Tengo un amor enquistado en el corazón que, en aleatorios momentos provoca una taquicardia que pone en jaque por exceso de presión las venas y arterias del cerebro y rabo. Y que en mi leche haya sangre: un batido de melancolía y deseo roto. Nunca he pretendido obviar mi naturaleza animal y territorial. Soy cien por cien humano para bien o para mejor, porque la violencia es don de supervivencia y selección. Y las erecciones y humedades están intrincadas en el tejido frecuencial del amor como las emociones en el cerebro. Así que desear o amar es follar, es un lote. De ahí la tristeza. La inmensa y puta melancolía. Y claro, la castración no va conmigo. Ni la amputación. Y no voy a pedir permiso de mierda a la autoridad para suicidarme si se diera el caso. Yo no pido permiso ni al puto dios para hacer lo que me afecta. No quiero que el cochino estado/dios haga propaganda electoral con mi muerte alardeando de haber autorizado una eutanasia piadosa de mierda. A lo que iba: anhelo metérsela, que se corra entre mis dedos y boca. Y mañana, compartir el primer café del día con ella otra vez… Los amores enquistados están muertos; pero ocurrieron y viven en mi íntimo universo. Y está bien, aunque revienten las arterias. A lo hecho, pecho y haré o no lo que deba según mi sagrada, obscena, violenta y única voluntad.
Cuando deslizo los dedos en lo más íntimo de sus muslos humedecidos y con un jadeo animal de lasciva agonía se abre ante mí, soy dios ante su creación. Ella sometida a mí. Empapada y dilatada. Indefensa ante su dios que se clavará en ella profundamente. Su coño es mi Olimpo… Ahora, evocando su coño hambriento, viscoso y dulce; mi polla sufre espasmos ante el torrente sanguíneo que recibe. Endureciéndola con un dolor místico, existencial. Como el de Jesucristo clavado en la cruz. Esta sangre que la polla le ha robado al cerebro y me convierte en animal enteramente, sin trazas de razonamiento. Y antes de caer en esa fascinante bestialidad, mi último pensamiento es que el dios se ha reducido a creación ahí dentro; exprimido en su coño de diosa impía. Somos deidades en recíprocas y lácteas venganzas.
Pienso existencial y fatalistamente, llevado por un ingenuo y banal romanticismo: ¿Por qué es tan oscuro y pedrizo el camino a la luz? Debería ser alegre, esperanzador. Y no profetizar el final a un precipicio. Y caigo en mi estupidez de romanticismo simplón: si camino hacia la luz es porque habito lo oscuro. Es el contraste, el puto contraste de luz y penumbra lo que saca lo más tonto de mí. Y a falta de magia me propongo crearla porque la imaginación, la mía, no tiene límites. No me impongo la más mínima concesión al comedimiento o censura. Hay un mojón justo al final de la cuesta vestido de luz y sombra. Es una prohibición más, o un resto de ella. Las prohibiciones nunca mueren, se acumulan como los excrementos en los prados. Indica que no hay libertad, que si quieres cochina libertad, te mantengas en la oscuridad donde nadie te envidie ni controle. Sé oculto, porque en la luz estás indefenso a la mezquindad, codicia, servilismo y pobreza que te envuelven. Tal vez el mojón evitaba el paso de carros ya inexistentes. Las puertas al campo y su libertad son milenarias, no es un invento nuevo. Los mojones se mantienen como aviso a la luz opresora en la experiencia de la oscuridad. La luz está acotada por leyes, pecados y condenas como la oscuridad por los muros del puente. La luz y la oscuridad no representan el bien y el mal, el cielo y el infierno. No hay nada especialmente bueno o malo en ellas. Son las metáforas propias de la cobardía y el valor, del conocimiento o la ignorancia. Libertad o servilismo. En la oscuridad se crean las cosas más hermosas que la luz deshilacha en jirones. No… La luz y la oscuridad sólo pueden ser metáforas de la bondad y la maldad en la ignorancia y la cobardía. En la incomprensión de la propia naturaleza humana. La especie animal humana sacó alimento de la luz y creó sueños de esperanza en la oscuridad. Los dioses, todos, se inventaron a plena luz por un homínido cobarde y enfermo que por sus incapacidades quiso parasitar, esclavizar y vejar la existencia de miles y miles de humanos como él. Un dios no es más que el excremento seco de aquel parásito alérgico al trabajo, al esfuerzo y a la imaginación. Y aquel primer creador de dios, ni siquiera lo modeló con sus manos; le dio la mierda que cagó a uno de aquellos primeros homínidos para que le diera forma, de pirámide, de cruz, de luna… A cambio de un favor mezquino. Todos aquellos medio-humanos abrazaron la fe que llamaron luz, y dejaron la imaginación y la esperanza pudrirse en la oscuridad. Y se hicieron mayorías votantes, las de hoy. No voy a cruzar el puente, me detengo a fumar. Decido quedarme en la penumbra de mi pensamiento íntegro e inviolado. Luego, volveré a la oscuridad que amo, la de su coño húmedo y envolvente. Absorbente… Que amo, que busco, que beso y embisto. La necesito tanto como para someterme a su esclavitud oscura y cremosa. Dulce… No, aquella luz en la pasarela del puente es mala, mala, mala… El mojón se esculpió con libertades y sueños muertos. Me fundiré en mí, no emergeré a la luz. Bye…
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta (“Dramatización de un puente”. Pont del Raval, Ripoll).
Flotantes y bellas grisenterías. A veces el color barre la belleza de la textura y su intimidad. Porque no puedes evitar acariciar la textura. su piel, su amada piel, su desesperante piel… Y sentir un gemido propagarse entre los dedos como monocromática correspondencia de amor sin sobresaltos, serena como las almas sin cuerpo.
El silencio es el canto de las aves en la fronda del bosque, el berrido de los ciervos, el chillido del águila, los ronquidos del jabalí, el graznido de la grulla volando a ras del agua, el parpeo malhumorado de los patos que me hace sonreír, como el graznido siempre irritado de los gamberros cuervos que en pandilla toman el sol en los prados. Como silencio es la viscosa y líquida descomposición de un cadáver humano olvidado entre la hojarasca, fertilizando o infectando la tierra con sus miasmas. Silencio es el rumor de un río que limpia el aire de toda injerencia sónica humana haciéndote libre y único. El silencio es el deseo de que callen los mezquinos de una vez por todas. No importa la causa, si por muerte o lejanía. Porque en silencio afirmo que no importa que vivan o mueran, sólo necesito que enmudezcan. Silencio es el crepitar de mi cigarrillo cuando deambulo por el cementerio, una isla de bendita soledad. El silencio es ella clavando sus uñas en mi piel mientras la embisto y se corre. El silencio es mi leche rezumando entre los pliegues de su coño y las respiraciones agitadas tras el supremo follar. En silencio temo perderla y clavo las uñas en mi puta polla laxa para conjurar la angustia. El silencio es el íntimo llanto por los amados muertos. Silenciosa es mi vergüenza de haber nacido en cautividad, en una ciudad, en una granja de explotación humana. Y mi pensamiento es un silencio atronador pleno de odio y frustración ante lo establecido mucho antes de que fuera escupido por el coño de madre. Silencio es la sagrada y reparadora violencia y las manos goteando sangre ajena y propia. Silencio es observar al enemigo abatido y sonreír: mejor él que yo. Porque la voz es cobardía y dependencia del enjambre y su reina, su jodida reina, su puta reina, su repugnante reina. La hija puta reina mal follada que dice quién vive y muere. El silencio es libertad y unicidad.
La luna ha finalizado su turno de noche y ahora se muestra nueva y relajada. Templada y cálida. Satisfecha. La puta más bella del Sistema Solar. Una sonrisa de amante en el azul. Una sonrisa a nadie… Coqueta se deja bañar por el sol y templa las pasiones nocturnas. La luna es como ella, la que me esclaviza con amor y deseo, con ternura y determinación. Con pasión inmisericorde me monta con los cuatro labios húmedos y los pezones empapados de mi baba animal, de amor sin cerebro. De ansia sin control. Debe sentirse la luna cansada de las frías noches que la desnudan en su brillo metálico ante los ojos que habitan el planeta: lunáticos, trágicos, románticos, asesinos, licántropos, vampiros, astrónomos, brujos y depresivos. De vez en cuando un solitario anodino que no piensa en sus misterios, sino en su sencillez, en su belleza sin más. Un cojo dolorido que al admirarla, piensa que al final vale la pena vivir un poco más. Es un movimiento planetario precioso cuando surge de día. Cuando ella se derrumba convulsa por el placer sobre mi pecho y su cabello en mi rostro. Inspira ternura y paz verla de día, apareciendo sin ser necesario. Porque las noches son duras y solitarias y podría no salir. Ojalá que nunca lo haga. El amor nocturno es de luz gélida y sombras misteriosas. Pasión en penumbra, acechante… De día el amor nuevo es una sonrisa, un te quiero sereno antes de separarnos para trabajar. Un beso tan cálido que borra los malos augurios e incertidumbres del día. Te engaña tiernamente… No puede hacer daño. Si de noche la deseas y la follas con un amor desatado, salvaje y ávido; de día le tomas la mano y paseas con ella y no quieres más que seguir escuchándola, sintiéndola táctil. Compartiendo el aire en el mismo momento. Es como follarle el alma… La luna es como ella. Una ternura y un amor sencillo y sereno. Y al despertar compartimos café y tabaco y unas sonrisas satisfechas, algún gruñido porque la vida es muy puta; pero lo más hermoso es ese silencio amable que no estropea los sonidos del amanecer y su mar. Yo no soy una luna, no sé cómo un ser menor como yo ha tenido el privilegio de ser parte de sus lunas llenas y nuevas. No puedo evitar que me preocupe que un día mi amor de lunas se dé cuenta de que no soy suficiente, de que no soy nada. No soy nadie. Sólo un microbio bajo la tierna presencia de la luna nueva, tan inaccesible y tan letal. Tan presumida y provocadoramente indiferente a quién vive y muere.
No quisiera echar de menos una vez muerto mi caos silencioso e íntimo. La muerte es la extinción de la conciencia. Nadie flota, nadie trasciende. Nadie se comunica o manifiesta. Es la gracia de los muertos. Me irritan los que dicen estúpida e infantilmente que tras la muerte hay otra vida. Sería insufrible ser conciencia sin poder volver a mi táctil caos de soledad, letras, café, tabaco y pensamientos intangibles; pero ante todo, no volver a decirle cosas y acariciar a mi compañero Murf que añade una paz y belleza de nata montada a mi íntima existencia. Es un merengue de silenciosa ternura y analítica mirada. Odio que alguien adultere la muerte adaptándola a su cobardía innata. Es tan precisa y clara a pesar de la oscuridad que trae… Cuando algo es sencillo y natural surgen pervertidos y cobardes arribistas que lo corrompen. No quiero que hagan eso con la muerte, no con la mía. Puercos… Y quiero morir antes que Murf, me niego a ver a otro ser amado pudrirse mientras aún respiro. Quiero salir el primero de aquí y ahorrarme las desgarradoras tristezas que añadirán al acto de morir desolación en lugar de paz. Así será cuando ocurra: en la foto él mirando una mesa vacía y el café por acabar. Mejor él en la foto que yo. Memento mori… Y que muera la conciencia de una vez por todas, sin más tristezas. Que morir no sea un llanto de tristeza, sólo de dolor y miedo. Los míos.
No es verdad que la letra con sangre entra. Con la sangre lo único que entra es la infección, la ira y su violencia. Por mucho que me hicieron “sangrar” en la escuela no consiguieron que en mi torrente sanguíneo se metiera uno solo de sus piojosos dogmas. Sin embargo, que la sangre escribe letras y da color a la pluma entre mis dedos, no es un fascismo o una brujería. Creo en la sangre que sale por un dolor y en la sangre que escribe y describe el dolor y una libertad salvaje. Creo en lo que escribo con sangre permanente que el viento no puede llevarse, como creo en el hambre de aquel coño amado mil veces lamido y follado.