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Las cosas se rompen por enfermedad, malformación, accidente, asesinato o por vejez.
Si una cosa tiene muy mala suerte, morirá de muchas causas.
La muerte es como el follar que, por ser las actividades más realizadas cotidianamente en el planeta por las cosas humanas; siguen teniendo miedo y vergüenza de pronunciarlas a pesar de los miles de años de evolución, de las reproducciones y sus muertes.
Las cosas humanas son como figuritas de barro sucio incapaces de aceptar lo que son, simples y vulgares carnes sin más trascendencia. Incapaces de usar un cerebro sobrevalorado hasta el asco, producto de una injustificada vanidad.
Dicen que el camello no ve su propia giba, las cosas humanas no ven sus genitales ni su cara ajada por la edad en el espejo.
El padre regañará a su hijo por ir con putas, como él hizo a su edad. “Haz lo que digo y no lo que yo hago”, es tradición idiota. No pueden estar sin mal meterla demasiado tiempo, como si lo que les faltara de cerebro lo tuvieran en la polla.
Y los viejos, invariablemente, al morir son siempre aún jóvenes. Unos chavales, claro…
Mierda.

Pues nada, que no hay manera.
Me he sentado en un banco a 0º C de temperatura, a las 19:08 de una tarde que es noche. He comido unos churros y me he chupado los dedos, he fumado un par de cigarrillos con cierta impaciencia, he sacado la mascarilla del invierno pasado del bolsillo y me he limpiado los mocos con ella; y en todo ese rato no ha aparecido el coronavirus.
O soy un super macho, o simplemente tengo mala suerte; porque ni algo gratis como el coronavirus me toca.
Estoy tentado de dejar que me caigan los mocos y entrar en el ambulatorio (antes habré acercado el humo del cigarrillo a mis preciosos ojos para irritarlos) y decir además que me duele la cabeza cosa mala y me cuesta respirar por el culo. Así al menos tendré un certificado de ser un humano tan mediocre como todos, y sentirme un poco menos solo en este mundo de mierda.
Y si de paso me chutaran una vacuna sería precioso.
Si no hay que pagar, me metería lo que fuera. Igual me convierto en un mutante de esos con poderes tan extraordinarios como la teletransportación y la invisibilidad para tener sexo impune y vicioso con total anonimato.
Es que siento que antes de morir, debería experimentar ser uno más del rebaño para intentar imaginar lo que sienten las ovejas.

De un coche patrulla de la bofia se bajó el madero e interrumpió mi relajado paseo.

– ¡Señor! Debe usar mascarilla – díjome con autoridad y evidente hostilidad, a pesar de que con la mascarilla parecía un poco retrasado hablando.

Le dan trabajo a cualquiera que tenga un buen  enchufe, como siempre.

-Mi abuela era puta en Barcelona- le respondí con cordialidad y una sonrisa.

-¿Y qué tiene que ver…? -preguntó con evidente malhumor.

Pero no le dejé de acabar la pregunta, mi cerebro es muy rápido procesando.

-Que igual tu abuela y la mía trabajaban en la misma calle, lo que nos hace paisanos- le respondí con rapidez, poniendo en jaque su única neurona que rebotaba dentro de su gran cráneo, como una pelotita de aquellos antiguos juegos de tenis electrónico de los bares de los setenta.

Me recetó una buena multa  que, cada vez que la muestro a amigos, conocidos e incluso enemigos, nos partimos el pecho de risa.

Hasta los buenos momentos requieren de cierto poder adquisitivo.

La epidemia delacovid tiene cosas buenas y jocosas además de aliviar de peso humano al planeta.

Y dicen que hasta a las focas en el Polo Norte y la Antártida, se las ve más relajadas gracias al efecto cagadero del coronavirus.

Confirmado, la nueva dictadura española, se ha constituido en la más represora, cruel y estafadora de toda África, incluso de Europa.
El nuevo y normal fascismo español liderado por Sus Caudillos y sus secuaces (ministros y caciques autonómicos de los distintos taifas que componen el estado español), ha dado ya carácter definitivo a la destrucción de la democracia (o ese conato que era). Recién estrenado el año 2021, han decretado y cometido una batería de medidas represoras y extorsionadoras contra la libertad y la economía de los habitantes españoles; como son los nuevos decretos de prisión para la población, perpetuar el toque de queda, la toma en propiedad de todos los medios informativos y la usura con una batería de subidas de impuestos; esto último, con toda probabilidad se traducirá en que su “la Covid” (la del gobierno fascista español) dejará de tener importancia frente al hambre y la violencia consecuente en muy pocas semanas.
El hambre matará más gente que sus gripes. Ya lo dice el refrán: más puñaladas da el hambre.
Como siempre, los caudillos, ministros y caciques autonómicos del nuevo y normal régimen dictatorial, disfrazan de medidas sanitarias sus abusos y robos de libertades incrementando las estadísticas de las tasas de contagio del coronavirus con los datos de catarros, gripe, fibromialgia, neumonía, hepatitis, diabetes, jaqueca, etc.; y accidentes de tráfico y laborales. Con estas componendas estadísticas, consiguen meter el pánico en el cuerpo a una españolidad vieja, deteriorada, decadente, supersticiosa e ignorante. De esta forma, el robo de la libertad, la prisión a la que se condena al pueblo español y la próxima ruina de obreros y trabajadores autónomos, será vista por la chusma como un mal menor.
Así que estrenamos el año con la feroz bofia del fascismo patrullando traidoramente las noches y de día sancionando sin pudor para que la idea de sometimiento al nuevo régimen dictatorial, forme parte del pensamiento español como ocurrió con el franquismo.
Así se ha instaurado en España una de las dictaduras más lesivas para la salud y la libertad de toda África y Europa; y a sus habitantes como el rebaño de castrados más mansos, temerosos y crédulos a nivel mundial.
Como es ya proverbial: Cuando el cerdo (el nuevo y normal fascismo español) prueba la sangre (la dictadura o el fascismo), ya no quiere otra cosa.

¿Crees en los augurios?
Solo creo en la cronología de los hechos y sus secuencias y consecuencias lógicas.
¿Y si no hay lógica, solo basura?
Soy perspicaz, lo sabré.
¿Qué le dirías a quien lee tu futuro?
Le daría las gracias, algunas monedas sin valor y escupiría con displicencia cuando le diera la espalda.
¿Se han cumplido tus cálculos?
Con absoluta precisión; salvo en las grandes distancias que son insalvables para según qué. No he llegado donde debía.
¿Crees que siempre hay tiempo?
Mentira. Cuando el soporte vital es viejo el tiempo triplica su rapidez y observas el ataúd en el horizonte, es el único jalón de orientación que te guía.

Dios vomitó en la tierra justo antes de inventar al hombre.

Y por ello, por ese barro que se formó así es ahora la humanidad.

Nos hizo a su imagen y semejanza, corruptos de un fango innombrable.

Con dios ocurre como con las novelas de terror o de ciencia ficción: es un cuento; pero pasas un rato distraído elucubrando cosas, perdiendo el tiempo generosamente.

Pero que personas adultas se ilusionen con la superstición de los reyes magos a pesar de los malos, mezquinos y peligrosos conocimientos que ignora y a su vez, ha acumulado la humanidad es patético, incluso cómico.

Y tan peligroso como dios vomitando sus miasmas, o Alien.

Yo no busco presencias, busco los cuerpos tridimensionales, opacos, sólidos, parlantes, sensibles, hermosos, voluptuosos en su feminidad arrolladora.
No puedo permitirme prestar atención a nubes de formas variadas por muy del más allá que sean y desatender a la belleza palpable, la que se toma, se besa y esperas que cada mañana despierte a tu lado, entre otras cosas para hacer el café.
Bueno, siempre hago yo el café; solo pretendía no ser demasiado melifluo y de alguna manera, marcar territorio como macho.
Los instintos van en el pack de oferta.

El amor nace en el pensamiento libre, en el odio a normas y cumplimientos, en la ausencia de necesidad. Nace en la miseria y en la pobreza sorpresivamente. Nace entre la cobardía y valentía. Que ciertos amores puedan causar náuseas es una cuestión de gusto.
El amor no se puede ni debe justificar.
Enamorar o enamorarse para combatir un cansancio, soledad, dolor o miedo es prostitución y deja para siempre un estigma imborrable de indignidad.
El amor brota por razones innumerables, que nada tienen que ver con condiciones o necesidades. No se puede evitar que surja del instinto reproductivo, que sea parte del ritual sexual; pero si es así, el amor morirá pronto para convertirse en condena, en otra de esas cosas menos malas que tiene la vida.
Cuando muere el amor, no se debe honrar su ataúd, es blasfemia cobarde y rompes con la esperanza de que surja otro de nuevo.
Pocos lloran el amor muerto; realmente se llora la soledad y la nueva condición social.
Si no hay amor no lo conjures, no lo fabriques; porque será ponzoña para el alma. Todo aquello que se crea por una necesidad de ambición o vanidad, es una infección.
Y si te enamoras en tiempos y lugares ajenos a ti en esta época de cercanías meramente electrónicas, exprime lo que puedas del amor, porque es inevitable enamorarse de un pensamiento hermoso, de una voz que viaja como un fluido a través de una red de intrincados e indescifrables semiconductores, de una fotografía que supera en belleza aquella que en tu mente era el paradigma del deseo; pero no te engañes, es un amor de corto recorrido condenado a una muerte súbita.
El amor se adapta a todo tiempo y lugar y por ello, a tiempos veloces, el amor nace y muere rápidamente.
Con el paso de los años te esfuerzas en no amar. Al final sale mal la constancia y la perseverancia y te enamoras; y a la soledad la tratas como una mierda enviándola al carajo a sabiendas de que llegará el momento que la busques.
El amor es un accidente habitual; la química humana es impredecible.
Tal vez el error ha sido, desde tiempos inmemoriales llamar amor a la reproducción.
No hay mucho más que decir, salvo que no siempre vale la pena perder la soledad por una calentura.
Cuando veo una majestuosa escultura, me pregunto si la plantaron para que las palomas tuvieran donde cagar y esa pátina de mierda fuera un efecto deseado. El cinismo siempre da una conclusión grosera a las grandes cuestiones filosóficas.

Lo único que ha funcionado en esta mierda del nuevo y normal fascismo español del coronavirus, es el ministerio de igualdad que ha puesto a todos a la misma altura con absoluta eficiencia.
Ahora no se puede distinguir al perro de su dueño, a Sánchez del perro o al amo de Sánchez.
Lo único que los distinguiría sería la sonrisa, al perro maldita gracia le hace el bozal; los otros más felices que mierda en bote con su igualdad de mierda.
J(P)odemos unidas y su ministerio con mascarilla, ha cumplido con su función.
Precioso…