Posts etiquetados ‘amor’

Pienso en lo que no pude ser y estoy satisfecho, nunca he ansiado ser nada.
Solo observo el mundo a niveles profundos, atómicos.
Nunca me he planteado ser, porque soy. Lo mío es existir.
Sin complicaciones.
He llegado a este instante donde he adquirido ciertos superpoderes para codificar mi pensamiento profundo a la tridimensionalidad en la que habito, con precisión y fluidez. Sin límite ni prejuicio de cómo y con lo que quiera expresarme. Soy absolutamente libre y salvaje haciendo tinta del pensamiento. Y concluyo que soy un cochino sabio que al saberlo todo, no se asombra de nada. Excepto de mí mismo y mi podredumbre mental.
Desconozco los límites concretos a los que aún puede llegar el dolor y la ruindad en los humanos, pero solo es un dato cuantitativo. Sé que, grosso modo, llegará a rangos pornográficos para la cordura, la dignidad y la inteligencia. De hecho, no dejan de batir marcas todos los días. Crecen sin freno.
Lo que me desconcierta es que hay momentos en los que no sé si la amo a frecuencia de alto impacto o es mi reto.
Siempre hay una faceta de mi amada que no conocía. No puedo decir de ella lo que digo del mundo, que lo sé todo.
En las mañanas cuando mira por la ventana hacia el horizonte y me sonríe en silencio, al llevarse la taza de café a la boca, he visto una luz dorada en lo profundo de sus pupilas. Sin que el sol la iluminara aún.
Me fascinan los brillos diamantinos y texturas de su alma, tan extraterrestres y distintos.
Me descoloca e hipnotiza su ser mutable y desconocido.
Y quedo desordenado en sus dimensiones como un muñeco con la cabeza en el culo.
Es girar un diamante y observar la distinta refracción de la luz en cada una de sus innumerables facetas, en cada mujer que descubro en ella.
¿Por qué esa luz en sus ojos?
Y afirmo que las estrellas se refugian del frío cosmos en ella…
No sé si soy amante o discípulo. Quisiera ser solo amante y menos siervo de su multiplicidad.
Comparten todas ella la misma alma, la misma piel que beso y los ojos que absorben la luz, y a mí.
Y yo tan sabio, tan uno.
Tan nada…
Imagina cosas que creía imposible que pudieran ser escritas.
¿De dónde viniste, amor?
Me desconcierta ese nuevo ser que has creado ahora, en el mundo plata que reflejan tus ojos, engastados como gemas en un lugar de belleza imposible, de emociones como embates de agua tibia en las entrañas.
Soy incapaz de vislumbrar tu nuevo mundo, solo lo intuyo en tu presencia; de lo que emanas a tu alrededor. Y me pregunto dónde cabría yo tan carne y tan opaco en tu nueva creación. Y si deberé enamorar de nuevo a esta desconocida.
¿Y si no puedo?
Si tu nuevo ser no me amara, me desintegraría como mis sueños al despertar.
No tendría sentido una existencia sin vosotras, sin ti.
Eres descarada y carnal hasta excitar cada célula de mí. Y en otros momentos eres una ternura que se derrama suave y melancólica hacia el cielo, desobedeciendo a la ley de La Tierra.
No quiero conocerte, quiero descubrirte en cada momento; incluso cuando no existo porque estás atareada cambiando el universo en un extraño orden que no puedo ni quiero entender, solo quiero asombrarme. Fascinarme a tu lado.
¿Cómo puedes hacer eso? Eres de carne y piel, te he follado…
¿Qué has hecho de la vida en ese momento que has llevado el cigarrillo a la boca mirando las nubes?
Me siento tan dimensionalmente extraño en este universo-aura que dimana de ti, que siento ser una creación tuya que no sabe dónde está ni desde cuándo.
De alguna forma, siempre consigo reaccionar y rozar con los labios tu piel y crear un momento sólido y cálido donde afianzarme en tus universos sutiles y etéreos.
No me pierdas, no me dejes fuera de tu creación. Existo, quiero existir en ti, todas tú.
Y no concibo la vida sin ti.
Eres mi asombro y un hambre carnal.
Todos esos cosmos que inventas, están unidos a ti con sutiles hilos de tu alma. Una telaraña incruenta que lleva a cada una de las mujeres que amo.
Soy un amor deslizándose por esas sedas buscando el origen donde se forman, tu alma nuclear y profunda; pero no hay manera. Cuando desbocas la imaginación me desoriento y no encuentro el hilo primigenio, el que surge de ti y se derrama en líquidos sueños a tu alrededor.
He visto en tus ojos una ola romper contra el acantilado y destrozarse en rubís y esmeraldas tiñendo el cielo del color del paraíso.
No lo entiendo. ¿Cómo puedes hacer todo eso y tener tiempo para amarme?
Cuando te digo que os amo, te ríes de lo absurdo.
Y pienso que no recuerdas que tus ojos han contenido un mar sereno hace un segundo. Que algo has cambiado.
Lo que conozco de ti a ciencia cierta es el sabor de tu piel. Tanto besarte, tantas caricias…
Y la forma en la que te llevas las manos al rostro cuando te corres.
Todo lo demás es cambiante, un parque de atracciones, un drama desconsolado, una hoja que revolotea al viento, un sol de vida en tus manos…
Un niño que ríe.
Una niña coqueta que lo besa.
¿Qué has hecho? ¿A qué vienen ahora esos osos panda buceando entre corales de mercurio dorado, que desprenden burbujas haciéndose jirones de dulces almas ?
Mi amante creadora, solo soy una carne inofensiva, no puedo hacer daño.
No me dejes nunca fuera de tus mundos, ten piedad y espera a que muera.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El amor nace entre un hombre y una mujer, entre dos seres.
Un solo ser humano no ama si no es amado; por mucho que grite y sufra. Eso es ambición o deseo o ilusión, depende del momento anímico de ese ser; pero no es amor.
Entiendo el amor como un intercambio de emociones, una complicidad entre dos.
El auto amor no existe, no puedes amar en soledad. Es una perversión imposible ese “amar”.
No todos somos susceptibles de amar. Los hemos de naturaleza solitaria, y eso es tanto como ser anti amor.
Y cuando eliges soledad…
Tú mismo, ya eres mayorcito para saber lo que haces y atenerte a las consecuencias.
Follarse a la puta es la confirmación de la soledad, no hay soledad mayor que la piel extraña que compras.
Te equivocaste, mano.
Así que echas de menos el amor y te torturas lo suficiente para reconocer que siempre hay otra cara de la moneda y a lo hecho pecho.
Está bien, no existe el auto amor; pero es imposible pensar que no la amo.
Sé que no soy coherente con mi soledad; pero me paso la coherencia por el culo.
Luego, en algún momento daré una patada a una solitaria piedra del camino del anti amor; y con una blasfemia pensaré que diga lo que diga mi yo sabio e infalible, la amo. Ser románticamente ridículo, es una de las grandezas de la soledad, principalmente porque no hay nadie que se ría de ti.
E irremediablemente se lo escribiré: te amo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Hay momentos en los que me permito subir a las nubes y desde ellas te busco. Sé que mirarás al cielo cuando me acerque altamente a ti.

Son cosas infantiles, lo sé; pero me canso de ser adulto y la desesperanza que conlleva la sabiduría de vivir. Necesito unas breves vacaciones de mí mismo, evadirme de mis nefastas certezas durante unos segundos. Soñar que te doy un simple beso, que tomamos un café con esa tranquilidad de saber que no hay tragedia de distancias e imposibilidades de la historia de cada cual.

Así que desde allá arriba te gritaré mi amor y tú con un gesto de la mano, me dirás que baje. Sin dejar de sonreírte, espiando tu escote, te diré que no puedo. He dejado mi cuerpo abandonado en el bosque y podría morir. Y si muere el cuerpo, muere toda esperanza, aunque de hecho, nunca hubo ninguna.

Solo unos segundos para descansar de la presión de la realidad, sentado en una nube de tinta y papel. Ilusionado como el crío que muerto dentro de mí, imaginaba momentos con ojos brillantes de ilusiones.

Lo maté porque no podía permitir que supiera la verdad de todo. No podía permitir su llanto de tristeza, miedo y frustración.

Cuando te haces adulto debes asesinar al niño que fuiste.

Una muerte piadosa…

Ningún niño tiene que sufrir la ausencia de magia e ilusión que hay en la vida de los adultos, en su madurez.

Porque si el pequeño llora de tristeza y decepción te contagiará el miedo y la pena.

Y construirás castillos en el aire indignos de un hombre, cometiendo delito de infantilismo e ingenuidad.

El hombre solo debe soñar cuando duerme agotado de trabajo, errores y decepciones. O duerme sereno después de follar, cuando inopinadamente algo salió bien por el esfuerzo de bregar entre tanta mierda todos los días. Y si fue por azar, mejor así, menos cicatrices.

Cuando empieza la jornada rasgas todos los sueños y lanzas los jirones al viento que se desintegrarán en la luz antes de llegar a ningún lado.

Y así se crea y mantiene tu vida, palpable y firme. Tuya y solo tuya.

Cruel y salvaje con toda ilusión, con toda libertad que quieren arrancarte de tus dedos aún no muertos.

Vivir es un esfuerzo atroz para un niño. La vida cuesta millones de unidades de dolor en algunos momentos. Entiérralo, duérmelo para siempre si prefieres llamarlo así; si te hace sentir menos asesino. Que su infancia no se enturbie por la violencia y los jadeos de esclavitud y mezquindad de los adultos.

El niño ya hizo lo que debía, dale su descanso y tú, sé hombre.

Y lo hice, el cadáver del niño que fui flota en mi pensamiento, dulcemente. A salvo de todo lo malo que vivo y de la muerte que llega rápida, con adelanto sobre la hora establecida.

El pequeño está a salvo.

Sé que le hubiera gustado viajar conmigo en la nube y agitar la mano saludándote.

Cuando llegue mi fin, intentaremos ir juntos a saludarte desde lo alto; si la muerte fuera más dulce que la vida, nunca se sabe (otra esperanza sin fe desde mi nube).

Vuelvo a mi vieja piel.

Bye, amor, hasta nunca.

Hasta siempre…

Iconoclasta

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Iconoclasta

Y soñé que te besaba. De repente.
En un mundo penumbroso. ¿O tal vez indefinido?
¿Qué importa el decorado si te tengo?
Sabía que era sueño, como si una parte de mí estuviera despierta, observando con tristeza un amor que no traspasa la frontera hacia la realidad, hacia la carne táctil.
A posteriori, cuando aún hierven las imágenes del sueño tras despertar; me preocupa, me desconcierta que no sea mi rostro, ni mi cuerpo en lo onírico. Me reconozco en sueños, sé que soy ese que te come de amor, no hay duda porque estoy tras sus ojos y pienso desde dentro de él; pero tampoco existe un mundo y una luz igual en la realidad.
Cuando despierto, siento el peso de perderte.
Temo ese momento.
Me desconcierta la luz oscura de mis sueños y los paisajes indefinidos y grises. Calles y lugares desconocidos… ¿De dónde salen? Nunca sueño lo que conozco, salvo a ti.
Me alarmas el corazón porque contigo traes luz a mi inconsciencia.
Soy un ser oscuro. No lo digo con tristeza, solo afirmo.
Y me confirmo.
Soñándonos tenía miedo, una tristeza pegajosa en mis ojos cerrados, una desazón indescriptible ante el inminente amanecer que catapulta chorros de luz reales iluminando mi fracaso vital.
La vigilia se convierte en una ventana con vidrios rotos y afilados.
No podía distinguir mis labios de los tuyos de tan fundidos entre sí. Era perfecto.
Presionaba mi pene duro contra tu vientre para que supieras la dura excitación que escondía mi ropa. Y tú apretaste la pelvis contra mí para sentirlo más.
Se escapaban gemidos entre los hilos de baba de las bocas. Tampoco era capaz de distinguirlas.
No sé en qué momento nos desnudamos y follamos, porque me dormí dentro de mí mismo.
Desperté por la frialdad pegajosa del semen en mi vientre y la sábana. No me limpié, lo extendí por los testículos acariciándome, intentando volver al sueño.
Cerré los ojos colocándome a un lado de la cama, dejándote un espacio para cuando llegaras al amanecer. Y eyaculé unas lágrimas por mi inusitada inocencia que me hacía inquietantemente loco.
Amaneció, desperté y no estabas.
Otra vez…
Tu lado de la cama estaba vacío y no olía a ti. Estaba frío como el semen que me despertó en otro tiempo, aquellos minutos atrás que fuiste dueña de mi sueño todo.
Ahora tomo un café y fumo mientas sisea el gas por los fogones apagados de la cocina.
Amar agota.
Lo agota todo.
Los sueños son de una bella crueldad. Ojalá al morir me hiciera sueño.
Si hubieras llegado, habrías cerrado los mandos de la cocina salvando mi vida.
¿A que soy un miserable?
No sientas mi muerte.

Iconoclasta

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Una vez fui carne y hueso.
Y el planeta se propuso evaporarme.
De alguna forma todos nos evaporamos; pero yo esperaba que los años marcaran mi rostro y mi piel con la sequedad de vivir bajo el sol, con arrugas como cicatrices de tristezas y dichas, con los dedos torcidos, con la mirada intensa entre los párpados pesados. Ser un sabio cansado, románticamente derrotado.
Con la piel de un reptil.
Imaginaba otro estilo de degradación, algo que me conservara tangible hasta la vejez. Que ella pudiera acariciar y evitar toda esta tristeza que hace su mirada húmeda y cubre brillantemente su piel tersa, como si un brujo le hubiera aplicado el ungüento de la desolación, tan bello y tan aniquilador para la alegría.
Siempre soy elegido para lo peor, es la sensación que he tenido toda mi vida de carne y ahora de gas.
No tengo ninguna importancia, es solo una cuestión aleatoria. No recuerdo haber realizado una maldad especial. Mi carne es incompatible con La Tierra, es alguna mutación. Soy un superhéroe cuyo poder es super morir transparentemente.
Hay gente llorando a medida que se evapora, sus palabras son vientos que se desvanecen antes de llegar a los oídos.
Cuando te haces gas, nadie puede abrazarte. Solo sirves como fantasma para las sesiones de espiritismo y se ríen de ti si tuvieras suerte. Porque si tienes un amor, maldita sea la gracia…
Maldita…
Echo de menos el tacto, porque incluso en mis sueños gaseosos, cuando la acaricio mis dedos se deshacen en su piel. Gira su mirada al mar y llora una tristeza, lo sé por sus hombros que se agitan un poco, como si le soplara un aire frío a pleno sol.
Y ante esa bellísima tragedia de mi amor quisiera clavarme las uñas en el rostro, pero solo me hago jirones indoloros.
Cuando me acaricia, mi rostro se deforma en volutas entre sus uñas rojas, como las de un cigarrillo que acaba fundiéndose con la nada.
Es malo que te amen cuando eres condenado a evaporizarte, porque sufren más los amantes sólidos. Sufren porque los dejas solos abandonados al gaseoso e intangible amor cadáver: tú.
Ella grita: “¿Por qué?” Con la desesperación de lo inescrutable.
Entonces pienso en un viento que me arrastre y acabe con la agonía que represento para ella; pero no soy un fluido normal, soy una maldición que no guarda lógica con nada en el mundo.
Cada vez que intenta meterme en una botella, me diluyo más en la atmósfera. Le digo que no importa con la mirada. Le tiemblan los labios de tantas cosas que tiene que decir y llorar. Agotada y furiosa lanza la botella contra la pared.
Y sin pensar, intenta abrazar la cosa flotante que soy.
Y aúlla…
Es la pura tragedia, la más grande del mundo.
Cada amanecer, soy más transparente. Incluso se borra lo que un día fui, lo que un día quise ser, lo que nunca podrá ocurrir.
No duele la carne que se evapora, es la locura lo maligno. Es este apenas vivir que duele un millón, dos millones de unidades de intenso dolor de incomprensión y terror.
Un día tuve un nombre; pero despareció…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Una mujer caliente, sexualmente excitada, es la mayor fuerza de la naturaleza, no puedes combatir contra ella.
Debes arrodillarte y leer el salmo de su coño. Ciego, con la lengua, con los dedos descifrando un Braille de gemidos y espasmos que brotan de sus muslos y boca.
Has de humillarte ante su fuerza y acompañar su pelvis en cada estremecimiento que padezca, que se corra llena de ti.
Y observar como exhala su alma entre los labios jadeantes.
Y beberla.
Que grite o susurre impúdica e implacablemente su placer.
Es imposible sentir su húmedo poder y contener un semen que hierve, que duele presionando en los cojones. Que brotará por un glande cárdeno henchido de sangre.
Mascullar íntimamente a la diosa desatada que es tu puta, que la odias por su poder que te convierte en su siervo y esclavo. Y que la leche que rezuma por su coño está formada por tu alma y tu corazón.
Preguntarle: ¿Quieres matarme? Es eso lo que quieres ¿verdad, cielo? Que derrame lácteamente mi vida dentro de ti, sobre ti. Y aún muerto seguir amándote con desesperación.
Somos el sacrificio de la diosa.
Y una obscena redención.
Un suicidio líquido y cremoso.

Iconoclasta

No te ofreceré nada; pero intentaré hacer lo necesario para que no sientas que te he estafado tiempo de vida.
Lo que dure.
Lo digo porque hay gente muy paranoica que cree que su tiempo es oro y luego te quieren cobrar intereses, como si hubieras asistido de su mano a algún tipo de experiencia o cura milagrosa.
Mi cura milagrosa solo pueden ser tus labios, los cuatro.
Soy muy simple y fumo para parecer que pienso. Como te digo, mientras viva no tengo otra cosa que hacer más que amarte y no soy un beato como el joven Werther. De follar tengo mi experiencia, o sea que de adolescencias y cosas de esas, nasti de plasti. Quiero decir que tengo duricias en el alma y en la picha; pero no me siento especial, tienes tantas como yo en el alma, se te nota en esa mirada de mujer loba.
También tengo experiencias en fracasos, por viejo y por tonto, diría incluso que los colecciono. No aprendo nunca, a mí nadie me enseña nada ni me escarmienta. Y no hay nadie igual en el mundo y nada se repite. Me paso por el rabo lo que me predicaron para hacerme idiota que es justamente lo contrario.
Existe el pensamiento insectil en una masa humana; pero todas las reses huelen, apestan distinto; debe ser por sus hábitos alimenticios e higiénicos. Una cuestión ganadera.
Así que cuando pinte mal, me largo y no montamos dramas innecesarios. Si en la vida sobra algo, es pesar.
Y si te parece bien mi currículum, vamos a follar que tengo la garganta seca de tanta cháchara de amor.

Iconoclasta

Tengo un tic nervioso, un Pinocho inquieto en la bragueta.
No me creas banal o vulgar, solo es obscenidad, sincera lascivia.
Soy viejo como el mar y la ingenuidad es un cadáver entre los huevos.

Una usual calentura, un cipote de madera ardiente.
Un infierno en los cojones, una leche como lava.

Ni por un momento pienses que es defecto de fábrica o de un Gepetto senil, acabado.
Acepta tu responsabilidad, amor.

No crece la nariz con mentiras, ocurre con tan solo un aleteo de tus pestañas, solo con una mirada tuya, mi puta.
Ante ti, diosa del alma y la carne plena de sangre pulsante, pudiera parecer que miento; pero solo rabio de deseo.

Mi hada azul de destellos húmedos y regueros blancos en tus recónditos muslos…
No es por mentir el Pinocho inquieto, cielo. Simplemente una lógica indecencia de tal magnitud que el universo mira a otro lado con una tos de embarazo.

Iconoclasta

No tengo claro cuanta vida consume el amor.
¿Y si es al contrario? Que sea la vida la que desgasta el amor.
Entonces también cabría preguntarse:
¿Cuánta vida consume la búsqueda del amor?
Sea como sea, has de ser muy cauto cuando juras que la amarás por toda la eternidad.
Y también debes preguntarte, dado el caso:
¿Qué clase de amor es el que no puedes jurarlo eternamente? Es una mierda de amor.
No seas estúpido, ama con pasión, sin razonar; porque de lo contrario estropearás una de las cosas más bellas de la vida.
Y que pase lo que quiera.
Tú, ámala. No tienes otra opción. No tienes otra cosa que hacer más digna.
Cuando todo deba ir mal, cuando se rompa, llora.
Y desgástate buscando otro amor. Consume la vida en la búsqueda de la belleza.
Además, te distraerá de la muerte que te pisa los talones.

Iconoclasta