Archivos para diciembre, 2014

Apenas dormitamos en noches de carencias. Apenas cerramos los ojos y la película de los deseos y el pasado, comienza su proyección.
Y dormir es una tarea titánica que se come el descanso y estimula los miedos.

Soy el portador de una Excalibur, de una espada pesada que se hunde en las inconsistentes rocas de la hipocresía.
Busco rocas donde hundir mi Excalibur, hundirla con fuerza para que al centro de la tierra llegue algo de verdad, algo de valor; pero es correr tras el viento.
Merlín tuvo suerte, yo no.
No encuentro rocas firmes para hacer un mojón de la nobleza, un punto de referencia entre tanta superficialidad. Un eje esperanzador…
Excalibur se tambalea sin encontrar donde afianzarse. Como si la hipocresía hiciera piedra pómez de todos los minerales.
Elevo la espada sobre una roca oscura, una roca que me hace pensar en lo eterno e indestructible; la hago bajar con fuerza, con rabia, con odio. La roca se parte, se desmigaja.
Y me invade la triste y descorazonadora sensación de que el paisaje es el decorado de una mala película, de malos actores incapaces de transmitir emoción alguna.
No tengo otra cosa que hacer más que buscar un lugar real, una piedra de verdad que no se rompa con el peso y el filo de la nobleza.
Como si el planeta fuera alérgico al valor y la determinación…
Hay gente que dice saber de un lugar donde las rocas son firmes. Donde Excalibur será un monumento firme e inamovible.
Se equivocan, esas rocas tampoco soportan la carga del valor. Están cancerígenas, son cascarones vacíos.
La gente ignora las cosas del valor y la verdad. La gente rinde culto a cosas vacías, porque ellos mismos son ruina y decepción.
Hace años que dejé de preguntar.
El peso de la espada ha tatuado en la piel de mi espalda su forma.
Y pienso en algunos momentos que yo sea la roca que la pueda soportar; pero yo moriré y el tatuaje se hará mierda cuando me descomponga.
Busco un pedestal eterno.
No quiero salvar a nadie, ni que alguien reverencie el poder de la nobleza y el amor.
Es un acto de egoísmo. Es mi sueño idiota, porque a pesar no ser un ingenuo y tener conocimientos milenarios de la humanidad, ejerzo la ilusión.
No es por bondad, no es para que sirva de ejemplo edificante la Excalibur de la verdad y el valor. Si al hundirla en una roca firme provocara un cataclismo que aniquilara millones de vida, lo haría.
Lo haré…
Mientras ellos ríen falsedades y brindan sus carcajadas a sus miedos y cobardías, yo busco en las montañas y bosques donde clavar mi espada preciosa.
Vomito y me doblo de asco y decepción, nunca imaginé que hasta las rocas se habían convertido en arenisca por dentro.
Tengo miedo de hundir a Excalibur de nuevo en lo vacío e inconsistente.
Me limpio con la manga el vómito, suspiro con un gemido y pienso en Sísifo que carga con la roca montaña arriba, como yo con mi espada.
Somos mitos, por esa inexistencia de la espada y la roca, jamás podré encontrar un pedestal adecuado.
Sísifo jamás me dará su pesada y eterna roca.
El viento helado de las alturas, la humedad del bosque, el silencio humano…
A veces deseo no encontrar la roca para poder continuar mi búsqueda.
No quiero volver allá, con ellos. Con los defraudadores de la ética, con los cobardes, con esas máscaras corruptas que ostentan una repugnante sonrisa.
Dicté mi propio destierro cuando colgué Excalibur de mi espalda.
Y no me arrepiento.
Elevo el pesado acero y la punta de la hoja arranca chispas de la roca. El corazón se acelera… La hundo más y la roca estalla en una nube de polvo.
Otra vez…
Qué desasosiego, dan ganas de llorar.

Iconoclasta

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Hay puntos de luz que resaltan algo por casualidad y en la voluntad de cada cual está creer que es una pista, un consejo del destino.
La humanidad desespera por algo de magia y fantasía. Seres incompletos que no consiguen averiguar que les falta.
Nadie quiere aceptar una vida tan plana y mediocre.
Cualquier día es bueno para un suicidio.

Que no sea rápido.

Ya sé que no es cosa de risa; pero siempre es jocoso el movimiento de las dentaduras de dos ancianos con bastón al que ocho personas que no caben en el tramo de tres escalones, los ayudan a bajarlos.
Es un momento en el que pierde totalmente interés la orquesta y su música, porque los invitados del banquete observamos con una media sonrisa si los viejos llegarán sanos y salvos al piso.
Yo diría que dejamos las carnitas a medio masticar ante la expectación. Qué morbo.
Y yo observo todo eso y además, un pequeño caminito sin obstáculos a través de la zona de cocina que lleva al mismo sitio.
Y callo como un zorro, no sería tan divertido.
Tampoco me harían caso, a todos nos gusta grabar videos de caídas.
Al final no hay nada que grabar y volvemos a prestar atención a las macizas de la orquesta.
Otra vez será…
(Experiencias rurales)

Verás, Muerte, lo he pensado bien y todo este tiempo he estado equivocado.
No quiero morir rápidamente.
Sé que estoy causando cierta irritación en ti, por tanto tiempo que he deseado una muerte rápida e indolora.
No es que sea voluble, entiéndeme Muerte.
No soy un adolescente que se masturba dos o tres veces cada día cada vez que va a mear.
Lo que ocurre es que he llegado a la conclusión de que si me llevas rápidamente, no podré pasar revista a mi vida como lo hacen algunas víctimas en las comedias: ven pasar ante sus ojos episodios importantes que han vivido a toda velocidad, un videoclip alocado.
Es de risa; pero estamos en plena era multimedia, deberías modernizarte, Muerte.
No es de risa… Es miedo a morir mediocremente.
Quisiera un tiempo de agonía, no importa el dolor ¿sabes? La edad me ha hecho valiente, no soy Conan; pero lo intento.
Un dolor moderado estaría bien, tampoco quiero lanzar alaridos o que me crezcan las cejas de repente y me salga un mechón blanco en la cabeza.
Siempre hay un término medio y sé que sueles tener un humor muy negro.
El problema es que he tenido una vida un tanto intensa, y no quiero morir sin dejar de pensar en muchas personas y en muchas cosas.
Para otros esa intensidad estará sobrevalorada, pero no me interesan sus opiniones.
Hablando en plata, me las paso por el culo.
Entiéndeme Muerte, no soy una lombriz que ha vivido un par de semanas comiendo y cagando tierra. Creo que con los dolores que he padecido, los miedos, las alegrías, ternuras y amores; necesito una buena agonía.
Un buen rato para morir satisfecho y concluir que todo valió la pena y que supe vivir.
Y si es demasiada molestia para ti, no te preocupes, Muerte. Dame todo el sufrimiento que quieras, tendré a mano algo de marihuana que me libere un poco del dolor y del miedo, pero me deje lo suficientemente lúcido para pensar en lo mucho que he amado y odiado, lo bueno y malo que he hecho.
No es un arrepentimiento por lo malo. Simplemente quiero morir pensando que mi vida ha importado y he marchado por un camino que he elegido.
Peco de vanidoso, pero he tenido y perdido tantas cosas, que me parece ridículo palmarla sin tener tiempo a evocarlas. Quiero asegurarme de sentir al morir todas las emociones que he disfrutado o padecido.
Algo que demuestre que no soy insecto.
La verdad es que cuando te haces más viejo que tu padre, tienes la sensación de que estás viviendo unos años que no te tocan. Y piensas que ya está cerca el momento y te has de preparar.
Por eso y en vista de que vivo un tiempo antinatural, a veces te veo asomar ávida en mis sueños y te pido que no sea rápido, dame unos minutos para recordar mientras me asfixio o mi corazón se rompe.
No he descubierto nada importante, no he conseguido ningún logro en el que destacar; pero yo tampoco tengo la culpa de no ser un genio. He sacado partido a mi cerebro tal y como está configurado. Unos nacen inteligentes y a mí me tocó ser simplemente tenaz.
Siiiii…. Está bien, los hay que dirán que fui idiota; pero son unos hijoputas.
La envidia es muy mala, Muerte. A ellos los deberías matar rápidamente.
Que mueran como gusanos.
Eso sí, quiero que mi muerte sea ciertamente cómoda, porque si me matas abrasado por las llamas, más que pensar en lo que fui, pensaré en buscar un extintor o una manguera y toda mi dignidad se irá a la mierda. Y si me lanzas de las alturas, estaré más preocupado en obligar a mi cuerpo a evolucionar hasta tener alas.
Un tiro que me desangre lentamente porque ha tocado la femoral, un infarto que camino al hospital me mate… Esas cosas.
Tampoco pido tanto, de hecho, no recuerdo haber pedido nunca nada, salvo una hipoteca.
Una vez tuve miedo en la agonía. La primera vez que sale sangre por la boca, te asustas. Creo que es una reacción lógica; pero lo he superado. Hay cosas que se aprenden, no nací enseñado, y tal vez era demasiado pronto para que lo comprendiera.
Así que si estoy dormido, que el dolor me despierte. Uno sabe cuando va a morir, prometo no patalear histérico y gritar de miedo. Me encenderé el canuto de marihuana si fuera necesario y no me has dejado inválido, y simplemente me acordaré de muertos y vivos, de algunos trabajos, de mi hijo, de amigos y enemigos, de amores y odios, de aciertos y buena suerte, de frustraciones y errores.
Y entonces ante todo eso, pensaré que incluso ha sido una vida demasiado larga. Pensaré en todo lo que he escrito, y maldeciré la eternidad que representa tanto soñar.
Eso se llama morir en paz, Muerte.
Creo que es razonable, tú puedes ir a matar a otros mientras yo agonizo, no perderás tiempo en tu trabajo.
Bueno, pues eso, si me haces el favor, no me mates rápidamente. Luego puedes hacer lo que quieras con mi alma corrupta si la tengo.
Hasta pronto y buen sexo, Muerte.


Iconoclasta

En Realidades Truncadas.

En Realidades Truncadas.