Posts etiquetados ‘decepción’

Hay pocos instantes tan hermosos como estar bajo una lluvia de pequeñas hojas que una brisa dulce arranca de las ya frías ramas de los árboles.
Parecen mariposas que no saben a dónde ir.
Mariposas muertas que provocan con su rumor una tierna musicalidad en el ánimo.
Ligeros cadáveres que huelen a melancolías y añoranzas deliciosas y que el sol convierte en hojuelas de oro flotantes en un acto de natural y humilde prestidigitación. Sin gran alardes.
Es inevitable pensar en el peso de la carne y su olor.
Y me comparo con ellas. Concluyo que soy un extraño en este paraje, demasiado pesado, demasiada carne, demasiado olor de sudor y piel añeja.
A veces, llevado por la retórica y un trágico romanticismo (y cuál no lo es, trágico) digo cansancio; pero no estoy cansado.
Tengo más fuerza y brío de la necesaria.
No es cansancio, es hartazgo.
Y con el hartazgo vibra en frecuencias superpuestas el odio, el rencor y la ira.
Nada cambia en la granja humana por años que pasen, por milenios que han transcurrido.
Mueren algunos y nacen otros tantos que harán y dirán exactamente lo mismo. Los mismos aburrimientos bostezantes y asfixiantes en su aplastante mediocridad.
Deberían aprender de la musicalidad de las hojitas muertas. Tal vez quiera decir que debería morir alguien más. Muchos más.
Entre toda esa horda de mediocres, de siglo en siglo aparece alguien especial y diferente. Y por seres así la humanidad se ha apuntado un tanto de inteligencia, razón y libre albedrío; es una descarada usurpación.
No es por cansancio quedarme mucho tiempo entre la lluvia de hojas muertas. Es por hartazgo, cada día que pasa mi tolerancia hacia la humana mediocridad mengua. Y temo un día decir alguna verdad.
Cuando se dice una verdad, se pierde la oportunidad de reír y ser sarcástico hasta la crueldad.
Cuando proclamas la verdad, cualquiera que sea, quedas desnudo e indefenso ante todos. Y será mejor que tengas un buen y potente rifle en las manos para acribillar a balazos la mediocridad.
No es cansancio.
Solo un asco que mina el humor.
Si me quedara aquí un poco más, me cubrirían las hojas y mi muerte sería hermosa.
Tal vez…
Tal vez cuando esté cansado de verdad me acerque a morir con las pequeñas hojas-mariposa que vuelan sin saber a dónde ir.
Pobres pequeñas… Pronto nos veremos.
Estoy seguro.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Anuncios

Las divagaciones de un ateo

Yo sé que no existes, pero a veces desespero en este mundo sin magia ni dioses, necesito a alguien a quien responsabilizar de mis errores y lo que pago de los ajenos.
Porque vivir en este planeta que tú creaste, es patear los excrementos que dejan los otros a medida que caminan. No puedes dar un paso sin ensuciarte los pies.
El hombre se procuró calzado por esa razón. Alguien tenía que tener el sentido de la higiene que a ti te falta.
Te has equivocado, Dios. No tienes sentido de la equidad, no tienes un ápice de ética.
Tus errores, son nuestro tormento, angustia y frustración.
Tengo un rosario de cuentas de mierda que hago bailar entre mis dedos en honor a ti.
Siempre me das en el mismo lado de la cara, tu sentido del equilibrio es nulo.
¿O simplemente eres malo sin más?
¿Es posible que mi podrida mente haya creado algo tan repugnante como tu divino misterio?
Joder, Dios, no me das descanso. ¿Tal vez sea que me sobrevaloras? ¿Crees que podré resistir hasta la hora de morir tu negligencia como ser superior? ¿Me quieres obsequiar otro tumor, otras venas secas, otros huesos infectados? Tengo la sangre dulce y apenas me quedan dedos en los pies que cortar.
Eres un puerco…
Ya está bien ¿no? No soy un Dios, no puedes joder a alguien que es tan poca cosa como yo, no tiene mérito. Eres un Dios apático, sin inquietudes. Un Dios que como una mala ramera, se conforma con cualquiera que le dé unas monedas.
Solo que tú, no necesitas prostituirte. Entiendo tu perversión y el placer que sacas de ella; pero si yo fuera tú, sería el puto Dios al que todos aman y admiran. No te golpearía cada día, ni te llevaría lejos, al lado contrario del amor.
Soy soberbio y vanidoso. Soy lo que tú no has sido nunca, por eso nos odias. A ella y a mí.
Te daría unas monedas para que desayunaras bien un día, luego te arrancaría el corazón; pero alternaría entre la alegría y la tristeza. A los perros les damos carne entre tanta croqueta seca.
Tú no… Tienes que acabar con quien te propones, hasta que cague sangre oscura.
¿Te masturbas allá arriba o a mi alrededor? A veces soy yo el que se masturba y desearía dejarte ciego con mi semen, que acertara en tu gran ojo de párpado triangular, estúpidamente triangular.
Ese ojo que todo lo ve, que todo estropea.
Sumas penas a otras penas, hilvanas costuras de soledades y lejanías, tejes una telaraña de desesperanzas y eliges a tres o cuatro idiotas a los que dar toda la alegría que a mí me niegas.
Eres un hijo puta.
Nos niegas a dos seres insignificantes, una simple esperanza.
Nos haces la vida tan larga que pedimos a gritos la muerte.
¿No la ves? Está sola, está cansada, como yo. No hagas nada, mi Dios de mierda, simplemente mira a otro lado, deja que nos acerquemos despacio, con esperanza. Moriremos antes de llegar.
¿A ti que más te da, mi piojoso Dios?
Si tuvieras algo de decencia, crearías un cáncer en los testículos de ese vecino idiota que no sirve para nada. Yo lo jodería así y ayudaría a un buen hombre a cambio. Es mucho pedir para ti ¿verdad?
Tú no buscas dormir tranquilo, sonriendo por esos pobres diablos que al fin se han besado.
Es más excitante para tu gran pene sagrado ver como la piel de unos niños se pega a sus huesos y sus ojos son los abrevaderos de cientos de moscas. Te conozco Dios, no sirves, eres un gran error que se retroalimenta de volubles designios, que son inescrutables porque simplemente no existes. Te creamos los desesperados de la ilusión. Te creamos los ateos ante la frustración de vivir cada día aquí, en este lugar que creaste sin existir.
Solo eres una conciencia colectiva, una pantalla de autocine.
Una simple abeja reina que lanza sus feromonas indiscriminadamente, sin voluntad, sin inteligencia.
¿No ha habido bastante dolor? Mira, hay mucha gente a la que matar, a la que enfermar, los hay a millones. Gente que se lo merece de verdad, te lo digo yo.
Deja de mirarnos, no somos nada, no importamos más que a nosotros mismos.
Deja que nos aproximemos, no puede hacer daño a nadie. Nos duele todo el cuerpo… Nuestras vidas están ya muy avanzadas o castigadas, puedes llamarlo como te salga de la polla; pero búscate otra distracción.
Yo la beso, la abrazo y tú miras a otro lado o matas a un bebé durante esos instantes, no importa.
Simplemente no nos prestes atención. No somos peligrosos, puto Dios.
Como me gustaría cortarte el cuello y que la sangre caiga sobre la humanidad, crear con tu sangre diosa una plaga de dimensiones cósmicas.
Tengo mis sueños, tengo a mi amor tan lejos en tiempo y distancia, que ya no sé si es amor o una locura de mi mente apaleada. De mi ánimo cansado de tu aceite hirviendo goteando encima de mí.
Tal vez sea el agobiante peso de tus designios lo que me hace pensar que alguien me pueda querer solo un poco. Que alguien me pueda estar esperando. Porque tú no das tregua, si por ti fuera, comería cristales rotos todos los días, todas las horas. A veces me oculto de ti, por eso sigo vivo.
No creo en ti, no existes; pero deberías ser. Alguien tiene que ser responsable de todo esto, de mi cuerpo, de mi cansancio, de mi boca seca, de mis lágrimas que son legañas puntiagudas como erizos anclados en mis lagrimales.
¿Estarás contento si consigo llorar sangre? Déjame ciego y que ella me guíe.
No te pido nada, solo pido, Dios de la mierda, que me ignores. Que la ignores a ella, porque mi sufrimiento lo puedo sobrellevar; pero el de ella… Es algo que me pudre las entrañas. Me duele ella más que yo mismo en llamas.
Que niegue tu existencia es lo mínimo que puedo hacer, porque yo sí que tengo algo de dignidad. Necesito devolverte todo el mal que nos has hecho.
Fíjate en esa mala mujer, haz que de su coño nazcan hijos muertos cada vez que mee. Céntrate en la asquerosa, se lo merece. Y dale así un respiro a mi amor. Déjala que se levante, ya se ha arrastrado bastante. Déjanos llegar con vida al abrazo ansiado.
Eres un hijo de puta, a los buenos destrozas y la idiotez premias.
No lo haces expresamente, Dios imbécil, solo haces lo que puedes. Eres un accidente del universo, algo aleatorio. Alguien te matará desde una galaxia lejana, alguien que sepa de tu podrida inexistencia.
Alguien disparará una andanada de ondas quarkianas y mi cabeza estallará y morirás.
No te creas tan Dios.
Solo vives en mi mente cansada de tanta banalidad y envidia.
Solo eres una moneda lanzada al aire con un pulgar torpe.
Aún así, eres responsable ante mí y ante ella de nuestro cansancio vital y de unas lágrimas excesivas.
No creo en ti, pero te odio y desprecio tan profundamente como a ella la amo.

567b9-ic6662bfirma

Iconoclasta

Apenas dormitamos en noches de carencias. Apenas cerramos los ojos y la película de los deseos y el pasado, comienza su proyección.
Y dormir es una tarea titánica que se come el descanso y estimula los miedos.

Soy el portador de una Excalibur, de una espada pesada que se hunde en las inconsistentes rocas de la hipocresía.
Busco rocas donde hundir mi Excalibur, hundirla con fuerza para que al centro de la tierra llegue algo de verdad, algo de valor; pero es correr tras el viento.
Merlín tuvo suerte, yo no.
No encuentro rocas firmes para hacer un mojón de la nobleza, un punto de referencia entre tanta superficialidad. Un eje esperanzador…
Excalibur se tambalea sin encontrar donde afianzarse. Como si la hipocresía hiciera piedra pómez de todos los minerales.
Elevo la espada sobre una roca oscura, una roca que me hace pensar en lo eterno e indestructible; la hago bajar con fuerza, con rabia, con odio. La roca se parte, se desmigaja.
Y me invade la triste y descorazonadora sensación de que el paisaje es el decorado de una mala película, de malos actores incapaces de transmitir emoción alguna.
No tengo otra cosa que hacer más que buscar un lugar real, una piedra de verdad que no se rompa con el peso y el filo de la nobleza.
Como si el planeta fuera alérgico al valor y la determinación…
Hay gente que dice saber de un lugar donde las rocas son firmes. Donde Excalibur será un monumento firme e inamovible.
Se equivocan, esas rocas tampoco soportan la carga del valor. Están cancerígenas, son cascarones vacíos.
La gente ignora las cosas del valor y la verdad. La gente rinde culto a cosas vacías, porque ellos mismos son ruina y decepción.
Hace años que dejé de preguntar.
El peso de la espada ha tatuado en la piel de mi espalda su forma.
Y pienso en algunos momentos que yo sea la roca que la pueda soportar; pero yo moriré y el tatuaje se hará mierda cuando me descomponga.
Busco un pedestal eterno.
No quiero salvar a nadie, ni que alguien reverencie el poder de la nobleza y el amor.
Es un acto de egoísmo. Es mi sueño idiota, porque a pesar no ser un ingenuo y tener conocimientos milenarios de la humanidad, ejerzo la ilusión.
No es por bondad, no es para que sirva de ejemplo edificante la Excalibur de la verdad y el valor. Si al hundirla en una roca firme provocara un cataclismo que aniquilara millones de vida, lo haría.
Lo haré…
Mientras ellos ríen falsedades y brindan sus carcajadas a sus miedos y cobardías, yo busco en las montañas y bosques donde clavar mi espada preciosa.
Vomito y me doblo de asco y decepción, nunca imaginé que hasta las rocas se habían convertido en arenisca por dentro.
Tengo miedo de hundir a Excalibur de nuevo en lo vacío e inconsistente.
Me limpio con la manga el vómito, suspiro con un gemido y pienso en Sísifo que carga con la roca montaña arriba, como yo con mi espada.
Somos mitos, por esa inexistencia de la espada y la roca, jamás podré encontrar un pedestal adecuado.
Sísifo jamás me dará su pesada y eterna roca.
El viento helado de las alturas, la humedad del bosque, el silencio humano…
A veces deseo no encontrar la roca para poder continuar mi búsqueda.
No quiero volver allá, con ellos. Con los defraudadores de la ética, con los cobardes, con esas máscaras corruptas que ostentan una repugnante sonrisa.
Dicté mi propio destierro cuando colgué Excalibur de mi espalda.
Y no me arrepiento.
Elevo el pesado acero y la punta de la hoja arranca chispas de la roca. El corazón se acelera… La hundo más y la roca estalla en una nube de polvo.
Otra vez…
Qué desasosiego, dan ganas de llorar.

Iconoclasta

Ya acabó. Se cerró una era. No hay nada que hacer, ningún deber perentorio, no hay nada pendiente que merezca especial atención. Es liberador no esperar, que no se espere nada de ti.
Y está bien, así debería haber sido siempre. Solo me espera mi cuaderno, mi pluma y mi pensamiento arrollador y agotador.
Despiadado conmigo mismo, con mi propia verdad…
“Llega un jinete libre y salvaje” es el título de una película que no recuerdo haber visto. Solo me gusta el romanticismo del título.
Cuantas veces lo he pronunciado en mi mente deseando que fuera verdad cuando todo alrededor me asfixiaba…
Nunca seré lo suficientemente salvaje, ni lo suficientemente libre; pero estoy más cerca de ello que nunca. Así quemaré los restos de una madurez cabalgando deprisa hacia la muerte, a la vejez.
La bicicleta no es una montura a la que cuidar y que proporciona compañía; pero me gusta, me tiene que gustar, no hay otra cosa. No puede ser…
La vida me ha enseñado a sacar provecho de todo, aunque sea nada. Y desgraciadamente me sobra tanta imaginación, que mi dosis de decepción diaria está asegurada cada amanecer.
No tengo por techo las estrellas, no hay un alba o un ocaso de cinemascope cuando abro los ojos.
En su lugar hay una pierna negra e infecta que no me permitirá volver a subir jamás una montaña sin dolor.
Hay días que lío cigarrillos como haría un jinete salvaje en su caballo. Y me alegro de estar solo y no hacer el ridículo ante nadie; porque mis ojos se entornan buscando un horizonte lejano al que parece imposible llegar. Un horizonte de película.
Y eso haría reír a cualquiera, aunque yo crea que es motivo para llorar de emoción y decepción.
Me engaño pensando que mi hijo pueda sentirse orgulloso de que su padre haya emprendido un viaje de tiempo y distancia para dejar de ser un tullido que cada día sacaba a mear al perro a la misma hora. Un tullido sin nada que hacer en medio de una actividad frenética de los que le rodean. Con un futuro tan liso y predecible como una mesa de billar. Me engaño pensando que soy la representación del quebrantamiento de la monotonía y la tristeza vital.
No me engaño mucho tiempo, sujeto bien mi imaginación. Férreamente.
Me engaño lo que tarda el cigarrillo mal liado en consumirse, mientras observo nada como un idiota con los ojos entornados. Lo único que tengo en común con el jinete libre y salvaje, es que sudo.
Solo soy quien se marchó de casa por un capricho de senilidad precoz o tullido ocioso.
Y sonrío con cierta amargura, como el solitario jinete que recuerda algo amargo, porque aunque nadie lo sepa, escapé de ser el hombre del perro de la misma hora. Con el mismo bastón.
Los jinetes libres y salvajes tienen su egoísmo; pero es perdonable. No he conocido ningún Jesucristo en más de medio siglo que vago por el planeta; a lo sumo, las madres mal folladas que dan todo su ser (con amargura) por sus hijos como si fueran a ganarse algún título de santidad o un nobel humanitario.
No soy tan malo. Y menos en este planeta.
Cueste lo que cueste, quiero ser “libre y salvaje” (tener al menos una razón para creerlo), antes que ser el pensionista demasiado joven para no hacer nada y demasiado tullido para aspirar a cierta libertad.
“Se marchó un jinete libre y salvaje”, quisiera que fuera mi epitafio en la tumba. Que alguien tome nota, seguro que no tardo en irme.
Se entienda o no, aunque sea mentira, no puede hacer daño una frase…
Lo que me jode, es que no habrá tumba, no ocuparé un lugar en la tierra; me quemarán como un viejo neumático. Joder, qué mierda… Dan ganas de llorar.
Fue bonito mientras duró la ilusión, el cigarrillo…
Bye.
“Dices que vagas por tu propia tierra” (canción Everybody’s Changing del grupo Keane, 2004. Mi canción, que se convirtió en una especie de premonición de lo que iba a cambiar mi vida en muy pocos meses).

567b9-ic6662bfirma
Iconoclasta

Mi cuerpo, cada extremidad, cada párpado y la boca, están unidos a hilos que me mantienen en vilo sobre un pequeño teatrillo.
Son ilusiones, filamentos o cuerdas que solo puede romper la muerte, porque me parieron tenaz. En un mundo colmado de decepciones y engaño, me afianzo con fuerza a mis hilos.
Mi protección, mi paraíso.
Con esas cuerdas nací, con ella moriré.
Con los años brillan más, cada vez son más fuertes. Es el entrenamiento al que las someto. Brillan como diamantes, como aceros cortantes. Es mi voluntad, que va más allá de lo que el cuerpo y la prudencia dictan.
Soy mi propia marioneta y mi pequeño escenario está situado en una zona de burdeles y basura.
Cuando ya lo sé todo y sé qué va a ocurrir, muevo mi cuerpo con ellas, azotando la ilusión y obligándome a creer que tal vez no sea cierto, que no ocurrirá lo que mi experiencia sabe.
Tiro de los hilos y bailo al son de la esperanza, de que todo será diferente. No mejor o peor, mi ilusión es que no sea mediocre.
Un hilo conectado a mi párpado de plástico se tensa y escapa una furtiva lágrima traicionera.
Es la rabia de la decepción… Levanto la vista al sucio cielo y observo los brillantes hilos que mueven mi locura sintiendo deseos de cortarlos, de rasgar a mordiscos las ilusiones y maldecir a mis padres por haberme parido marioneta.
Me guardo la ira metiéndomela en el culo, tensando un hilo de la boca para sonreír cuando la puta me dice: “te amo”.
Sonrío a pesar de que caminar duele y alguien a quien amo, se encuentra a diez mil kilómetros lejos. En otro puto planeta.
Tenso la cuerda del pene creando una rotunda erección para meterlo en un coño de agujero demasiado usado, que me obligo a buscar porque las ilusiones son muy putas y tienen deseos animales. Tenso la cuerda de los cojones y lanzo mi semen tortuoso sin amor, como escupir una flema en la calle de madrugada.
Su coño es una escupidera y mi ilusión me hace maldito, maravillosamente perverso.
Los hilos me dan esperanza de ser algo diferente y único, para bien o para mal.
Cuando caminar duele, pateo con fuerza la cochina tierra en la que fui parido, me siento una marioneta- héroe en un lugar apocalíptico.
Mis hilos son cuerdas aceradas de piano que cortan y degüellan la realidad para evitar mi suicidio.
Si no fuera una marioneta de mí mismo, sería un cadáver.

 

567b9-ic6662bfirma

Iconoclasta

Las palabras se hacen confusas por muy claras que se pronuncien cuando el lenguaje corporal y emotivo entra en conflicto con ellas.
Como un orgasmo de sexos calientes pensando en otros que no son los que se acarician.
La perfecta dicción no hace nada por mejorar la comprensión. Y la erección y la humedad dilatada es algo animal, no tiene porque amar un pene o una vagina.
La confusión nace cuando las palabras no están sincronizadas con las miradas y los gestos.
Ocurren cosas y nace la desconfianza y la desconfianza va de la mano de la antipatía.
Las palabras confusas son esculturas de arena que se desmoronan apenas se han modelado. Ideas efímeras que se erosionan en segundos por el viento, que las aplastan niños que juegan en las playas de Cabo Cobardía y el Golfo de la Decepción.
Son confusas las frases cuando no consiguen definir la realidad de un momento, de una emoción. Y un monosílabo como un “sí” o un “no”, no se comprende.
Y crees estar en una dimensión acuosa donde la voz llega lejana y deformada. No me gusta el buceo, no me gusta el mar asesino.
Palabras que flotan inertes e inservibles en el vacío cósmico sin un lugar donde anclarse.
Nos confunden tanto algunas palabras, que creemos estar sordos o mal de la vista, porque quien las pronuncia, se hace extraño de repente. La confusión de las palabras deforma los rostros de una forma cruel y despiadada para el recuerdo, para los buenos recuerdos.
Y te preguntas que haces ahí, que lenguaje extraño estás oyendo… Miras atrás por si hay alguien más a quien se dirijan esas palabras incomprensibles.
Nacen de la inmadurez y el desequilibrio. De la decepción, del miedo a la soledad y al silencio.
Estas cosas se han de combatir como sea, y el precio es excesivamente caro para un producto tan decepcionante como un simple y vulgar consuelo que solo acaricia una vanidad desmedida.
La cobardía no es una virtud y va ligada íntimamente a las verborrea sin sentido.
Tampoco es un vicio, es una tara de nacimiento que va metida en el corazón de los bebés humanos y lo perfeccionan con la edad.
Las palabras de la fe son confusas, su única misión es aturdir a los que escuchan, agobiarlos hasta que sus voluntades se agotan ante tanta cháchara sin sentido. Y así se rinden a las mentiras, a las confusiones.
Las palabras de la cobardía y el desamor son ininteligibles y erosionan la serenidad y la lógica.
Hay que huir de las palabras confusas, porque crean angustia, un vacío en el alma.
Confunden hasta los recuerdos y plantean la duda de si lo vivido fue una verdad o una mentira.
Son confusas las palabras que no se dicen, son humillantes para quien están dirigidas, como las palabras que se lanzan a oídos ajenos, llevan la frecuencia hiriente de la mentira entre cada fonema.
La confusión, al final, es una verdad, y la verdad confusa es mentira. Solo que llegar a esa conclusión tan enrevesada requiere un tiempo precioso que se malgasta.
Y nadie va sobrado de tiempo, porque todos mueren. Y morir confusos es haber vivido una mierda de vida.
Un “te amo” puede ser tan falso como el beso en la mejilla que antes se daba en los labios. Hay que taponar los oídos y abrir bien los ojos para que no nos aturdan las confusas voces de la cobardía, la decepción y la vanidad.
El diablo era más sencillo y simple, mentía tan claramente…
Y la muerte no habla, no confunde, es terroríficamente clara; el corazón se detiene comprendiendo.
Los humanos usan armas mucho más traicioneras y complejas, buscan ser héroes de las emociones, mártires de la vida. Necesitan ser admirados por nada, no acaban de entender ni aceptar su propia mediocridad.
A veces soy humano, lo entiendo.
Sus bocas expulsan confusión para buscar toda esa admiración que no pueden despertar en nadie por medios diáfanos. Vuelven a amar a quien un día odiaron, y a cambio, odian a quien creen amar.
Las palabras confusas, solo nacen de mentes cobardes.
Una vez salvado todo ese enfermizo caos, queda la tranquilidad de ver deshacerse las esculturas de arena desde lejos.
Y el amargo sabor de un tiempo perdido.
Aunque lo cierto es que el tiempo no se pierde, solo se emplea de distintas maneras hasta que llega la hora de morir.
Las hay, claro que las hay , solo que son escasas: las palabras francas y diáfanas, las palabras del amor decididas e inquebrantables.
Resolución y determinación, por mucho que duela.
Las claras palabras del odio y de la ira…
Las he oído todas, tengo suerte…
No morir confusos y ser firmes y claros aunque joda.
Es un buen objetivo, noble en tiempos de cobardía.
No creo que existiera una época de valentía. Tampoco soy un ingenuo.

Iconoclasta

No es verdad que haya un exceso de información por parte de los medios audiovisuales y de gestión del poder. Y si lo hubiera, según los diletantes que lo discuten, no es siginificativo. Al 99 % de la población, la información le entra por una oreja y le sale por la otra sin haber sintetizado nada de ella.
El problema es el exceso de comunicación, poca madurez intelectual, poco cerebro y demasiados canales.
Demasiados medios para la comunicación banal e inmadura.
Todo lo que se traduce de la palabra electrónica al pensamiento se transforma en una versión de ellos mismos completamente distinta de si esas palabras son manuscritas o manifestadas en una conversación frente a frente donde no escapen los matices de miradas y ademanes.
Porque para escribir es necesaria la reflexión y la habilidad. Para hablar es necesaria una integridad y eficacia mental. Y ambas cosas escasean como el agua en el desierto.
El problema de la comunicación banal se agrava cuando se realiza entre más de dos personas al tiempo. Habitualmente, gracias a los teléfonos con conexión a internet, las conversaciones suelen realizarse entre más de seis o siete especímenes. Son malas conversaciones, un esnobismo por usar un aparato electrónico sin la suficiente educación o cultura. Pero sobre todo, sin la suficiente capacidad intelectual.
Seamos sinceros, la gran parte de la humanidad escribe mal o con dificultad y es incapaz de entender y asimilar lo que lee. Tienen en sus manos un instrumento que ofrece más posibilidades de lo que su intelecto puede asimilar.
La comunicación banal y sin fundamento, es una epidemia que hace de los comunicadores la caricatura de unos amantes, de una amistad o de una cultura inexistente.
Las parrafadas a través de los medios sociales y baratos como la mensajería instantánea, son un mero ejercicio de vanidades infundadas, donde se buscan los elogios y afectos entre imágenes irreales y prefabricadas de esos individuos (que la individualidad no conocen), porque son como cabezas de ganado que necesitan rozarse las grupas continuamente los unos a los otros para no sentirse abandonados.
Las capacidades intelectuales y la madurez mental de tantos millones de seres, no está preparada para mentir (consciente o inconscientemente) en tantos canales. Se confunden, toman mentiras por verdades y crean su propia realidad a su medida, porque piensan que entre ellos hay miradas sinceras.
Y no las hay, no hay miradas. Solo son intentos de pobres cerebros para lucirse a cualquier precio y demostrar que no son lo que ellos se reconocen en el fondo. Intentando ocultar con eternas sonrisas y mensajes de amor y lamentos de soledad sus decepciones. Crean protagonismos que calman una vanidad de decepcionado.
Cuando llega el momento (rara vez ocurre porque el valor y la determinación no es cosa de cobardía) en el que esa mediocridad disfrazada de literatura barata, de vanidad que pretende ser belleza y divinidad espiritual se encuentran; asisten con vergüenza a sus propias limitaciones y la realidad pone de manifiesto con un golpe de mazo en la mesa que son tan vulgares como lo que día a día respiran.
Incapaces de entender lo que ha pasado se convierten en mártires de un dolor que no existe. Porque la decepción de darse cuenta que no se es un ser especial, no es un dolor. Es vergüenza.
No, el problema no es la información, el problema son las mentiras y las falsas imágenes que la peña crea de sí misma para intentar destacar.
La realidad se impone, afortunadamente en la cotidianidad y quien no sirve, no trabaja, no folla, no mama…
Toda esa banalidad comunicativa nace de la cobardía. Se ha degenerado tanto la especie humana desde que los leones dejaron de comer hombres, mujeres y niños, que la cobardía se ha hecho genética en la humanidad.
Los cobardes se amargan y lloran si están solos más de cinco minutos.
Y por ello, si hay que engañarse y engañar, cualquier medio vale para no estar solos y demostrar que se es lo más querido y admirado de todos los mediocres que figuran a su alrededor.
Los niños miran con atención las videomentiras de yutup y cosas semejantes que sus padres llevan al hogar como muestra de cultura y entretenimiento. Y lamentablemente creen estar viendo cosas reales, que solo dan risa a los tontos.
La cobardía y la ignorancia crean religiones y otros mitos. El exceso de comunicación disfraza la miseria y el analfabetismo en excelencias y seres especiales que no tienen fundamento en la vida cotidiana, para combatir así el miedo a la soledad que es el único y verdadero estigma con el que nacen los bebés en el planeta Tierra.
Porque de otros planetas, no conozco nada.
Hay tantas reses de ganado, que las religiones, el fútbol y la televisión de masas no bastan para mantener a la peña contenta con su mísera existencia, han tenido que crear un medio para que se mientan a sí mismos. Y es bueno que ocurra, que haya una marcada distinción entre la chusma y la élite.
Otro problema iresoluble es que todos se creen élite.
Smartphones, tabletas, ordenadores… Margaritas a los cerdos.
El mejor medio de comunicación, mi único canal, es una voluta de humo de tabaco que se deshilacha caprichosamente en un contraluz.
El tabaco… Mi eterno e infalible compañero.

 

567b9-ic6662bfirma

Iconoclasta