Posts etiquetados ‘relato’

Desde el gélido norte llega un cielo como el cobalto, pesado, denso, hermoso.
Monumental y devastador.
Deseo ser un efímero rayo parido por las bajas nubes y conocer que esconden dentro, durante mi infinitesimal y cuántica existencia, esos peligrosos bloques de vapor de plomo que si los ha creado un dios, felicidades al artista aunque no exista.
Tal vez no son nubes, es un planeta arrasando a La Tierra. Evoco aquella película, Melancolía. Y me fascina esta muerte a todo color…
Lenta e inexorable llega desde el filo del mundo.
Con un susurro triste le digo a nadie: “Aplastará a la montaña, nos aplastará a todos. Todo…”.
Y mientras la oscuridad avanza engullendo la luz, el heroico sol intenta lucir desde el oeste a través de un pequeño claro de vida, lanzando sus últimos rayos del día sobre el valle; pero es como la hipócrita y burlona esperanza que le da el sacerdote al pobre que muere de hambre.
No puede ganar.
Si se acercara el sol, si pudiera acercarse a su majestad la tormenta, las preciosas y radiactivas nubes lo devorarían sin piedad, sin maldad; como el león a la gacela.
Si es el fin de todo, me quedo. No quiero perderme el mayor espectáculo del mundo.
¿Sabes, cielo, que las pequeñas aves revolotean entre los últimos rayos del Sol y por algún mágico acto de última belleza parecen de oro? Se ofrecen con sus mejores plumajes en sacrificio a su inmisericorde diosa Oscuridad. Quisiera estar cerca de ti…
No es un lamento, es un grito de rabia a la vida que por fin se aplasta, con todas sus tristezas y fracasos.
¿Cómo me voy a ir y dejar abandonada esta belleza de muerte y vida, de luz y oscuridad?
Tengo el corazón de plomo, de alguna manera se lo robé al soldadito que no pudo besar a la bailarina. Los dos fallamos en lo importante de nuestra existencia. Fuimos plomo y a plomo morimos.
De repente me siento tan solo…
Siempre he pertenecido la oscuridad, la certeza llega con el primer trueno que quebranta mi pensamiento y la primera sangre que brota de mi oído.
Nunca podría haber sido un ave dorada.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Hay un hospital donde los bebés yacen muertos en sus cunas.
E incorruptos.
Parecen de marfil.
Un gélido marfil.
Tienen las manitas abiertas, esperando que alguien se las tome.
Solo una simple calidez, no piden demasiado los bebés muertos.
Puede que pidan un alma, nunca se sabe.
Y la verdad es que lo muerto no pide.
Alguien decidió que no se merecían este mundo, este momento.
Y tuvo la piedad de no darles alma.
Seres perfectos en sus formas. Enternecedora y angustiosamente vacíos.
Esculturas esperando el soplo de vida.
Nadie sabe de qué color son sus ojos. Si los tuvieran.
¿Se secan los ojos si no se usan?
Y el corazón tan coagulado…
Pobrecitos míos.
Es la Unidad de Neonatos más triste del Universo.
El director del hospital de los bebés sin alma, pensó que sería dramático que un día abrieran los ojos y se encontraran en una triste y tétrica habitación de museo.
Y mandó pintar las paredes y cunas en tonos pastel de verdes, azules y amarillos.
Luego, encargó pegar vinilos de delfines, elefantitos, borreguitos y patitos.
El consejero delegado, ordenó que se pintaran cenefas de pequeños ataúdes blancos porque la vida es muy puta y nunca se sabe si un día tendrían su alma.
El director le encargó el trabajo a un pintor triste y de confianza. Acabado el trabajo se suicidó.
Y sobre cada cuna colgaron un carrusel de juguetitos en miniatura que al girar, tocaba la nana de los bebés muertos. Porque si alguno llegara a abrir los ojos, que lo primero que viera fuera algo bonito como él.
Nadie quería entrar en la triste habitación de la más tierna y perfecta tragedia. Sin embargo, nunca se supo quién, alguien limpiaba el polvo de sus cuerpos de marfil suave y frío regularmente.
Aquel que decidió que no se merecían nacer en este mundo y momento, en algunas noches cuando apenas había nadie en el hospital, se sentaba en una mecedora en el centro de la guardería muerta y fumando imaginaba como crecerían, lo que serían, qué harían y sus risas cuando tuvieran alma al fin.
Pero un día decidió al fin que no podían tener alma porque llegaba la extinción.
Se fumó un último cigarro meciéndose silenciosamente entre los bebés muertos mirándolos con sus ojos terribles. Tarareaba una desgarradora y gutural nana, cerrándoles el paso a la vida.
Sería una crueldad darles un alma para morir sin apenas abrir los ojos. Y salió de la guardería arrastrando su mecedora.
Inundaron la sala de los bebés muertos con fuego que los incineró lentamente sin violencia, como si las llamas los abrazaran y besaran.
Incluso la nana de los bebés muertos que surgía de los carruseles ardía en el aire como una guirnalda negra.
Fue el último acto de piedad en La Tierra.
Aquel que decidía sobre las almas y la vida, bajó al infierno. Su hogar ardiente.
Y luego, despareció todo; toda alma y todo cuerpo que se movía en La Tierra.

Iconoclasta

Vivir en Cataluña es volver a los 50 y 60 del siglo pasado, donde en Berlín, circulaba la peligrosa Stasi, la policía política hermana de la KGB soviética.
Por mucho que le quieras echar romanticismo no hay encanto alguno, con esa policía circulando lentamente, silenciosa y con perfidia buscando con avaricia ciudadanos sin el bozal (vulgarmente mascarilla) obligatorio del régimen fascista español y catalán. Es el juramento, la aceptación del Nuevo y Normal Estado Penitenciario Fascista Español del Coronavirus.
Debes llevar bien visible el brazalete nazi de identificación (un certificado veterinario de vacunación) para entrar ya en muchos lugares. O mejor ni acercarse a ellos para no ser identificado y ser deportado a un campo de exterminio.
Pero sobre todo, sus noches de prisión masiva, son las más grises del mundo. Cuando sales a pasear de madrugada, debes ser muy cauto con la Stasi: porque la noche es prohibida, la noche es del fascismo catalán; para que sin testigos, puedan cometer sus actos indignos de acoso y asfixia a la población.
Debes ser muy cuidadoso con los balcones y ventanas, hay ciudadanos cooperando con el régimen para delatarte en nombre de la Sanidad Nazi que todo lo pervierte y todo lo prohíbe.
De hecho, Cataluña ya es un lugar de destino turístico para gente que quiere emociones fuertes y vivir una dictadura como las de hace decenas de años que no se vivían. Unos van a Chernobil y otros se deciden por el Nuevo Berlín Este: Cataluña.
Pero maldita la gracia cuando vives todos los días en la penitenciaria catalana, tener que pasear controlando a la pasma continuamente.
Bueno, es lo que toca. Cuando algo se prohíbe, no se debe obedecer si tienes un mínimo de amor propio. Cueste lo que cueste, porque al final, podrías morir con esa sucia sensación de haber sido humillado y no hacer nada por quitarte la mierda de encima.
Sería una mala forma de morir.
Si obedeces te conviertes en esa cosa amorfa que mira temblorosa la ciudad desde una ventana, con una cortina mal ocultándola.
Un roedor cobarde e inquieto…

Iconoclasta

Ciudadano -1 se despierta, consulta en el móvil la predicción del tiempo y cagando, da un repaso a las noticias.
Es día de elecciones generales. No hay avisos de una mutación nueva del coronavirus. Y decide que irá al colegio electoral pronto, una vez haya desayunado.
Y en efecto, tras elegir una mascarilla oscura estampada con copos de nieve (es invierno), sale de casa para dirigirse al colegio electoral. Durante el recorrido revisa que su brazalete nazi o certificado de vacunación veterinaria del coronavirus, luzca en verde el código QR.
Porque para acceder a la sala de votación, primero debe presentar el brazalete nazi antes de cruzar las rejas del colegio y las alambradas de espinas de seguridad.
Dos soldados con máscaras herméticas antigases y armados con subfusiles protegen la reja de entrada al colegio y tras ellos, se encuentra el presidente de la mesa electoral, que con su móvil en la mano, da el visto bueno o no a los ciudadanos que presentan su brazalete nazi y los soldados se separan o no para permitir o negar el paso al interior del colegio.
En una zona de aparcamiento adyacente al colegio, hay una tienda de campaña militar con una cruz roja, es un centro de vacunación móvil rápida para los votantes cuyo brazalete nazi esté caducado o luzca rojo.
El Ciudadano -1, tranquilo y orgulloso de que su brazalete esté en orden y su bozal sea el correcto según las especificaciones del Gobierno Penitenciario Autonómico de su Región Militar, se acerca hasta los dos soldados armados.
El presidente de la mesa electoral asoma la cabeza entre los subfusiles que mantienen en alto los militares:
–Muestre su brazalete nazi, por favor.
Ciudadano -1 eleva el móvil hasta la altura del rostro del presidente electoral que con su propio teléfono móvil escanea el código QR.
–Su brazalete nazi no está actualizado con la última pauta.
Ciudadano -1 observa el código QR ahora en rojo.
–Le aseguro que hace menos de tres minutos, estaba en verde.
–Acaba de decretarse la 9ª revacunación de invierno –responde el presidente de la mesa electoral indicándole con la cabeza que se dirija al centro militar de vacunación.
Ciudadano -1 se apresura como perro de ocho patas hacia el centro de vacunación veterinaria militar para evitar que entre alguien antes, tiene prisa para acabar el trámite del Buen Ciudadano.
Al cabo de veintiocho segundos vuelve a la entrada del colegio con el móvil en alto.
Por un momento los soldados le han apuntado el pecho hasta cerciorarse de que solo alzaba un teléfono.
El presidente de la mesa, escanea de nuevo su brazalete nazi.
–Perfecto, yasvotao.
–Oiga, ni siquiera he entrado en el colegio –replica -1 sudando copiosamente por la reacción de la vacuna.
–Sí que ha votado. La novena vacuna tiene efectos secundarios como breves lagunas mentales, amnesia. Nada grave.
– ¿Y a quién he votado?
–No lo sé, su voto ha sido secreto.
– ¡Oh! Está bien. Adéu!
–¡Eh, Ciudadano! ¿Acaso no quiere votar? –le increpa el presidente de la mesa electoral cuando -1 comienza a alejarse.
– ¡Pero si ya he votado! Me lo acaba de decir.
–Yo no –le responde el presidente con semblante serio.
–Me acabo de pinchar la novena vacuna del invierno.
–No señor, eso fue ayer, en las pre elecciones. La vacuna, con toda probabilidad, le provocó un fuerte shock.
Ciudadano -1 respira agitadamente por ansiedad, y le muestra temblorosamente el brazalete nazi al presidente para que lea el código QR.
–Está caducado –le responde malhumorado el presidente de la mesa electoral–. Vaya al puesto de vacunación y haga lo que cualquier ciudadano ejemplar del régimen haría.
Ciudadano -1, de nuevo se encamina confuso hacia el centro de vacunación militar. Es un día soleado, aunque la periferia de su visión forma una zona oscura que parece hacerse más grande por momentos.
Una vez pinchada la décima vacuna, se acerca de nuevo al acceso de entrada al colegio electoral.
–Ya tengo la pauta completa de la vacuna –le dice al presidente de la mesa electoral mostrándole el brazalete nazi.
El presidente escanea de nuevo.
– Molt bé! ¡Yasvotao!
– ¿De verdad? ¿A quién?
–A nuestro Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista del Coronavirus.
–Yo pensaba votar a Unidas Jodemos…
El presidente con displicencia le muestra en su móvil un video de una mujer votando al Nuevo Caudillo Fascista.
–Esta era usted hace apenas quince minutos.
– ¡Es una mujer!
–Exacto, era usted con los efectos secundarios de la décima dosis.
–¡Vale! –exclama con cansancio y desánimo Ciudadano -1– Adéu!
Ciudadano -1, aturdido camina paralelo a la valla del colegio electoral, dirección a su casa. Cuando de repente tose.
Los micrófonos unidireccionales instalados en la valla, recogen el sonido de su tos. De la tienda médica militar, emerge un soldado con un fusil de precisión con mira telescópica. Apunta cuidadosamente a la nuca del Ciudadano -1 y dispara.
Al presidente de la mesa electoral se le escapa una risotada al ver el impacto de la bala en la nuca de -1.
Cuando su rostro toca el suelo, no queda nada de conciencia en él.
La mascarilla se ha rasgado con el impacto. Junto al tejido textil y cerebral, en el suelo, en forma de estela, se puede también observar restos de huesos, parte de la nariz, medio labio y varios dientes, algunos rotos. Hora de la muerte por coronavirus: 11:14.
Las noticias de las 11:15 anuncian a través de mensajes a móviles, radio, televisión y boletines impresos con urgencia por los ayuntamientos que, en pleno día de elecciones generales en la Nueva y Normal España Penitenciaria Fascista del Coronavirus, se ha detectado la primera víctima mortal por coronavirus kappa (-1) -en honor al primer ciudadano que ha muerto infectado e intubado en un hospital militar con esta nueva variante o cepa del coronavirus-.
Se decreta el uso indefinido de la triple mascarilla en exteriores y el encarcelamiento diurno y nocturno por estado de alarma en toda España y sus taifas autonómicas. Se prohíbe así mismo y se castigará severamente cualquier acto por procurarse el sustento vital mediante ejecución pública con un disparo en la cara.
El Nuevo y Normal Tribunal Sanitario Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, avala la destrucción de los mínimos derechos biológicos y sociales (año 13 de la Nueva y Normal Era de la Dictadura Penitenciaria Fascista Española del Coronavirus).

Iconoclasta

Libro de los Jueces Avaladores.

Capítulo 1, versículos 1 al 4 (Jue Av 1, 1-4).

1/: Dios está muerto, aunque nunca existió. Es por ello que locos, bastardos e hijos de ramera ocupan su lugar.

2/: Y decretan y prohíben.

3/: La noche es del coronavirus: que los locos, bastardos e hijos de ramera, nos asistan y protejan del mal.

4/: Nosotros los Jueces avalamos y santificamos sus podridos y salvadores mandamientos.

Iconoclasta

Notas previas, situación histórica y social de la aparición de la nueva biblia del Coronavirus.
Una nueva biblia que se escribe sola a tiempo real gracias a la red 5G, el colaboracionismo de las llamadas redes sociales (sectas del pensamiento único) y los temibles y fuertes algoritmos de control censor, la prensa prostituida al nuevo régimen pandémico neonazi y los informativos televisados como pura catequesis.
Obedecer nunca ha sido creer hasta que inventaron el coronavirus y los políticos se convirtieron en los sumos obispos de una Nueva y Normal Santa Inquisición Sanitaria. Y la multitud se arrodilló ante ellos, obedientes, con una ferviente fe. Tan ferviente era su fe en los líderes neonazis, que fascinaría a un antropólogo que no estuviera en esos momentos liando o fumando un porro de marihuana. O bien, esnifando los bastoncillos de algodón de los test de coronavirus.
Se obedece por miedo y por coacción; pero por fe como empezó a ocurrir en marzo del 2020, solo tiene el parangón de la Alemania de Hitler. Hay que tener en cuenta que esta pandemia de nazismo, es planetaria; mucho más invasiva y extendida (por número de creyentes y naciones) que el Tercer Reich del pasado siglo.
Aquellos judíos o israelitas de hace miles de años, los protagonistas del Viejo Testamento de la Biblia, obedecían por hambre y por ser esclavos en tierra ajena; no importaba creer, importaba comer y vivir. Matar en el nombre de Yahveh y ocupar.
El concepto de fe en la actualidad, es mucho más psicológico, más profundo en el pensamiento emocional de una sociedad acomodada, infantilizada y decadente; necesitada de gurús que los guíen por el hastío que gobierna sus días en las ciudades granja donde sus angustias se reflejan en lo que necesitan consumir, donde la comida es cosa secundaria. Donde olvidaron que son mujeres y hombres para convertirse en seres estabulados y medicalizados para un control óptimo por parte del poder: la Nueva y Normal Santa Inquisición Sanitaria del Coronavirus (NNSISC)

Libro del Génesis del Neo Nazismo (Nueva y Normal Santa Inquisición Sanitaria del Coronavirus) en La Tierra. Periodo: marzo del 2020 a diciembre 2021)

Capítulo 1, versículos 1 al 19 (Genzi 1, 1-19):

1/: He aquí que los sumos obispos de las sagradas y falsas urnas, insuflaron en las narices de la multitud el hálito de la peste del Coronavirus. Porque la humanidad era plaga difícil de controlar.
2/: Y les ordenaron con sacerdotes policías, sacerdotes soldados y armas: Quedaos en casa, no tendréis sustento, no tendréis libertad. Porque en verdad os decimos que la libertad es enfermedad (primer salmo de la NNSISC).
3/: Y se quedaron en casa. Y cantaron el salmo sagrado: Yo me quedo en casa, quédate en casa (segundo salmo de la NNSISC).
4/: Y les ordenaron: Aplaudid a vuestros carceleros y seréis benditos por siempre.
5/: Y encerrados en sus casas desde las ventanas y balcones aplaudían y cantaban al atardecer a los sacerdotes de patrullas de luces azules y a los de batas blancas.
6/: Y les ordenaron: Reveladnos a los que faltan a la ley.
7/: Y observaban pérfidos, sedientos de las caricias de sus amos, desde sus balcones y ventanas buscando a quien acusar ante los sumos inquisidores, a aquel que ejercía su enfermiza libertad.
8/: Y les ordenaron respirar a través de una máscara de obediencia. Y al toser y estornudar tragaban sus miasmas con la cabeza gacha y un caminar débil.
9/: Y las máscaras se convirtieron en su nuevo rostro. No se desprendieron de ella, aunque respiraban de nuevo sus propios fluidos de deshecho durante horas y horas, incluso a cielo abierto. En su intimidad. Un sacrificio que los llevaría al cielo.
10/: Y les ordenaron: Desconfiad entre amigos y amigas, padres e hijos, madres e hijas, abuelos y abuelas; pues ellos son portadores de la enfermedad. Porque prevalece el derecho a la vida sobre vuestra dignidad y libertad, mantendréis la distancia sagrada (tercer salmo, de los Jueces Avaladores de la NNSISC).
11/: Y desconfiaron con fe beata entre abuelos, padres, hijos y amigos. Separaron las mesas y compartieron el miedo con la distancia correcta, con la máscara de la obediencia en sus rostros cuando no comían o bebían.
12/: Y les imprecaron: La vacuna es vida (cuarto salmo de la NNSISC).
13/: Y se vacunaron en masa, en tropel, con miradas esperanzadas en los sacerdotes blancos y el bozal húmedo de baba. Ofreciendo sus brazos en sacrificio.
14/: Y odiaréis la aspirina, decretaron de nuevo los Sumos Obispos del Coronavirus.
15/: Y cantaron el salmo de la Nueva y Normal Santa Inquisición: La aspirina es mala, tiene más efectos secundarios que la vacuna de nuestros amos (quinto salmo de la NNSISC).
16/: Los sumos obispos decretaron de nuevo: Llevaréis un brazalete que diga quien sois y si sois merecedores del cielo.
17/: Y se lo ciñeron al brazo. Lo mostraban beatamente a los sacerdotes policías, a los inspectores camareros, a los sacerdotes médicos e inspectores monitores de gimnasia para acceder a los lugares de privilegio.
18/: Y los sumos obispos maldijeron: Malditos sean los de brazo incircunciso, los no vacunados. Serán desterrados de la faz de La Tierra (salmo sexto de la Nueva y Normal Santa Inquisición).
19/: Y los de brazo incircunciso fueron condenados al hambre, a la violencia y la caza.

Iconoclasta

No se trata de fetichismo, de violar preñadas; soy biólogo aficionado.
Quiero decir que el asesinato no es el fin, ojalá pudiera hacer mi trabajo sin matarlas; pero ya entramos en metafísicas de ciencia ficción. A menos que a las mujeres se les dé la opción de usar en el futuro un útero artificial que puedan tener en sus casas alimentado y atendido; deberé seguir matándolas.
No me follo a las embarazadas que degüello. Me gustan los vientres sin demasiada prominencia y las tetas plenas, sin leche, por favor. Y me gusta joder a mujeres vivas que no estén preñadas, la muerte vendrá luego, ni antes, ni durante el acto sexual. No padezco o disfruto de parafilia alguna, este aspecto de mi vida es simple cinegética reproductiva. Puro instinto ¡ea!
¿Y dónde me proveo de embarazadas? Soy taxista, obvio. No voy a ir a una consulta de un obstetra a pillar una preñada como quien va al supermercado. La biología requiere siempre discreción. Además, a lo sumo abro tres preñadas cada seis meses, el futuro de la especie humana está asegurado. Y sobre todo, se debe a la cautela hacia mi propia seguridad, no me apetecería pasar unos años en la cárcel, soy muy celoso de mi libertad.
En lugar de llevarlas a la consulta del obstetra, las conduzco a un vertedero a veinte kilómetros de la ciudad, y allí las degüello, destripo y disecciono el feto.
Por si quedara alguna duda, dispongo de un inhibidor de frecuencias móviles. Y dosifico un gas que las aturde garantizando mi seguridad con una mampara de metacrilato perfectamente sellada que divide el asiento trasero de los delanteros.
Solo mato a preñadas de seis meses en adelante.
Hace dos años, me quedé con una que ya estaba con dolores de parto; pero son demasiado voluminosas y pesadas para manejarlas con comodidad. Necesito más cantidad de gas para drogarlas. Se me cayó dos veces entre la basura y pensé que no podría hacer mi trabajo, hay que marcar un tiempo para hacer las cosas o corres el riesgo de encontrarte con gente curiosa.
Dicen que cuando matas a una embarazada, matas dos vidas por el precio de una; pero es mentira.
No hay tanta humanidad en la gestación como se piensa la peña, ocurren cosas escalofriantes.
Siempre sospeché de ello desde que pequeño observaba fascinado las fotos de los fetos en internet.
Los fetos humanos se hacen humanos a posteriori, primero es la rata.
Llegó el momento en el que sentí la acuciante necesidad de averiguar la verdad, de corroborar mi teoría nacida de una intuición primitiva. Muy adentro de mi cerebro, como los instintos.
A los diecisiete años, rajé a la madre de mi amigo y vecino Eduardo Galán. Era una madre ya un poco tardía. Regentaba una mercería, y una tarde a la hora del cierre, entré en la tienda con una navaja haciéndole creer que quería robarle. La obligué a meterse en la trastienda, la amordacé y embridé sus manos pies. Con rapidez y torpemente di un tajo rápido. Era la primera vez y sentí que cortaba varias cosas más duras además de la carne del vientre. Corté el feto en dos mitades y era normal, no había rata. No me desanimé, por ello, estaba seguro de que algo olía a podrido en Dinamarca.
He abierto un feto y he visto una rata blanca fundiéndose en él. Así se forman tres de cada diez humanos. Siempre me he sentido fascinado por esos fetos tan jóvenes aún sin extremidades definidas. Podrían ser cualquier cosa en un principio.
La primera vez que abrí a una preñada, el feto era normal; pero a la segunda, lo que yo intuía, se demostró.
Por eso siento repulsión por roedores: nos parasitan al formarnos.
Hay bebés que nacen sin extremidades porque la rata ha muerto antes de que sus huesos y carne se fundieran en uno solo.
No sentí miedo, sentí asco.
Si la embarazada hubiera sobrevivido a la cesárea, habría dado gracias por haber sido rajada a tiempo.
Metí el puño en la barriga le arranqué el feto, lo corté longitudinalmente en dos mitades y allí estaba, una rata que aún agitaba una de sus patas traseras no queriendo morir aún.
Alguna consecuencia tangible y razonable debía haber por la milenaria convivencia entre ratas y humanos.
Los datos son escalofriantes, de treinta embarazadas que he destripado, diez tenían rata.
Repugnante.
A veces siento deseos de destriparme yo, para saber si soy un hombre-rata.
Día último:
La preñada tenía un feto de rata, por alguna razón la rata era enorme sus brazos y piernas eran humanos ¿Es un paso más en su evolución? Cuando la he sacado del vientre de su madre, se ha lanzado a mi cuello y me ha destrozado la carótida. He podido rajarle el vientre y eviscerarla, pero ya es demasiado tarde. Me desangro.
Ya no hay nada que frene a las ratas humanas, estoy muerto.

Iconoclasta

Jesucristo pasa ante un vacunódromo y decide, por un bien de la humanidad, vacunarse contra el coronavirus.
En la cola un policía municipal le increpa:
–Ponte la mascarilla, hijo de la gran puta o te rompo la cabeza con la porra, cabrón de mierda.
Y Jesucristo crea de un excremento de perro, un bozal que se coloca en el hocico.
Cuando llega su turno de entrar, el voluntario de protección civil le grita a la enfermera que teclea en el ordenador datos para el control de la libertad robada:
–¡Pepa, este idiota no tiene cita previa! ¿Qué hago?
–¡Déjalo pasar, tenemos vacunas caducadas!
La enfermera le pregunta su nombre, profesión y edad, así como el número de la Seguridad Social y el del carnet de identidad. Y le interesa también si es patriota y ha votado al partido socialista, el del Nuevo y Normal Caudillo Español.
Cuando Jesucristo le explica quién es, anota en su ordenador, sacando la lengua en cada tecla que va a pulsar: “tarado psíquico”. Y lo envía a la siguiente enfermera para que le pregunte las mismas cosas.
Por fin, al cabo de una hora, consigue llegar al practicante que pincha las vacunas. Al ver las llagas o estigmas en las palmas de las manos de Jesucristo, le derrama la vacuna en ellas para ahorrarse el jaco.
Al cabo de unos segundos, Jesucristo se queja de dolor de cabeza y no le dan ni una aspirina porque dicen que son venenosas, muy malas. Muchísimo peor que una sacrosanta vacuna de la covid 19.
Y Jesús vomita también.
Y en los ojos se le han formado derrames.
Y vuelve a morir otra vez por un coágulo del tamaño de un hueso de oliva que le ha subido al cerebro.
Al cabo de unos minutos, cuando el personal sanitario está a punto de etiquetar su cadáver como “muerto por la covid 19”, resucita otra vez. Y limpiándose las llagas con gel hidroalcohólico, le dice al sanitario que le ha administrado la vacuna:
–No estoy aquí para condenar a nadie, sino para salvar vuestras almas; pero eso no te hace menos hijo puta a los de Dios, mi papá. Así que cuando llegues a tu casa, reza ante los cadáveres de tu hijo y esposa, que acaban de morir hace unos segundos. Y da gracias a mi Padre en los cielos, de que a ti no te ha enviado un trombo al pulmón porque cerebro no tienes. ¡Oye! ¿Aquí no dais bocadillo como cuando te sacan sangre? ¿No tendréis un poco de vinagre en esponja, la vacuna da mucha sed y mis labios están secos por la resurrección?
Al salir, santigua el aire frente al andoba de protección civil que cae muerto en el acto.
Observa al policía municipal, pero se encuentra demasiado lejos y le da pereza santificarlo también. Siempre se cansa tras morir y resucitar; así que se va a dar una vuelta por el barrio a ver si encuentra un camión de la cruz roja para donar sangre y comer un bocadillo, aunque sea duro y de chorizo barato de supermercado.
Y así es como Jesucristo volvió a redimir a todos los hombres sacrificándose con la vacuna del coronavirus.
(Nuevo y Normal Testamento Español del Coronavirus).

Iconoclasta

Cuando los deseos no se sacian la mente lucha contra la ausencia creando sueños que son perturbaciones psicosomáticas, y éstas hacen el deseo más vertiginoso y desatado. Es una espiral de amor, una caída sin fin.
De tal modo que cada una de las palabras que se me derraman por los dedos tienen la exacta turgencia y calor de tu piel.
Aún no entiendo cómo no es posible ir de tu mano y en un momento dado, morder y besar tus labios desesperadamente encelado de ti.
Eres mi súcubo, mi amor de magia erótica y de inhumana belleza. La seducción que solo puede darse en otra dimensión, en otros universos. Entre los conjuros escarificados en mi piel con tus uñas que han recorrido toda mi carne, todas mis venas verticales.
Soy tu libro de hechizos… Estoy tatuado todo de ti.
Eres una deidad carnal.
Cuando tomaste posesión de mi mente, desalojaste de ella mi aplomo; y ahora la serenidad es un recuerdo lejano que gotea caduca al cerrar el puño con fuerza cuando invado tu boca con la lengua en un delirio incontrolable.
Me faltas tangible en mi dimensionalidad para abrazarte y susurrarte una sorpresiva ternura, conduciendo tu mano a mis cojones que hierven dentro del pantalón; en cualquier lugar especialmente hermoso que no comparto contigo y me fuerzo a soñarte desesperado.
Es por esos salmos carnales que has tatuado en mi cuerpo y mente ¿verdad, mi amada súcubo?
Con un golpe de cadera entraste en mi vida y por una oreja salieron expulsadas lejos de mí la determinación y mi coraza defensiva. Cuando desperté, tenía sangre en un oído…
Y ahora estoy sometido a ti, mi súcubo. Siento que junto con el semen te tragas mi alma con cada mamada cuando en las noches me posees.
Si hubiera maldad sería tarde para salvarme, porque no podría negarte jamás.
Cuando tu coño se desliza a lo largo de mi falo exprimes todas mis emociones hasta un placer agónico que se tambalea en la frontera del dolor, por muy dulce y pequeña que pueda ser una muerte.
Y cuando te desprendes de mí, por tus muslos bajan espesos y brillantes ríos de amor, el que me has extraído…
Ha valido la pena vivir tantos años para llegar a este momento en el que de tu coño, mana mi paroxismo viscoso de amor y deseo.
Me convenzo de que no es sueño, porque tengo el rabo empapado de ti. Es otra dimensión a la que me arrastras cuando es tu volición.
Mi súcubo, mon amour…
¿Y sabes, cielo? Que no cese esta locura, este ansia que aniquila toda humanidad que pudiera haber en mí.
Reniego de cualquier gen humano ante ti.
Porque si ahora me faltaras, si desocuparas mi mente, estaría perdido e indefenso.
No me dejes.
Por favor…
Por mucho que mis palabras hablen de la agonía de los deseos que apenas nacen, a la luz del día mueran en una opaca realidad cuyo aire no puede transmitir tu sonrisa.
Mi hermosa súcubo…
Nunca una magia negra pudo haber sido tan luminosa.
Sueño que tus labios son frescos y húmedos, un agua pura que no me sacia. Soy el sediento errante en mi planeta.
Agotado, al llegar la noche concilio un sueño que me llevará a ti. O seré arrastrado por la magia de tu alma y tu coño.
Y lo más gracioso, es que creen que soy un solitario.
No me dejes, aunque escriba que duele un poco amarte.
Un mucho…

Iconoclasta

Además de fascismo y sus fascistas, llueve agua sobre la República Popular Chino-Española.
Fumando mi quinto cigarrillo (sin importar que llueva, soy sumergible) de la mañana a las 08:55 en el balcón de mi casa, escupo y toso tan serena y plácidamente como siempre. Porque fumar es lo mejor que puedes hacer en la vida, quema los virus y si tienes a mano a un imbécil, también le puedes quemar los ojos y los genitales. Fumar, también te la pone dura y por ello, macho machote.
Mientras todo esto sucede, un viejo se ha detenido frente al escaparate de una tienda de antigüedades. Lleva un sombrero de ala ancha, el ya tradicional bozal del nuevo y normal fascismo español firmemente sujeto en el hocico gracias a sus grandes orejas, una parka de horroroso nylon barato y una sandalias sin calcetines, motivo por el cual se ha detenido. Desde lo alto puedo escuchar su cerebro chirriar a pesar del ruido del tráfico, que como se decretó (ya hace meses) prisión nocturna para la ciudadanía, salen todos de golpe cuando se levanta el toque de queda marcial diario y eterno. Pues eso, su cerebro no podía entender porque cojones se le mojan los pies. Y eso que ha estado unos eternos quince segundos mirándose la patas sin entender nada.
Hay que decir que los viejos españoles, si calzan sandalias es solo en verano y con calcetines hasta las rodillas. El viejo que nos ocupa, es una rareza porque en un día de primavera otoñal, lluvioso y con sandalias en los pies desnudos… ¿Dónde están los servicios sociales cuando se les necesita?
Mi cerebro poderoso ha concluido una primera hipótesis: está senil.
Y acto seguido, me he dado cuenta de que en el actual momento del nuevo y normal fascismo español del coronavirus, las cosas no pueden ser tan fáciles. Así que, en menos de una décima de segundo he desarrollado dos teorías más. Mucho antes de que el viejo del cerebro chirriante emprendiera de nuevo su camino. Dos teorías que compiten furiosamente entre sí por ser la verdad definitiva. Aunque lo más probable es que se solapen las tres juntas porque nada es tan sencillo y la cuestión es tocar los cojones.
Casi me despista un andoba más joven que caminaba presuroso y por poco no hace el trenecito con el viejo (pero de frente, que es más morboso). Con su bozal muy correcto él, auriculares con cables, gafas y un pendiente en la oreja derecha, cosa que le hace marica por derecho propio y porque la tradición dice que los maricas llevan el pendiente en esa oreja y los machos en la izquierda. He admirado el gran rendimiento que le ha sacado a un órgano tan tonto como los orejas, parece mentira lo mucho que activa el ingenio y las neuronas una buena dictadura. Ya digo yo que en la península ibérica, era necesario que llegaran los chinos e instauraran un caudillo de nuevo. El carácter del español es proverbial, todos los gobiernos de todos los países quisieran tener idéntico rebaño de cabestros para cometer sus acosos, corrupciones y encarcelaciones impunemente y además, con ovación y vuelta al ruedo por parte de los llorones que se quedan en casa.
A veces divago porque es mucho el bombardeo sensorial que sufro en estos tiempos de dictadura e idiotas, y hay mucho por lo que escupir. No doy abasto.
Vamos a por la segunda hipótesis del viejo de cerebro seco que a estas alturas del texto, ya ha debido rebasar el escaparate de la tienda de antigüedades dirección oeste: se ha vacunado recientemente y se siente valeroso en cierta medida, porque el bozal se le nota clavado en la nariz como si llevara meses sin quitárselo; y por ello ha hecho la heroicidad de ponerse sandalias sin calcetines. Y así comprobar la efectividad de la vacuna, repito con inusitada valentía, en las uñas de los pies para no correr grandes riesgos. Yo imagino que se miraba las patas para controlar si la covid 19 le trepaba patas arriba.
Tercera y última hipótesis (vamos a ver, yo no vivo de esto, también me gusta follar con tías, aunque prefiero la comodidad de una buena mamada aunque me deje rastros de carmín en el glande): el viejo es avaro (como todo buen pensionista chino-español). Y por ello, por no gastar en otro nuevo bozal, se le ha atascado o taponado de tanta mierda ambiental y la acumulación de mocos secos; por lo cual no puede respirar bien y lo hace como las bacterias, aspirando miasmas de si mismo y rancio dióxido de carbono.
Lo de la senilidad es muy probable; pero no acaba de convencerme porque los seniles se ponen las bragas y los calzoncillos por fuera, como Superman.
Encuentro probable que se trate de la conjunción de las tres hipótesis, un 33% de cada una lo que provoca la sequedad de ese cerebro (seguro que le suena a tierra cuando se agacha por alguna razón) y el azaroso comportamiento del vejestorio.
El restante 1 % que queda en incógnita, se lo puede meter por el culo el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus.
Punto y mierda.
¡Bye!

Iconoclasta