Archivos de la categoría ‘Absurdo’

Soy el verso inverso
que rima lo que no sintió
y esconde lo que no fue.
Soy un verso inmerso
en un frustrado universo
el eructo de un festín inapetente.

Se puede escribir del orgullo de ser,
la vanidad de lo logrado.
Del sudor bien empleado.
Del tiempo acelerado.
O se puede esconder lo que hice,
lo que no supe, lo que no pude.

O se puede no escribir y dejar que la presión provoque un aneurisma cerebral y morir.
No soy orgulloso, soy un fracasado y si no escribo, no existo.
Seguiré escondiendo mi fracaso con cierta malicia, porque de morir no me libro.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Juro que no estoy triste, es un poco de hastío lo que comba mis labios con las comisuras hacia abajo. Un rictus que me hace interesante, atormentado y bohemio.
La tristeza es una patada en el estómago sin un solo ápice de gracia. No es este el caso, porque soy gracioso; quiero decir que no soy un payaso, sino que aún tengo humor.
¡Bah! A ver, que levante el dedo quien no ha recibido una puñalada en el corazón y ha salido al exterior con una sonrisa ensangrentada.
No os riais, que sé que os mueve esa especie de alegría moderada de ver que otro las está pasando canutas; sé que no es burla, es reconocimiento.
Yo he sonreído alguna vez así ante un amigo, con un amigo.
Bueno, no es para tanto, ocurre que cuando se escribe, las emociones parecen tener su escape por los dedos y todas las palabras se pringan de ellas. Como tener los dedos manchados de tinta y pretender no dejar huellas. No puedes ir con guantes de látex siempre, sería exagerado ese celo por no manchar y ser aséptico. Los asépticos sólo funcionan en hospitales y funerarias.
Soy un palurdo escritor de metáfora fácil, me gustaría tener cerebro y ser elegante; llegar de nuevo a su corazón con la fuerza de los grandes genios de la literatura. Ojalá que sienta que lo que escribo es ella y por ella.
Seguro que se ha curado en su partida, nadie se va sin saber lo que ocurre. No sería justo pensar que es sólo una especie de sueño, la muerte es trágica porque acaba con lo más preciado. Si le quitamos todo ese drama a la muerte, nos queda una vida sin importancia.
No me jodáis con valentías de las vuestras. Si tuviera que morir ahora mismo para ser un gran autor capaz de hacerla sentir orgullosa de haberme amado, invocaría a ese dios cobarde e idiota en el que algunos creen para que me parta con un rayo. Que me fulmine como al Coyote que persigue eternamente al Correcaminos.
A dios le queda poco tiempo para acabar conmigo.
Porque morir así, con los dedos manchados de nicotina, sangre y mierda; es humillante. No acierto ni a limpiarme bien el culo.
Es importante ser gracioso, muy gracioso; remover el intelecto forzando sinapsis que destellen en rojos, verdes y azules, ser explosivo e impredecible.
Su ojos eran tan verdes, que pensaba al besárselos que eran esperanza pura; teniendo sus ojos tatuados en mi cerebro sería imposible sentirse como me siento ahora. Abandonado.
Reconozco que me siento un poco deprimido, es lógica esa sensación de pérdida que duele como si te creciera un bulto en las entrañas. Uno piensa que tiene cáncer además. Y claro, te meten en el escáner y descubren que no es nada, que sólo es que ella ha muerto y el organismo, ante el trauma, se rebela.
— Yo quiero tener un cáncer del tamaño de un pomelo en el hígado y encontrarme con ella en el cielo. — le digo al médico rascándome los cojones, dicen que los escáneres provocan esterilidad.
El médico ríe y me dice que si hacen implantes de silicona, bien podrían meterme un pomelo.
— Escritor tenía que ser… — responde dándome una palmada en el hombro.
Ríe porque es buena persona y pretende inyectarme optimismo y amor por la vida. Es médico, ellos adoran salvar vidas, aunque no pudieron salvar la de mi amada. Sé que hay más de un médico triste en algún hospital.
A ver, que levante el dedo quien no sea capaz de reírse con mis ocurrencias. No me podéis negar que lo de limpiarme el culo ha sido un efecto chabacano y directo que ha causado un punto de ruptura en el devenir de una reflexión un tanto dolorosa, en lo que parecía ser un descenso veloz y suicida al más patético ridículo.
No voy a quejarme, yo no me quejo y menos delante de un papel en blanco, los escritores no lloran, crean mundos imaginarios donde el dolor campa a sus anchas y hace héroes de quienes son cobardes. Sólo cuando todo esto de aquí dentro, entre el ombligo y los pectorales se hace viscoso y caliente me agacho y vomito. Las arcadas, además, fuerzan los lacrimales y uno llora sin ser necesario. Sin estar triste.
No puede hacer daño, parece un drenaje linfático visto desde mi ignorancia.
Ahora no voy a buscar en diccionarios o enciclopedias lo que es un drenaje linfático, no es el momento de ser instructivo; en todo caso, destructivo. Y tampoco tengo tiempo.
Que levante el dedo quien no ha sentido la necesidad de que vuelva y nos susurre con un beso en la frente que esto escrito en tinta sepia, es una pesadilla.
No es tristeza, no. Es este dolor, por favor…
No me refiero al dolor del tajo en el cuello. Si me hubiera cortado las venas de las muñecas, no podría escribir.
Vale, sí que podría (que manía tenéis de contradecirlo todo); pero sería como los pájaros Uyuyuy que tienen los huevos tan gordos que al aterrizar cantan su nombre.
No es elegante escribir quejándose como esas aves de ostentosos cojones. Claro que el chiste no es mío, soy un mierda, no sirvo ni para inventar chistes.
Esta seguridad de que todo parece acabado y que vivir es una estupidez, es el espejismo resultante de un trallazo doloroso, como una patada en los testículos que deforma la cara de tu agresor convirtiéndolo en una especie de macho cabrío al que le venderías tu alma por un encendedor desechable, si eso te ofreciera en esos momentos. Es decir, que ningún hombre tiene tantos huevos y tan gordos como para absorber otra segunda patada.
No sé si me explico. Quiero decir que el espejismo es atrozmente real. Quiero decir que no quiero otra puñalada más.
A ver, que alguien me ayude levantando el dedo y reconociendo que duele tanto no tenerla, que a uno sólo le quedan ganas para tirarse en el suelo y dejar que le caiga encima lo que sea. Y que caiga pronto, por el amor de dios.
Siempre decimos algo de dios cuando sin estar tristes (porque no estoy triste), buceamos en nuestros dolores con gasas y yodo intentando restañar la hemorragia.
Nos hacemos pequeñitos, y nos metemos en nuestro propio sistema vascular buscando la puta vena rota, porque algo se rompe cuando se queda uno solo.
No es lógico que se doblen así las comisuras de los labios sino hay una fuerte fractura o algo ha reventado.
Lo importante es no sentirse triste.
El dolor es heroico, la tristeza humilla la vida. Eso sí, menos mal que los ojos están brillantes y dan un aspecto vivaz. Están brillantes porque había un exceso de sangre y agua en el cuerpo. Será la retención de líquidos del abandono; así que se arregla con un pequeño corte en la yugular.
Más que dolor sientes la molestia de ese ruidito de la sangre saliendo a presión; pero es muchísimo peor, que el exceso de presión acabe reventándome, más que nada porque sería demasiado largo el proceso. Y tengo prisa por sacarme de encima este asunto. Es lógico que cuando uno escribe, se abstraiga y tienda a rascarse el corte distraídamente, siempre hay algo de comezón aunque la herida sea indolora.
La sangre es incómoda cuando coagula, adquiere un tacto resbaladizo para luego encostrarse pegando los dedos entre si. Y vuelta a limpiarse, no voy a ganar para pañuelitos de papel.
A ver, que levante el dedo quien no piense: “pues si tenías retención de líquidos, haberte hecho una paja, animal”.
Es que adoro vuestra fuerza y valentía, vuestra vida forjada en dolores que os ha hecho tan fuertes y a mí me ha hecho puré.
Os adoro porque sois de los que prometéis al herido, sin miedo a la sangre y sin miedo al dolor, que no es nada esa herida, que las tripas se meten dentro, se cose la barriga y en dos días a dar por culo de nuevo.
El ruidito de la sangre ha cesado, quiere decir que poca cosa queda por salir, no soy tan tonto. Pica…
Os he mentido. Estoy triste, estoy tan triste que tengo prisa por morir. Estoy tan triste sin ella, que quisiera olvidar que un día nací, la conocí, la amé y murió sin saber quien era yo. Murió sin querer besarme porque creía ser una niña y yo un hombre mayor y desconocido.
Sé que si naciera, si me reencarnara, nacería como un niño triste, un niño de ojos siempre húmedos y piel blanca. De manos trémulas.
Es imposible que todo este dolor pueda quedar en el limbo y así nacer sin recordar, sin sentirme triturado por dentro.
Es imposible nacer de nuevo sin toda esta pena que me unge las tripas.
Me froto las manos desesperado porque no sé como enjugar esta marea de aceite. Tengo un miedo atroz a que sean mis entrañas licuándose; parece que una bacteria me deshace el interior.
No puedo vivir así ni un segundo más.
A ver, que levante el dedo quien piense que no me voy a encontrar con ella.
No lo levantéis, por lo que más queráis, por favor, sólo necesito que aguantéis vuestra sinceridad unos segundos más.
Gracias.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El pato nada despreocupadamente en el río, el agua debe estar a unos 2º C. De vez en cuando, hace el pino sumerge la cabeza y sus patas miran al cielo más tiempo de lo necesario, sin prisas. Y así cuantas veces le apetece, alardeando vanidosamente de esas franjas de un verde metálico y su elegante cinta blanca en el cuello que el agua resalta.
Pinche pato… Como me gusta verle hacer lo que quiere, lo que debe.
Estoy por avisarle que hay policías cerca, que con el otro cuento de la gripe aviar, lo podrían encarcelar (confinar en el argot político-policial) por ser sospechoso de portar la enfermedad. Incluso por el hecho ejercer su libertad, podrían detenerlo a pesar de estar sano como una manzana.
Recuerdo que vuela (me gustan los cuerpos rechonchos de los patos volando, parecen bombas de dibujos animados) y la poli no.
Así que si al pato lo quisieran encarcelar, al igual que Supermán saldría volando (sin los calzoncillos por fuera) graznando: ¡Cua-cua! ¡Tengo la gripe! ¡Cua-cua! ¡Estoy infectado de la gripe aviar!
Y allá va Superpato volando gallardo y orondo con sus pequeñas alas a mil por hora, en pos de la libertad.
Durante la revisión previa a la publicación de esta obra literaria de prosa dramática, me pregunto si será probable que entre el tabaco mezclen algo narcótico para dar alegría (más) al placer y buen hábito de fumar.
Porque además de mis literarios desvaríos, no tengo escrúpulo alguno en publicarlo, como no lo tendría a la hora de escribir una oda a la magnificencia de mi polla.
¡Mirad! El pato ha carbonizado a una gallina con bozal con su poderosa visión de rayos láser. Pinche pato… Y se ríe y se caga… ¿Mean los patos?
Me voy a fumar otro de estos, es apasionante.
Me siento como Mary Shelley con el láudano y el opio escribiendo Frankenstein… Qué jodío el romanticismo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Hola amigas y amigos, soy Iconoclasta, vuestra puta más cordial de la Nueva Normalidad Penitenciaria Fascista Española del Coronavirus.
Hoy estoy aquí para alabar lo muy bueno y sano que es respirar con bozal (para aquellos que no gozan de un buen léxico: mascarilla).
Respirar a cielo abierto con él, es pura dicha por la gran tranquilidad que ofrece para vuestra salud.
Yo luzco el modelo Transparente Total Pero Seguro; que con toda seguridad será prohibido porque muestra la sonrisa. Y ya sabéis que si no demostráis humillación o un mínimo de cobardía, no sois unos buenos ciudadanos de esta nuestra gran dictadura española.
Así que no hagáis lo que yo. Usad bozales de color sólido y marchad con rostro (mirada) grave, a poder ser compungido. Sobre todos los catalanes que nos podrían condenar a esa prisión que gozamos de forma perpetua ¿eh?
Pues eso, buen fin de semana y yo, a seguir respirando profiláctica y sanitariamente seguro.
Hasta la vista, amigas y amigos cabestros todos.
Desde Berlín Este (Catalunya), vuestro más sano, bello y valentoso Iconoclasta.

El Nuevo y Normal Nazismo del Coronavirus se extiende a idéntica velocidad y proporción que la cobardía humana y su connatural ignorancia.
La sociedad ha vuelto dócil y alegremente (con aplausos) a la época en la que se quemaba gente inocente acusada de brujería; un espectáculo hipnótico para una sociedad podrida.
Realmente el nuevo nazismo es el coronavirus.
Y como todo fascismo sienta sus bases fundacionales militares y legales en su propio analfabetismo y endogamia. El fascismo florece entre las castas humanas genéticamente defectuosas y corrompidas sanguíneamente, abanderando la envidia hacia libres pensadores y creadores y, líneas genéticas limpias.
Es de cajón: si eres un tarado necesitas extinguir a los buenos individuos para que no destaque tu podredumbre genética y por lo tanto, intelectual.
Y en esta fase se encuentran ahora las pseudo democracias mundiales que han adoptado ese aforismo fascista de “nueva normalidad” a su gobernanza de control ganadero y veterinario de la población. Es un momento histórico idéntico al del esplendor de Franco, Stalin, Hitler, Mussolini, etc… Pero con una población sumamente decadente, cobarde e infantilizada. Y por supuesto, el Nuevo y Normal Nazismo Mundial posee además con la potencia del 5G, una cobertura impensable para aquellos artesanos genocidas dictadores ya mentados; para propagar su catequesis de la obediencia ciega, el miedo, la extorsión, el acoso, el encarcelamiento y la ruina de sus habitantes. La avalancha de noticias diarias de decretos de prisión y acoso contra la población suman cientos de miles diarias bombardeadas a cada segundo contra el imaginario patético de sus habitantes. Noticias de prensa, internet y televisión que son auténticos loas o libelos de amor y sumisión a los actuales líderes políticos nazis en el poder.
Ahora cabe esperar cuando, oficialmente, será declarado extinto el último ser humano libre y decente. El que afea a millones de indecentes.
Y esto no es una previsión, es una crónica de rigurosa actualidad, a tiempo real y a pleno 5G (eso dice el teléfono que me muestra continuamente las noticias del nazismo).
Cualquier titular de prensa y cualquier decreto de un gobernante de cualquier país elegido al azar lo corrobora.
Y sobre todo, los muchos millones de humanos que lucen con orgullo patrio ante los camareros o gorilas de discoteca, su brazalete nazi o pasaporte covidiecinueve con pauta completa.
La libertad es enfermedad y todos temerosos, enfermos y obedientes por igual; son las directrices básicas ideológicas de la “nueva normalidad” del Nuevo Nazismo del Coronavirus.
Si un policía te ve comer por la calle cualquier cosa, con toda seguridad se sentirá ofendido y posiblemente te pida documentación (lo sé por experiencia) porque no demuestras estar suficientemente acobardado.
Y mientras tanto, solo queda verlo venir, esconderse de la policía cuanto sea posible y escribir porque es mi placer y mi inteligencia convertida en tres dimensiones, en el papel, con una costosa y lujosa pluma que marca la diferencia con la vulgaridad, fuera de todo alcance del nazismo que todo lo ve.
Luego diré: este mensaje se autodestruirá en cinco segundos y pulso “publicar”.
¿Habéis visto como no he negado nada? Soy un “afirmacionista”.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Soy el muñeco que vive dentro de una bola de cristal, que por alguna maldición no muere nunca, mi diáfana prisión es eterna. Soy un maniquí en el escaparate de una tienda de un pueblo abandonado.
A menudo agitan la bola y a mí, su contenido. Y en lugar de formarse nieve o espuma, el agua se tiñe de rojo, porque cuando duele la belleza que hay al otro lado, o en la periferia, un centímetro más allá del vidrio que me encierra, solo se lloran los primeros veinte años. Luego se padecen hemorragias.
Y es lógico, porque en el agua las lágrimas no se ven, no las aprecia nadie. No sirve de nada llorar si no podemos conmover a nadie.
Ni siquiera la piel de mi rostro las siente ya.
Las lágrimas son diluidas por el agua sin finalidad alguna.
He llevado tanto tiempo aquí llorando para nada, que es lógico que buscara otras vías de expresión a nadie.
Nadie sabe, no importa el muñeco de la bola barata de cristal.
Nadie sabe que bajo mi cabello, hay heridas abiertas por tantos golpes, por tantos zarandeos. Y lloro sangre por esas agallas que tienen la función de expulsar toda esta desesperación de una forma llamativa; pero quien me agita, solo piensa que algo está estropeado en la pintura que me recubre. Soy un viejo objeto.
Una cosa podrida que flota en el agua.
Lo soy… Demasiado viejo, demasiada vida, demasiada sangre que a nadie llega. A nadie emociona.
Y cuando la desesperación es insoportable y nadie observa, golpeo la cabeza contra el cristal, hasta que dos gotas de sangre salen de mi nariz y crean una efímera rama de coral hemoglobínico que flota largo tiempo tomando formas caprichosas a medida que se diluye.
Soy un caleidoscopio sangrante y nadie sabe.
Quiero morir ya, porque todo lo que amo y deseo, está al otro lado y si tras toda esta vida de golpear el vidrio no he conseguido salir, ya no quiero hacerlo. Lo único que me espera es la muerte, fuera de la hermeticidad el sol y el aire me destruirán en el acto.
A pesar del agua, me he secado y me hecho quebradizo.
Todo se ha hecho hermoso, todo lo que veo allá, un centímetro más lejos, se conserva colorido, mientras en mi cabeza solo hay llagas que sangran la profunda depresión de un encierro sin esperanza.

Iconoclasta

Queridos Putos Reyes Magos de Mierda:
Como el año nuevo ha empezado como ha acabado el viejo: con encarcelamientos (vivo en Cataluña); os voy a pedir que vuestros regalos os los metáis por el culo, y en el de vuestras madres.
De tal forma, que esos presentes de fascismo de mierda con el que me regaláis, os provoquen una grave infección intestinal, y a vuestras madres.
Si de verdad traéis regalos, que sea una enfermedad de verdad, seria. Una de esas que mata en menos de veinticuatro horas y que se lleve por delante (bien en ataúd, bien en bolsa higiénica) a todos estos hijos de puta que me encarcelan, unas veces de día y de noche, otras de día y otras de noche; y para mayor inri, me roban mi derecho a respirar libremente.
O los matáis vosotros con esa enfermedad capaz de reducir a la humanidad a una décima parte en un par de semanas; o me haré con dos ganchos para arrancarles los pulmones desde la boca.
No os lo pido por capricho, si tuviera que usar los ganchos para solucionar el problema, con lo que me queda de vida no tendría tiempo de matar a tantos hijoputas jerarcas y burócratas nazis.
Así que ¡de una puta vez haced vuestro trabajo, reyes magos de oriente de mierda!
Gilipollas…
Y no me jodáis regalando más decretos a estos hijoputas nazis.
U os envenenaré el agua y la comida. Moriréis como ratas en mi casa.
Cabestros decadentes…
Y al Jesusito que le den por culo, aburre a las ovejas. ¿O acaso no las oís balar desesperadas?
Con las ganas que tengo de seguir insultando y por método literario debo parar aquí…
De la que os habéis librado porque soy un buen escritor.
¡Ah! Y la estrella de Belén, con todas sus puntas, también os la podéis meter por el ojete junto con la cruz gamada nazi hispano-catalana, no sea acaso que os vayáis a perder, bordes.
P.D.: Y no os metáis en cada burdel de carretera, puteros. Que hay prisa.

No quisiera dar mal rollo a nadie; pero coño, el cartel de la sanidad catalana para promover la vacunación infantil en Cataluña, parece el panfleto promocional de una secta autodestructiva, de suicidas mismamente 🐽.
Creo sinceramente que a la sanidad catalana se le ha ido la olla en el asunto de las alegorías.
No sé qué estarían fumando… 😷.
Da la impresión de niños que han muerto por el coronavirus o por la vacuna. Y corretean, al fin felices (tras una vida de mierda, dolor y miedo), por el cielo con esa feliz beatitud e inocencia. Luciendo sus camisetitas de vacunados y con los agentes patógenos que los torturaron, atados de una cuerda como globitos de Bob Esponja, o incluso aquellos polémicos Teletubbies. Todos ellos (virus, vacunados, el africano que salta a la comba y el cielo azul) en una escalofriante armonía dramática de infinita sensibilidad hacia lo sagrado: vacuna, virus y obediencia.
El mismísimo paraíso 😍.
Y tampoco puedo evitar evocar aquellos jocosos miles de lemings gritones que de vez en cuando (dicen las leyendas urbanas psicodélicas), deciden correr a precipitarse por los fiordos noruegos y romperse la crisma contra las rocas cientos de metros abajo, con una feliz sonrisa de idiocia y esperanza en la jeta durante el vuelo.
Me pregunto si Charles Manson tenía esa iconografía en mente…😬😬😬
También pudiera ser que mi imaginación prodigiosa y una formación dura en la vida, me hayan llevado a ver el mal en estado puro en ese inocente e infantil cartelito aleccionador del dogma de fe y obediencia infantil 😋😋.
No sé… Tal vez necesite unas vacaciones y largarme del planeta durante unos miles de años. Pero no allá donde los niños ángeles (o muertos) juguetean con los virus y saltan con histérica felicidad narcótica en un cielo azul 😬. Yo viraría un poco más al oeste al llegar a Alfa Centauro 🚀👨‍🚀 (girando a la izquierda), al ver los globitos de coronavirus y patógenos lucir brillantes en el horizonte de aquel cielo azul ektachrome.
De verdad, no es por dar mal rollo 😬.
Bueno, tampoco sería malvado o descabellado que se me escapara la risa ante la escalofriante y preocupante alegoría 😶😐😃😃😃.
Soy humano y tengo intacta mi instintiva maldad, la que va en cada cerebro más o menos funcional. Unos echan mano de la envidia y la mezquindad que tienen más a mano en su instinto, y yo soy más coloquial y sincero😈; pero decididamente impío en esta sociedad meliflua 😋🥰.
Nada es perfecto y alguien tiene que hacer el trabajo sucio de investigación, ética y madurez intelectual 😎.