Archivos de la categoría ‘Absurdo’

Padre…
Mírame: la tengo dura por los muertos y los enfermos, por los pobres y los hambrientos.

¿Es legal?
El televisor habla de coronavirus y parece de carne, orgánico… En la pantalla bajan lefas escurriéndose como cera caliente que humea un poco antes de enfriarse.
Padre: cuando camino el movimiento masajea mi glande y me desespero; el semen hirviendo presiona y no sé como gestionar lo caliente que estoy. Solo acierto a meter la mano en la bragueta. Estoy tan encelado…
Encelado de tanta miseria y cobardía que veo y escucho, padre.
No sabía de mi mórbida obscenidad. ¿Tuviste algo que ver con esto que está tan dolorosamente duro entre mis piernas y mi degeneración? Mis huevos están contraídos, parecen de cuero, padre.
Es también una clara cuestión de mortificación.
No me importa el dolor, la muerte y el miedo; solo pienso en correrme.
Dime que no estoy enfermo, padre.
Padre: ¿Qué hago? Los policías me dicen que tengo la obligación de mostrarles mi erecto y palpitante pene para que me hagan un test con sus bocas ávidas.
Agentes de la indecencia…
Les digo que tengo prisa, pero me acarician los huevos y una agente fea, se acaricia retorcidamente entre las piernas con la porra.
Como yo hago sin poder evitarlo apretando mis cojones con el puño.
¿Qué hago, padre? ¿Les dejo beber de mí?
¿Sabes, padre? Me hubiera gustado que no hubieras muerto y supieras de la excepcionalidad del cerebro podrido de tu hijo.
Moriste sin conocerme…
Me parece injusto.
Padre, hay una epidemia y no consigo enfermar, no mis pulmones. Es mi pene que se expande y llena todas las bocas y todos los coños de los que viven y los que se pudren. ¿Soy yo la infección? ¿O son ellos los que me infectan con su cobardía y mediocridad?

Estoy sucio.
¿Estás orgulloso de mí, padre?
¿Los muertos sentís orgullo?
Padre, tengo el cerebro podrido y mi pensamiento supura un blanco lácteo y cremoso.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Los cuchillos (con una gruesa hoja muy afilada) son buenos. Nos protegen, nos cuidan.
Ayudan a matar al enemigo más rápidamente que con una piedra o un palo a falta de balas.
Y el tabaco le da sabor y elegancia a la vida. Fumar es bueno.
La jeringuilla es genial para curar la ansiedad, la vacías y la llenas, la vacías y la llenas, la vacías y la llenas, mientras unos elefantes se balancean en una tela de araña chutándose cosas insanas en la trompa.
No sé qué coño hacen los calzoncillos ahí, pero me hacen reír.
Hoy todo son ventajas y optimismo.

Esos segundos que sin previo aviso, por causa de algún olor, de algún tacto, o de algún pensamiento volátil e imperceptible; detienen el corazón, te roban un latido, dejan en suspenso la vida y te arrastran inevitablemente a la añoranza de un beso, un abrazo. Aunque claves las uñas en tu propio pecho, te arrastrarán a la inquietud del recuerdo de un dolor, de una muerte, de un engaño, de una frustración.
Cuando la aguja del reloj se detiene demasiado tiempo y deja en suspenso el alma porque una palabra necesaria no se dijo o escribió en el momento adecuado.
Ese segundo que marca el funesto aviso de que tal vez es hora de despedirse, si tienes a alguien de quien hacerlo.
El segundo que te transporta a un mundo absurdo y ajeno cuando ves a padre muerto. Con el color de la carne fría de los cadáveres y la nariz hinchada.
Las manos parecen de plástico…
Ahí no hay ni un ápice de calor…
Pobre padre…
Cuando la miras y sientes la imperiosa necesidad de abrazarla, de decirle que ha sido tan difícil llegar a amarla… Que has tenido suerte de llegar a este momento y no haber muerto antes.
Esos segundos de amor, dolor o miedo son tragedias por bellos que puedan ser.
Porque duran eso, un segundo miserable.
Un segundo para un infarto es suficiente, y te da el color de la carne fría.
Oh, padre…
A veces se repiten hasta doblarte, como si quisieras vomitar.
Oh, madre que no vi tu carne fría.
Qué suerte recordarte hermosa.
Un beso, mama.
Otras son simplemente irrepetibles y te frotas un poco las manos desesperado.
Y sin darte apenas cuenta, recitas el rosario de los segundos.
Soy hombre porque pesa la vida y soy un titán.
Soy hombre porque temo el dolor de morir.
Soy hombre porque he amado.
Soy hombre porque he odiado.
Soy un mierda porque lloro.
Y una hiena porque río.
Una bestia desbocada cuando pego.
Un charco de sangre cuando me pegan.
Unas uñas desgarradas cuando me precipito.
En solo un segundo tengo la concreta definición de lo que soy, por mucho que duela.
Tal vez por eso el corazón se detiene, para que preste absoluta atención a la miseria a la que me reduce un segundo.
Segundos que marcan la diferencia entre amar y odiar…
Si fueran horas trágicas, haría muchos años que estaría muerto, tal vez antes de llegar a joven.
No sé si es suerte o naturaleza que los segundos de dolor y humillación sean los que más abundan en el reloj. Tal vez soy pesimista; pero no encuentro suficientes razones para el optimismo. Una o dos cada veinte años a lo sumo.
Ya no queda ninguna veintena.
Cuando te das cuenta de que es tarde, más vale que tengas una buena sobredosis de sedantes a mano. Porque de sufrir no te libras. Si el segundo no te mata, te mata una hora durante días.
Cuando es tarde, el segundero se detiene y solo avanzan las horas.
Sé atento.
Sería lo peor que te podría pasar.
Sé astuto.
No te fíes de los segundos que tardan más de dos respiraciones.
Determinación.
No vivas, evita como sea una hora trágica, son trampas de eternidad.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La certera muerte, la relajante muerte, la necesaria muerte…
Pero sobre todo, la sincera muerte.
Dicen todos los políticos de la era de la peste del coronavirus, que la sociedad vencerá esta batalla, que la superará.
La muerte dice que ya hay miles que no la han superado. Y otros miles agonizan.
La muerte dice que mienten como bellacos.
Los que han muerto son esta sociedad, eran…
La muerte y su sinceridad humilla a los políticos, poderosos y supermillonarios. Se ríe de sus hipócritas arengas; de su banal oratoria de piedad.
Hay un tiempo para vivir y otro para admirar y meditar sobre las propiedades terapéuticas de la muerte.
Sobre todo si es ajena.
La muerte dice: lo que mal nació, mal morirá.
En los peores momentos no sale lo mejor del ser humano, solo cobardía y traición.
Y la muerte no es un viaje, morirán todos…

La velocidad del sonido es muy lenta, una mierda de velocidad.

Es una putada que cuando llega el trueno, el rayo ya te ha incinerado.

No tiene gracia.

Bueno… Un poco sí.

Mucha.

Me parto.

Se han clausurado en un parque infantil dos venenosos toboganes y un temible balancín rompeculos.
No sé cuantos técnicos habrán sido necesarios para inmovilizar a esos diablos; pero estoy seguro de que han sido muchos durante mucho tiempo.
Así a ningún anciano se le ocurrirá jugar en ellos y ser devorado, andador y cochecito eléctrico incluidos. Jamás hubiera pensado que la corporación Umbrella (véase Resident Evil) fuera tan exhaustiva.
Yo, ni me he atrevido a acercarme a esas temibles bestias. Me da miedo.
Joder…
También ha habido ovaciones para el personal sanitario, no sé porque… Las ovaciones son para profesionales diligentes que no dejan que te mueras en una sala de espera de urgencias en cualquier fecha del año elegida al azar.
Sin embargo, a los que recogen la basura evitando que la gente se ahogue en mierda, ni un mísero letrero melindroso dibujado por el hijito bien adiestrado de unos papis chachis-pirulis votante-manifestantes crónicos, en ninguna ventana del planeta.