Posts etiquetados ‘Reflexiones de Iconoclasta’

El amor y su longevidad

Amores demasiado fuertes, demasiado largos para la juventud.
Amores demasiado apasionados para la vejez, que parecen infinitos cuando la vida dice lo contrario.
No se puede conjugar el afán de descubrir cosas nuevas con un amor eterno.
El amor se come la libertad y cuando nos damos cuenta de ello, resulta traumático; resulta irrecuperable el tiempo que se fue. Y el amor se convierte en desprecio y odio.
La longevidad de los amores se aclimata a los ciclos vitales, a las épocas de la vida; aunque nos pese.
Aunque maldito el romanticismo.
De una forma consciente o inconsciente, los amores nacen o mueren según la edad, según la experiencia.
Según el dolor.
Es algo intrincado en el cerebro, en el sistema hormonal.
Como las células que mueren y se regeneran.
Como las estrellas que nacen y explotan en el universo.
Somos el reflejo mínimo e intrascendente de un universo atómico.

Anuncios

Sophie Marceau

En Telegramas de Iconoclasta.

Misticismo

Si fuera un místico pensaría que la publicidad es un aviso profético. Pero no me hace falta de ninguna profecía para saber lo que me espera. Soy tremendamente práctico e inasequible a la ingenuidad.
Dijéramos que simplemente es divertido, y más teniendo en cuenta que ya he perdido muchas piezas dentales. Vamos, que no son para siempre por mucha muerte que lo afirme.

Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

Muertos mudos

— ¿Crees que los muertos hablan?
— ¿Y tú crees en la transmutación del plomo en oro? Los muertos tuvieron su oportunidad cuando estaban vivos. ¿Para qué iban a querer hablar ahora, en el supuesto de que estuvieran vivos en forma de vapor? No jodas.
—Es que dicen cosas.
— ¿Quién?
—Los vivos que no callan y los muertos que deberían callar. Tienes razón, tuvieron su tiempo. A lo mejor no saben…
—Nadie sabe nada. Esto es una mierda. Los muertos solo hablan cuando los sueñas. Les pones voz como un ventrílocuo a un cuervo de trapo, te convences de que están flotando en algún lugar y eso te da paz porque a ti te pasará lo mismo. No seas vulgar.
—A veces flaqueo y me gusta imaginar, no puede hacer daño.
—No sé si puede hacer daño; pero nuestro cerebro está hecho mierda. ¿De verdad no puede hacer daño una conversación con uno mismo? Los muertos no me dan miedo; temo al neurólogo y su diagnóstico.
—Esto es un absurdo, yo intento hablar de cosas trascendentes y tú te ríes.
—No soy yo, son los muertos. ¿Oyes a papá? Me (nos) llama al orden psicológico. No ha tenido hijos para que se hagan esquizofrénicos por puro aburrimiento.
—Ya no tiene autoridad, no le escuches; somos más viejos que él cuando murió.
— ¿De verdad estamos locos?
—No, es puro ingenio. Y por otra parte ¿qué importa?
—Vale… Dile que calle y te (nos) tomas un café a ver si hay otra fisura en el cerebro un poco más coherente.
—Hay calabazas con velas dentro, ¿esas coherencias dices?
—Pon el punto final de una vez, me cansa.
—Ya.

Fotor_151059492013246

La vida tiene un efecto negativo sobre la muerte: la retrasa.
Y en algunos casos, demasiado.

Ingenuo

“Si no vivimos como pensamos, pronto empezaremos a pensar como vivimos”.

Vale, pero para vivir como pienso yo, sería necesaria una distancia de confort con otros humanos de 3 Km.
Eso sin contar el dinero que me faltaría para llevar a cabo mi utopía.
Está bien ser optimista y positivo; pero Fulton es de una espantosa ingenuidad.

Kyla Cole

En Telegramas de Iconoclasta.