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Porque consigues no sé de qué forma, desviar mi flujo sanguíneo que va al cerebro, hacia el pene.
Tal vez sea esa la causa del mal de amores, de la locura de estar enamorado. Yo no recuerdo haber descendido tan profundamente a la primitiva lujuria desde que conocí tu existencia.
O tal vez borraste mis recuerdos porque las cosas extraordinarias cubren las mediocridades, las abandonan en un desván enterrándose en polvo.
¿Y para qué quiero un cerebro si estás tú? Amar no requiere de intelecto.
Tú sabrás qué hacer conmigo, qué hacer de mí.
Confío en tu sabiduría como en tu piel. No quiero pensar cielo, estoy cansado de este humo que me sale de la cabeza.
Pareciera que las tostadas se han quemado.
Y los huevos hierven.
Mi corazón late, mis brazos son operativos para abrazarte, mis labios se mantienen hidratados con los tuyos… Tengo lo necesario para vivir.
Sé que amarte es duro (y debe serlo), que cuando me acerco a ti, debo hacer alarde de hombría quiera o no; pero me gusta ese sacrificio. Sobre todo cuando está en tu mano. ¿Ves? Soy un completo derroche de obscenidades.
Podría decir que mi cerebro se ha secado. Y así, no sé cuál de tus dos pares de labios he de besar primero.
Esta es la máxima inquietud intelectual que puedo desarrollar cuando iluminas mi día con tan solo una palabra.
Y ahí está el secreto, no se lo digas a nadie porque tengo que conservar mi carisma de hombre zafio y tosco (de hecho me sudan copiosamente las cejas con este derroche de palabrería): tan solo necesitaría de ti una palabra y poder así asomarme al vertiginoso acantilado de tu mente. Asomarme a tu alma.
Bueno, dejaré la metafísica para los inteligentes, estaba hablando de follarte y de la cremosidad de mi glande que fácilmente resbalará entre tus dedos sin ningún problema.
Estoy en celo.
Se podría decir que soy el resultado evolutivo de tu selección natural.
Lo hombres no hablan de almas, solo de follar.

Iconoclasta

Tengo la indecente costumbre de ponerme caliente con solo saber de ti, con solo verte.
Y ahora que el aire es frío no puedo dejar de pensar en tus pezones contraídos y darles consuelo con mis labios cálidos y babosos, encelados de ti.
Tu coño, en cambio, siempre es cálido. Y ahora que te sueño, mi glande se muestra ardiente y resbaladizo. Cuando estoy solo conmigo mismo, mi pijo está seco y frío.
Por ello pienso que te la metería sin cuidado, con cierta brutalidad encima de un altar. Clavando los dedos en tu carne, alzando tus piernas en alto hiriendo la piel, arañando los muslos y dejando mis huellas de deseo en ti.
Dejo tu coño indefenso a mí…
Un deseo desbocado.
Cabalgas clavada en mi falo. Jadeando como el más hermoso animal con mi boca mamando tus pechos, creando obscenos filamentos de tus pezones a mis labios, que oscilan hipnóticamente con la violencia de tu monta.
Eres una puta diosa amazona.
Follarte y meterte profundamente todo este amor con cada embestida. Robarte el aire de los pulmones con cada penetración profunda y animal.
Siempre es necesario follarte haga frío o calor.
Haces hervir mis cojones y su leche.
Despierto en las madrugadas hambriento de ti y con la leche a punto de brotar por un meato dilatado, como si fuera a parir. Y en la madrugadas me hago pajas jadeantes, aún ebrio de un sueño contigo.
Despierto acariciando el espacio vacío de la cama, donde debieras yacer, a mi lado; si esta vida no fuera tan puta y tuviera algo de decencia.
Y luego, con los dedos mojados de semen, acaricio tu cuerpo fantasma en la sábana mientras el sueño me lleva de nuevo a mundos desconocidos. Y a ti.
No sé si es triste; pero sí sé que estoy caliente como animal en celo.
Si al menos pudiera follar lo que no amo, mi vida sería más relajada; podría amarte y soñarte con más decencia y espiritualidad; según los cánones del romanticismo.
Pero solo tú puedes ser mi puta, y la responsable de este continuo correrme en el frío y en el calor en mi indecente y pornográfica soledad.
No imaginas el vacío que crea tu ausencia en torno a mí…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.