza y tomas el mando.
Y mejor así. Si el pequeño residiera en una parte de mí se asustaría como cuando despertaba gritando por una pesadilla.
La pesadilla era yo, el adulto, el poderoso; un tumor que acabaría con él.
No lo echo de menos, no quisiera volver a ser aquel indefenso Pablín; pero a veces miro su esquela y le digo que lo siento; aunque no sea verdad, no puede hacer daño.
Si el mal está hecho, no es necesario ensañarse más.
Hay días malos y días peores.
Mejor que esté muerto.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Este pensamiento ya estaba escrito e iba a publicarlo cuando he sabido de la muerte de mi amigo, de mi viejo amigo Gerardo Campani. ¡Qué puta tristeza!
Por eso es mejor que el Pablín esté muerto, para que no llore por las muertes de los seres queridos. Porque hoy, al saber de la muerte de mi amigo, hubiera llorado dentro de mí.
Gerardo me llamaba blasfemo (con tal gracia que me hacía reír durante todo el día) a menudo, era un creyente, era uno de esos genios que sabía lo muy puta que era la vida y aún así, cultivaba una ternura rayana en la inocencia con su creencia religiosa.
Varias veces le hablé a mi hijo de que era realmente uno de los pocos y grandes amigos que tenía, un académico de la lengua con un elegante sarcasmo que para si hubiera querido Camilo José Cela.
No siento en absoluto lo que voy a decir, él sabía que lo quería mucho, incluso sonreiría por esto; que Dios se pudra por lo que ha hecho.
Hago un ejercicio de esa fe optimista de Gerardo, y digo que pronto me tocará a mí, y allí nos encontraremos.
Que se pudra Dios, porque ha estropeado más el mundo al matarte, amigo mío.
Que se pudra…

Pablo López Albadalejo, 25/02/2021.

Los políticos del nuevo y normal fascismo español confunden la realidad con sus alucinaciones narcóticas, esnifar les inspira verdaderos paraísos de protección, seguridad y libertad de mierda.

Mientras están jodiendo con sus putos toques de queda marciales, prisión e imposición del bozal, los próceres del nuevo y normal fascismo español, pretenden dar una buena ración de libertad a los maricas, tortilleras y feministas.
Supongo que se trata del consabido corporativismo de los médicos aplicado a la mariconería.
Y luego cacarean que la Nueva y Normal España Fascista, es una democracia de pleno derecho de mierda.
Pues eso, una mierda.

En las noches de toque de queda marcial del fascismo español del coronavirus, los zombis volverían a morir de hambre porque solo quedan en las calles los agentes de la policía política que, se dedican a patrullar para apresar o sancionar a ciudadanos y hacerse unas mamadas con los delincuentes.

Además, carne y sesos encarcelados durante meses, son de una pésima calidad para estos muertos idiotas que ni siquiera saben que lo son.

Cuando alguien o una cosa como un organismo social, político o religioso roba, impide el libre movimiento y exige al individuo un sacrificio por una sociedad que no lo vale, y la cual no ha hecho ni hará nada por él, ha llegado el momento de desatar la ira y la liberadora y justa violencia.
No existe otra salida para el individuo más que el odio, el desprecio y la violencia hacia el opresor, sus cómplices y simpatizantes.
Los grandes y graves asesinatos colectivos e indiscriminados que se cometen por un individuo, son la conclusión lógica a la represión y al acoso de la sociedad contra una sola persona. Que dichos crímenes se consideren ilegales, no les exime de que sean justos para él y una defensa del propio individuo ante la ferocidad caníbal de una sociedad formada por mentes y cuerpos castrados en una decadente y vergonzosa comodidad consumista parasitaria.
Ante una masa humana que lo quiere sojuzgar, al individuo solo le queda el legítimo (en cuanto a ético) derecho y deber de defenderse. Ante tal magnitud de represión, la violencia es absolutamente imprescindible para la supervivencia del individuo y su pleno desarrollo humano.
EL INDIVIDUO PRIMA POR ENCIMA DE CUALQUIER SOCIEDAD, GRUPO IDEOLÓGICO, SOCIAL, RELIGIOSO Y ECONÓMICO; POR ENCIMA DE CUALQUIER ETNIA O GRUPO GEOGRÁFICO.
ES INDISCUTIBLE E INNEGOCIABLE EL ESTATUS DEL INDIVIDUO POR ENCIMA DE LA SOCIEDAD MISMA, BÁSICO PARA LA DIGNIDAD DE TODO SER HUMANO.
CUALQUIER OTRA CONSIDERACIÓN ES GANADERÍA HUMANA; UNA ACTITUD QUE, EVIDENTEMENTE UN DEPREDADOR COMO EL SER HUMANO NO PUEDE ASUMIR.
Las leyes no juzgan y castigan a una sociedad, castigan al individuo porque es el único capaz de actuar y someterse a una condena. Por tanto las leyes reconocen al individuo por encima de la sociedad, al estar así mismo dichas leyes, imposibilitadas para juzgar los crímenes y delitos de una sociedad. Lo han demostrado hechos como las masacres de judíos en la Alemania nazi, por los cuales en modo alguno castigaron a una sociedad asesina y cobarde. La historia está llena de colectividades asesinas que han quedado impunes de sus delitos.
La violencia del individuo en su defensa, es un acto lógico y loable por digno.
Por tanto la imposición de esos días de prisión, hipócritamente llamados “confinamiento”, son ilegales; pero ante todo, faltos de toda ética. La prohibición del libre movimiento por medio de la policía política de las nuevas democracias fascistas que impide al individuo realizar las actividades necesarias para la supervivencia como trabajar o la búsqueda de comida, son crimen puro.
Hay pueblos que viven constantemente con la enfermedad (malaria) y no impiden el libre ejercicio de la supervivencia.
Igual ocurre con la imposición del venenoso bozal o mascarilla, cuyo fin primero es la humillación del individuo. El bozal o mascarilla es una medida que pretende proteger de la indignidad a una sociedad mayoritariamente cobarde que no quiere quedar en evidencia ante individuos que no sienten la cobardía institucional y confían en su fuerza y determinación. Es el individuo quien decidirá si quiere ponerse el bozal en el hocico en función de su grado de coraje ante la posibilidad de contraer una enfermedad, la obligatoriedad es un delito contra el individuo, es una imposición criminal, porque enturbia su respiración y su libertad. Quien sienta que deba llevar su bozal, que se lo ponga; pero que no le roben el aire sano a quien decide no llevarlo.
LA SOCIEDAD ES EL MONSTRUO QUE PARASITA LOS ESFUERZOS DE UN INDIVIDUO, SU ARTE Y SU CAPACIDAD DE CREACIÓN. SU DIGNIDAD Y LIBERTAD.
Cuando una sociedad formada por seres débiles, sin apenas inteligencia o memoria histórica, indolentes y perezosos, se alimenta de alguien que trabaja y lucha, la violencia no solo es un acto justificable, es un acto necesario incluso para el futuro de la especie humana.
Porque hasta que llegue el momento en el que diez hombres se follen a la misma mujer y ésta para un monstruo con diez cadenas de ADN distintas, el individuo seguirá primando sobre todo colectivo o sociedad.
Cuando diez machos compartan a una mujer y salga de su coño una masa irreconocible de todos ellos, entonces se podrá hablar de sociedad de facto, realmente.
Y cuando las leyes sean capaces y tengan la decencia de castigar a una sociedad que ha cometido delito o crimen, EL INDIVIDUO DEBERÁ SER INDEMNIZADO POR AÑOS DE ABUSO, ACOSO, ESCLAVITUD Y EN DEFINITIVA, PARASITACIÓN.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Me abraza con el aire que me envuelve.
Es la razón de buscarla en las hojas secas que revolotean, en la espuma que el viento arranca a las crestas de las olas, en los rayos de sol que entran a través de los polvorientos cristales de mi ventana, en el humo de un cigarro, en los torbellinos de arena y polvo del camino que me lleva inexorablemente a ella.
Un destino de amor al que no podré llegar.
No es una queja, caminar hacia ella es mi privilegio. Solo hago constar un hecho para frenar mi poderosa imaginación. Duele un millón amar a distancias inhumanas y si te crees tus propios sueños, te perderás para siempre en la locura.
Perderás el rumbo y a ella.
Un hecho como la voluptuosidad de sus labios que provocan pequeñas distorsiones en la claridad del aire cuando susurra sus palabras de amor y ternura, con la frecuencia precisa para destruir mi cultivada serenidad llevándome a acelerar el paso; porque si ha deformado el aire con sus palabras, debe estar cerca, es posible llegar…
Es solo un espejismo de amor, cuando el aire deja de ondularse invisiblemente, la distancia se hace sobrecogedora de nuevo y continúo caminando sin esperanza porque es lo que debo hacer, no hay otra opción. Intentar llegar como sea, a pesar de que el tiempo me erosiona arrancándome jirones de carne y piel cada vez más grandes.
Así que durante el viaje espero con trágica ilusión que me envuelva de nuevo un aire, como un conjuro, como el canto de una sirena… Y cuando eso ocurra de nuevo, detenerme y cerrar los ojos al sol musitando la oración del amor.
Sonrío, a menudo se me escapa una sonrisa porque le digo al aire que me abraza que soy un enamorado errante, una bella condena; pero condena al fin.
¡Shhh…! Un aire bendito.

Iconoclasta