Posts etiquetados ‘putas’

¿Por qué con putas?
Para follarlas y no quererlas.

¿Por qué con putas?
Para no saludarlas.

¿Por qué con putas?
Para no sonreírlas.

¿Por qué con putas?
Para mentirlas.

¿Por qué con putas?
Para que me mientan.

¿Por qué con putas?
Para que no me quieran.

¿Por qué con putas?
Para que me ignoren.

¿Por qué con putas?
Porque solo cuestan dinero.

¿Por qué con putas?
Porque al semen no le importa
gotear sobre la piel que no siente.

¿Por qué con putas?
Porque son solo carne, es sencillo.

¿Por qué con putas?
Para dejarles el dinero entre las piernas.

¿Por qué con putas?
Porque me dicen que la tengo gorda.

¿Por qué con putas?
Porque su coño huele mal y soy bestia.

¿Por qué con putas?
Porque las humillo y me aceptan.

¿Por qué con putas?
Porque las jodo en silencio,
y me conforta.

¿Por qué con putas?
Porque soy macho en celo
y tengo prisa.

¿Por qué con putas?
Porque compartimos decrepitud.

¿Por qué con putas?
Porque se compran y se venden,
son cosas como yo.

¿Por qué con putas?
Porque no importa que mueran.

¿Por qué con putas?
Porque nací viejo y me falta tiempo.

¿Por qué con putas?
Porque sus mentiras no duelen.

¿Por qué con putas?
Porque tengo dinero y
me llaman corazón cuando me chupan la polla.

¿Por qué con putas?
Y ¿por qué no?

¿Por qué con putas?
Porque existen.

 

ic666 firma
Iconoclasta

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Paseando por la Cataluña rural y profunda este primer domingo de julio, he encontrado un lugar en el que se celebraba no sé qué cojones y había la hostia puta de mucha gente.
Ya estoy acostumbrado a las desdichas de ser esclavo, salir poco de viaje y si sales, que lo encuentres todo podrido de tanta chusma.
A veces, desearía volver rápidamente a mi tranquilo departamento de control de calidad en la fábrica de condones cuando veo estas aglomeraciones de pobres; pero sonrientes.
Cientos de tiendas de campaña y rostros legañosos a las 11 de la mañana moviéndose en grupos de cuatro o cinco cabezas hacia los meaderos y aseos comunitarios.
Yo no podría. Cagar requiere cierta intimidad.
Y por otra parte no estoy interesado en ver como defeca otro ser humano, aunque tenga las mejores tetas del mundo y el coño más terso y lustroso.
De todos es conocida esa paranoia sexual o parafilia: la escatología, el “arte” de follar y cagarse encima del follado o embadurnarse la mierda por el cuerpo.
Mi cerebro no está podrido como el de esos fetichistas escatos y meones.
Aunque si la puta que pago bebe cosas sanas y no tiene infección en las vías urinarias, no me importa verla mear de pie sobre el colchón a tres o cuatro metros de distancia y masturbarme elegantemente ante ella para que se sienta mujer de verdad.
Lo del mear está bien si no me salpica. Al fin y al cabo, Dios se mea en el Papa, éste en sus secuaces y éstos en forma de bautismo en los crédulos.
Sinceramente, a mí no me mea ni Dios.
Tengo mis gustos, no soy un santo (lo digo con orgullo). Una fusta, un consolador rudo y un trapo negro para los ojos, son complementos muy apreciados en el cuarto de follar. Junto a una navaja muy afilada.
Hace tiempo, a mi santa (no solo follo con putas) le corté suavemente la piel del muslo con una navaja de afeitar, muy cerca del coño (cuando se lo lamía) y se me corrió como pocas guarras he visto. Es mi mujer y la amo por estas cosas obscenas y porque limpia la casa y cocina bien.
Siempre es más higiénica la sangre que la mierda o los meados.
Me gusta a veces jugar duro y dejar las mariconadas como Sombras y Greys para las amas de casa mal folladas, esas que desean encontrarse con un hombre como yo de una vez por todas.
Seguiré paseando a ver si acaba ya el puto domingo.

 

ic666 firma
Iconoclasta

 

¡Oh puta entre las putas!
Tus mamadas son grandiosas, me arrancan la leche y la sangre dejándome vacío. Hacen débiles mis huesos.
Y provocan mil blasfemias, donde la virgen recibe un sagrado rabo meándose de placer.
Sé que tu boca vale más que trescientos cincuenta pesos. Tu arte no tiene precio, puta.

¡Oh, ramera, naciste para esto! No necesitas amar ni ser amada, tu vanidad basta para que me destroces la polla con lengua, labios y dientes.

No haces ascos, no temes.
Si tuvieras hijos serían presidentes, escritores, artistas, jueces…
Si no tuvieras una matriz tan podrida…
Te ríes cuando te llamo zorra. Eres una delicia, mi puta. Por trescientos cincuenta pesos rompes la monotonía que destroza mi ilusión convirtiéndome en un pene triste que escupe su lefa sin alegría.
Contigo el semen brota como cuando tenía dieciséis y ya han pasado dieciocho.
Trescientos cincuenta pesos y va incluida alegría y buen humor. Si no fuera un pobre de mierda te pagaría tres veces más.
Si no fuera porque mis hijos tienen que comer, al menos mañana, te abriría la boca y te haría tragar otra vez lo que hace pesados mis cojones.
Me perteneces, eres mía en estos minutos que tu increíble boca da placer a toda esta carne entre mis piernas.
Provocas dolor dentro de mis huevos cuando me corro. Es tanta la presión que provocas en los cojones…
Estoy seguro que si durmiéramos juntos, el hechizo se iría a la mierda, como ocurrió con la madre de mis hijos. Tiene una boca cuidada y limpia, no fuma; pero es aburrida como el puto dios que la parió.
Y tu coño… Es tan prieto, tan tenso. Si pudiera pagar más, te la metería sin condón más a menudo.
Es tan prieto, tan tenso…
Quien lo diría, con las vergas que te han clavado.
Las putas sois tan especiales…
Ojalá mi madre hubiera sido una puta como tú, porque ahora sería un cochino presidente o un juez como esos subnormales que van disfrazados por los juzgados, así podría meterte diez mil pesos en tu puta boca de puta ramera, puta, puta, puta mojados con mi semen.
Soy un asqueroso pobre, ramera. Y por unos segundos tu boca y tu coño eficientes son míos.
Si no tuviera hijos o no comieran, te daría más dinero para pagar los pezones que te arrancaría con los dientes.
Pero estos trescientos cincuenta, es lo que he ganado en estos tres días en la obra. Date cuenta cuanto te valoro, cuanta admiración… Vales más que el hambre de mis hijos y la de mi patética esposa.
No te puedo pagar más tiempo, puta.

Juan Greco Zamora hunde una vieja navaja oxidada y sucia entre las costillas de la puta, el aire que escapa por la herida es como el de un neumático pinchado. Se encuentran bajo las oscuras escaleras de un bloque de apartamentos sucios y ruinosos, en un barrio bajo de Puebla.
La puta no puede separar la cabeza de entre las piernas de su cliente, una mano ancha y fuerte de piel sucia de cemento, mantiene su nuca inmovilizada contra esos cojones que huelen a orina y sudor. Se ahoga con el pene, con el semen que baja por la garganta y la sangre que sube de su pulmón reventado. Son las últimas cosas que percibe Evangelina antes de que su boca se llene completamente de sangre. Tiene treinta y cuatro y hace quince que es puta barata. Especializada en mamadas rápidas, muere también rápidamente con una polla en la boca y trescientos cincuenta pesos metidos en el sostén blanco y sucio.
Así mueren las putas: con las pollas puestas.
Una vida de mierda y una muerte igual. Es de risa…
Cuando Juan llega a casa, su mujer le pide dinero para comprar huevos, él le dice que no le han pagado. Mañana…
Toma a su parienta por los hombros y la dirige a la mesa, donde la obliga a postrar el pecho. Le levanta la bata, le baja las bragas y le mete el pene sucio de sangre en el coño. Ella jadea desganada y aburrida. Él eyacula silenciosamente y los dos pequeños juegan en el suelo con las colillas de un cenicero, no prestan atención a la follada.
Cenan gelatina y se van a dormir muy pronto.
A la puta muerta la descuartiza un forense en una especie de matadero con azulejos que jamás serán ya blancos.
Y a la mañana siguiente no habrá variado absolutamente nada; porque otra puta ocupará la vacante del portal y Juan Greco Zamora, un mediocre peón de albañil que no es hijo de una ramera, comprará carne de puta cuando vuelva a cobrar su jornal de mierda por ser analfabeto.
En otro lugar de México muere una cantante y cientos de miles de seres lloran su muerte y otros piden justicia por la muerte de un periodista.
Es de risa…

 


Iconoclasta