Posts etiquetados ‘Reflexiones de Iconoclasta’

La alegría de los idiotas

Si alguna vez has confundido alegría con imbecilidad, no te preocupes; tu percepción del mundo es perfecta.
Son normales estas pequeñas confusiones, ya que entre la euforia y la imbecilidad hay una tenue línea difícil de discernir.
Esa línea es la ignorancia y no siempre es evidente con un primer vistazo.
La ignorancia es la primera causa que dispara la alegría en el ser humano.
Raramente se es feliz cuando se tiene cierto conocimiento y experiencia de la vida.
Así que no te preocupes por equivocarte y juzgar idiota al que se siente feliz, porque con toda probabilidad acertarás.
Un ejemplo son los manifestantes que se congregan pacíficamente esperando que las autoridades cedan a sus deseos porque son civilizados y en su ignorancia no pueden imaginar la violencia y la guerra que aguarda.
De lo contrario, se manifestarían con más elegancia y sin festividad idiota. Con elegancia.
No sirve de nada la historia en sus mentes felices.
Esto es uno de los más vulgares casos de ignorancia.
Así que, humano que veas feliz y contento, da por supuesto que es idiota.
Y tranquilo, que así será toda la puta vida mientras pises el planeta.

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Kayden Kross

En Telegramas de Iconoclasta.

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He visto a miles de imbéciles dar vueltas rezando alrededor de una piedra.
He visto a miles de idiotas vestir banderas y cantar un himno.
He apagado la tele, he ido a la montaña y ha pasado la crisis de náuseas.
Y mientras fumaba he deseado la guerra y la muerte para todos los habitantes del planeta. Aunque me joda también, prefiero ser yo el que elige la forma de vivir asquerosamente.
Y me he sentido bien.

Alina Li

En Telegramas de Iconoclasta.

Tridimensionalidad

Si existieran otras dimensiones, no consigo imaginar cuales serían.
Porque una dimensión cualquiera define un tamaño, un área o un volumen, lo que ocupa en el espacio.
Si el tiempo fuera una dimensión, no cabría en el planeta.
El tiempo es solo una convención para contar la vida, un control de cuanto vives y cuanto queda para morir.
El tiempo no se puede almacenar, modificar o detener.
Sin embargo, son apasionantes las fantasías que con él se crean.
No existe ni puede haber ninguna cuarta dimensión.
Con altitud, longitud y profundidad, vamos más que sobrados.
Cualquier otro concepto no sería una dimensión, puesto que no sería cuantificable ni mensurable.
En cualquier caso, en lo cuántico pueden filosofar lo que quieran para entretenerme; pero no hay nada. Lo que de verdad sí podría tener interés, es el poder reducir a las personas de tamaño, sin merma de sus genitales o intelecto (suele ser lo mismo), para poderlos embotellar.
Más allá de las tres dimensiones mensurables, no hay nada.
Tal vez algún vapor en su entropía, pueda crear algo parecido a una cuarta dimensión; pero eso ya es psicodelia.
O sea, la cuarta dimensión no existe, es cero.
Y hay dos cálculos básicos:
3 + 0 = 3
3 x 0 = 0
Tal vez sea vive o muere.
Y mientras eso ocurre: vivir y morir; el tiempo y su adimensionalidad pasa igual e imperturbable independientemente de sufrir o disfrutar.

Monika Vesela

En Telegramas de Iconoclasta.

Bajo el cielo

Qué hermoso…
El sol brilla potente y en pocos segundos, una oscura y pesada nube lo tapa y descarga sus truenos y lluvia sin piedad.
Y no hay donde cubrirse.
Así que todos los animales y árboles estamos bajo el mismo cielo y agua sin importar edades o morfologías.
Y eso me hace bestia, una bestia que por algún azar escribe cosas de lo que fue y lo que es.
De lo que le gustaría que fuera y lo que de verdad ocurrirá.
Y mientras la lluvia moja la ropa, no tengo prisa.
No siento necesidad de apresurarme a ningún sitio.
Tengo suficiente con el sonido de las gotas contra el suelo y las hojas, y con el atávico temor que me recorre el espinazo por el temblor de un trueno.