Posts etiquetados ‘blasfemia’

Jodiendo

¿Y si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen?
Tantos seres reproduciéndose sin control…
Los humanos como plaga.
La mediocridad eternizada sin que nada pueda detenerla.
Una blasfemia que me haría vomitar.
El acierto de las religiones no reside en la bondad y el amor predicados.
Reside en el mal, en su continua enumeración de delitos y pecados.
Las religiones piden violencia, dolor, abuso y muerte para poder condenar y castigar.
Porque el premio es post-mortem.
No importa, estoy yo, estamos nosotros para corregir la falsedad, la falacia, la ignominia de una bondad que nace de los cerebros blandos e inefectivos.
Cuando te follo, hay momentos en los que me siento metafísico, estar dentro de ti es el mundo sin errores, sin asco.
Y así, mientras mi falo hace su trabajo en tu boca, en tu coño y en tu piel. Yo sueño que te jodo encima de una montaña de cuerpos moribundos y muertos.
Que mi semen gotea por tus nalgas sobre rostros cadáveres y rostros que agonizan de dolor y miedo.
Que miro el mundo con el ojo ciego y cerrado de mi glande supurando deseo.
Rostros muertos y rostros gimientes.
Si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen; la humanidad tiene una esperanza de no convertirse en rumiantes: Tú y Yo.
Yo dentro de ti bombeando en tu coño mi amor y hostilidad innata. Te llamo puta jadeando con baba colgando de mis labios.
Y tú gritándome: “¡Párteme en dos con la polla, hijo de puta, animal!”.
Y ellos agitados por el movimiento brutal de nuestra cópula, los muertos y los que han de morir.
Y ante los sanos, los saciados, los bondadosos; dejando caer sobre sus bocas satisfechas mi leche y la baba de tu coño espesa y obscena.
Somos el obsceno reducto de la dignidad humana. Los guardianes de los más primitivos instintos.
Semen, fluidos y jadeos se derraman sobre la faz de la bondad y la maldad.
Sin importar quien vive o muere.
Quien sufra o goce.
Quien llore o ría.
Somos el contrapeso amoral de toda ley o norma.
De toda adocenada bondad farisea.
Benditos los hijos que no nacerán de nosotros.
Yo te jodo sobre muertos y vivos.
Tú gimes y te arqueas sobre pieles frías y enfebrecidas por la muerte que avanza como una sanguijuela ávida.
Derramamos la leche estéril de la ira y la animalidad que nadie quiere.
Solo nos espera la muerte, jodamos.
Jodámoslo todo.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Sacrila def

Ilustración de Sacrila

Si Jesucristo nació para redimir a los humanos, ella nació para condenarme.
Ella es mi Cristo obsceno.
Proclama el amor que he buscado en todas mis vidas.
Está alojado en su corazón, bajo la contundencia de sus pechos voluptuosos, en su abdomen tatuado por dos lobos que la adoran como la única deidad, en su cabellera de zafiro deshilachado que cuelga como un manto de noche hasta su cintura.
Y sus ojos tan grandes, tan oscuros… Penetran hasta el más negro rincón de mi cerebro y lee todo lo que soy, todo lo que seré, lo que no seré. Y lo que es peor: lo que fui.
Alza sus brazos en cruz, inclina la cabeza a un lado y exhibe una sonrisa insolente imitando al crucificado en un hermoso y obsceno sacrilegio.
La amo con la fuerza de la naturaleza más pura, más instintiva.
Con el rabo duro hasta doler.
¡Qué valiente, qué oscura, qué blasfema!
Me arrodillo ante ella en rito de adoración lamiendo sus muslos, tan cerca del coño que siento su piel erizarse.
Aferra con el puño mi cabello corto y me obliga a mirar sus ojos. Sus ojos, por dios…
“¡Ámame con toda tu sangre y con la mía!” me susurra haciendo del mundo un lugar mudo y sin sonido.
Y deja caer una gota de saliva en mis labios entreabiertos.
Grito mi desesperado deseo metiendo las manos entre la raja de su túnica roja, clavando las uñas en sus piernas. Desgarrando lenta y contenidamente su piel.
Gime de nuevo, y me sonríe con los brazos en cruz, no me perdona, me incita a más.
“¡Mirad, fariseos, así se ama. Amar debe doler!
El nazareno se equivoca, el nazareno solo os vende muerte con sabor a hostia”, grita a los idiotas que nos observan con miedo y sin comprensión en sus vacunas miradas.
No puedo dejar de amarla y condenarme a ella.
Es mi único y sagrado sacramento.
Ella dice: “No has de ser perdonado, amado mío. Solo ámame y sé amado y esperemos así la muerte que nos eternizará en la Constelación de las Rasgadas Pieles”.
Y lloro arrodillado ante ella, invadido y condenado por su amor, con los dedos crispados en su piel, manchados de la sangre hermosa que describe ríos de rubí descendiendo sus piernas.
Jesucristo mira horrorizado a Dimas, el buen ladrón, buscando comprensión y consuelo a su propio dogma incomprensible y sin fuerza.
Vacío.
Nuestros jadeos de amor y deseo inundan el Calvario en ecos que nos hacen trascender más allá de la bondad y la maldad en una obscena comunión.
Somos el más obsceno sacrilegio en este Valle de Idiotas.
Rei simus…

ic666 firma
Iconoclasta