Ahora sí “quemecansao”.
Estoy hasta la polla de que en todas las películas deba de salir una pareja de julandrones ingeniosos de mierda besándose, abrazándose y dándose por culo con filtro de difusión de los putos cojones.
Ya no empiezo una peli de Almodóvar porque sé que a veces saltan rabos sin previo aviso, incluso en 3D y con una definición de un trillón de megapixels.
Coño, es que en casi todas las pelis tienen que salir los maricas de turno. Las tortilleras no me molestan porque me ponen, me masturbo con absoluta devoción y normalidad con sus indecencias.
Así que he ido a comprarme la serie completa del inspector Harry Callahan (Harry el sucio, Harry el fuerte, Harry el ejecutor…) y algunas sueltas de El justiciero de la ciudad, con Charles Bronson, que tienen una violencia y cierto aire intolerante con los seres de otras orientaciones sexuales, sin complejo alguno. Que sean fascistoides, me parece mejor que mariconoides.
Era necesario algo de naturalidad en mi vida cinéfila, estoy harto de ver rabos de cerdo como si fueran obras de arte, joder. Tengo el mío y no lo miro tanto, cojones.
Además, en la vida real, los maricas son tan hijoputas como yo, y mucho menos ingeniosos, guapos y hábiles de lo que los pintan.
Y sobre todo, a destacar la elegancia y el saber estar que derrochan en sus días de neurosis u orgullo. Mierda…
Si me das dos tazas de puto caldo, te las tiro a la cara, cabrón.
Con 300 llegué al límite de lo que podía tragar.
Qué aburrimiento con los dichosos julais…

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Imagen  —  Publicado: 17 julio, 2019 en Sin categoría
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Imagen  —  Publicado: 17 julio, 2019 en Sin categoría
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Y esto es lo que se conoce comúnmente como “cerebro podrido” (como el de El jovencito Frankenstein).
Los estacionamientos suelen estar señalados con la “P” (bastante grande y de un escandaloso color azul) de parking, no con la “M” (muy roja ella), de metro.
Bueno, son cosas que te hacen reír quieras que no.

Unidas Podemos no acaba de entender eso de la inclusión. Deberían dar un repaso a su léxico y comprensión lectora.
Porque han hecho de “Unidas Podemos”, un partido femenino. El título excluye cualquier otro sexo, hasta tal punto, que puede llevar a pensar que los que visten de hombre, son simplemente trans progres de voz meliflua y maneras de profesor a cargo de retrasados mentales.
“Unidos” puede abarcar seres, entes, habitantes, animales o cosas de diferentes sexos si los tienen. “Unidas” es muy claro al respecto: son mujeres exclusivamente.
Así que si no eres mujer, marica o travelo, pocas ganas dan de votarles (el fracaso de votantes de las últimas elecciones les debería hacer pensar que algo huele a podrido en Dinamarca). Los arribistas y oportunistas aunque a veces consiguen lo que buscan, no suelen ser muy apreciados por la gente con ciertas inquietudes éticas.
Además, su estética progre vintage o de rebeldes surferos está pasada de moda. Y cuando ves a un político que no viste bien, si eres experimentadamente desconfiado y cínico, piensas que necesita dinero urgentemente para llenar el ropero con cosas decentes.
A ver si lo entienden: si quieres follar, has de tener un mínimo de atractivo. Doy por supuesto, que un buen fajo de billetes también es un buen atractivo, no hace falta ser Jesucristo en calzones para poner cachondas a algunas mujeres.
Eso sí, han tenido un acierto al no utilizar la puta arroba así: Unid@s P@dem@s”.
La arroba (¿o es “el” arroba?, empiezo a estar confuso) es la forma más pobre y repugnante que se usa en internet y entre los menos instruidos en el lenguaje, para ser inclusivos y tolerantes de mierda. Hay que ser gilipollas… Y de gilipollas los hay entre los maricones, las tortilleras, los travelos y la gente sana.
Una arroba de pepinos es lo que se deberían meter algunos en el ojete.
Punto final.

Iconoclasta

Un coche que circula lentamente por la zona industrial, se detiene frente a un chulo de putas que fuma un porro.

– ¿Cuánto por la puta sin bragas? -pregunta el cliente señalando a la zorra desnuda por debajo de la cintura.

– Treinta la mamada, cincuenta si se la metes. No más de quince minutos -recita con displicencia el chulo.

– ¿Se la puedo meter por el culo?

– Por cien euros, sí.

– ¿Y si le parto la cara?

– Seiscientos y gastos médicos aparte. Si le dejas cicatrices, te haremos a ti también algunas. Mira, si quieres hacer con ella lo que quieras la puedes comprar por siete mil.

– ¿Está enferma?

– Aún no.

– Tengo una hija de catorce. Te la doy por ella.

– ¿Tienes una foto?

El cliente le muestra una en el teléfono.

– ¿Es virgen?

– No. Ya me la he tirado algunas veces -responde con irritada impaciencia el cliente.

– Hecho. Si me la traes ahora, te puedes llevar a la puta.

– Denunciaré la desaparición de la niña en un día, ya sabes como va esto.

– Bien, ya estará embarcada cuando te pases por comisaría. No tardes.

– No tardo. En media hora la traigo. Y que la puta esté lista para entonces.

Iconoclasta