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Son tantas…

Publicado: 12 marzo, 2020 en Sin categoría
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Son tantas que forman muros de belleza impenetrable.
Son tantas que hacen una tierna amenaza para las almas endurecidas. Y siento agua correr en las tripas.
Son tantas que preciso tu singular belleza para equilibrar mi vida. Y el sonido de tu voz lo necesito tanto…
Para aplacar el silencio narcótico de las bellas flores.

Son tantas y aún así, no consiguen llenar el vacío que dejas alrededor de mí cuando no estás.
Son tantas, cielo, que siento el vértigo de la primavera arrolladora arrastrando mi alma aún fría a un lugar ignoto. Han florecido para decirme: “Ya puedes marchar, todo está bien, descansa, descansa, descansa…”. Te invitan a morir y son tantas… ¿Cómo no obedecer?
Y si son peligrosas ¿qué hago? ¿cómo puedo apartar la vista de ellas?
Sería como si durante unos minutos dejara de pensar en ti. Sería la nada, yo.
Reconozco que durante un segundo, sus belleza ha dado consuelo a tu ausencia, cielo.
Pasado el segundo, he sentido el peso de tu lejanía y he maldecido las flores bellas.
Sabes que son tus palabras y tu mirada lo que hace bellas todas las cosas ¿verdad?
Son tantas que necesito abrazarme a tu cintura y desfallecer en ti, ante la cálida serenidad de los pequeños seres flor.
Son tantas y tan pequeñas…
Son tantas que encuentro lógicas las muchas alergias.
Son tantas y no tienen miedo a morir.
Son más valientes que yo.
Son tantas y jamás podrían llegar a amarte tanto como yo.
Algún defecto debían de tener ¿verdad, amor?

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta

He encontrado flores llorando sucias de restos de seres humanos en los camposantos, junto a las estatuas rotas y viejas. Lápidas sin nombre, viejas y mohosas.
Lloran lo que tienen que soportar: muerte y desolación. Y el único sonido que las rodea es el llanto y las oraciones tan inútiles como la ropa con la que entierran los cadáveres.
Salpicadas de vísceras y sus raíces agusanadas, se preguntan porque han sido plantadas y dejadas entre tanta muerte.
No está bien…
He visto flores entre vertederos de basura, mierda y miseria, con trozos de alimentos podridos en sus pétalos.
Y no entienden porque viven entre podredumbre y enfermedad.
Hay flores en hermosas y cuidadas casas y mansiones. Jardineros que las cuidan y hacen mejores de lo que fueron y las hacen vivir más tiempo del que ellas quisieran.
Y odian toda esa hipocresía y artificialidad. Están bellamente tristes.
Hay flores en las habitaciones de los hospitales donde la madre amamanta con cansancio y dolorida a su hijo recién nacido. Y ellas, las flores, piensan que no les gusta ese olor a vida que es una mezcla de sangre y leche. Es algo que no va con ellas; las mataron para celebrar la vida, como si no importaran sus vidas.
Hay flores amputadas de la tierra en los burdeles y moteles, soportando jadeos comprados, inventados. Olores a semen rancio, orina y excremento. Se marchitan de asco y de vergüenza con condones usados en sus tallos cortados encima de una mesita donde hay dinero, tabaco y licor.
Hay flores en salas de baile soportando ritmos neuróticos, sus pétalos caen secos con la vibración de un sonido que no entienden.
Hay flores que ha cortado un hombre, en manos de una mujer. Y no saben cual será su destino, no saben que ocurrirá con ese hombre y esa mujer, no lo quieren saber.
Su vida tampoco importa a los amantes.
Hay flores en los campos, montañas, ríos y en las orillas de los caminos. Y un colibrí metálico e irisado liba de una de ellas flotando, flotando, flotando…
Hay flores mecidas por ondas de agua en un lago, sin pensar, sin sentir.
La belleza es tan cautivadora…
No razonan, no temen, no les duele nada. Alojan insectos y su vida es efímera porque el sol no perdona a ningún ser de la tierra.
No necesitan pensar, no tiene que ser felices. Solo son, viven y mueren.
No existe lugar alguno para las flores, más que allá donde nacieron sin que una mano humana las jodiera.
Yo no soy una flor, pero quiero lo mismo que ellas: morir y vivir en la tierra.
Que de mi muerte broten flores, o puedan brotar. No soy un romántico, soy praxis pura.
Por ello pienso como una flor: en lo malo, en la miseria, la enfermedad, la vanidad y la envidia.
Todos los seres pensamos cuando algo no está bien.
Y el pensamiento crea miedos, rencores y dolores. Ilusiones ahogadas de realidad…
No soy una flor que camina, pero ellas dicen que sí, que soy una fea flor de carne que no está donde debiera. Ni en tiempo ni lugar.
Las flores son buenas aunque estén tristes, no tienen porque desanimarme. Pobres flores…
Nos encontramos inevitablemente humanos y flores iguales, tal vez sea el único consuelo. El descontento encuentra a otro descontento. Luchamos por hacer un mundo mejor, pero el decorado es tan desolador…
Nos marchitamos como ellas, pero mientras tanto, dañamos y somos dañados. No acabamos nuestra vida en un jarrón o secas por el frío y el sol, no es así de fácil para los seres que andan sobre dos patas.
Que vergüenza da mi vida, hasta las flores lo saben…
Al menos para ellas esta mala dimensión dura solo unos días.
Envidio a las flores por ello, por su efímero pensamiento cuando lo padecen.
Tengo trozos de amores rotos en la piel, encima de los trozos de pena, dolor y muerte. Son demasiados estratos. Y la vida es tan larga…
No soy una flor, soy una roca lisa sin ningún interés, de color gris, algo que nadie recogería del suelo.

Iconoclasta