Archivos de la categoría ‘Manuscritos’

Escribo con la punta del alma intentando dar precisión y claridad a las letras con esta emoción inquieta, agresiva e hiriente de amor y odio.
Precisión y claridad para codificar mi alma, o lo que sea ese vapor en mi cráneo.
Es agotador hacerse entender con tanta pasión, sea alta o baja.
Las ideas, una vez las has escrito y adquieren tridimensionalidad; no hay solución. No es posible arrepentirte ni evadirte de lo que eres.
Has atisbado en tu pensamiento y lo que has sacado en claro, será una certeza con la que tendrás que cargar el resto de tu vida, por muy poca memoria de la que alardees tener.
Un tullido con un dolor del carajo escribiendo rarezas, no es precisamente lo que deseaba ser. O tal vez sí, soy retorcido como una vid bicentenaria.
Y aun así ser amado en su pensamiento, resulta cuanto menos desconcertante, está tan lejos…

Las palabras garrapateadas del amor son hemorrágicas, no cesan cuando lo padeces.
Se escriben con urgencia, desesperadamente, sin pensar en el sentido y la claridad del lenguaje.
Se pergeñan apresando la pluma con los dedos crispados de ansiedad, intentando rasgar el papel con la fuerza con la que invadirías a tu diosa.
Con la euforia de que al fin la has encontrado, antes de que fuera tarde. Con la tragedia que da la madurez: que no muera pronto, que no muramos nunca el amor, o yo, o ella…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

He decidido, en vista de que el nuevo y normal fascismo del coronavirus parece que va a durar cuarenta franquistas años más, sacrificar mi alma al diablo por un bien para mí mismo.
Y de rebote, desgraciadamente, que os libere a vosotros, ¡oh gandules y decadentes seres!
Soy tan asquerosamente generoso, que mi propia conciencia me insulta.

Siempre asqueado de esta sociedad: Iconoclasta, el hombre.


En estas entrañables fiestas navideñas del Año de los Hijoputas del Fascismo del 2020, deseo que los que intentan robar y controlar mi libertad mueran entre fuertes dolores, vomitando sangre por la boca con las vísceras en descomposición.
A saber quiénes:
Así deseo que mueran reyes, presidentes y ministros; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran los altos funcionarios; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran los médicos y periodistas que propagan las mentiras que intentan robar mi libertad; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran jueces, militares, bofia y serenos de las noches negras, carceleros de la libertad; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran vecinos acusadores y confidentes; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Y que a los cobardes se les seque la sangre en las venas.
Mi alma (si la tuviera) será tuya cuando haya muerto todo aquel aquí designado. Solo pretendo ver morir hasta el último mono y sentirme en paz. ¡Oh Mi Negro Señor de Maldad y Muerte!
Mi sangre te pertenece, con ella pacto ante vos, el pago por mis deseos cumplidos.
Que la sangre de los que deben morir en estas entrañables fiestas, forme ríos visibles desde el profundo espacio. ¡Oh Mi Negro Señor de Maldad y Muerte!

Iconoclasta

Manuscrito de Iconoclasta.

Cuando escribo en mi libreta siento que se cierra la puerta del mundo y me quedo solo con mi pensamiento.
Soy mi propio refugio y mi severo juez.
Y soy mi propio olvido que tantas palabras causa. Lo que escribí ayer será sepultado por las palabras que ahora escribo. Y así hasta morir.
No es un futuro alentador; pero ¿cuál lo es?
Es un acto instintivo de la niñez temer al futuro. Una cosa es soñar con él; pero cuando iba al colegio y dejaba las ilusiones fuera, antes de entrar a clase, el futuro se oscurecía como el día de un eclipse.
Aún hoy sigue siendo oscuro; pero ya no es temor, es curiosidad lo que siento.

Sé que no te detendrás jamás; pero… ¿podrías contar lentos los segundos de la Alegría? Es que no abunda, amigo.
Y cuando la vida duela, cuéntalos veloces, hazme viejo por minutos; no importa. Porque de dolor hay tanto que lo dan gratis.
Yo siempre mantendré tu corazón caliente por mucho que la vida duela, lo juro. Puedes creerme, no soy del todo un mal tipo.
Es que no me fio del diablo y sus imprecisos contratos de sangre y alma.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.