Posts etiquetados ‘Jade Negro’

–¿Qué te sorprende, Jade?
–Nada, solo me callo.
–No me lo creo, tú nunca harías algo así.
–Eso tampoco es cierto, si estás haciendo una mamada no puedes hablar.
–Está bien, suéltalo de una vez.
–Estoy caliente.
–Siempre, como yo. ¿Y qué más?
–Pues follemos y dejemos de hablar.
–Primero quiero saber qué callas, ya me has liado.
–Anoche me hice amiga de una bollera y después de hacernos unas tijeras en su casa, me entró hambre y le desgarré el cuello. Y me he dejado en la mesita de la cama el monedero con mis tarjetas y carnet de identidad…
– Pues sí que lo pasaste bien para olvidarte algo tan importante.
–Estuvo bien; pero como se colocó con unos cuantos ácidos en el pub, al tragarme parte de su sangre me he colocado.
–¡Vamos! Te acompaño a su casa y recuperas tus cosas antes de que la policía se entere. Y a la vuelta paramos a beber algo y tomar unas tapas.
–¿De verdad no te importa cuando mato a un humano?
–Solo me preocupa que algo salga mal para ti, Jade.
–Te quiero, Ico.
–Y yo más, Jade. Tanto, que serás tú la que cierre la tapa de mi ataúd.
–¡Oh, qué romántico, cabrón! Escritor tenías que ser.
–Bueno… También me gusta que te hayas olvidado las bragas. Tu culo es más suave al tacto.
–Ico… Dime que de verdad me quieres, estos tripis me están dando un poco de bajón.
–Claro que te quiero mucho, muñeca de culo respingón. Salgamos a tomar el aire.
–¡Estás loco! Te voy a comer.
–¡Bah! Tienes mejoras cosas que comer que mi carne añoja; pero vigila los condimentos.
–Ico…
–Dime y levántate ya, cotorra.
–¿Quieres ver como meo en la calle y me haces una foto de frente?
–No me hagas reír, lobita putita.

–Ico…
–Dime, Jade.
–¿Qué ocurrirá cuando te mueras? ¿Con quién tomaré mi sangre malteada sin arrancarle el corazón cuando acabe la taza?
–¿Y por qué no me matas a mí?
–Me pones, cabrón.
–Mentira.
–¡Ja! Tienes un odio inmenso a tus congéneres y no te preocupa. Tu odio relajado es tan extraño… No eres un ser sobrenatural y desprecias y ofendes a la humanidad, a los tuyos, sabiendo que vas a perder.
–No son míos, Jade. Ojalá pudiera ser como tú.
–Pues deja que te muerda la polla.
–Tan mona y tan obscena mi Jade. Eres fascinante.
–No te mueras, Ico.
–No podría vivir tanto tiempo aquí. Para ti los humanos son caza, comida, follar. Yo solo quiero estar lejos de ellos.
–Eres un licántropo o un vampiro maldito, ¿lo sabías? Debiste ser muy malo en otra vida, incluso con los propios dioses para mecer semejante castigo.
–Jade…
–¿Qué?
–Tus bragas transparentan el coño, me haces sudar por dentro y entre las piernas.
–Ahora sí que te arranco la polla, mamón. O eso, o necesitas un exorcista.
–Tómate tu sangre malteada, mi Jade, aún que estoy vivo. Y mira a la cámara, belleza.
–¿Y luego te como?
–Déjame escribir, cotorra.
–¡Jajjajajaja!

Hay momentos en los que Jade está ida, ausente. Y es tal la potencia de su ancestral pensamiento de licántropo que siento el aire denso y a la vez sereno.
Me fascina Jade Negro, su alma. Su belleza despreocupada.
Jamás le preguntaré que piensa, puedo intuirlo. Y porque no nos gusta que nos lo pregunten.
Tenemos nuestros secretos.
Nunca pensamos en una cosa, siempre hay una vorágine de imágenes, palabras, sonidos y emociones superpuestas. Simplemente están ahí girando, y a veces no podemos quitar la vista de ellas.
Si nos preguntan en que pensamos mentimos, o callamos respondiendo “en nada”.
¡Se le satura la belleza cuando está a solas consigo misma! Su propio silencio la envuelve, la acaricia, la ama…
Escribiendo estas líneas en la libreta, me habla.
–¡Ico!
–Dime Jade.
–¿En qué piensas? –ríe divertida, con astucia.
–¡Puta! –le respondo con toda mi risa, con todo mi cariño.
Y nos reímos los dos.
¡Qué genialidad la de Jade!
Mientras ella lee mis palabras, le preparo un café porque se lo merece.
Más que yo.

–Ico, mira que he escrito: La soledad es el estado de equilibrio en el que no necesitas a nadie. Y así el amor adquiere la cualidad de lo desinteresado, sin frustraciones y miedos que lo puedan desvirtuar.
–Es perfecto. ¿Estás un poco triste, Jade?
–¿Verdad que es difícil estar solos? Tal vez un poco cansada de tantas amigas, de tantas risas. Soy una loba solitaria que no encuentra soledad. ¡Eh, no tengo la regla! Es que hoy me siento existencialista.
–El amor es una soledad compartida. Los enamorados dejan el mundo fuera de sí, y se hacen extraños en el planeta. Son uno contra todo. Es difícil, realmente difícil encontrar una soledad de amor, Jade Negro.
–¡Exacto! Amar es lo más difícil, Ico. Te lo dice una lobita que ha vivido siglos.
–Es un hecho extraordinario, rarísimo; pero a veces sucede que una loba hermosa te arranca el corazón y sangrando la besas. Esas cosas ocurren, Jade.
–¡Ladrón! ¿Me amas?
–No, es tarde para esas cosas. Pero es difícil no amarte, me pones en un aprieto.
–Te muerdo, te hago lobo y ya está; así cuando me emborrache, no te mato. Y te quedas conmigo, porfi.
–Has tenido muchos amores, cielo.
–Ya, pero tomo mucho vodka, aparece la luna llena y me como al amante. Nunca aprenderé.
–No necesitas amar: quieres amar. Quieres estar con una persona todo el tiempo posible y cerrar la puerta de salida al mundo.
–¿Y qué más da querer que necesitar?
–Si necesitas, corres el riesgo de quedarte con algo como yo. Pero si simplemente quieres serenamente amar, esperas y aparece lo que no necesitas, sino lo que es imposible negar. Si buscas amor por miedo a la soledad, tu miedo e hipocresía serán dañinas.
–Vaya, Ico, si llevara bragas se me mojarían escuchándote. Di que me amas.
–No.
–Un día te morderé y me besarás sangrando. ¡Cómo me gusta!
–Estás en celo, lobita hermosa.
–¡Ah, cabrón! ¿Te he dicho que no llevo bragas?
–¿Dónde has estado, Jade, mientras yo corría veloz hacia la muerte?
–No sigas ¿eh? Te morderé.

–¿Qué ha ocurrido, Jade?
–Me he peleado en el gym con una guarra, en el vestuario. Llegó una tetona hiper tonificada y me dijo que debía llevar la mascarilla.
–¿En la ducha? No te pueden obligar.
–¡No! Cuando me estaba vistiendo.
–Aun así, vaya borde la tipa.
–¡Sí! Le arranqué la mascarilla y la pegué en mi coño peloncito y mojado.
–¿Aún lo tienes mojado?
–Méteme los dedos y verás.
–Vale… Y ella que hizo.
–Se me tiró encima y me arañó.
–Te quedan muy sexys las heridas.
–Me las he maquillado para resaltarlas, sabía que te gustarían.
–¿Y qué pasó después?
–Le desgarré la garganta, la decapité y le arranqué los pezones a bocados. Me queda uno ¿quieres probarlo?
–No. La carne de idiota no me va.
–¡Me meooo! ¡Jajajaja! Pero ahora tendré que buscar otro gym.
–Hay muchos, Jade. No hay problema.
–Ico…
–Dime.
–Me pica el chocho ¿será coronavirus de la guarra?
–Y si lo fuera ¿qué?
–¡Jajajaja!
–Ico…
–¿Qué?
–¿Me lo rascas o me lo comes?

Se sentó encima de mi plumier y me dijo:
–¡Hola! Soy Jade Negro.
–¡Hola! Yo soy Nadie.
–Te adoro –dijo con una soltura antigua como la tierra misma.
–Es mentira.
–¡Astuto! ¿Te pongo nervioso?
–Sí, demasiado hermosa. Incluso pareces sintética ¡Ja!
–Bobadas. Tengo cosas húmedas ¿sabes?
–Por ser una bellísima licántropo de juguete tienes demasiado desparpajo y descaro.
–Tengo más años que la biblia, cielo.
–Lo sé. Acomódate donde quieras, es tu casa.
–¿Hasta que mueras?
–¡Claro! Ya pronto.
–Te morderé, no podrás.
–Eres un encanto de mentira.