Posts etiquetados ‘Reflexiones de Iconoclasta’

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Que no se comunique a nadie mi muerte,
que nadie llore por mí,
y que no me entierren en tierra sagrada,
y que ningún sacristán toque las campanas,
y que nadie pueda ver mi cuerpo muerto,
y que ningún lloraduelos me siga en mi entierro,
y que no se depositen flores en mi tumba,
y que ni un solo hombre me recuerde.
Esta es mi voluntad.

Thomas Hardy, 1840-1928.

Es como una maldición. El amor es una estrella a años luz y cuando llegas, se ha consumido tu vida.
Algunos detienen su viaje en un asteroide gélido.
Otros agotan el oxígeno y flotan en el vacío vacíos.
Y no es morir de amor, es por desesperación.
Quien muere de amor está con quien ama.
Y son tan pocos que, es preciso que alguien escriba encuentros y padecimientos ficticios de amantes que se tienen por fin.
Soy el amanuense vacío de los amantes.

Al despertar cada mañana, durante unos segundos (lo que dura el proceso) observo el café dando vueltas dentro del microondas “arrascándome” el culo. Doy gracias de no tener que preparar una cafetera con este humor con el que me levanto. No importa los días que tenga el café preparado, importa la inmediatez. De la pizza pienso lo mismo.
Suena la campanita por fin y me pregunto si dios se marea de tantas vueltas que tiene que dar ahí dentro para hacer su trabajo. ¿Le dejo dentro del horno una biodramina como sacrificio de agradecimiento?
Y ya, tras sorber el primer trago de asqueroso café y aspirar la primera bocanada de humo de un cigarro precioso, dejo que la humillante erección matinal se relaje al ritmo de las aburridas noticias del diario y rascarme sin molestias las pelotas con cierta obscenidad natural y espontánea en mí.
Luego todo irá a peor.

En Telegramas de Iconoclasta.

“Siento que mi espíritu se quiere salir” dice de repente y tristemente.
Y recibo un suave puñetazo desde dentro a fuera.
Y pierdo un latido en silencio.
Lo dice con tal sencillez, con tanta naturalidad; que pienso que es así de fácil que ocurra.
Y llevo la mano a la cabeza para sujetar mi espíritu que se escapa.
Soy tan sugestionable con las coloquiales genialidades…
Me gustaría un día decir algo así de importante con semejante serenidad.
Hermosas tristezas que te cubren quieras que no.

“Cuando los ángeles del cielo caigan y abran sus alas como palomas. Hermanos y hermanas caminaremos de la mano por la tierra prometida”.
(Promised Land, de Joe Smooth)
Me gustaría creer en ángeles y demonios para poder escribir cosas a las que se pudiera imprimir un ritmo musical tan bueno, tan energizante y danzante. Tan optimista; pero soy un sórdido insalvable.
Y arderé en un infierno sordo.