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Tsunami Democràtic no es más que un video juego de realidad aumentada de redes sociales, solo que las proyecciones de esa realidad son los muñecos humanos reales que asisten a las manifestaciones, como robotitos de carne teledirigidos.
Es la función última de las redes sociales, hacer de los humanos con escasas luces muñequitos de realidad aumentada.
Si el jugador (una élite de racistas políticos y otra chusma poderosa y ricacha) mueve a los drones hacia un aeropuerto, los miles de drones acuden sin saber bien porqué. Si el jugador les dice que se vayan, dan media vuelta los miles y se van. Si se les ordena llorar y llevar papel higiénico para limpiarse el culo en la calle, lo hacen.
Luego, con los créditos obtenidos durante el juego, puedes usar una serie de sicarios con sudaderas y con un armamento limitado; pero irritante y luminoso que se moverán por distintos puntos del escenario del videojuego.
El juego está tan bien programado que la sincronización es perfecta en muñecos operados a cientos de kilómetros de distancia. Por ejemplo, por viejos o jóvenes que sean, son capaces de recorrer largas distancias a pesar de joderse pies, pasar hambre, calor y ridículo con una sonrisa beata en el rostro. Incluso dejando de trabajar y por tanto ganar dinero.
Si no fueran muñecos de un videojuego, serían simplemente imbéciles.
¿Para qué los androides si con unos cuantos votantes puedes hacer lo mismo sin tener que fabricar complicadas máquinas?
Es tan sencillo como indigno.
Doy gracias a mi inteligencia por no ser un muñeco de Tsunami Democrátic.
Solución: que un hacker joda el videojuego y desconecte a esos miles de robotitos del sistema para que sigan con su mediocre existencia como antes de ser usados.
No sé si habrá en el videojuego una opción sexual: crear situaciones pornográficas con los muñequitos manifestantes, grandes orgías e incluso violaciones (de machos y hembras) con esas famosas manadas que tanto gustan y entretienen en todos las fiestas mayores de pueblos; pero podría ser una grata opción para el público adulto. Dado el éxito, los dueños del videojuego podrían sacar una pasta gansa con lo sexual.

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Ahora llega el momento de las apuestas: ¿quién y de que bando será el primer muerto de la guerra de independencia de Cataluña contra España?
Siento una insana curiosidad al ser un testigo contemporáneo de la creación de un nuevo martirologio.
Dado lo aburrido y poco irreverente de las estupideces que se cuentan en las redes sociales y por lo tanto causan en mí un ostentoso bostezo, espero con ilusión la cosas cruentas, cruentas de verdad.
Si se instaura un nuevo circo romano con sus luchas mortales de gladiadores, leones comiendo a cristianos o carreras mortales de cuadrigas, tendríamos una sociedad más higiénica y digna.
Y bueno, no habría que esperar con impaciencia a que se estrenara una buena película violenta para auténticos adultos, que solo ocurre cada cinco o siete años.

Recuerdo que uno de los más graves problemas teológicos y morales que predicaba la sucia y mentirosa educación franquista en aquellas oscuras clases, era el remordimiento de conciencia. O sea, reconocer la culpabilidad de un mal acto y sentirse atormentado por haber faltado a las leyes divinas/civiles o a la moral de moda.
Puedo asegurar con total autoridad y rigor que no existe el remordimiento de conciencia, puesto que soy culpable (a ojos ajenos, claro) de muchas cosas y me siento orgulloso de ello.
Razón por la cual entiendo, que hasta el más hijoputa de los genocidas o asesinos en serie, deban ser decapitados porque cometerán sus faltas o pecados con la misma devoción con la que se masturban con las bragas sucias de su abuela como máscara.
Ese no es mi caso, mis “culpabilidades” (las que otros creen que lo son), me hacen más simpático, independiente, seguro de mí mismo, atractivo y sensual sin caer en el narcisismo.
Por otra parte, mi vasta cultura me convierte en un actor indispensable en esta sucia sociedad ignorante y deficiente intelectualmente.
¡Ah! Quien no haya visto Joker, que no se sienta mal, al final la verá quiera o no, como ocurre con las pelis de Shrek, Gru, Avatar o 2012.

N. del A.: Si vives en Barcelona, la verás con retardo porque la secta de los Ingenuos Independentistas Catalanes con toda probabilidad, ha hecho hogueras con sus propios excrementos ante las entradas de metros, restaurantes y cines. Lo único limpio son algunas tumbas intrascendentes de la mitología política catalana.

A veces espero nada imaginando mis inconfesables indecencias con absoluto control. Con alevosía, fría y calculadoramente obsceno, con desenfadado exhibicionismo. Como si la dureza carnal que bombea ahí, no fuera conmigo. Como si no estuviera loco por follarte.

Cojones… Es como leer en la prensa una reflexión de Bambi en versión YMCA.

Precioso de verdad.

Lo entiendo, cuando veo la mierda que me pagan, también pienso que estoy en el cuerpo equivocado; solo que yo adoro mi cuerpo con sus testículos y pene incluidos.

El problema no es el cuerpo: es un cerebro bastante estropeado.

Aun así, que cada cual haga lo que le salga del coño o la polla antes de perderlos.

Es que me parto con Bambigay transexual.

“Poco después de que mi hijo hubiera dominado la pesca con mosca artificial, me lo llevé en un largo viaje por la cadena montañosa de los Altyn Tagh, donde nace el Hassayampa. Pensé que el viaje le haría mucho bien. Era un poco afeminado… lloraba cuando su madre se negaba a hacerle buñuelos para el desayuno, y era un maestro del lloriqueo reprimido, fiándose de una combinación de sentimientos de encanto y sufrimiento para sonsacar las cosas que quería a sus mayores. Prefiere no luchar, aunque, como dice el proverbio, lo hará en cuanto se vea acorralado.”

“Asegurándose de que el barman no estaba mirando, ella se levantó la blusa y lanzó un golpe con el pecho izquierdo y a continuación otro rápido con el derecho, haciéndolos chocar entre sí. Las agresivas aureolas estaban ribeteadas por unos pocos pelos largos y negros. Sentí cómo se me endurecía el pene. Habíamos estado demasiado tiempo en los bosques.”

(Deporte sangriento, de Robert F. Jones)

Verano de 1977: en La Escala (litoral catalán, Gerona), una noche mi madre estaba dándole a la lengua sin pausa con la familia en el jardín de la casa y llegó un momento que aumentó el doble de volumen por culpa de esos mosquitos climáticos del futuro. Al médico casi se le escapa la risa. A mí también, nunca he alardeado de buen hijo. Psé…