Archivos para septiembre, 2011

Algo de ejercicio

Publicado: 30 septiembre, 2011 en Amor cabrón
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Abdominales, pesas, bicicleta.

Algo de ejercicio por la mañana, en la soledad de la mañana.

Tengo sed. Me canso.

Los brazos tiemblan, la espalda no se relaja.

Sudo.

Los cuádriceps hacen de mis piernas dos troncos palpitantes.

Y no es suficiente.

Mi rabo no se da por enterado y está duro.

Soy un hombre y la amo, hasta aquí todo parece normal.

La amo con todos mis músculos cansados. Es una luz que no se apaga en mi minúsculo cerebro.

Suelo pensar que soy idiota, porque toda la sangre se la lleva mi polla dejando seco el cerebro.

Pullover: doce kilos que elevo con los brazos por encima del pecho y hago descender por debajo de la cabeza estirado en el banco.

Las costillas están oprimidas, el abdomen tenso.

No me concentro porque mi pene, el que me hace idiota, exige alojarse en su boca, en ese mismo ejercicio. Y exige el roce con su minúscula tanga que se hunde en su sexo, como si lo hiriera.

Escupo saliva ¿por el esfuerzo o por la excitación? No lo sé, mi pene habla.

Si mi reina estuviera aquí, ahora, se sentaría clavada en mí, y no dejaría caer las pesas. Soportaría como un macho la presión salvaje de su coño atenazando mi miembro.

Con los putos pectorales tensos.

Y como un crucificado, me sentiría asfixiar.

No tengo el control. Por mucha disciplina, por mucho ejercicio diario que haga; no puedo erradicar su imagen cuando duerme; cuando abuso de su inconsciencia y meto los dedos en su raja. Cuando exprimo el pezón que asoma por encima de su blusa con los labios.

Apertura de brazos con mancuernas: extiendo los brazos semiflexionados para que mis pectorales de contraídos pezones se tensen, se rasguen; para que reviente el corazón si es necesario. Si puede…

Necesito que se extienda encima de mí, necesito que aplaste sus pechos en el mío y que mi pene recio se aloje y se frote entre sus muslos.

Dejo caer las mancuernas. No tengo el control, ni siquiera voluntad.

Bajo el pantalón y atenazo con fuerza el indómito rabo que supura ya viscosidades ignominiosas.

Lo maltrato hasta que mis cargados testículos duelen.

No hago caso de ese estímulo, el dolor no es suficientemente fuerte para que mi polla se rinda. La boca de mi reina amada enmudece mis gemidos y acompaña mi mano en el furioso vaivén del puño. Mete la lengua entre mis labios cuando mi pene es una fuente caliente que inunda el ombligo y el vientre de semen.

No está, estoy solo. Quedan unas horas para que vuelva.

Ya no oigo mis jadeos, la casa está silenciosa y fría.

El esperma se ha enfriado en mi piel y lo extiendo pensando en ella. Soy un hombre cansado, satisfecho, un bulto que respira, una conciencia perdida en un limbo… No sé bien que soy ahora.

El pene descansa lacio, aún palpita. Mi reina debe estar sonriendo.

Quedan cuatro series por hacer: bíceps y hombros.

Tengo que darme prisa ahora que la sangre llega a mi cerebro.

Ahora que la bestia está dormida.

Cuento cada repetición con la serenidad de un amor sereno, de un amor armónico; puedo evocar sus palabras y tengo memoria de los momentos vividos.

Ahora que mi polla está agotada y mis músculos obedecen a mi voluntad no soy idiota. No soy irracional.

No es cierto, no se cumple la premisa mens sana in corpore sano. No en mí.

Soy un cuerpo sano con esquizofrenia de amor y deseo.

No tengo el control.

No lo necesito.

Algo de ejercicio no puede hacer daño.

Mañana músculos dorsales y un beso negro…

La bestia despierta.

Es incansable.

Iconoclasta

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Una lección para niños

Publicado: 27 septiembre, 2011 en Reflexiones
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Hola niños, venid conmigo de la mano y os enseñaré este bonito lugar.

 

¿No es preciosa la luz del sol que da vida? Una tía buena está tendida al sol (si no estuviera buena, no tendría las tetas al aire). Y ahora mirad el maravilloso contraste de la vida: el enfermo con cáncer en la piel. Se muere de luz, de tanta belleza.

 

Bueno, alguna mala cosa ha de tener el mundo; pero en general está bien.

 

Mola.

 

El Valle de los Reyes, las magníficas y viejas pirámides. Tan difíciles de imaginar como fueron construidas. Tanta perfección, tanta astronomía al servicio de la arquitectura. Tan avanzados. Y mirad detenidamente las rendijas de las piedras, están selladas con la piel de los perdedores, de esclavos. Si observáis bien, podréis ver el fósil de un feto en la piedra. Seguramente, una mujer tirando de las cuerdas tuvo un desprendimiento de feto. Pero en general, está bien si no pensamos en los muertos y en los faraones tan poderosos y tan dioses.

 

Tomad nota niños, aceptad lo bueno, y desechad toda la mierda que hay entre las juntas y que rebosa como una jalea putrefacta, como un moho especialmente tóxico.

 

Las pirámides no fueron difíciles de construir, solo que aún hoy día, estas cosas dan vergüenza ajena y nadie quiere reconocer que se excita ante la podredumbre de la avaricia y la ambición.

 

¿Los egipcios eran inteligentes o es que tenían mucho dinero y muchas armas para robarles a otros el conocimiento? No creo que sea justo para los muertos que se les achaque toda la inteligencia a sus verdugos. Yo no le daría ni los buenos días a mi torturador, sinceramente.

 

Pero es bonito el planeta, son bellas las creaciones.

 

Las hermosas catedrales construidas con el hambre del pueblo. Tan góticas, tan altas… Ese olor a incienso permanente es para solapar el olor de los genitales quemados; sin embargo, ese perfume tiene valor de años. Es una maravilla.

 

Los palacios de los reyes y nobles olían a orina y mierda ¿Os lo han dicho los profesores?

 

La Catedral del Mar, es la catedral de los coños rasgados, de las pollas amputadas, de los niños muertos de hambre y reventados por dentro.

 

Las catedrales son así.

 

Prosigamos con la maravillosa música que fue creada para los ricos, para la gente de poder. Música hermosa cuyos ecos de los conciertos llegaban para acompañar el lamento de los que desarrollaban bubones de pus en sobacos e ingles. Un cuarteto de cámara para las ratas muertas que se vaciaban de pulgas contaminadas de muerte en las calles sucias y pestilentes.

 

Un hurra por las maravillas de la humanidad.

 

Otro por los ordenadores que transmiten a velocidad de giga-mierdas sus noticias, cerebros electrónicos con avanzados procesadores de texto que son capaces de divulgar un bulo como una verdad inamovible en cuestión de segundos. Ahora es todo tan limpio y tan rápido…

 

La amistad de cientos de seres conectados por una red que de tan falsa, tiene la esencia misma de la sociedad humana. Es el mismo reflejo. El mismo pensamiento, las mentiras hechas bits.

 

Y se globaliza el pensamiento unidireccional y uno dice la palabra y el resto repite y repite y repite.

 

Es hermosa la empatía, como están conectados los seres humanos, una réplica de una colmena. Y todos follan al mismo tiempo, sincronizados. Calientes por imágenes informáticas, por arteros pensamientos pseudo-filosóficos. Por palabras plagiadas trillones de veces en un vertiginoso engaño planetario.

 

Es lo hermoso de la humanidad, los avances, la sensibilidad de las artes y la técnica.

 

Mis pequeñines, vuestro futuro da asco; pero dentro de poco podréis hacer maravillosas presentaciones de imágenes con música de película sensiblera.

 

Lo hermoso, sois vosotros amiguitos, aún que os importa el rabo de la vaca la antigüedad de las piedras y pensáis en la maravillosa pelota, o en hacer algo prohibido por los mayores.

 

Os enseñarán a cuestionar a ser críticos; y os creeréis que alguna vez lo podréis ser, que apadrinaréis a un muerto de hambre y que vuestro trabajo trascenderá.

 

Que trascendáis, será una cuestión de suerte, si alguien así lo desea. La envidia es más poderosa que vuestra inteligencia por prodigiosa que sea.

 

Lo más probable es que os limpiéis los zapatos en las entradas de los grandes monumentos que descansan sobre cimientos fraguados en muerte, ambición y envidia. Que toméis una foto mal hecha y la colguéis en un muro de algún portal de internet.

 

La miseria no os la enseñarán, amiguitos, porque seréis parte de un estrato en unas ruinas e incluso vuestro pensamiento será ocultado por alguna vela olorosa, por una música new-age que servirá de fondo a una presentación de diapositivas de gran belleza.

 

Nadie os dirá la verdad porque la verdad ofende a quien la dice también.

 

A mí no. A mí me mola follar y poco más.

 

Venid amiguitos y os enseñaré el mundo de mierda, donde os bautizan y hacéis la primera comunión porque así se lo enseñaron a los padres de los padres de los padres. Y esos mismos, son los que os van a educar.

 

Pequeños míos, por toda esa mierda de maravillas, id con cuidado. No creáis nada, que no os guste. Y si os gusta, que sea sabiendo la verdad absoluta.

 

Y la verdad del mundo soy yo, sin disfraz. Admiro los monumentos por sus rendijas, por sus juntas supurantes. En artesonados y frescos apago mis cigarros.

 

Usad un buen protector solar, porque el cáncer os pude dar un disgusto.

 

No os arriméis demasiado a las cruces que cuelgan por encima de los genitales porque es la medida exacta para que os agachéis ante el santo falo.

 

No os creáis lo que dice internet. Porque internet es el alma corrupta y sin tapujos de los cobardes. Es el tiempo y lugar de los que no pueden deambular por el mundo sin ser identificados como no deseables.

 

Y fumad, porque fumar va en contra de las leyes, va en contra de la sanidad pública que busca doblegaros en nombre de una mejor calidad de vida. Luego comeréis mierda que os dará un cáncer mucho más lento y humillante: el del pensamiento, el de la dignidad. Un cáncer programado para que se desarrolle y no podáis disfrutar de la vejez; el poder quiere ahorrar en pensiones. Podría ser que yo pensara demasiado mal; pero he aprendido que nunca se piensa suficientemente mal, siempre sorprenden los marranos del poder, los cerdos de la ambición.

 

Id con cuidado, niños.

 

No es que os tenga cariño, simplemente me apetece alardear de sabiduría.

 

Porque la belleza de este planeta y la humanidad, me tiene asqueado.

 

Hay un colibrí que vuela libre, y aún no es una proyección informática de un holograma láser. Tengo suerte, pero no sé si vosotros la tendréis.

 

La hipocresía es puro cáncer y mata a los colibrís.

Iconoclasta

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Perros cansados

Publicado: 20 septiembre, 2011 en Reflexiones
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No estoy cansado, solo un poco harto.

Es psicológico.

El perro descansa con media oreja colgando frente al bordillo de la acera. Como si esa pequeña altura fuera insalvable con el peso del dolor. Él sí está cansado.

Hace frío y no se mueve, se conforma con respirar tranquilo todo ese daño que tiene en su cabeza.

Qué miedo da ver algo tan cansado.

Qué pena…

Pobre perro.

Pobres perros, él y yo.

No me duele nada y tengo el corazón apretado, no bombea bien. Tal vez sea algo de fatiga. O simplemente el cansancio del perro herido me ha contagiado el agotamiento de la vida.

¿O es la muerte lo que agota? Esa muerte lenta por hastío, no eres nada salvo para alguien en algún momento de necesidad. Funciona así esto.

Yo podría acercarme al animal y curar su herida, o acariciarlo mientras muere.

No quiero que muera. Ya está bien de cansancio.

¿Confundo cansancio con dolor?

¿Confundo la muerte con la tristeza, el dolor y la fatiga?

Ahora tiene sentido aquella canción que decía: “Partirá la nave partirá. Dónde llegará, eso no lo sé”.

Sí que lo sé. Ojalá que el perro y yo no lo supiéramos.

Pero somos valientes.

Un hombre con una niña en brazos que mira el mundo con curiosidad, eso es lo que soy. La niña es transportada por un cúmulo de años, de muerte. Ella no lo sabe, es correcto. Hay cosas que deberíamos callar y no enseñar.

Deberíamos callar como los muertos. No debería pensar, no debería escribir.

Soy un hombre que lleva un ser humano en el brazo y se encuentra con un perro agotado. Agotado está bien es un término correcto. Parece que le queda poca vida, pocas fuerzas. Hay mañanas tristes por ninguna razón en especial. Son muchas mañanas así y tal vez de ahí nazca el cansancio mío y del perro.

Apuesto lo que quieras a que no cierra los ojos porque tiene miedo a morir.

¿Qué reacción tendrán los que alguna vez hicieron el intento de amarme cuando aparezca con mi frente sudorosa y ensangrentada frente a una acera a la que no he podido subir?

Sería la segunda vez que ocurre. Prefiero directamente arder en una explosión o algo así. Es muy triste no alcanzar la acera y morir ante ella. Para morir solo hay mejores escenarios.

“Qué cansada está la humanidad”, sigue diciendo la canción.

He dejado a la pequeña en su colegio, a salvo de las infecciones anímicas de los perros cansados y de la mía.

El perro no se ha movido, respira tranquilo, pero la sangre sucia de su oreja llama a las moscas y no hay tranquilidad posible con ellas. Tengo órganos que se han podrido y las moscas son una constante desesperante. Por ejemplo: en mi cerebro hay moscas, a veces se las ve volar por el interior de mis ojos y asoman sus patitas por mis lagrimales.

Siempre llevo una navaja para abrir cosas, venas, cuellos y sobres vacíos de ilusiones y de palabras.

El perro era blanco cuando nació, antes de que toda la miseria de la tierra hiciera de su color mierda.

Hay una canción que dice algo sobre la orilla blanca y la orilla negra. ¡Me cago en Dios! Me jode cuando las cosas adquieren esa triste connotación de irreal realidad en mi cerebro podrido.

No me gusta el surrealismo cuando paseo.

—Hola compañero —saludo a esa inconmensurable bola de pelo manchado de dolor y miseria.

No es grande.

Me mira tranquilo, piensa como yo: nada me puede hacer ya más daño.

—Te subiré a la acera.

Nunca hay personas malas para matar cuando sientes necesidad de ello, siempre aparece algo que da pena dañar.

Cuando abro la navaja, mi pene se pone erecto, todo mi instinto corre por las arterias desde mi cerebro podrido hasta la punta de la polla que está más sana que dios.

Alguien camina por la calle sucia.

Es una mañana también sucia. Es un niño que va hacia el colegio con un tambor colgando y me mira fijamente, la navaja en mi mano le hace acelerar el paso. El perro lame la mano que lo va a asesinar. Le beso entre las orejas a pesar de lo sucio, lo acurruco entre mis brazos. Es bueno consolar al moribundo.

Aunque no a todos, soy selectivo. Los hay que viven cuando deberían estar muertos. Son perros de dos patas, como yo.

Debe doler mucho su golpe, porque cuando hundo todo el acero necesario para cortar la vida en su cuello, apenas lanza un gemido.

“Triste es el destino mi capitán” dice la canción.

Sabía yo que estaba reventado de cansancio el animal.

Cuando deja de respirar, lo dejo en la acera con cuidado, para que manche el lugar por el caminan muchos odiosos; para que toda esa sangre ensucie zapatos anodinos que caminan con prisa hacia un lugar en el que parece la misma escena de ayer a la misma hora. Que caminan con el pensamiento vacío, sin desear subir ni bajar de la acera.

Hay pequeños deseos que marcan la diferencia entre vivir y existir.

No volveré a esperar la acera salvadora, a mí nadie me hará lo que al perro, a mí me darán patadas para apartarme más aún.

Me han dado patadas.

Es lícito ayudar a morir y morir. Tengo mis derechos.

“Que vamos juntos para la eternidad”, continúa cantando el teléfono en mi bolsillo.

No hay eternidad, pero la idea es hermosa.

Ese perro tiene sus derechos.

Mi mano aún conserva el calor de su lengua cuando me alejo.

Hundo la navaja en la ingle a través del pantalón y corto hacia el intestino. Cuando la femoral seccionada se retrae parece que me arrancan un huevo. Duele y mi boca abierta se apoya en el suelo cuando caigo. No tengo la elegancia del animal aunque soy bestia.

Y siento una pena infinita por haber ayudado a subir la acera al perro, estoy a cinco pasos del animal muerto. Él no ha muerto solo como yo, eso me justifica.

Soy un perro bueno, iré al cielo de mierda.

Iconoclasta

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El sueño de mediodía

Publicado: 15 septiembre, 2011 en Absurdo
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El sueño del mediodía vence a Dios. Es un buen momento para masturbarse.

A MÍ también. Tenemos alguna cosa en común.

¿En qué piensa Dios cuando se masturba?

Sé positivamente que no tiene mi poderosa imaginación o no hubiera creado esto.

Aunque para los creyentes y los patriotas está bien. No necesitan gran cosa porque un cerebro estéril no crea inquietudes.

No son creativos y no pueden imaginar a Dios haciéndose una paja en su paraíso, en su cielo o en su universo paranoico.

He comido bien. Estoy caliente…

Yo me masturbo ante la resistencia del ano que se opone a mi lengua.

Puedo masturbarme con la dureza del excremento que empujo con mi pene.

Me deshago en semen ante la imagen de ella sujetando su vientre presionado por mí. Dentro y profundamente…

Dios siempre come bien, tiene que estar muy caliente aunque sus perversiones son infinita e inescrutablemente peores.

Me imagino lamiendo su regla, revolcándome en los meados que se le escapan por orgasmos de indecente e inusitada intensidad.

Pero Dios no. Dios se masturba ante el reventado sexo infantil.

Dios nos envía su poderoso semen regurgitado sobre los podridos pechos que se pudren de cáncer.

Dios se la menea soñando con invadir un coño lleno de pus y miseria.

Dios penetra por el culo al niño de color negro ceniza que no tiene carne bajo la piel.

Dios sueña con meter su aséptica, sagrada y pequeña polla en la boca del muerto sin piernas ni intestinos.

A Dios lo tendrían que incinerar en una pira alimentada de excrementos. Por malsano; ser creador no es excusa para masturbarse con tanta miseria. Hay que tener estilo, clase, ética…

Y sobre todo, no hay que aburrir.

Dios es un degenerado que castra a sus creaciones, solo sueña con llenar agujeros que previamente ha corrompido.

Tengo sueño y YO y Dios nos masturbamos al tiempo.

Pero yo follo lo que me ama porque amo.

Él sueña que folla toda esa miseria porque su puta creación no es más que el reflejo de su mente enferma.

Dios no ama, simplemente ignora mientras su pene lanza un semen transparente y sin fuerza. Tiene que chascar los dedos para crear, no disfruta con ello. Está aburrido. Su aparato reproductor no sirve y no sabe como arreglarlo.

El Gran Creador…

Dios se hace una paja ante la virgen que pare un niño con su himen intacto.

YO me la casco ante el himen sangrante que ha ensuciado mi pene.

Cuando hemos comido, cuando nuestras barrigas están llenas, llega el sopor y con ello las ganas de sexo. YO y Dios somos iguales.

El sueño de mediodía llega para Mí, para Dios y para los otros.

Él extiende su sexo podrido, su imaginación corrupta por todos los que en él creen.

YO solo gozo y pienso que siente envidia de mí, y en algún rincón de su podrido ser todopoderoso, debe sentir asco de si mismo.

Dios creó el mar, la tierra, el cielo, los animales y los hombres; pero algo no fue bien, algo falló en su cerebro blando, en todo ese poder mal administrado.

Es lo que tiene el azar: crea dioses con una limitada imaginación que practican un extraño sexo.

No comió bien, su digestión se hizo pesada, ergo sus masturbaciones fueron aberrantes.

Pesadillas…

Tengo sueño. Tengo mucho sueño.

Y estoy caliente.

Como Dios; pero con más gracia, con más placer.

Haciendo menos daño.

Iconoclasta

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Iconoclasta el genocida

Publicado: 7 septiembre, 2011 en Reflexiones
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Tengo mil bebés en mis testículos.
Practico el aborto de forma habitual, con cada masturbación, con cada gemido que doy en la oscuridad, en la soledad obscena.
No tengo corazón, me entretengo con extinguir lo que un día pudiera nacer.
Y no me duele nunca.
Soy Iconoclasta el genocida.

Buen sexo.

Al filo de la palabra nº 9

Publicado: 6 septiembre, 2011 en Lecturas
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http://alfilodelapalabra.wordpress.com/2011/09/05/al-filo-de-la-palabra-n%C2%BA-9/

Semen Cristus (16 final)

Publicado: 5 septiembre, 2011 en Terror
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Candela y Josefina se dirigen charlando animadamente hacia el hogar de Semen Cristus, por el camino se encuentran con otras vecinas del pueblo.

 

Junto al camino de la casa se encuentra el todoterreno de la guardia civil y la cabo apoyada en él.

— Buenos días, Candela —saluda la cabo Eugenia.

— Buenos días Eugenia ¿vienes a misa?

— Hoy sí, por fin —dijo suspirando— ayer no pude asistir por un accidente de tráfico en la comarcal y me llevó mucho tiempo el atestado.

La mujer policía se unió al grupo de quince mujeres y enfilaron el camino hacia la casa. Un sendero de grava bordeado de macizos de margaritas y claveles rojos.

La fachada de la casa, restaurada y estucada en color salmón, tenía dos grandes letras caligráficas sobre la puerta de entrada SC.

Cuando entraron en la casa, la voz de Semen Cristus, bajó desde el desván:

—Benditas seáis, tomad mi cuerpo. Que el placer sea con vosotras.

El comedor se había transformado en un vestuario con dos filas de taquillas, y bancos en el centro. Las mujeres se desnudaron, y se vistieron con las bragas y sujetadores que llevaban en sus bolsos. Sujetadores negros translúcidos y bragas negras con una cruz roja sobre la parte delantera; estaban abiertas en la entrepierna. A medida que se vestían con aquella lencería, jadeaban excitadas. Candela se acariciaba contenidamente la vagina esperando que el resto de mujeres acabara de cambiarse.

Las mujeres subieron en silencio al desván. Sobre una cama sencilla y cubierto por una sábana roja con una cruz negra, se hallaba Semen Cristus.

—Te amamos Semen Cristus —pronunciaron las dieciséis voces al unísono.

Cada una de ellas se acercó a la cama y besó la sábana allá donde se encontraban los genitales de Semen Cristus

La última mujer besó un miembro duro y erecto que elevaba la sábana.

—Candela, madre querida. Libera el cuerpo.

La mujer se acercó a la cama y localizó en la sábana una abertura por la que metió la mano y sacó por ella el pene endurecido de su hijo dios. Acomodó también fuera de la sábana sus testículos y alisó la tela para que cubriera el resto del cuerpo.

Y así comenzaron todas a salmodiar una letanía de deseo y placer que se convirtió en un concierto de gemidos. Una a una durante su rosario obsceno, besaba y manoseaba el Sagrado Pene. Cuando todas hicieron su ritual, el pene de Semen Cristus se encontraba congestionado y sufría espasmos de placer, la respiración de Semen Cristus se había acelerado y trataba de demorar la inminente eyaculación. Su pecho hacía subir y bajar la sábana rítmicamente.

—Madre Mía, ven y ofrece mi leche, que gocen mi semen.

Candela volvió a acercarse a la cama, se sentó a un lado y aferró el pene caliente y viscoso. Las mujeres se llevaron las manos a sus sexos separando las piernas, sus dedos estaban brillantes de su propia humedad y Candela con la mano libre, acariciaba su clítoris casi brutalmente. Al tiempo que Semen Cristus gemía, las mujeres elevaban el tono de sus gemidos y el ritmo de las caricias.

Cuando las piernas de Semen Cristus empezaron a temblar ante la proximidad del orgasmo, Candela ya lamía el glande amoratado, para luego metérselo en la boca sin dejar de tocarse, torpemente. Había momentos en el que se le salía de la boca y volvía a metérselo desesperada.

—Madre ahí está mi leche para que el mundo se bañe en ella.

Candela se retiró y mantuvo el pene en su puño, firme y vertical para que todas lo vieran. Un primer chorro de semen se elevó unos centímetros por encima del miembro. La mano lo agitó con más fuerza y escupió más lefa viscosa, la mano de Candela estaba cubierta del caliente semen de su hijo.

Las mujeres gemían y llegaban al orgasmo desflorando sus vulvas hacia Semen Cristus.

Candela se untó la vagina con el caliente esperma y gritó cuando el orgasmo la obligó a arquear la espalda.

Las mujeres desfilaron ante la cama del hijo de dios y mojándose la punta del dedo corazón con el semen derramado entre la sábana, se santiguaron en el pubis y se tocaron el clítoris.

Salieron en silencio de la habitación.

Antes de salir, Candela le preguntó a Semen Cristus que aún jadeaba.

—Dime Semen Cristus ¿está bien mi hijo?

—Tu hijo es feliz, María. Tu hijo sonríe y canta en un mundo de luz y sonidos celestiales. No necesita nada, no te necesita. Sólo te ama y desea verte pronto.

Candela descubrió el rostro de Semen Cristus, al que ya no reconocía como al hijo que parió y le besó la frente.

Aquellos ojos no eran los de Fernando.

Ya llegaban las voces animadas de las devotas desde el vestuario.

—¿Convoco a misa de ocho?

—Sí, Madre querida.

Cuando llegó al vestuario se formó otro revuelo de risas y voces y las dieciséis viudas satisfechas, tomaron camino del pueblo para continuar con sus quehaceres diarios.

Alguna le pidió a Candela que la anotara a la misa de la tarde para el día siguiente.

Para el turno de la tarde, había doce viudas apuntadas para la misa.

A medida que iban saliendo de la casa, las mujeres depositaban dinero a través de la ranura de una caja de madera que había a un lado de la puerta principal de la casa.

Ecijano es el pueblo con más viudas por metro cuadrado.

La cabo Eugenia redactó y mecanografió debidamente los atestados por las muertes de los catorce varones que murieron por distintos accidentes en aquella “quincena negra”, como la llamaron los forenses.

En su profunda paranoia las devotas Sementeras han acordado pedir la beatificación en vida de Semen Cristus en el Vaticano.

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El padre José no olvidó la conversación con Carlos, simplemente hubieron muchas muertes en aquel pueblo durante las dos semanas siguientes a su charla con el marido de Candela. Muchas misas fúnebres, muchos servicios. Demasiados para aquel pueblo.

Dos semanas de pesadilla, y de un mal interpretado dolor de las viudas.

Era todo demasiado extraño, fue demasiado fácil que murieran tantos hombres en tan pocos días.

Se dirigía a pasar la tarde con su colega el párroco del pueblo vecino. Al llegar a la altura de la casa recién remodelada de María detuvo el coche a la entrada del camino de grava y se dirigió a la casa para hablar con María con el pretexto de que le diera un remedio para su tobillo. Se lo debía a Carlos.

Tras llamar varias veces al timbre nadie respondió.

Se dirigió hacia el establo, una de las puertas estaba abierta, sin entrar gritó desde la entrada.

—¡María!

En la penumbra de aquel maloliente establo, no se podía atisbar movimiento alguno; pero sí podía escuchar sonidos de pisadas y el ronquido tranquilo de un cerdo.

Entró y la penumbra lo envolvió también a él.

—¡María, soy el padre José!

Silencio.

Avanzó hasta la pocilga del cerdo, acostumbrando sus ojos a la penumbra.

Cuando llegó a medio metro de la jaula, el animal se puso en pie apoyando las patas delanteras en el barrote de acero de su pocilga y lo miró directamente a los ojos, mostrándole amenazador sus enormes colmillos.

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Y sintió humedad en su zona lumbar y un gran dolor en el vientre.

Cuando se dio la vuelta llevando las manos a las púas de la horca que lo había atravesado, vio a Jobita, la viuda de Gerardo empuñando el astil de la herramienta.

 

El cerdo roncó con ira y sintió como los colmillos de aquel enorme animal le destrozaban el cuello.

Iconoclasta

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