Posts etiquetados ‘ternura’

¿De verdad es posible que yo fuera ese niño tan querido y arropado por su padre y su madre?
Están tan muertos los pobres, que siento una náusea, un vacío en mis tripas.
Mis amados muertos… Yo también os quise.
Y también el niño murió para dar su vida y sonrisa a lo que soy.
Fue mejor así.
Los niños no deben sufrir dolores y pérdidas tan aterradoras.
Es una hermosa foto de bellos muertos.
Nos vemos pronto.
Bye…

Iconoclasta

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Ocurre a veces que llego cansado a cualquier lugar. El hecho de realizar el más leve movimiento me cansa. Me duele.
Es la biología, el cuerpo pide descansar de una vez por todas.
Pero es delito quedarse quieto, varado como una ballena en la playa.
Así que me meto el cansancio en el culo y me muevo.
Una vez he llegado al lugar, el cansancio desaparece con un cigarrillo y las primeras palabras que escribo en la libreta.
No irás a pensar que me olvido de ti. ¿Verdad, mi diosa?
He dicho cansado, no amnésico.
Lo cierto es que cuanto más me alejo de mi casa, más me acerco a ti.
Pudiera ser que confundiera cansancio con ansiedad.
A lo mejor, sueño sin darme cuenta con el rotundo abrazo que aplastará tus pechos contra el mío.
Pudiera ser que además de cansado, dolorido y ansioso; debiera concluir que estoy caliente.
Amarte es un maravilloso caos.
Bye, amor.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El oficio más triste. Dic 2016. Sant Joan Ab. Fuji

Los terneros, separados de los adultos, duermen juntos en el prado templado por el sol de mediodía como en una guardería humana.
En algún momento alguno se incorpora y hociquea a su madre en un costado. Ésta le lame los ojos y el hocico. El pequeño mete la cabeza entre sus patas buscando la teta. Buscando el cariño que toda cría necesita, sea vaca o humana. Buscando amparo en este gigantesco mundo.
Siento una profunda tristeza, como una herida sangrante en la emoción de la ternura; el triste final. Terneros y madres morirán sin oportunidad de defenderse, sin oportunidad de tener una vida completa.
Ser ganadero es el oficio más duro, el más triste.
Vivir cada día con esos seres tan llenos de emociones. Todos los días ver y experimentar esas necesidades de cariño, de crecimiento que los humanos también sienten. Relajarse observando su sencilla placidez: como se tumban al sol en silencio cuando han comido, como si todo estuviera bien y por lo tanto, nada que decir.
Todas esas vidas que se cargarán en un camión y luego matarán.
Tantos meses compartiendo sus días…
No podría, no tendría valor para ser ganadero.
No puedo cruzar un prado y pensar solamente que viven en paz, que son seres hermosos.
Hay una tragedia escrita como una ley. E inquebrantable.
Han de morir, en unos meses.
A veces las saludo porque me observan cuando paso frente a ellas. Les digo: “¡Hola guapas, buenos días!” si no hay nadie cerca.
E intento no pensar en lo que ocurrirá, no quiero que puedan intuir mi tristeza.
Todos morimos; pero no con la absoluta certeza de la inmediatez, la norma y la indefensión.
Sobre todo, la inocencia. No lo imaginan, lo sé por sus miradas tranquilas, por sus mugidos perezosos y plácidos. Porque los pequeños a veces juegan entre ellos y se vuelven a tumbar en la hierba cansados. Juntos, como amigos de clase.
Son muy pequeñitos para que alguien les diga la verdad. Las verdades no deben decirse jamás; solo hacen daño y corrompen la alegría.
Yo no podría matar a mis amigos.
Pobres hombres y mujeres que deben hacerlo.
“¡Adiós bonitas, hasta mañana!” me despido de ellas con la alegría más triste del mundo.
La belleza de la montaña encierra una tragedia que colapsa la alegría.
La belleza es un animal venenoso de atractivos colores.
Es como si hubiera una norma que dijera que siempre es un buen momento para la pena y para morir.
No hay belleza sin dolor.
A veces siento un cansancio vital, como si no quisiera saber más, ver más.
Ya lo he vivido todo.

 

ic666 firma
Iconoclasta
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serena-y-equilibrada

No puedo dejar de pensar en follarte, en imaginar toda clase de obscenidades con tu cuerpo parido para ser cubierto y penetrado hasta el paroxismo; a pesar del cariño y bondad de ese momento mágico en el que compartimos el primer café de la mañana.

Es curiosa la ternura y lujuria que desatas por igual en mí.

Eres perfecta y equilibrada. Justo lo que yo no soy.

Siempre pareces serena, sorbiendo el café, fumando… O metiéndote un plátano en la vagina ante mi mirada animal en el juego más obsceno, arrastrándome a la absoluta irracionalidad de metértela violentamente.

A veces pienso, cuando abres las piernas ofreciendo tu vagina indefensa y desflorada, que tú eres la bestia y yo soy tu presa. Tu objeto.

Y me gusta.

No existe otra forma de vivir que sucumbir ante tu mirada y tus agujeros.

No pierdo el control, me lo arrebatas con tus tetas imponentes.

Chupables…

En las que me he corrido tantas veces salpicando tus labios que gimen temblorosos.

Te meas indecente, hermosa y descarada con una sonrisa. Y acaricio tu coño y el chorro de orina que sale a sorprendente presión.

Provocamos que el sol gire la cara avergonzado al vernos.

Porque somos sórdidos a ojos de los vulgares; pero cada líquido que mana de ti es mi fuente de la vida. Es un hecho, porque sigo respirando a pesar de que tú tienes el control de mí.

Serena y equilibrada, has hecho posesión de mi cuerpo y mi pensamiento.

Serena y equilibrada… Y soy tu presa.

 

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Iconoclasta

Me cuesta mucho respirar, mi pequeña.
Me cuesta dios y ayuda aspirar aire con este cuchillo de amor que tengo clavado en el pecho. No sé como arrancarlo. Es un cáncer que mina el alma.
Un dardo de amor y ternura que duele infinito. Como en Toy Story: hasta el infinito y más allá.
Como duele Paulita…
— ¡Papi…! —me dices abrazándote a mis piernas si estoy de pie, o a mi cuello y me das un beso.
Y siempre quieres estar sentada a mi lado en el sillón. Nadie lo quiere, solo tú.
Eso no está bien, no hay nada que duela más que dejarte.
Si la vida fuera un ser, le diría que no se ensañe conmigo, que no es justo este aire que respiro sin ti.
No podía imaginar hasta que punto podría amar a alguien, mi pequeña Paula. Como solo los padres aman a sus hijos, así me siento de partido en dos.
Llegué a tu lado por el amor de una mujer y acabo llorando por el de una niña que es mi hija aunque no lleve nada mío.
Ojalá no te acuerdes de mí, porque si fuera así, habría dolor y si supiera que ibas a sentir pena, yo me muero.
No puedo respirar sin dolor, sin lágrimas.
No soy tu padre, pero soy padre y sé que te amo hasta tal punto, que aspirar el aire de tu ausencia es un dolor que supera al cáncer.
No puedo dejar de llorar.
Me voy muy lejos para siempre, ya no te llevaré a la escuela ni te recogeré.
Como duele, mi amor pequeño.
He pasado muchos dolores, Paula, pero como el no verte, ninguno. Hacía años que no lloraba.
Eres el amor más puro, lo que jamás hubiera esperado sentir. No sabía que se pudiera amar tanto…
Me alegro de que no te hicieras mayor conmigo a tu lado y aprendieras que solo soy un hombre mediocre. Es el único consuelo.
Pero no lo es, porque me duele la vida entera. Me duelen todos los años que no te veré, me duele la muerte sin saber de ti.
Es un dolor que no te puedo explicar sin llorar. No es soledad, es simplemente que ya no te oiré, ya no iremos a tomar helado.
Es solo mi dolor, porque con cuatro años solo has de pensar en crecer y seguir haciéndote hermosa.
Me duele la cabeza de tanto añorarte, solo hace unas horas, pero lo definitivo de la separación tiene la edad de los planetas en su devastadora tristeza.
Te aman muchas personas, tus padres, tus hermanos, seguramente más que yo; pero yo soy el único que sabe lo que duele, eres mi dolor ahora. Solo yo sé lo que duele escribirte estas líneas y que se hagan eternas y que me superen en el tiempo y sean el testimonio de que Papi te amó hasta el llanto, que dejarte ha sido lo más desgarrador que he sentido jamás. Porque existe la completa certeza de que no nos encontraremos jamás.
Cuando seas mayor, estaré muerto, mi Paula.
Y cuando seas mayor, comprenderás el alcance de estas palabras y que un día un señor te amó hasta el llanto.
No te preocupes, la vida es hermosa para ti. Mi vida no tiene nada que ver con la tuya, soy una excepción de dolor y frustración.
No puedo respirar, Paula…
El dolor por perder a una hija que no lo es y se ama más que si lo fuera, supera las barreras de la cordura.
Me duele mucho, a Papi le duele horrores…
Pero Papi es fuerte, lo es por ti.
Necesito tu abrazo, no haría daño…
Me voy y me llevo todo este amor, no importa el dolor, pequeña.
Papi es fuerte, lo quiere ser, necesita serlo. Solo necesita poder respirar bien…
— ¡Paula…! —te beso, te abrazo y nos vamos a ver las gallinas, los gallos y los pavos y luego comer unos tacos y una horchata, mi amor pequeño.
Que mi amor te llegue siempre, aunque esté muerto.
Los viernes eran día de helado… Me siento cansado, siéntate conmigo y vemos juntos una peli.
Muaaaaaaaa…

 

Iconoclasta