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Los humanos lloran ateridos de miedo y emocionados con consuelos pueriles tras la seguridad de las ventanas. Pidiendo piedad a dioses de paja y barro y a seres humanos moldeados con estiércol.

Y mientras tanto las pequeñas flores mueren sin perder un ápice de su belleza.

Lucen hermosas a pesar del viento que las arranca, de la lluvia que las arrastra, del frío que las marchita.

Tienen la fortaleza precisa para ser dignas. Una dignidad que la humanidad desconoce.

Se está bien aquí con ellas, tosiendo, cojeando.

Doliendo la vida, sin más preocupación que ver morir cosas bellas.

¿Por qué nunca mueren las cosas horrendas?

Se está bien aquí con ellas, enfermando con un cigarrillo. Aquí, fuera de los muros con ventanas que guardan seres que la lluvia no puede arrastrar a pesar de no tener fortaleza.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Amo las pequeñas flores del bosque porque son tu metáfora.
En mi pensamiento a veces hostil, a veces negro; eres el color y el calor que me hace humano. Flotas hermosa en mi enmarañado pensamiento, elevándote sobre todas las cosas vivas y muertas que lo habitan.
Con toda esa fuerza… Tan pequeña y tan brava.
Irreductible.
Es la metáfora de tu belleza y la pasión de vivir.
A pesar de la hojarasca…
A pesar de los cuervos que graznan malhumorados mi existencia.
Extiendes tu color ante mí, un paño húmedo en la sudorosa frente del enfermo.
Indecentemente ingrávida esplendes como una diosa, hipnótica, deseable.
Y frágil.
Me da miedo pensarte tanto y que te pueda doler una pétalo.
Los pétalos de tu coño hambriento, cubierto de rocío espeso…
Y yo libándolo…
No eres la obra de un tumor, mis labios guardan el calor de los tuyos.
No puedo regalarte una flor, porque me quedaría vacío entre la hojarasca. Solo tengo una, solo te tengo a ti…
Es absurdo; pero ¿qué puedo hacer yo para entender la metafísica del amor?
Eres la más hermosa contradicción: esa aparente sutilidad y tu atómico amor.
Y los muslos que tiemblan, impacientes por abrirse, que se cierran en contracciones que marcan los jadeos… Que te traicionan dejándote indefensa a mis toscos dedos pringados de viscoso deseo.
¿Cómo puede una flor tan pequeña pesar tanto en mi vida?
¿Cómo puede un animal como yo, poseer ese fulgor de amor constante en su pensamiento hosco?

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.