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Jodiendo

¿Y si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen?
Tantos seres reproduciéndose sin control…
Los humanos como plaga.
La mediocridad eternizada sin que nada pueda detenerla.
Una blasfemia que me haría vomitar.
El acierto de las religiones no reside en la bondad y el amor predicados.
Reside en el mal, en su continua enumeración de delitos y pecados.
Las religiones piden violencia, dolor, abuso y muerte para poder condenar y castigar.
Porque el premio es post-mortem.
No importa, estoy yo, estamos nosotros para corregir la falsedad, la falacia, la ignominia de una bondad que nace de los cerebros blandos e inefectivos.
Cuando te follo, hay momentos en los que me siento metafísico, estar dentro de ti es el mundo sin errores, sin asco.
Y así, mientras mi falo hace su trabajo en tu boca, en tu coño y en tu piel. Yo sueño que te jodo encima de una montaña de cuerpos moribundos y muertos.
Que mi semen gotea por tus nalgas sobre rostros cadáveres y rostros que agonizan de dolor y miedo.
Que miro el mundo con el ojo ciego y cerrado de mi glande supurando deseo.
Rostros muertos y rostros gimientes.
Si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen; la humanidad tiene una esperanza de no convertirse en rumiantes: Tú y Yo.
Yo dentro de ti bombeando en tu coño mi amor y hostilidad innata. Te llamo puta jadeando con baba colgando de mis labios.
Y tú gritándome: “¡Párteme en dos con la polla, hijo de puta, animal!”.
Y ellos agitados por el movimiento brutal de nuestra cópula, los muertos y los que han de morir.
Y ante los sanos, los saciados, los bondadosos; dejando caer sobre sus bocas satisfechas mi leche y la baba de tu coño espesa y obscena.
Somos el obsceno reducto de la dignidad humana. Los guardianes de los más primitivos instintos.
Semen, fluidos y jadeos se derraman sobre la faz de la bondad y la maldad.
Sin importar quien vive o muere.
Quien sufra o goce.
Quien llore o ría.
Somos el contrapeso amoral de toda ley o norma.
De toda adocenada bondad farisea.
Benditos los hijos que no nacerán de nosotros.
Yo te jodo sobre muertos y vivos.
Tú gimes y te arqueas sobre pieles frías y enfebrecidas por la muerte que avanza como una sanguijuela ávida.
Derramamos la leche estéril de la ira y la animalidad que nadie quiere.
Solo nos espera la muerte, jodamos.
Jodámoslo todo.

 

ic666 firma
Iconoclasta
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He visto el hielo en las piedras de un viejo muro de más de cuatro siglos.
El sol no alcanzaba a evaporarlo, como si el muro cobijara al hielo y éste enfriara y diera de beber a las secas y viejas piedras cansadas.
Son buenos amigos que se hacen compañía.
Todos esos siglos los han unido.

Debe haber un tiempo secular determinado para que las cosas más extrañas traben amistad entre ellas.
Y entiendo porqué amo y odio con idéntico placer e intensidad y nada me frena.
Con entusiasmo, lo mismo que construyo, destruyo.
Debe ser que soy más viejo que el muro y el planeta me adora por la pureza y la total ausencia de escrúpulos en mis emociones.
He cumplido una edad secular y el planeta adora mis emociones de amor y destrucción.
Al fin y al cabo soy hijo suyo: un producto de este lugar que flota en el cosmos.

Soy fuego y hielo.
Hierba y piedra.
Agua y tierra.
Soy perfecto, equilibrado en maldad y bondad puras.
El universo me quiere, es mi amigo a pesar de mis aberrantes pensamientos.
Tan viejo como él mismo.
Por ello aún vivo.

No tengo reparo en odiar por igual al más rico o al mendigo que más sufre. No prostituyo mi ser por nada ni por nadie.
Soy muro y hielo que avanza hacia una muerte que no pide ni necesita arrepentimiento alguno.

No existe el examen de conciencia en mí. No soy conciencia, soy consecuencia. Soy un acto continuo perfecto.
Cada acto cruel, cada detestable pensamiento, que he ejecutado y hay en mi cerebro, es la perfecta consecuencia del universo.

Podría ser más hermoso; pero nada es perfecto.
Y lo perfecto hastía.
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Iconoclasta
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El paraíso efecto invernadero
Habría que vaciar el paraíso de tantas almas, pesa sobre mi cabeza, es demasiada presión.
No es sostenible que hayan tantos millones y millones de muertos que hayan sido tan buenos en vida. Eso es mentira, el paraíso es una secta destructiva.
Las almas son las que provocan el efecto invernadero. Ya deben ser multitud, sus excrementos tienen que ir a algún lado. No son los aerosoles los que destruyen el ozono, es la mierda bendita de los tocados por la gracia divina.
Mi divinidad es un músculo cavernoso que se hincha de sangre y a las mañanas no me deja orinar bien. Es lo que hace que me sienta orgulloso de ser lo que nadie quiso que fuera.
Son tantas y tan buenas todas esas almas que me avergüenzan de mi naturaleza animal.
No puedo follar a una mujer sin sentir que todos esos bondadosos que se ganaron la gloria, están mirando mi culo subir y bajar, observando como hundo mi lengua en esas vaginas deliciosamente viscosas…
No puedo evitar que al comer marisco, sienta el reproche de sus miradas idiotas por no ser humilde. Siento que al fumar, debería donar el dinero a los pobres y los muertos de hambre.
Padre… Soy un gusano, discúlpame, pero no es mi intención ir al paraíso para coger de la mano a un nerón idiota que sonríe gordo y flotante. Sin pene ni cojones en el pubis.
Los eunucos son tan desagradables…
No sé porque miran con beata compasión mi polla entrar y salir de esa raja…
Si tuvieron hijos es que sus beatos y bondadosos penes y coños hicieron coito. Follaron, copularon como bestias en celo. No sé porque están en el paraíso.
Deberían quemar las almas buenas que rondan ese cielo estúpido e insulso para hacer sitio a las nuevas generaciones de beatos muertos.
¿En el paraíso no follan? ¿Sonríen siempre tomados de sus pulcras manos plenas de bondad?
Ojalá mis muertos no estén allí, no me gustan las sectas idiotas.
No me gustaría mandar a mi padre a la mierda por verlo sonreír estúpidamente con una túnica blanca y las manos puras de inocencia, como si nunca hubiera follado, blasfemado, emborrachado y engañado.
Sueño con los muertos, con los que amo, flotando en el espacio, clavados cada uno en una cruz, sangrando… Con los genitales lacios, inertes, muertos como ellos.
Y el espacio es de un azul cobalto, las nubes están preñadas de ira de soportar tanta muerte…
Padre Nuestro, mejor deja que mi alma se descomponga junto con mi cerebro y mis genitales, que se transforme en lo que sea; pero no quiero ir al paraíso de los eunucos y no follar para toda la eternidad con la mirada idiota de los que han fumado demasiado hachís.
Por otro lado, a veces me siento un poco ecologista y no quiero participar en la destrucción de la capa de ozono. No voto a los verdes porque son tan buenos que imagino que ya los tienes fichados para la entrada en el reino celestial. Y me caen mal las almas bondadosas, no son de fiar. Nadie cambia aunque esté bajo tu protección. Estoy seguro de que tienen llagas purulentas bajo sus túnicas blancas y cagan y orinan de pie mientras sonríen felices de mierda.
¿Acariciar una ballena vale el cielo? Porque no tengo dinero para hacer un crucero. ¿Sirven las caricias a mis gatas?
¿Cuando una puta dice “te amo”, va a tu paraíso de mierda, a pesar de tener el coño negro de tanto tirarse a borrachos y subnormales?
No me lamento por la muerte ajena, somos muchos, pero si un día me arrodillara en la tumba de cualquier desconocido ¿sería perdonada mi indiferencia?
Solo quiero saberlo para no ser perdonado. Me niego ir a ese paraíso melifluo de seres que no follan, que no maldicen.
De mediocridad, uniformidad e hipocresía hay mucha en la tierra, no quiero más de lo mismo. Envíame al infierno y si me meten un hierro al rojo por el meato de la polla, me jodo; pero lo prefiero a tu paraíso.
El dolor puedo aguantarlo, pero la uniformidad, el tiempo inmóvil y la certeza de que todo será eternamente invariable, me jode cosa mala.
Hagamos una cosa, para asegurarme el infierno. Voy a follarme a la hija de mi vecina, la voy a violar más concretamente, con quince años se merece un buen tratamiento ginecológico, soy hábil. Luego le acuchillaré los ojos y esperaré a su madre para penetrarla con una botella de vino roto hasta que se vacíe de sangre.
¿Será suficiente para no ser perdonado? Porque aún puedo sacarle los intestinos al padre con una navaja de afeitar oxidada.
Y puedo eyacular sobre el cuadrito de la virgen que tienen encima del televisor del salón.
Padre mío, puedes condenarme ahora por mi pensamiento infecto y evitar que lo haga.
Sabía que me perdonarías, tú quieres ver como me follo a madre e hija y hago morongas con las tripas de papá.
Sea pues, es tu voluntad.
Me voy a sacar mi billete al infierno de una vez por todas.
Este calor del efecto invernadero es insoportable. Me ha tocado ser el malo. Pues muy bien, lo soy, no problem.
Tap, tap, tap, tap (pasos tranquilos hacia la casa de los vecinos que voy a masacrar).
Almas bondadosas, no miréis con tanta intensidad lo que le hago a la niña, puercos. Sé que de alguna forma os tenéis que masturbar en el Cielo, no soy un ingenuo.
Y dejad de cagar sobre mi cabeza. Estoy cansado de tanta mierda.
Esos pedos divinos y llenos de gracia nos joden el ozono y provocan cáncer de piel.
No os creáis tan bondadosos.

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Iconoclasta

Buenos amigos mini

 

Buenos amigos

El beso rastrero mini

 

El beso rastrero

La bondad invertida mini

 

La bondad invertida

La sanguijuela a los pies mini

 

La sanguijuela a los pies

El problema de la humanidad, de su envidia, codicia y estupidez no reside en la falta de fe o de una mala praxis de los ejercicios teológicos.
Lo malo es que el diablo ha muerto, ya no hay justicia. Nadie vigila a Dios y él ha convertido su “bien” en un monopolio donde no hay nada que pueda contrarrestar todo esa enfermiza bondad.
El diablo ha muerto y con él la justicia, el equilibrio entre el bien y el mal. Ahora solo hay bien; pero como no hay mal, no es más que una dictadura de un ser idiota y narcisista. Celoso, como se dice a sí mismo en la biblia.
Ya no existe la bondad, solo un capricho de un psicópata pervertido en las mentes de millones de idiotas sin capacidad para razonar más allá de la profundidad que requiere limpiarse las uñas con un palillo.
Y sus secuaces actúan impunemente en nombre del Padre, de Alá o de cualquier personaje creador de un mundo lleno de envidia y falta de inteligencia. Porque los secuaces de los dioses son mucho más inteligentes que la media, son repulsivamente ambiciosos.
Los sexos de los niños son de Dios y ellos forman parte de él. El dinero es de Dios y ellos son carne de Dios, el poder es divino y ellos lo son.
Condenan al hambre y la guerra, al apedreamiento, mutilación y decapitación de mujeres y niñas.
Si el diablo no hubiera muerto, si no lo hubiera asesinado la bondad, habría esperanzas para un mundo justo, habría algo de equidad.
Lucifer hubiera cortado la cabeza de tanto bondadoso. Patanes como Hitler no hubieran nacido, porque el diablo es el Mal puro y no permitiría que un simple idiota, como todos esos dictadores, hubiera nacido.
Estamos abandonados a los dioses celosos que crean torres de babel para que ningún otro ser pueda tener conocimientos semejantes a ellos.
Dios sin el diablo, permite la existencia y la larga vida de los opresores y el hambre, de la pobreza y la enfermedad. Lucifer hubiera aplastado el cerebro de tantas madres portadoras de la imbecilidad, que el mundo sería ahora mejor.
Sin el diablo se acabó la selección natural.
No muere el hombre que rompe los huesos de las mujeres, sus órganos no se infectan y se pudren matándolo. No muere el corrupto presidente de un país, le meten cosas por el ano para que se mantenga derecho y seguir ejerciendo así el cargo que juró en una biblia o en un corán de mierda.
Si tuviera tan solo un poco de estupidez en mi cerebro, es lo que pensaría, si fuera crédulo de tanta mentira.
Y eso explicaría el mundo caliente, enfermizo, aburrido que me ha tocado vivir.
Sin embargo, la explicación es tan deprimente como decir que no hay dioses ni diablos, que el hombre como especie y sus sociedades son solo unos errores aleatorios de la química, de un big bang cósmico.
En el universo no hay dioses, solo buena o mala suerte, lo que propicia que hayan nacido seres que han creado dioses ante su falta de valor y de fuerza.
Quiero pensar que el diablo ha muerto, me gusta más la magia que el azar de la nada.
Quiero pensar, que tal vez una pandemia acabe con el ser humano y sus dioses celosos salvaguardados por millones de maníacos.
Tengo que creerlo para no sentirme como el producto de un azar, de un error cósmico, como el origen de una bacteria deficiente que desarrolló algo tan apestoso como los dioses y sus humanos.
Como una mierda en mitad de la calle.
Lanzo una moneda al aire y dice cáncer y dolor. Me cago en Dios…
No está mal, a otros les ha tocado un cerebro podrido y una envidia que los corroe porque no tienen inteligencia para gestionarla.
Y mientras Cristo y Mahoma redimen los pecados de los hombres y los guían a sus mierdosos reinos, yo me rasco la carne de la tibia con un tenedor y saco trocitos de errores de la médula de un hueso que no pedí.
Orino oscuro como la envidia y la ignorancia; pero mi pensamiento es claro, blanco y puro como mi semen escurriéndose por su coño.
Solo queda fumar y maldecir esta puta suerte cósmica que ha durado demasiado tiempo.
El diablo me habría matado por escribir esto, si hubiera existido, si existiera…
Y si por si alguna razón también cósmico-aleatoria llegara a existir un dios, me meo en él y le escupo a la cara trocitos de cartílago maligno, a ver si le infecto su divino cerebro, lo mato y me lo llevo conmigo a la tumba. Ergo yo sería un dios…
Qué preciosa es la fantasía…
Voy a cojear un rato, estoy harto.

 

Iconoclasta

Necesito pensar que la lluvia, la que me hipnotiza llevándome a lo más profundo de mí con más fuerza que la heroína o el opio y me da un indefinido consuelo a una indefinida melancolía, no es solo agua.

Debo pensar para evitar una irritación cerebral, que la lluvia es el vapor condensado de los cadáveres, de millones de muertos. Entre esas gotas hay partículas de seres que un día amé y hoy echo de menos.

Sé que también forma parte de la lluvia mi sudor, mis lágrimas y mis esperanzas diluidas en la orina; pero puedo discriminar cada gota por su forma y emoción. Sé que gota específica vale la pena observar y escuchar, dejarse mojar por ella… Soy selectivo.

No hay gotas malas, o demasiado malas, porque los fracasos y la mala gente no se hacen lluvia, lo dice la religión: los buenos al cielo, los malos al fondo de la tierra, al infierno. Me dejo llevar por una inocencia estúpida de vez en cuando, es una pequeña licencia de hombre adulto: me permito ejercer una ignorancia pueril cuando llueve.

No puede hacer daño.

Nunca rozo las gotas que corren por las ventanas (ya sé que llueve por fuera, es necesario abrir la ventana para ello) porque son frías como los cadáveres que un día fueron. Simplemente me acerco y un tenue vaho, como un amor muerto seguramente, empaña la superficie y oculta mi reflejo. Está bien ser oculto y secreto.

No trasciendo, desparezco por cualquier concepto, no me engaño demasiado.

Las gotas repiquetean en los cristales de la ventana y sin apenas esforzarme imagino que me saludan. Cuando arrecia la lluvia, se forman ríos verticales de irregulares trazados que relajan mis párpados de placer al imaginar que vienen a por mí mis muertos, los que amé.

— ¡Vamos! Ya has vivido demasiado, no hay nada que aprender o descubrir. Se te ve cansado. Es hora de descansar con nosotros —hay mucha ternura y cariño en como lo dicen, siempre la hubo. No es novedad.

Siento hacerme agua, mis entrañas se diluyen con una nostálgica sensación de pérdida, de que algo llega al final. Dentro de mí, en mis intestinos, en mis testículos encogidos se forma un frente de bajas presiones de llantos.

Mis tripas se hacen lluvia por las implacables imposibilidades.

Porque las gotas solo caen y se transforman en vapor, no se hacen abrazos, besos ni carne.

Todo ha sido una gran mentira: la resurrección, la vida en otro lugar, el cielo y la bondad…

Puta mierda.

Los que un día amamos, no volverán, serán gotas de lluvia.

Y a pesar de la verdad, yo me voy con ellos, tienen razón. Hay viajes largos y la vida se hace interminable. Con la experiencia acumulada la razón dicta que para llegar al mismo destino: la muerte, es mejor ahorrarse dolores. No es necesario sufrir más si no hay nada que ganar ya.

Conforme las gotas resbalan y de algún sitio llega algún tintineo metálico provocado por las gotas amadas como un cántico de esperanza, camino con los ojos cerrados por una estrecha carretera bordeada de enormes plátanos que forman un túnel con sus copas. El agua resbala por sus hojas y ramas para mojarme cálida y serenamente, íntimamente en soledad.

Y se está bien sin ir a ningún sitio, solo camino.

No hay nada que lograr o vencer ya, solo se trata de llegar sin prisas, pensando que la lluvia son gotas de agua de personas buenas que murieron. Uno necesita engañarse en un mundo hostil.

En una vida hostil.

En un planeta de selvática envidia.

El humo del cigarrillo me sigue en la densa atmósfera; camino cómodo, camino suave. Camino contento arropado por la buena lluvia.

Los amores son tan sutiles y desprotegidos que nunca se hacen lluvia, simplemente se deshilachan como pequeñas nubes sometidas al viento. Se hacen jirones sin más peso que un recuerdo o lamento inaudible.

Hay muchos amores, hay amor hasta debajo de las piedras (lo esconden los malos). Pero con la lluvia solo me preocupan aquellos irrepetibles, los que están ligados a mis amados muertos. Padres y madres se convierten en amigos cuando ya no los necesitamos y simplemente los queremos. Da miedo que toda esa potente emoción sea un simple jirón de vapor, hay que ser cuidadoso, estarse quieto para que el aire no lo rompa cuando llueve.

Pobres amores que no pueden llover una vez muertos…

Mi sombrero en mi pecho por su muerte eterna.

Cuando llueve, al igual que cuando sueño, no tengo una pierna que no funciona.

Podría ser que sueño que llueve. O tal vez cuando sueño, llueve. O tal vez sea que la melancolía es tan densa que crea una surrealidad de la realidad.

No es difícil de entender, solo son opciones que dan todas el mismo resultado, como la muerte es el resultado de la vida.

Si la lluvia es agua de buenos y amados muertos. Los malos se convierten en piedras, en hierro, en minerales. En materiales innobles que serán golpeados, aplastados, triturados, o fundidos. Los malos (porque los hay) son tan densos que no tienen imaginación, no vuelan. Son piedras.

No llueven, son plomos.

Los malos no pueden ser etéreos y sutiles.

Son inconfundibles a mis ojos: tengo la mala suerte de distinguir las hipocresías todas, las envidias y las decepciones y sé que caen pesadas al suelo.

Y me hacen daño en los pies al caer.

Demasiados golpes, al igual que los cigarrillos pueden devenir en cáncer. Pues ya tengo mi cáncer en mi pierna. Hace años que comenzó a formarse, la lluvia me ha ido salvando; cuando estoy a punto de ser absolutamente derrotado, llegan mis muertos, llegan los buenos repicando en la plancha de los coches, en los techos de las casas, en las ventanas… Forman sus pequeños ríos hipnóticos en los vidrios y todo está bien, yo viajo por esos ríos de la bondad. Por el camino flanqueado de enormes y tupidos árboles.

Siempre me dejo mojar, aunque me resfríe.

Peligro es mi apellido.

No soy dado a las ilusiones; pero como no me emborracho ni me drogo, me dejo llevar por pequeñas delicias que no provocan cáncer para variar.

Dicen que hay lluvia ácida y radiactiva, yo no lo creo. Lo que pasa es que las pieles de los mediocres es demasiado cobarde y sensible a todo aquello que es sencillo, limpio y puro.

Cuando cesa la lluvia mis últimas gotas de ilusión y paz se van con el resto de la bondad llovida a la cloaca.

Deseo que no tarde en llover, las largas temporadas de sequía y calor se comen mi hueso como si una plaga de insectos anidara en la médula.

Como las vacas en las viejas películas de vaqueros, oleré el aire en busca de lluvia cuando el sol aparezca nocivo, cabrón y desecante en el cielo.

La lluvia es un estigma para los pusilánimes y ahí radica mi perverso placer entre toda esta melancolía.

El fin no varía, lo importante son los medios para llegar, el destino no guarda secretos. Las conclusiones sin lluvia son más duras, son simplemente vulgares.

Nacemos para ser agua o minerales.

Cesando la lluvia los árboles que flanquean el camino se hacen pequeños, el sol levanta vapor de la tierra mojada, huele bien durante un segundo. Siempre huele bien la bondad y el amor evaporados.

Yo también siento que me seco.

Tomo una piedra, la lanzo contra la ventana de una casa abandonada y rompo un vidrio para que no corra por él la lluvia. Para que no se hagan ríos de bondades y melancolías.

Si pudiera, solo permitiría que lloviera sobre mí y a mi alrededor.

Quiero ser único en mi melancolía, en mi amor, en mis recuerdos.

Que nadie comparta mis gotas, mis muertos.

Enciendo un cigarro para calmar el ansia de esta sequedad. Sé que seré mineral, porque no puedo ser bondadoso ni ofrecer cariño más que ejerciendo la imaginación. Es necesario creer en el ser humano y respetarlo a todo tiempo para ser lluvia.

Yo solo hago de la vida y solo durante unos minutos, un cuento de hadas que no existen.

Yo seré uranio.

Iconoclasta

Soy tu ángel caído

Publicado: 29 diciembre, 2010 en Amor cabrón
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Ya no sé que soy, mi amor.

Una vez me llamaste ángel. En caso de que lo fuera, sólo podría ser el Caído.

El Caído ante tu cuerpo y tu coño sagrado.

El Negro Ángel de pene pétreo que destila un humor pegajoso. Que te cubre y penetra.

No sé que soy, pero no soy bondad.

He gritado tu amor y he ofendido a deidades malditas y benditas anteponiéndote a ellas y a los que mueren y sufren. A los que ríen y gozan. Sin sentir pena por nadie, sólo indiferencia.

Sus cuerpos son el suelo en el que afirmo mis pies para penetrarte.

No soy bueno, no soy hombre.

Soy la bestia que hunde la nariz en tu sexo anegado y aspira tu esencia con un gruñido. Ahogándome en tu coño.

Y lamo y escupo en tu vulva que me enloquece, en tu piel que me hace descender a lugares que no existían hasta ahora.

He perdido mi humanidad amándote, he involucionado por debajo de toda inteligencia. Soy un glande goteante.

Un ojo cerrado en carne cárdena, de fina piel a punto de rasgarse. A veces abierto de deseo; un meato corrupto que busca tu coño con hostilidad y rabia.

Tú me has hecho así.

Tu sensualidad es mi regresión a lo más primitivo de mis instintos.

Y aún así, me has elevado por encima del la bondad y la mediocridad. Has hecho de la pornógrafa injuria mi religión.

Abre la boca, acércate a mi masturbación doliente, irrefrenable. Sé puta y deja que bañe tu rostro de Diosa Caída con mi esperma espeso y ardiente. Que se escurra por tus pechos, que gotee en tu vientre herido.

Es tuyo, soy tuyo. Somos tu creación.

Si alguna vez fui bueno, la bondad se convirtió en la baba que inunda mi boca y sorbe dolorosa y ansiosamente tus ofensivos pezones erectos.

Putos pezones… Putos porque tú me has hecho así.

Soy un caído que corrompió la bondad del amor para abusar de tu carne, Diosa Caída.

Ya ni el infierno nos acepta.

Eres mi único y posible universo.

Si alguna vez te amé, ese amor son ahora venas que alimentan mi bálano para penetrarte y embestirte hasta que la mismísima naturaleza grite renegando de la blasfema reproducción.

Y yo hundiré de nuevo mi nariz en tu vulva para ahogarme en tus deseos que brotan de entre las piernas, entre tus dedos con los que castigas una perla que no se rinde a un solo placer. Que necesita mil caricias para consolar su sed de orgasmos.

Y así maldeciré la anodina bondad y el amor humano.

Maldeciré a Dios y la misericordia lamiendo tu altar obsceno.

Bendeciré y sacrificaré mi corrupto semen a tu coño bendito. Lo único sagrado del universo, y al tiempo creado para ser profanado, violado.

Escupiré en tu piel en lo que ha mutado el amor: un bálsamo de hijos nonatos, que ni siquiera de nacer tienen voluntad. Sólo cubrirte y calentarse en tu cuerpo de Diosa Caída.

No soy más que un Ángel Caído que aúlla con esta carne dura estrangulada por mi puño, con la garganta desgarrada de gritar tu nombre.

Si una vez fui hombre, debió ocurrir antes de amarte. Ya no recuerdo…

Eres mi pasado, mi presente y mi futuro.

Ocupas todo, se borró todo lo no que eres tú.

Arderé en ti, mi Diosa.

Iconoclasta

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