Posts etiquetados ‘pasión’

Una mujer caliente, sexualmente excitada, es la mayor fuerza de la naturaleza, no puedes combatir contra ella.
Debes arrodillarte y leer el salmo de su coño. Ciego, con la lengua, con los dedos descifrando un Braille de gemidos y espasmos que brotan de sus muslos y boca.
Has de humillarte ante su fuerza y acompañar su pelvis en cada estremecimiento que padezca, que se corra llena de ti.
Y observar como exhala su alma entre los labios jadeantes.
Y beberla.
Que grite o susurre impúdica e implacablemente su placer.
Es imposible sentir su húmedo poder y contener un semen que hierve, que duele presionando en los cojones. Que brotará por un glande cárdeno henchido de sangre.
Mascullar íntimamente a la diosa desatada que es tu puta, que la odias por su poder que te convierte en su siervo y esclavo. Y que la leche que rezuma por su coño está formada por tu alma y tu corazón.
Preguntarle: ¿Quieres matarme? Es eso lo que quieres ¿verdad, cielo? Que derrame lácteamente mi vida dentro de ti, sobre ti. Y aún muerto seguir amándote con desesperación.
Somos el sacrificio de la diosa.
Y una obscena redención.
Un suicidio líquido y cremoso.

Iconoclasta

¿Alguna vez has sentido el frío filo de la navaja cortar el vello de tu monte de Venus?
¿Desearías tener una mano para poder desflorar tu coño y lo bese mientras el acero corre suave por tu piel?
¿Alguna vez te han follado con los ojos tapados?
¿Desearías que hundiera más profundamente mi rabo en ti en lugar de tan solo el hirviente glande?
¿Alguna vez te has agitado intentando hacer tu coño más grande para apresar esta polla que no entra profundamente?
¿Con los brazos en cruz y las muñecas atadas ofreciendo tus tetas erizadas impúdicamente?
¿Con las piernas abiertas y los tobillos atados mostrando el brillo denso y hambriento de tu coño y el clítoris erecto hasta el jadeo?
¿En tu oscuridad e inmovilidad te han metido un dedo en el culo mientras te aspiraban unos labios recios y crueles el clítoris, durante unos segundos desesperadamente cortos?
¿Alguna vez has escuchado, mi puta, los gemidos del macho masturbándose ante tu inmovilidad, ceguera y obscena indefensión?
¿Alguna vez has sentido con los ojos vendados la cercanía de algo en tus labios, su roce. Y has elevado tu cabeza para sentirlo más plenamente, lo que sea?
¿Has pedido alguna vez que te dejaran besar eso no que ves? ¿Has gritado que te follen la boca en tu oscuridad?
¿Lo has pedido jadeando? Porque ahora mismo tus labios entreabiertos azuzan mi bestialidad y las venas de la polla parecen gruesas telarañas.
¿Alguna vez te han pedido que te mearas y al mear una mano recia contiene tu chorro de orina acariciándote ardientemente?
¿Alguna vez atada y cegada, te han acariciado sutilmente los labios del coño sin hundir los dedos y has elevado desesperada la pelvis para que los dedos, por favor, se metieran dentro sin cuidado?
Porque lo estás haciendo, puta.
¿Alguna vez has sentido el roce de unos labios en los pezones y no ha sido suficiente, y has intentado romper las cuerdas para empujar la cabeza besadora hasta que mame de ti incluso dolorosamente, sin piedad?
“Por lo que más quieras…” jadeas entrecortadamente.
¿Qué sientes en la oscuridad cuando mi lengua se abre paso en tu coño y no puedes presionar contra mi boca y jadeas entre ansia, placer y exigencia?
¿Alguna vez te has corrido como ahora, sin que apenas te tocara, mientras mi semen cae en tus pechos y oscurece los pezones?
No sé mi amor, mi puta.
No sé si soy tu amante o tu tanque de aislamiento sensorial del mundo, tu alucinación que se derrama en ti y martiriza tus deseos.
¿Alguna vez te han dicho te amo, atada y ciega y has contestado con la respiración acelerada: solo fóllame, cabrón?
Volveré mi puta, esto no es un acto extraordinario o una casualidad, será tu condena. La misma adicción que creaste en mí con tu fastuosa sensualidad.
¿Alguna vez te han escupido en el coño y te lo han frotado hasta correrte de nuevo y cuando has sentido pies y manos libres, no había nadie ya?
Volveré mi puta.
Y mi voz será lo que te conduzca de nuevo a la animalidad más pura. Te quiero caliente, ardiendo, anegada.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No te ofreceré nada; pero intentaré hacer lo necesario para que no sientas que te he estafado tiempo de vida.
Lo que dure.
Lo digo porque hay gente muy paranoica que cree que su tiempo es oro y luego te quieren cobrar intereses, como si hubieras asistido de su mano a algún tipo de experiencia o cura milagrosa.
Mi cura milagrosa solo pueden ser tus labios, los cuatro.
Soy muy simple y fumo para parecer que pienso. Como te digo, mientras viva no tengo otra cosa que hacer más que amarte y no soy un beato como el joven Werther. De follar tengo mi experiencia, o sea que de adolescencias y cosas de esas, nasti de plasti. Quiero decir que tengo duricias en el alma y en la picha; pero no me siento especial, tienes tantas como yo en el alma, se te nota en esa mirada de mujer loba.
También tengo experiencias en fracasos, por viejo y por tonto, diría incluso que los colecciono. No aprendo nunca, a mí nadie me enseña nada ni me escarmienta. Y no hay nadie igual en el mundo y nada se repite. Me paso por el rabo lo que me predicaron para hacerme idiota que es justamente lo contrario.
Existe el pensamiento insectil en una masa humana; pero todas las reses huelen, apestan distinto; debe ser por sus hábitos alimenticios e higiénicos. Una cuestión ganadera.
Así que cuando pinte mal, me largo y no montamos dramas innecesarios. Si en la vida sobra algo, es pesar.
Y si te parece bien mi currículum, vamos a follar que tengo la garganta seca de tanta cháchara de amor.

Iconoclasta

Tengo un tic nervioso, un Pinocho inquieto en la bragueta.
No me creas banal o vulgar, solo es obscenidad, sincera lascivia.
Soy viejo como el mar y la ingenuidad es un cadáver entre los huevos.

Una usual calentura, un cipote de madera ardiente.
Un infierno en los cojones, una leche como lava.

Ni por un momento pienses que es defecto de fábrica o de un Gepetto senil, acabado.
Acepta tu responsabilidad, amor.

No crece la nariz con mentiras, ocurre con tan solo un aleteo de tus pestañas, solo con una mirada tuya, mi puta.
Ante ti, diosa del alma y la carne plena de sangre pulsante, pudiera parecer que miento; pero solo rabio de deseo.

Mi hada azul de destellos húmedos y regueros blancos en tus recónditos muslos…
No es por mentir el Pinocho inquieto, cielo. Simplemente una lógica indecencia de tal magnitud que el universo mira a otro lado con una tos de embarazo.

Iconoclasta

Eres un maravilloso accidente en mi vida. Y te llamo accidente por lo sorprendentemente fácil que es amarte; como caer por un tropiezo y darse cuenta de que estás perdidamente enamorado.
De la forma más ilógica e inmadura.
Si tú eres un accidente elegante, ingenioso, irónico (cómo me haces reír), con unas sofisticadas clavículas y unos pechos hermosos y lamibles. Yo me siento como una piedra en tu camino.
O en tu zapato, irritantemente adentro (es mi fetichismo).
Y siento mucha angustia, temo por ti, por tu salud.
¿Y si tienes un agresivo astigmatismo, miopía o alguna patología como un absurdo daltonismo que en vez de cambiar los colores, cambia las formas y los rostros?
No creas que pretendo cuidar tu salud.
Te quiero enferma si ese fuera el caso.
Deseo que sigas viendo lo que no soy, que mi vejez y decrepitud sigan ocultas a tu amor. Ruego porque jamás acudas al oftalmólogo.
O al psiquiatra, aunque sea más grave.
Si pudiera, te mantendría engañada todo lo que me queda de vida.
Porque si te pierdo ¿qué me queda?
Este egoísmo mío es una lógica secuela del accidente que representas para mí. De amarte.
Y constituye una constante lucha por reparar este engaño al que estás sometida.
Temo algún día estropearlo todo y ser sincero. Llevarte yo mismo al oftalmólogo. No puedo reprimir estos accesos de ética que me sobrevienen.
Temo clavarme yo mismo el puñal y perderte.
Aunque también existe la posibilidad de que esté loco y tú no me ames. Tú no existas.
Entonces no te haría daño, no tendría la pesada carga de tenerte engañada.
Mi locura es la única posibilidad para seguir siendo tu piedra, solo a mí corresponde concertar cita con el especialista.
Así que no puedo ni quiero reparar este hermoso accidente, mi amor. No sé si estoy loco o tú estás ciega, pero el mundo está bien así.
Te amo, bella miope.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No tengo claro cuanta vida consume el amor.
¿Y si es al contrario? Que sea la vida la que desgasta el amor.
Entonces también cabría preguntarse:
¿Cuánta vida consume la búsqueda del amor?
Sea como sea, has de ser muy cauto cuando juras que la amarás por toda la eternidad.
Y también debes preguntarte, dado el caso:
¿Qué clase de amor es el que no puedes jurarlo eternamente? Es una mierda de amor.
No seas estúpido, ama con pasión, sin razonar; porque de lo contrario estropearás una de las cosas más bellas de la vida.
Y que pase lo que quiera.
Tú, ámala. No tienes otra opción. No tienes otra cosa que hacer más digna.
Cuando todo deba ir mal, cuando se rompa, llora.
Y desgástate buscando otro amor. Consume la vida en la búsqueda de la belleza.
Además, te distraerá de la muerte que te pisa los talones.

Iconoclasta

El amor es la partícula más pequeña del universo.
Tiene que serlo…
El amor penetra en el corazón, el cerebro, el estómago…
Y en el vientre, porque al sentirlo te doblas.
Es una partícula microscópica que se filtra por los intersticios epidérmicos y viaja hacia el corazón, el cerebro y el aparato digestivo.
Y se enquista en el pensamiento, en el ritmo cardíaco y en las entrañas provocando un vértigo. Se aloja en los pulmones, por ello suspiran los amantes, pareciendo que están cansados, derrotados.
A la fuerza tiene que ser muy pequeño el amor. Solo puede ser atómico o molecular para llegar a lo más profundo.
Escribiría “te amo” en lo más íntimo de tus muslos con letra microscópica para que las palabras entren en tu sangre. Escribiendo cerca de tu coño para mortificarte, alargando la escritura hasta que mojes y emborrones las nano palabras de amor y deseo.
Una gota infinitesimal de tinta cae en el papel en el que te busco y te pienso, como una lágrima negra inevitable. Y un semen que muere enfriándose en las sábanas que no tienen tu forma ni calor en mis amaneceres.
Así es la metástasis del amor.
Es tonto decirlo; pero lo que no amabas no dolía, no duele.
Sin ti hay dolor, y eres la radiación que necesito.
He mutado, ahora soy un simbionte de ti.
No sé dónde empiezo yo y dónde tú dentro de mí.

Iconoclasta

Una vez te escuché, y te amé.
Otra vez reíste, y te amé.
Otra te besé y te amé con la boca abierta como si fueras aire.
Una vez jadeaste cuando estaba dentro de ti, y te amé con la furia atávica del celo animal.
¿Te acuerdas cuando estornudaste? Pues te amé.
Una vez me acariciaste y te rogué que no pararas. Y definitivamente te amé.
Aquel día tardaste demasiado en llegar a casa y añorándote te amé.
Hiciste un plato de lentejas del carajo, no sabían a nada. Te amé más que a mi puta vida.
Y aquella vez que me rompí, mis trozos te amaban.
Las paredes estaban podridas y los grandes gusanos corrían horizontalmente por su interior, abultaban la pared en ráfagas veloces y temía que salieran. Me despertaste: ¡Pablo… Despierta! Y te amé con el corazón desbocado.
Cada gesto, acto o palabra que realizas, es una razón para amarte. Descubrir algo nuevo de ti, es una nueva razón para amarte.
Y todo parece indicar que irá a peor, que me faltará vida para amarte en la totalidad de ti.
Una vez concluí que eras inabarcable y te amé.
Hace unos segundos escribí de ti, y te amé.

Iconoclasta

Es sorprendente su ímpetu y entusiasmo al recibir el nuevo día hablando, cantando, riendo…
Amanece cuando ella abre los ojos, aunque el sol lleve horas calcinando las pieles.
Amanece cuando inunda con su voz mi mundo, que está en ella.
Literalmente, cuando ella amanece se rasgan mis tinieblas.
Y el sol siente que no ha hecho bien su trabajo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Su piel se aseda con el tenue frescor de una brisa marina, los pies cubiertos por la blanca arena forman el sagrado pedestal a sus piernas infinitas. En una nalga la arena se aferra y la hace deseable hasta la paranoia.
La mía…
Sus pechos pesan en el sujetador del bikini que apenas los cubre y las ingles lucen poderosamente seductoras limitadas por la braguita.
La luna hace foco en ella y unos rumores de tambores tierra adentro evocan tiempos de magia antigua, como las olas mismas que la llaman, que la anhelan…
Lanza su mirada a la luna y se adivinan milenarias en su belleza, ambas, la diosa y el astro.
Y siento que mi mente me arrastra hacia la deidad, que el pene tira de mí y la piel me arde.
La de mi puto pijo.
Es lo que debo hacer para seguir vivo: desgarrarme y arder.
No hay elección.
El quebranto más bello de la mente.
Correrme en ella, en su arena, en su piel, en su mirada… Que la luna mire excitada, con su color de semen encendido, la violenta y lasciva comunión del mortal y la diosa.
Como un cuento con final feliz… No puede hacer daño.

Iconoclasta