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“¡Qué vida!
Estoy emocionado
porque soy genial.
No quiero preocuparme por nada.
No.
No quiero preocuparme;
pero me aterroriza estar en el otro lado.
¿Cuánto tiempo antes de volverme loco?
Loco…”

(Canción What a life, de Scarlet Pleasure.)

Vaya fotograma de un docudrama ¿eh?
El nuevo y normal fascismo español del coronavirus ahora quiere invadir la industria del cine y estropearla también.
Bueno, la actriz no es como para tirar cohetes; pero dada la baja intelectualidad española, es suficiente para que se caguen los cabestros emocionados en el pañal de nuevo.
¡Ay qué chocho!
Mierda en bote.

No he podido acabar de ver la película El viejo y el mar.
Ese mensaje continuo de que los viejos se han de relegar a un lado, que son incapaces de realizar el trabajo de alimentarse y ganarse la vida; es desmesuradamente machacón.
Dice la película que por mucho empeño que pongas, la vida se preocupará de acabar con todo tu esfuerzo para conseguir al final, nada. Y es verdad; pero no a ese nivel de mártir beatitud.
Añade además, que tu larga experiencia no sirve para una mierda. Mejor te dedicas a la mendicidad cuando llegues a viejo.
Y por supuesto, acepta que cuanto más pobre eres, la vida más te hunde en la miseria. Es cierto; pero que la vida te convierta en un tarado mental, es algo que ocurre en según qué genéticas.
Desde luego no siempre es así; sin embargo la película y su novela (con toda probabilidad) dan el mensaje inequívoco de la inutilidad de la vejez. Hay unos cuantos intelectuales (de los que no ha conseguido asesinar la globalización dictatorial del imbécil) que en la vejez siguen exhibiendo un musculoso cerebro.
Sin embargo, todo ese tremendismo machacón, cansino e incluso ingenuo, no es lo malo. Lo realmente agresivo es que se ensalza la ruina y la incapacidad para elevarlas al grado de virtud, como una santidad de quien las “goza”. La herramienta: el niño que lo cuida, lo alimenta y lo acompaña, demostrando así que hasta un crío es más válido que un viejo. Vamos, lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano es llegar a viejo con un cerebro podrido e incapacidad para alimentarse.
Es una especie de catecismo enseñado a base de mártires muy sufridores; pero en laico. El argumento ideal junto con el miedo, para amansar a las masas de votantes de las falsas democracias actuales.
Y ni que decir tiene, que hay viejos que son auténticos hijos de la gran puta. Que nadie se crea que todos los seres humanos merecen llegar a la vejez.
Si es que la miseria que ha alcanzado la sociedad actual, venía de muchos años atrás fraguándose traidoramente.

Crónica de la muerte del hombre como especie, una muerte premeditada.

Lo han conseguido, han sido feroces. Han eliminado al individuo y su intelectualidad.
Han culminado el golpe de estado terrorista a la cultura, la libertad del pensamiento y la creatividad; una fiera extinción del individuo y su creatividad, sepultándolo bajo los despojos sensibleros, infantiloides y musicales de las masas de borregos.
Sazonado todo ello con los memes de la ignorancia más chabacana.
Todo empezó en el inicio de la década de los 70 del siglo pasado, con la formación y concentración de aquellas decenas de miles de colosales rebaños de reses humanas, constituidos por cientos de miles de humanos alucinados con la gran variedad de drogas que se pusieron de moda, follando en barro amasado con orina y mierda, trascendiendo espiritualmente ante banales grupos de rock y pop y charlatanes sectarios. Fue entonces cuando el poder advirtió el verdadero y simple espíritu gregario o grupal de las masas. Vio el potencial que ofrecía para su explotación y sacrificio. Y se sentaron las bases para formar una sociedad estabulada y pastoreada.
Así dio comienzo una estrategia para convertir la mente de las masas humanas en un solo pensamiento y deseo insectil y maleable que, convertiría a hombres y mujeres en cabestros castrados y mansos, consumidores y votantes de unas democracias basadas en el voto estúpido o inculto.
El bombardeo de banalidad y consumismo llevaría a la humanidad al actual (mayo 2021) grado de decadencia, gracias a su acusado carácter gregario y la inducción del pensamiento único con la fórmula magistral de drogas, alcohol, música, consumismo y sexo que eliminó de la faz de la tierra las consideraciones intelectuales de pasadas generaciones de autores, filósofos y científicos. Un nuevo oscurantismo estaba arrasando el intelecto colectivo, ya de por si muerto por un consumismo febril. Se adoctrinó contra el tabaco porque es un hábito reflexivo (a las empresas el cigarrillo les salía caro por el tiempo laboral perdido y porque el obrero recapacitaba en su esclavitud mientras fumaba cansado del abuso); y en paralelo se permitió que los coches envenenaran masivamente las ciudades (es tal el analfabetismo inducido que los borregos temen más al humo inocuo de un cigarrillo que al humo tóxico y letal de los coches). No se ilustraron las bebidas alcohólicas con fotos de accidentes de coches, hígados podridos, pobreza y violencia que el alcohol provoca, tal como se hizo con el tabaco. Y nadie vio la trampa, la hipocresía. Las borracheras de los hijos fueron toleradas en nombre del gran esfuerzo que era estudiar y luego el porro y su narcosis, la coca y su euforia… Básicamente se siguió la pauta de la extinta URSS, consistente en alcoholizar y por ello anestesiar al obrero asfixiado por una vida gris. Sin embargo, la heroína tuvo poco recorrido, porque en lugar de castrarlos mentalmente, los mataba y el poder perdía contribuyentes y ganado humano que explotar. Por supuesto, creaba zombis de comportamiento imprevisible y violento.
Las ciudades no son metáfora alguna, son auténticos termiteros dominados por una casta de muy pocos individuos que rigen la colonia de millones de ciegas termitas, que se sacrifican sin ninguna utilidad a capricho de sus amos y dioses. Con la absoluta fe en la democracia: la más virulenta trampa contra la libertad y el hombre como especie creadora y libre. No existe peor gobierno que el elegido por una masa humana ignorante y miedosa, decadente y pueril.
Así se explica como unos pocos con repugnancia, hemos llegado a ver a esos millones de aplaudidores cobardes, mansos y analfabetos de las genocidas dictaduras “democráticas” que han emergido tras la infección de las ciudades por medio del coronavirus.
El proceso de castración emocional e intelectual de la humanidad ha sido lento, ya que las logias o castas de poderosos debieron esperar pacientemente a que murieran los grandes filósofos, escritores y científicos que eran el referente de la cultura a nivel planetario, quienes abogaban con naturalidad y sin dogmas por la libertad advirtiendo del fraude de la democracia.
Esperar que se extinguieran los intelectuales tenía dos objetivos: no tener excusa para aplastar/censurar con más banalidad e idiocia los programas divulgativos de cultura que eran habituales: entrevistas semanales con escritores, filósofos, biólogos, físicos, médicos, realizadores de cine, pintores, historiadores, etc… Y el otro objetivo: los políticos son seres surgidos de los mismos miasmas que la sociedad, con idéntico analfabetismo, con idéntico adocenamiento; pero nacidos en familias de poder económico y político. Esos políticos analfabetos, tenían que permanecer en la sombra mientras un erudito de libre pensamiento aún respirase para no quedar en evidencia.
El cine se prostituyó hacia las nuevas doctrinas de la mansedumbre (el exacerbado pacifismo que consiste en pura pasividad y abulia) y el mono pensamiento. El cine para adultos junto a la divulgación cultural en forma de programas televisivos, ha sido censurado para que la edad intelectual de la población insectil humana no supere los cinco o seis años (Marvel y Disney más concretamente).
Actualmente apenas hay diferencia de poder entre las grandes multinacionales, las dueñas de las redes sociales y los políticos. El mundo empresarial, su dinero, quita y pone políticos y es quien dicta las tendencias que han de seguir las masas en cuanto a consumismo y conducta social. El lugar de la cultura y la ciencia se ha usurpado por empresarios millonarios actuando con su retórica de iluminados, como sacerdotes ante un público ansiando comprar sus productos, líderes sectarios de absurdos radicalismos y falsas causas ecologistas o sociales que se han creado para llenar con paja los cerebros vacíos de los superficiales y maleables habitantes de las naciones.
Y lo mismo con la literatura, incluso algunos títulos de libros del siglo pasado, han sido descatalogados para mantener las librerías llenas de la actual bazofia con la que se adultera el escaso espíritu de los insectos.
La divulgación cultural fue empujada, arrastrada al arcén con una invasión de música rock psicodélica en los 70, en los 80 eclosionaron los videoclips musicales que coparon las emisiones televisivas y crearon un sinfín de estilos musicales con el propósito de que cada intérprete y autor pudieran hacer su videoclip. Cuando llegó internet, los videos de caídas y accidentes ridículos, fueron ocupando el espacio de los videoclips que ya comenzaban a saturar las pocas neuronas de la chusma. Y claro, los videojuegos se convirtieron en los juguetes de la infancia. Juguetes que evolucionaron hacia la realidad aumentada que la gente juega por la calle como si tuviera (de hecho la tiene) una grave deficiencia mental. Mientras tanto la informática invadió como otro virus los hogares y se formaron las redes sociales. En paralelo surgieron los programas basura televisivos, los reality show; una forma de voyerismo blanco para ir a dormir con el cerebro abotargado por la repetitiva visión de los monstruos absolutamente estúpidos y anodinos, parásitos que ganaban dinero exhibiendo su imbecilidad y analfabetismo como una forma de vida desenfadada y divertida. Las redes sociales mientras tanto ganaban a velocidad lumínica millones de adeptos.
Los únicos programas divulgativos que han sobrevivido son los reportajes de vida animal a las horas en las que los termiteros bajan su actividad metabólica, como la siesta tras la comida. Y se desarrollaron las performances de los gurús de youtube (falso periodismo inhibidor de la cultura y la dignidad) con monstruos extraídos de los excrementos de la sociedad: putas de lujo y putas de calle, vividores estafadores, aristócratas rancios y arruinados, falsos médicos, falsos actores, falsos cocineros, falsos cantantes, malos políticos olvidadizos y en los últimos quince meses (a fecha de la redacción de este ensayo) la ingesta doctrinal del coronavirus o Covid 19. No se puede obviar el absoluto y apabullante adoctrinamiento sobre el uso del humillante e insalubre bozal o mascarilla contra el coronavirus, la necesidad de vacunarse aunque cause en “pocos casos” la muerte y saber que antes no estabas protegido porque las aspirinas son venenosas y que la libertad es lo que menos que te conviene porque es enfermedad. Veinticuatros horas al días, siete días a la semana sin descanso. En televisión, internet y los teléfonos.
Con la adjudicación a cada ciudadano de un teléfono inteligente, han modificado el lenguaje pervirtiéndolo hacia lo más básico y popular para que el analfabetismo del termitero fuera capaz de entender y asimilar los dogmas. Un lenguaje puramente funcional para una sociedad formada por hormigas que van y vienen y se reproducen sin pudor alguno para mayor gloria de los analfabetos poderosos de dinero.
Coche y casa de propiedad son las consignas de triunfo social de las masas, a pesar de que muchos morirán antes de ser dueños de una casa por la que se han hipotecado más allá de la vida; es literal.
Los que fracasan en el logro de ambos objetivos, en el teléfono móvil encuentran las suficientes razones y argumentos para no sentirse fracasados y acceden a pornografía gratis que combina muy bien con la borrachera y la narcosis para olvidar que son unos fracasados.
La aniquilación del individuo (el que crea arte y pensamiento, así como conocimientos científicos) se ha hecho realidad de una forma tan definitiva y con tanta habilidad que los propios insectos que alimentan el poder, no son capaces de verse a si mismos como realmente son. Es el gran triunfo del fascismo de la nueva y normal decadencia y cobardía: que un bicho o insecto llegue a creer que es un individuo con capacidad lectora, con libre albedrío y obediente hasta la emasculación.
Los logros de un individuo son parasitados por un controlado y numeroso grupo de hormigas robando una autoría de algo que jamás hubieran conseguido sin la existencia de ese único e irrepetible ser humano.
Mientras ejercían el oscurantismo (control absoluto y censura de la cultura) en escuelas, televisión, prensa y puestos de trabajo, ponían el pie sobre la cabeza de cualquier intelectual que pudiera destacar y afirmara que la creatividad y el intelecto no se encuentra en un hormiguero, si no en cada cerebro humano con inquietudes humanísticas. Que la colectivización es esclavitud del pensamiento y convierte al hombre en un animal sin otro fin que la ganadería: su explotación y sacrificio. Los intelectuales o libres pensadores que murieron desde la década de los 70 del siglo pasado, hasta la entrada del presente siglo XXI; no tendrían continuación alguna. Alea jacta est.
El fraude que constituye la democracia desvelado con las voces tranquilas entre humo de cigarrillos en tertulias y entrevistas de los intelectuales, quedó silenciado. Y por tanto la libertad del individuo se convirtió en enfermedad y rechazo social.
En el actual neofacismo solo se permite la existencia dentro de un enjambre si no eres millonario.
La victoria del fascismo de la insectil sociedad y su cobardía y mansedumbre, explotó como triunfo en Marzo del 2020 (tras haber infectado a la población con el coronavirus y su pánico) sometiendo una población acobardada, su supervivencia y alimento a los designios de políticos analfabetos nacidos de familias ricas. Una sociedad cuyos insectos llegaron a creer con ferviente anhelo que sus amos políticos los alimentarían quedándose en casa y conservarían sus valiosas propiedades como casa y coche. Que salvarían sus vidas de un resfriado si se quedaban encarcelados en el hogar aplaudiendo el fascismo y su genocidio.
Y fueron millones y millones de hormigas pensando lo mismo, respirando lo mismo: su propio aire viciado y gastado inhalado cientos de veces al día que les hacía el cerebro más lerdo y los pulmones más débiles. Y enfermizos.
En todas las naciones del planeta se libró una guerra entre políticos: quien sería el mayor y más temible tirano. Entre la población: quien sería el más obediente y aplaudía con más fuerza.
Ya nadie se acuerda de los bebés de la talidomida cuando aparece una vacuna en menos de un año. Y si se acuerdan, es para decirte que ahora solo muere algún desgraciado raramente por trombos; pero que vale la pena que mueras por el bien de las hormigas y su imbecilidad y cobardía.
Es de película de terror que todas aquellas entrevistas en blanco y negro a Borges, Josep Pla, Cela, García Márquez, Dalí, Cortázar, Onetti, Vargas Llosa, Severo Ochoa, Carpentier, Benedetti, etc… Un día sean borradas, para que ya nadie las pueda ver en youtube; para que nadie ose pensar, ser libre, ser individuo único, irrepetible e imprescindible.
Es de película de terror cómo se ha pervertido la educación, incluso a niveles biológicos, para confundir a la infancia y que no acaben de saber si son mujeres u hombres. Si su futuro dependerá de si tienen pene o vagina y si deben transformar sus genitales y anatomía.
Bajo la prohibición de la tauromaquia por razones animalistas humanitarias, subyace la cobardía y la envidia. Que un hombre de setenta kilos se enfrente a un toro de casi seiscientos y asuma el riesgo de morir para crear una emoción en el público, es algo que no pueden soportar las generaciones adoctrinadas por el fascismo de la cobardía: el miedo a la lucha, a la violencia más primigenia. Reses se sacrifican cientos de miles cada día en el planeta. Que un toro tenga el privilegio de luchar contra su enemigo, es algo que admirar.
Admirar a ambos.
Es tan solo una anécdota de tantas sobre la evangelización de la globalidad: todos igual de pobres, igual de ignorantes.
Han creado al cobarde perfecto con la cultura del miedo enmascarada de ecología y animalismo. Esos insectos que a lo sumo se atan a un seguro arnés para dejarse caer unos metros al vacío y gritan con euforia infantil su valor, son una pequeña muestra de la cobardía sembrada entre la población y que ha dado generosos frutos.
Es lógico que las hormigas se quedaran en casa quietas, sin una sola protesta ante la prohibición de realizar sus más elementales actividades de supervivencia como encontrar comida. Dejaron sus vidas y las de sus hijos, de forma absurda y alienante en manos de unos dictadores. Se repite sin hornos de cremación (por ahora), el borreguismo judío del Tercer Reich.
Una proclama como: ¡Quédate en casa! (cabestro). Sesenta años atrás y con el nivel cultural veinte veces superior al actual, no se hubiera obedecido.
Ernest Hemingway se hubiera reído de semejante basura cobarde.
Ahora que se ha demostrado que el ser humano no es más que una hormiga y se ha prohibido y penalizado el individualismo (lo que hizo evolucionar al hombre y le dio más años de vida y conocimiento), todo irá a peor. El miedo de los bichos a una gripe es tal que, prefieren sacrificar el alimento de sus hijos quedándose en casa aprendiendo que hace más pupa una aspirina que una vacuna.
Ya no hay eruditos, solo sacerdotes oscurantistas que evangelizan el miedo y la pasividad, el analfabetismo y la enfermedad que es la libertad.
Sé corrupto y cobarde tendría que ser el lema de la nueva logia sectaria del poder surgida con el coronavirus.

Iconoclasta

He visto una escena de una película de terror en la que una chica se masturba en la cama, la abuela abre la puerta y la pilla con la mano bajo las bragas tocándose el coño. Y con un cinturón la azota por guarra.
Me ha entrado un coraje… Si mi abuela estuviera viva y me amenazara con un cinturón tras interrumpirme durante una paja, le arranco los pulmones de un puñetazo.
Puta manía tienen las pías de joder la fiesta.
Todo lo que sea disfrutar y gozar es pecado de mierda. Son unos hijoputas…
Y sus padres maricones.

Cuando una película de posesión diabólica no avanza, no acaba de enseñar las tetas de la posesa buenorra, inevitablemente acabo perdiendo el tiempo conmigo mismo y fumando, que es más chachi. Además, masturbarse mucho, deja ciego, por eso no entiendo mi desmesurada agudeza visual 🤤.

Resulta que ahora, los proveedores de música por suscripción deciden por ti lo que debes y no debes oír.
Y así buscas una canción de Eminem como Rabbit run y ves que está etiquetada como “clean” (limpiada). Y escuchas la canción a saltos, porque enmudecen las palabras que ellos consideran mal sonantes.
O bien, pueden marcarlas como editadas, para que sepas que no es lo que el autor creó, y lo que tiempo atrás compraste como una banda sonora de una película, en este caso 8 Millas lo han convertido en mierda.
Como escribí como motivo de baja a la compañía censora y suministradora de música adulterada: “Nadie me dice lo que debo oír y mucho menos si pago una suscripción”.
Y se pueden meter sus listas personalizadas de canciones y su gran oferta musical por el culo; no voy a pagar (al menos voluntariamente) ni un solo céntimo al fascismo y su censura de mierda.
Una vez fuera de Spotify, busqué las mismas canciones en Amazon music, y me di cuenta de que todo está podrido, corrupto, manipulado. Así que cancelé la suscripción y muy graciosos ellos, hicieron saltar un banner que decía: ¿Seguro que entre 70 millones de canciones no hay nada que te guste?
Es muy bueno… Me hizo reír. Supongo que están tan habituados al fascismo, que no se dan cuenta de que ellos son la misma basura. Como si no existiera censura de mierda.
Es el peor momento que cualquiera con inquietudes artísticas o de libertad, pudiera vivir. Es el fin de la libertad y la inteligencia.
Pues mira por donde, que me cago en Dios y en toda esa pandilla de hijos de puta que controlan la nueva y normal moralidad de mierda y su lenguaje. Pedazos de mierda… Menos mal que no me censuro a mí mismo, como está tan de moda en los nuevos fariseos y puritanos fascistas. Es que soy alérgico a la moralidad puta; me salen pollas por la piel (perdón quería decir ampollas).

Todos los actores acaban trabajando en las intrascendentes e informáticas películas de héroes de la Marvel. Es un auténtico hachazo al cadáver del cine, porque está muerto de hace años. Asesinaron el cine de adultos hace mucho más tiempo atrás para dejar paso a la bazofia actual.
Solo existen películas para un nivel intelectual no superior a los seis años. Sus actores se asemejan a las extintas marionetas de Jim Henson más que a ninguna otra cosa.
Si quieres ver estupidez, mediocridad, banalidad y ante todo aburrimiento extremo, saca una entrada de cine y verás como sales con la mitad de cerebro.
El séptimo arte, ha pasado a ser el palomitero de los fascismos de un nuevo y normal oscurantismo.

¿La bofia no tiene que pasar exámenes médicos que incluyen la agudeza visual?
¿De verdad no distinguían las armas de juguete? Si era un rodaje ¿no había cámaras ni focos?
Bueno, a lo mejor decidieron que como es tan aburrido acosar y vigilar a personas inocentes, podían marcarse algún momento heroico y adrenalínico en su triste existencia.
Además, el fascismo español va necesitado de actuales mártires ¿eh?
Respecto al vecino, mejor que le hagan una lobotomía, porque su cerebro está absolutamente podrido; se debe tratar de un confidente del coronavirus, cagón, llorón y aplaudidor que denuncia vecinos por unas palmadas en la chepa.