Posts etiquetados ‘Reflexiones de Iconoclasta’

Está cantado, los gallegos deberían recibir la medalla al Mérito Cobarde Ibérico.
Y a Castilla y León, Aranda más concretamente, se les debería regalar una gallina de goma (para el baño) como premio de consolación.
¿Los gallegos tienen plumas y cacarean? Pregúntome yo.
La Liga Cobarde Ibérica está que arde. ¿Quién dijo que el coronavirus no traería emociones al límite?

Nadie quiere un dios de barro, dura poco, crea moho y con el tiempo adquiere el color de la mierda seca.
Pero los de oro… Aunque no hagan milagros, son a-dorados por todos.
Y si no, que le pregunten a Moisés lo que piensa de la chusma adoradora de vacas áureas.
Toda aquella huida del pueblo israelita cruzando el Mar Rojo perseguido por los egipcios, para al final, acabar adorando una vaca mal hecha que con toda probabilidad era todo estaño pintado.
Si algo te enseña la biblia (aparte de la mentiras más falaces) es que la humanidad siempre ha sido mezquina, ignorante e imbécil.
La sociedad de hoy día se diferencia de aquella antigua en la forma de vestir y que ahora se dispone de Spotify y no las aburridas panderetas y flautas de pellejo de conejo y madera podrida con la que tocaban músicas que aburrían a las ovejas.
La mezquindad y la imbecilidad son las mismas en ambas épocas. Sin embargo, la ignorancia de hoy es mucho más grande y extendida gracias a internet y sus redes suciales, sociales quería decir.

“Quien escupe al cielo, a la cara le cae”.
¿Y qué te crees que hago en pleno verano cuando el agua hierve al sol, tras once kilómetros pedaleando cuesta arriba, lelo?

A mí me importa nada la humanidad y su futuro. No soy aficionado a ser santón y buen tipo en general.
La cuestión es que la humanidad tiene una vida muy larga y la mía es muy breve.
Así que no me planteo ninguna acción para el futuro. Solo me importa el presente bienestar, el mío.
No soy responsable de las negligencias de las futuras madres y padres.
Tengo un hijo; pero es como yo: no necesita caridades y bondades de nadie para vivir y sobrevivir.
En mi bienestar no contemplo la posibilidad de perder el tiempo separando desperdicios o guardar profilaxis para evitar que una epidemia pueda contagiar a todo el puto mundo. Tampoco me preocupa el consumo energético, me gusta la luz y como puedo permitirme el gasto, uso la suficiente y mucha energía para encender toda mi casa a mi gusto.
Yo debo hacer lo que quiero, porque ya está el gobierno y los negligentes cobardes e ignorantes que lo forman para joderme con sus prohibiciones e impuestos.
Comprendo que haya santones que nacieron con esa necesidad de cuidar de los demás: preparar la bienvenida al mundo de las próximas generaciones y tenerlo todo bien limpio y en buen estado de conservación; al menos eso cuentan en su mentidero público de feisbuc o tuiter.
Yo soy infinitamente mejor: para que las próximas generaciones puedan vivir, han de aprender lo dura y puta que es la vida; porque si crecen en un lugar donde todo es perfecto, seguirá ocurriendo como ahora: han nacido unas cuantas generaciones cobardes, lloronas y homosexuales en poco tiempo. Y lo que es peor: ignorantes hasta ser condenados a ejecución.
Es aconsejable, aconsejable no; necesaria, la ocasional muerte de los seres humanos.
La naturaleza es así, los hay que mueren para no enturbiar la genética de la especie.
Este es el gran problema que acucia a las sociedades de hoy en día: la falta de selección natural y la salvaje y masiva fertilización de mujeres que no hubieran debido parir porque la naturaleza no lo permitía.
Demasiados nacimientos forzados y artificiales lo están jodiendo todo a marchas forzadas.

Cuando el silencio humano se hace presente durante un prolongado espacio de tiempo, pienso que no habría drama alguno en ser el único ser humano del planeta. Estoy dos veces bien.
El drama empieza cuando aparecen las primeras voces humanas tras ese paraíso de silencio y se rompe el hechizo dejándome abandonado en la mediocre realidad de un tiempo y lugar en los que no pedí nacer.
Es entonces cuando estoy dos veces mal.

Los seres inmóviles tienen también una peculiar agresividad.
En las frondosas montañas un árbol empuja a otro a un precipicio o hasta que consigue desgarrar sus raíces.
Es un proceso lento; pero evidente.
Todos los seres luchan por su espacio y mueren por él.
Al fin y al cabo, el lugar es lo que nos contiene y lo que nos da vida, todos quieren más espacio.
Y sé que todos los seres son conscientes de su propia agresividad, tengan ojos o no.
Y así hay cadáveres de ranas, insectos, roedores, pájaros, grandes mamíferos y árboles.
Los cadáveres es lo que más abunda en la naturaleza; o al menos, la muerte se hace más patente que la vida.
Al fin y al cabo, nadie puede matar a la muerte, es impune y por ello se deja ver ostentosamente.
Pero la vida…
La vida debe ser cauta y oculta.
Sobre todo la humana que además, se enfrenta a la envidia.

Por supuesto…
La cobardía española, su inmovilidad, la prisión llamada “confinamiento” decretada por el gobierno fascista-chino español y las insanas mascarillas; han creado a uno de los pueblos con el organismo más débil del mundo.
Otra cosita: Rusia tiene 144, 5 millones de habitantes. España: 46, 9 millones.

La enfermedad que aterroriza al cobarde es la que anuncian por televisión los gobiernos para, obtener su atención y obediencia ciega para realizar un sacrificio “por el bien de todos” de mierda.
Cualquier sacrificio en pro de la sociedad, inevitablemente acabará en violencia, porque un sacrificio que se prolonga se convierte en abuso.
Los sacrificios en pro de la sociedad o por “la patria”, son mermas y dolores que no compensan y menos se agradecen.
Quiero decir que, por la sociedad o el bien de un país no llevaré acabo sacrificio alguno.
Si yo estoy bien, todo está bien.
Este precepto es el que he vivido y el que he experimentado como la puta realidad. Cuando he pasado malos momentos, se decía que el país iba bien, los políticos satisfechos por la buena marcha de la sociedad, y yo comiendo mierda.
Es el precepto más repetido de forma subliminal por todo funcionario, político o jefe de estado.
Desde el momento en el que dicen que hay una buena estabilidad socioeconómica, se cagan en los pobres que viven en su mismo país y en su mismo momento.
Pues eso, al país o a la sociedad, ni agua; al menos de la mía. Y mucho menos, mi tiempo.
No tengo alma de estudiante que recoge mierda en las playas con mascarilla como actividad de vacaciones de una nueva y puta normalidad.
Si yo estoy bien, todo está bien; lo dicen los putos políticos votados por los cobardes.
Así que el sacrificio que lo hagan ellos con su culo de mierda.

Cuando aparecen negras nubes es como si llegaran en mi ayuda los guerreros oscuros dispuestos a exterminar la luz y su banalidad.
Cuando cubren el sol y traen consigo el aire frío, se podría decir que vivo un momento de profundo y violento misticismo.
Nadie ha inventado ni lo hará, una celebración lo suficientemente importante como para que pueda emocionarme.
Yo sí he creado mis celebraciones, como las de las negras nubes.
Y las santifico a mi naturaleza oscura y hostil.

Lo que mal empieza mal acaba.
Las sociedades humanas han empezado todas mal; unas están muertas y el resto agoniza.
Y es que la sociedad humana es la parasitación del individuo o creador, ya sea por envidia o por ambición y usura para conseguir algo que como colectivo, jamás lograría.
Ninguna sociedad quiere que nadie sea diferente, que demuestre valor; porque un solo valiente deja en evidencia a diez mil cobardes. De ahí que quieran uniformar a todos por igual, con mascarillas y con cobardía. Los políticos mismos que acceden al poder provienen de rancias y estropeadas líneas genéticas endogámicas como las aristocráticas, que han creado cobardes arribistas generación tras generación.
La sociedades buscan el sometimiento y aniquilación del individuo y yo busco la exterminación de toda colonia insectil humana.
Ambos, yo y la humanidad, tenemos tareas que hacer.
Ganará la piojosa sociedad de la mezquindad: tiene más intestinos y por lo tanto más mierda para asfixiar.
Pero no sé porque, me siento bien jodiendo y denigrando cuanto puedo.
Aunque pierda.
¡Ea, no se hable más! A seguir trabajando cada uno en lo suyo y que gane el más hijo puta (la sociedad).