Posts etiquetados ‘tortura’

Alguien se ríe de alguien que sufre un accidente.
Y del que ahora ríe, se reirán otros cuando sufra y cague sangre.
Los primates se ríen del dolor ajeno, no así de la muerte; porque con la muerte se acabó la risa y es ineludible para cualquier mono.
El dolor ajeno es cómico y la muerte horrorosa.
Debería haber mucho más cáncer en el mundo para que se desarrolle cierta valentía y dignidad en los monos.
El cáncer conlleva una gran dosis de dolor y acaba en muerte.
Dios no hizo bien las cosas y por eso existo yo, para aportar el dolor que ese maricón creador no supo dar con la intensidad debida.
En el ciclo vital de todo primate debería imperar el dolor durante unos meses de vida, como selección natural y para curtir su ánimo.
El que los leones dejaran de comer primates resultó nefasto para una correcta evolución de la especie humana.
Y en estos tiempos de fertilidades artificiales y artificiosas, cualquier mono no apto puede tener descendencia. Una descendencia que empobrece aún más la especie.
Lo del dolor… El dolor emotivo o psicológico no aporta nada a la entereza. El dolor ha de ser físico y destructivo. Y así, si salen vivos de él, aprenderán de una cochina vez a distinguir ingenuidades y banalidades de cosas importantes y trascendentes.
Yo soy, por titularme de algún modo que entendáis, el Gran Maestro del Dolor; pero ocurre que cuando cazo un mono o se cruza en mi camino, no hay reparación posible ni mejora, no tengo ni quiero alumnos, no pueden existir si me han conocido. Mato sistemáticamente todo primate o mono racional al que miro a los ojos. De los cientos de miles de primates que he matado con mis manos desde la creación de este repugnante planeta por ese dios idiota, tal vez haya dejado a dos o tres vivos para que sirvan de testigos de que si hay un dios al que rezar, hay un dios del que huir: c’est moi.
Lo cierto es que mi satisfacción ante la tortura y asesinato, es ahora mayor. La disfruto más que hace unos cientos de miles de años atrás, con diferencia.
Desde el Génesis y los primeros miles años de existencia de la especie humana, los primates eran simples animales a los que mataba sin obtener de ellos demasiadas lágrimas y terror. Ahora la chusma humana sufre más por todo frente a las pantallas de televisión, ordenadores y teléfonos. Todos lanzan sus mensajes de “Yo también soy fulanita o fulanito de tal”. Lloran y padecen con mensajes cursis mil veces copiados y pegados, falsos de bondad y solidaridad hacia toda cosa que sufre.
En definitiva: se han alejado de la vía del dolor y se han convertido en cobardes profesionales.
Viven en el escaparate de la pusilanimidad y la hipocresía.
Hoy las familias pueden estar formadas por macho-hembra, hembra-hembra y macho-macho; da igual, ambos tienen hijos o los mantienen y alimentan. A mí me da igual descuartizar a una familia normal o a una formada por maricas o tortilleras. Soy la hostia puta de la tolerancia y la democracia.
Pero por ahora, y como al ser mayoría son más fáciles de cazar, os presento a esta familia (lo que queda de ella), un matrimonio en el que ambos (macho y hembra) andan sobre la treintena y con un par de crías (dos hembras) de cinco y ocho años. Si hubiera una enciclopedia de la mediocridad y el adocenamiento, una foto de la familia Gutiérrez Vílchez serviría como ejemplo e ilustración de la entrada.
Las niñas, sus cadáveres, permanecen sobre la mesa del comedor, desnudas y con las piernas separadas frente al matrimonio debidamente inmovilizado por la Dama Oscura. El hecho de que puedan ver sus pequeñas vaginas desgarradas y goteando un conato de precoz menstruación, unido a que sus gargantas están abiertas, sus ojos acuchillados y mi pene fláccido y sucio, goteando sangre en el piso laminado de cerezo del salón, crea una atmósfera letal para sus mentes primates.
No obtengo satisfacción con la violación de niñas; me aburren sus pequeños clítoris inoperantes aún. Me gustan las hembras voluptuosas, completamente formadas y con la mentalidad adulta que les permite captar todo el horror que aportaré a lo que les queda de vida. Follarme a sus hijas es solo un aporte de una crueldad necesaria para mi satisfacción como eviscerador.
Matar debe ser un arte y la crueldad es el color más llamativo, el que más impacta.
Siento absolutamente lo mismo descuartizando a un adulto que a un bebé: cero, nada, niente, rien de rien…
Ahora los concienciados progenitores saben con absoluta certeza lo que es el mal y simplemente esperan morir sufriendo lo menos posible.
Han gritado mucho por sus crías; pero ahora están agotados, en un estado de shock del que saldrán en unos instantes. Y como me he cansado de sus gritos, los hemos amordazado, cosa que amplifica el dolor que, normalmente se libera por la boca.
Así que extraigo de nuevo el puñal de entre la carne de mis omoplatos (es mucho más cómodo que llevar una funda de piel en la cintura, da más movilidad y de paso, los fluidos de mi herida eternamente abierta actúan como un magnífico veneno que impregna la milenaria hoja, si tuviera tiempo de actuar, claro), hago un tajo en el abdomen de papá y le introduzco entre los intestinos un teléfono móvil.
La Dama Oscura toma un afilado estilete y corta la sudadera de mamá, sus tetas aparecen menudas y un tanto lacias. Hace una incisión por debajo del pecho izquierdo e introduce como relleno el otro teléfono.
Se han agitado frenéticamente, lo suficiente para darme satisfacción. Y en lugar de gritar, les ha salido a presión los mocos por las narices.
Mamá se ha meado y mi Dama, infinitamente obscena, acaricia su coño para estimularla a que mee más. La escena de este acto me la ha puesto dura.
Me gusta que se meen encima, la entrepierna de papá está seca.
Le separo las piernas me meto entre ellas y con la punta del cuchillo hago un corte longitudinal a lo largo de la próstata, ahora sí se mea, aunque no es perfecto, la sangre enturbia la orina.
Conozco absolutamente bien la anatomía humana, localizo cualquier víscera, hueso, músculo o punto de dolor con una precisión que ya quisiera tener un neurocirujano operando con instrumental robótico.
Le levanto la microfalda a la Dama Oscura, me ha excitado ver como acaricia a la mamá y meto mi polla dura entre sus muslos, buscando su coño y ella, con suavidad lo guía por su raja con un gemido que me hace vibrar los cojones.
Mamá y papá tienen la mirada extraviada, sus ojos están llenos de lágrimas, ni siquiera se miran entre ellos. El dolor es la soledad absoluta, no se puede compartir y requiere toda la atención.
Esto no es una lección para el mundo; tenéis que saber que mis actos no son publicitados, no aparecen en las noticias. Son demasiado violentos, demasiado crueles para la psique humana. Trascienden más allá de la imaginación y se asientan como un parásito en la columna vertebral humana, un pánico enquistado que pulsa y lanza descargas periódicamente a los que han visto mi obra. Así que se guarda celosamente el secreto para que el gallinero no se alborote.
El poder mundial conoce mis actividades, hay un pacto de absoluta discreción y no comprometer así al melifluo dios con sus errores y su absoluta falta de poder para evitar que yo exista. Por otra parte, los poderosos no quieren morir e intentan congraciarse conmigo no interfiriendo en mis obras.
Soy un cáncer inoperable en la humanidad no hay forma de que me puedan extirpar, no hay dios que pueda evitar que Yo haga lo que me plazca.
No soy un narcisista como ese dios que lame los culos de los ángeles, solo soy un hedonista convencido. Los placeres del mal son mucho más intensos que cualquier bondad de mierda.
Mi semen corre ahora por la cara interna de los muslos de mi Dama Oscura.
Antes de irrumpir en la casa, hemos acordado no pronunciar ni una sola palabra para que la familia sufriera aún más, para que al dolor se sumara la oscuridad de la incomprensión.
Lo hacemos perfecto.
Se ha formado un gran charco de sangre que mana de mamá y papá, las hemorragias que padecen son importantes. Si los dejáramos así, si nos fuéramos a cenar ya, morirían en no más de media hora a lo sumo.
Cuando los leones cazan a un ñu, el resto de la manada no se pone a llorar, se alejan unos metros de los leones y continúan comiendo, cagando y bebiendo, no teclean con sus pezuñas mensajes de mierda.
Y dudo que esta familia que ha tomado conciencia del dolor y el miedo, tenga ahora mismo, deseos de poner un mensaje de piedad con carita triste.

Me aburro ya ¿Acabamos y vamos a cenar? -le susurro a la Oscura al oído, que está concentrada cortando la punta de la nariz respingona y las fosas nasales de mamá.
Asiente sonriéndome.

Mientras acaba de realizar los retoques de la nariz de mamá (su nariz parece ahora la de una vaca), decido guiar a papá un poco más hacia el supremo dolor y corto los tendones de sus ingles.
Y… ¡Opsss! Se me ha ido la mano y seccionado la femoral, el surtidor de sangre es espectacular.
Mamá se ahoga con la sangre que mana de su nariz, se le va garganta abajo y a los pulmones.
Fumamos observando como mueren.
Tras un bostezo de aburrimiento, apago el cigarrillo y absorbo sus almas a través de sus bocas, en un beso que no lo es. No puedo evitar arrancarles los labios con mis dientes y escupirlos encima de los cadáveres de sus hijas.
Me arrodillo ante mi Dama y lamo su coño húmedo, ella se mea en mi boca graciosamente. Y hundo mis dedos en su sexo hasta que siento sus muslos temblar de un dolor que llega a confundirse con placer, miro hacia arriba y sus pezones están erectos.
-Vamos a cenar, mi Oscura.
Doy por concluido mi magisterio del dolor y la crueldad.
Siempre sangriento: 666.

Iconoclasta

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666 relatos_01 def

Así es como masacro una familia de clase baja acomodada en sus limitaciones: paga una hipoteca, un coche a plazos, tiene ordenador y teléfonos móviles, son activos en las redes sociales y les interesa todo lo que tenga muchas visitas, likes o sea viral según los medios de comunicación.
Soy un orfebre de la maldad y el dolor. Soy la muerte de todo lo humano y sagrado, en definitiva.
La pantalla de un teléfono se enciende ocasionalmente en la mesita de noche dando una alerta con un zumbido.
Tomo al bebé por un pie arrancándolo de la cuna. La cabeza golpea contra la baranda de la cuna y la cría de humano arranca a llorar, aún no ha cumplido los tres meses. Su pequeño tórax se infla y desinfla como si fuera una membrana translúcida y un poco se pueden apreciar las delgadas y blandas costillas en sus berridos. Abre y cierra los puños por el dolor y el terror. Los bebés sufren tanto miedo como cualquier primate adulto.
En alguna habitación de la casa se escucha el timbre electrónico de un ordenador que recibe algún mensaje. Y el aire acondicionado ronronea suavemente. Da algo de consuelo a mi glande hirviendo y henchido de sangre.
La madre no puede hablar, he bloqueado su cuerpo. Dejo que su mente sufra sin que ninguna emoción pueda mostrarse en su rostro o cualquier otra parte de su aún buena anatomía. Hoy más que en el pasado, las madres después de parir, siguen siendo apeteciblemente follables.
La Dama Oscura está lamiendo su vagina ensangrentada, en lugar de quitarle las bragas ha practicado un corte en la tela e inevitablemente en su coño.
La mamá mira con sus ojos mates y sin expresión a su hijo colgar por un pie de mi puño.
El marido se estaba masturbando en el cuarto de baño pensando en la compañera de oficina, la que se sienta frente a Adrián, de facturación. Suele llevar bajo la falda tangas negros que su esposa, la muy recatada, no lleva.
Cuando la hembra tiene una segunda cría, el macho pierde el interés y la ve como madre de sus hijos y no como un coño deseable. Entonces se busca otra hembra aunque sea menos valiosa que la que tiene como pareja.
Cuando ha salido del baño le he clavado mi infecto puñal en el cuello, sin seccionar una vena o arteria importante. Y eso duele un millón de cualquiera que sea la unidad de dolor humano. Lo he arrastrado sin cuidado a la habitación donde poco a poco está muriendo toda la mediocre familia.
Agarro el otro pie del bebé y abriendo los brazos con rapidez y fuerza desgarro en dos partes asimétricas a la cría humana. El padre intenta gritar y solo consigue escupir una pequeña bocanada de sangre.
Permito que se deslice una lágrima por un ojo de la madre. El sonido de succión que produce la Dama Oscura en su coño, por un momento parece ser el único sonido que existe. Hasta que la parte del bebé que tiene la cabeza lanza un débil berrido. Tiro ambas partes tras la cuna, para que se vacíe de sangre el cerebro de la cría y muera de una puta vez, solo y sin que su madre le dé consuelo. “Adrianito” reza un cursi letrero en el cabezal de la cuna.
Me arrodillo en la cama, separo las nalgas de mi Dama Oscura y se la meto con brutalidad. Me gusta que le duela mi polla, me fascina que le sangre la vagina. Y ante esa oleada de placer y dolor, muerde el clítoris de mamá y se lo arranca. Se lo escupe a la cara y yo le meto tres dedos en el culo y los saco ensangrentados.
La sangre se desliza sucia desde su ano por los muslos de mi Oscura y siento deseos furiosos de acabar con el universo entero.
Y relincho y rujo.
No eyaculo en ella, me acerco hasta papá y le escupo mi negro semen en el rostro.
Con las nuevas tecnologías ya no basta con ser cruel. Hay que traspasar la barrera de la imaginación humana, ir mucho más allá de lo que un mono medio puede imaginar. La ventaja de hoy día es que los monos no conocen las carencias y las dolorosas enfermedades; hay potentes sedantes y analgésicos. Cosa que los hace más sensibles al dolor y gritan y lloran más. Me gusta.
Me gustaban también los tiempos en los que las amputaciones de los primates se hacían sin anestesia. Aquello sí que era arte puro. Yo las practico aún; lo que me apasionaba era la angustia que sentía el que cortaba y el dolor del amputado. Era una mezcla de emociones de una obscenidad absoluta.
Yo no soy un dolor. Soy un abismo insondable de terror y los nervios de la anatomía primate se parten dolorosamente ante la sobrecarga que representa mi sola presencia y mis actos.
Antes, un par de siglos atrás, los primates eran más resistentes al dolor; sin embargo, cuanto más tiempo dura una especie en el planeta, más decadente se hace.
Yo no pretendo hacer selección natural y mejorar así vuestra piojosa genética.
Yo quiero exterminaros porque sois obra de ese Dios maricón. Y cuando os haya matado a todos, a él le cortaré su celosa y exterminadora cabeza y le meteré el bálano en su asquerosa boca legislativa de mierda.
Tienen también una hija de seis años (siento su miedo llegar desde una habitación a mi gruesa piel) que se ha escondido con absoluta ingenuidad bajo la cama.
Las vacaciones también las han de pagar a plazos, vale la pena para ellos, para colgar sus mediocres y aburridas fotos de viajes que nadie mira en sus muros de redes sociales.
Los like solo son una forma de expresar la misma hipocresía humana de siempre.
Celebran todo, absolutamente todo.
Forman parte de la millonaria chusma o casta de votantes bien integrados en su sociedad.
En definitiva, la familia tipo del estilo de vida occidental. Pobre; pero ignorante de ello gracias a la efectividad y precisión de un consumismo arrollador aglutinante, uniformador y global.
Antes de provocar la próxima guerra, me dedico a exterminar a familias de forma artesanal. Siempre actúo así, cuando me aburro de descuartizarlos paso a sistematizar la muerte y el dolor y dejo que la Dama Oscura me la chupe viendo sus muertes a una distancia cómoda en la que no me molesten sus gritos de mierda.
El padre que ahora se ahoga con su propia sangre, explicaba durante una cena con otro matrimonio, que en estos tiempos no interesa hacer una guerra; que no es posible.
El mono hijoputa se equivoca, siempre es buen tiempo para una guerra.
Incluso Dios reconoce que la guerra es necesaria, y a su pesar; me ayuda creando confusión, como siempre, con sus mandatos idiotas e ininteligibles.
Salgo de la habitación de matrimonio y central de muerte, abro la puerta de la habitación de Virginia.
– Sal de debajo de la cama, Virginia. No tengas miedo, cielo.
Y hace caso de mi voz engañosa, de mi arte. Mi oratoria es tan buena y tan perfecta como mi infinita maldad.
Le ofrezco la mano y ella me la toma camino a la muerte.
Cuando ve lo que ocurre ahí dentro, intenta escapar.
Cierro la puerta, saco mi Desert Eagle del pantalón y le descerrajo un tiro en el pecho. Es impulsada un par de metros atrás y cuando toca el suelo, ya está muerta. Es una bala enorme para un cuerpo tan pequeño.
Giro el puñal clavado en el cuello del primate macho y con ello secciono, ahora sí, las importantes venas. En treinta segundos está muerto.
Tomo el teléfono de la mesita, me siento a su lado y hago una foto de nosotros dos.
La Dama Oscura ha cortado los pechos de la hembra por la parte inferior y ha deslizado las manos a través de los cortes para acariciárselos desde dentro.
He perdido un poco el control y la primate llora por los dos ojos.
-Mi Dama Oscura, es hora de ir a cenar, tengo hambre -le susurro dulcemente al oído deslizando mis dedos dentro de su coño.
Se gira y me besa con las manos aún metidas en las mamas de la mona.
Apoyo el cañón de la pistola en uno de los ojos y disparo.
Su cabeza parece desintegrarse.
Mientras la Oscura se limpia de sangre en el baño, yo fumo entre los muertos.
Ahimiel aparece con sus alas extendidas y enormes, blancas como la luz de la luna. Llora un cántico por los muertos y me mira con ojos terribles.
Pero yo ya he aspirado todas las almas, se vienen conmigo al infierno.
-Has llegado tarde, arcángel. Deberías ser menos cobarde.
Y le lanzo la colilla del cigarro.
Toma las dos partes del bebé acunándolas en sus brazos poderosos, como si pudiera enmendar el mal. Y solo llora.
Dios es un melodramático de mierda, siempre prepara grandes escenificaciones.
La Dama Oscura aparece en el vano de la puerta con el cabello mojado, y mirando al arcángel saca su lengua lascivamente. Se acerca a él y posa la mano donde debieran estar los genitales.
-Estás vacío -le dice sin piedad.
Amo a esta mujer.
Me apetece pizza.
Cerramos la puerta y dejamos dentro a Ahimiel cantando sus salmos ininteligibles. He pensando en descuartizarlo; pero me encanta saber que irá con todo ese dolor a ver a su Dios.
Siempre sangriento, 666.
ic666 firma
Iconoclasta

Dicen que no se sabe a ciencia cierta el porqué de esta costumbre, como tampoco se sabe a qué se debe que los judíos se mutilen el pene. Yo lo sé y además no se trata de un gran misterio antropológico. Solo requiere saber uno en que mundo vive, quien ha vivido y quien vive.
La ablación del clítoris es anterior al islam y la circuncisión anterior al judaísmo.
Como lo es la envidia, la vanidad, la pereza, la indiferencia, la imbecilidad (lleva directamente a la ignorancia) y la cobardía.
Y como las religiones son oportunistas y se acogen a todo aquello que pueda causar represión, es natural que los sacerdotes de cualquier religión usaran estas mutilaciones como acto de fe y pureza.
En el caso de los judíos, la circuncisión es simple como una pelota: sin prepucio el glande se seca y tiene menos sensibilidad, con lo cual no perdían tanto tiempo violando y follando judías.
La higiene no es pretexto, yo tengo el pellejo y no se me cae la polla al suelo de podredumbre e infecciones, y eso que ya soy mayorcito.
Que luego la convirtieran en un símbolo religioso, es puro oportunismo de los sacerdotes, como ocurre hoy día en cualquier época del año.
En el caso de la ablación del clítoris hay mucha más cobardía, rencor y vergüenza. No hay que buscar oscuras razones si uno conoce a la humanidad. Si a una mujer se le roba el derecho a sentir placer, es porque los machos de esa sociedad no saben follar, o bien son precoces, muy precoces. Y torpes como la puta madre que los parió.
Es natural que quieran mutilar a sus mujeres, ya que éstas sacan más placer orinando que siendo penetradas por sus machos. Y las noticias corren que vuelan.
El miedo y la frustración llevaron a arrancar el placer a sus mujeres para que quedaran ignorantes de que sus machos eran incapaces de hacerlas gozar. Ésta es la razón y no la mierda de excusa de la “pureza en el matrimonio”. Los idiotas son ellos, no yo.
En cuanto a la reproducción: también se reproducen los cerdos, nada que alabar. Dejar preñada a una mujer no requiere más que diez segundos en muchos casos.
Hay seres humanos de primera, segunda, tercera y cuarta calidad. Estos machos que obligan a la ablación de sus mujeres, son de cuarta (perfectamente sacrificables y agotan recursos del planeta para no aportar absolutamente nada más que una genética defectuosa).
Hay razas humanas que no deberían existir. Deberían haber ONGs encargadas de esterilizar los genitales de estas ratas humanas.
Vale la pena reseñar que el islam prohíbe esta mutilación, pero como de seres tarados (dignos de campos de concentración nazis) hay sobre todo en África, los musulmanes son los que más la practican.
En menor medida se hace en Europa, América, Australia y Asia.
Los alfaquíes tradicionales de algunas sectas islámicas que se pasan por su ineficaz pene la prohibición del islam, creen que es necesario destrozar y coser la vagina de sus mujeres para “reducir sus deseos sensuales excesivos”.
Excusa perfectamente lógica dentro del rudimentario, cobarde e hipócrita pensamiento de estas bestias homínidas que tienen un pene que solo sirve para ser ordeñado y dejar hambrientas a sus mujeres. Las cuales se reirían de ellos en la aldea al verlos entrar cargados con unos monos para comer y prometiéndose con su vecina, que se montarían una buena tijera o tortilla a la mañana siguiente, cuando los machos salieran de caza de nuevo.
La ablación es producto de la vergüenza de una genética tarada, de la envidia y del miedo al ridículo. Los sacerdotes, gentuza con un poco más de inteligencia que la media, obtuvieron con ella una buena herramienta de represión para dar gusto a los deficientes mentales machos.
Así que eso de la tolerancia con otras culturas, que se la metan en el culo, porque llamar cultura a una piara de cerdos envidiosos y asesinos porque no saben follar, no es una cultura, es una basura que hay que limpiar.
No es una cuestión de racismo.
Culturalmente costaría decenas de años erradicar esa costumbre y mientras tanto, seguirían sufriendo y muriendo niñas a manos de las viejas cerdas curanderas que se dedican a esta mierda.
Requiere dejar que estos grupúsculos de seres de cuarta categoría se mueran ellos solitos de hambre y enfermedades o arrasar con algún arma química sus aldeas.
Porque de decenas en decenas de años, hay millones de niñas muriendo gracias a la hipocresía del respeto a la diversidad étnica, donde entran toda clase de bestias que poco tienen que aportar, y peor aún hacen peligrar la humanidad, ya que alguno de ellos podría pasar sus genes defectuosos a otros grupos étnicos. Cualquiera puede viajar en avión a precio low cost.
Y no merece más atención esto de la mutilación ni más razonamientos que solo permiten dar tiempo a que torturen y asesinen a más niñas.
Así que toda esa piara de inútiles de las organizaciones humanitarias y pro derechos humanos que agrupan a un montón de países, se pongan a trabajar de una puta vez y arrasen esa porquería de aldeas y ciudades y salven de una puta vez a las criaturas que sufren.
Y sobre todo, buen sexo y a esforzarse, que follar no es meterla y correrse si eres un poco inteligente.
(Más que nada para que tu santa no se ría de ti demasiado. Hay que echarle ganas, chavales).
Buen sexo.

Iconoclasta

Doce años presa; pero ya hace tiempo que es su voluntad, su deseo, su espera.

Su deseado tortuoso y doloroso desenlace.

Doce años de un maldito, penoso y venenoso embarazo. Es la elegida.

Mil oraciones de diez mil devotos la convencieron. La enloquecieron.

Y a veces sus dedos sin uñas estrangulan ratas que luego se mete en la boca, saboreando los miasmas de lo hediondo.

Los Oscuros Padres Dolorosos la raptaron el día de su primera y espantosa menstruación. Madre le bajó la falda, le separó las piernas, metió los dedos en su vagina y frotó la sangre entre sus dedos: era oscura como ninguna otra. Fue en busca del Padre Muerte y éste le dijo:

—Tu hija es la Elegida, su vientre será el pútrido útero de nuestro Doloroso.

—Yo me arrodillo ante ti, Madre de Todas las Penas y Todos los Dolores —dijo el sacerdote vestido con traje oscuro y corbata negra, arrodillándose ante ella y posando sus labios en la ensangrentada vagina.

Entre madre y padre, bajo la letanía de obscenas maldades que el sacerdote recitaba por la calle y a plena luz del día, la llevaron a la Catedral de los Despojos Humanos. Se encontraba a treinta metros bajo tierra, el colector de todas las cloacas. Le aterraba el rugido de las seis enormes cataratas de agua sucia de todas las materias que la humanidad crea, plena de excrementos, orina y el semen de los desgraciados, de todos los seres humanos que malviven en la putrefacta ciudad. Seis enormes tubos del diámetro de la altura de un hombre, arrojaban toda la inmundicia humana posible, en todas sus combinaciones. Compresas manchadas de una sangre más clara que la de su menstruación eran festín de las ratas, las predicadoras de la miseria que pregonaban en el exterior entre la basura y las casas rotas, la venida al mundo del Hijo de Todas las Penas.

Y con sus muslos manchados de sangre, entre los gritos casi enmudecidos por el hedor y el estruendo de la Catedral, agujerearon su monte de Venus apenas poblado de un vello oscuro, con botellas rotas para meter en sus entrañas tubos mugrientos que la llenaban de todas las miserias innombrables. De todos los espermas de todos los hombres, de la sangre de menstruaciones. Pus y restos de enfermos, mutilados y heridos.

Flotaban en el agua ciento un fetos roídos que comían los discípulos y creyentes durante las misas que dedicaban a su vulva púrpura de necrosis, siempre abierta ante ellos.

No murió infectada, era la elegida. La real Madre de Todas las Penas y Todos los Dolores.

Con veinticuatro años su vagina eternamente expuesta a la mierda, es una costra oscura e insondable, la carne de sus nalgas son llagas que no curan nunca, hogar de larvas que anidan en ellas retorciéndose, canibalizándose. La piel blanca es un mapa de oscuras venas que se arraciman en los pezones para extenderse como un virus por todo el cuerpo, regando cada rincón de su organismo con infección y corrupción.

Sus dientes están podridos y un incisivo cuelga de su filamento nervioso, cuando balbucea plegarias ininteligibles de oscuros vómitos. Su mente está perdida en el dolor y el hedor.

Es ella en verdad, la Madre de Todas las Penas y Todos los Dolores.

De todas las infecciones e insanias.

Doce años de un embarazo leproso y ahora ante la letanía de los miembros de la Santa Podrida Iglesia del Dolor, se desprenden las costras de su coño por la dilatación del útero, va a parir.

“Negra Madre Virgen de Todas las Penas y todos los Dolores, que tu pena y la orina de tu sangre que pudre las venas, se extienda por la humanidad”.

Son los rezos de los innombrables.

La Madre grita y sus adoradores, de caras vendadas con telas sucias de icores venenosos y sangre vieja se llevan las manos a las sienes gritando su dolor también. Sus muslos gordos y albinos manchados de mierda se separan y de su coño sale un hedor que asciende a la superficie por los conductos sarnosos de la ciudad causando asco en la gente luminosa, en los de arriba, en los cobardes que adoran dioses de madera y mentiras piadosas.

Rompe aguas colmadas de cabezas de negras antenas y patas de insectos.

“Oh Madre de Toda la Podredumbre, danos nuestro rey, danos la oscuridad. Que se pudran los benditos y los limpios, los que en su vida tuvieron suerte y todo lo tienen, los que esperan una muerte dulce y un premio de miel. Oh, Madre de Todas las Penas y Todos los Dolores, que el Bastardo de los Humanos Despojos, sea escupido por tu Sucio Coño”.

El Padre Muerte encabeza y dirige las plegarias de las diez mil mentes podridas.

— ¡Jamás llegó a renacer Cristo, no hubo una segunda venida! Escupid al feto que fue arrebatado de su madre virgen antes de su alumbramiento —sermonea a la multitud mostrando un frasco de vidrio en cuyo interior flota un feto humano con los brazos y las piernas rotas.

En el frasco, escrito con mierda figuran las palabras: Iesus Cristus, segunda venida.

— ¡Jamás llegó a nacer la Bestia! El anticristo murió a manos de la Santa Iglesia Podrida del Dolor —ruge con furia el Padre Muerte, mutilándose el lóbulo de la oreja con una navaja de afeitar —. Ni siquiera Satanás ha conocido el dolor y el asco, nunca lo imaginó así.

Eleva a la congregación otro frasco con el feto de un bebé con cabeza de macho cabrío. “Maléficus Satanás”, reza en el frasco.

— Todas las religiones han errado. Se han perdido en la hipocresía y la estafa, en el abuso y el engaño. Ahora pagarán y no habrá redención. Nos alimentamos de mierda y despojos, nos alimentamos de dioses y diablos.

—Ella es virgen, ella está infectada del Espíritu Corrupto, miradla parir.

La Madre de Todas las Penas vuelve a gritar y su cuerpo se agita con el dolor del parto. Los tubos insertados en el pubis se desprenden por la violencia de las contracciones. Sus pezones se han resquebrajado como cristal, pero apenas sale nada de ellos.

Cinco ratas lamen el corrupto líquido amniótico que ha dado protección en el sucio vientre al Bastardo de los Humanos durante doce años.

— ¡Cómo me duele este puto coño, me cago en Dioooos! —grita la Madre de Todas las Penas ante cientos de miserables que se masturban ante ella.

El bebé sale de entre sus muslos para caer al suelo lleno de agua sucia, liado con el cordón umbilical y una placenta verdosa. Un perro famélico la devora y rasga el cordón ante la mirada agresiva de las ratas.

— ¡Ha nacido, el Bastardo de los Humanos Despojos! Que se alimente de tus miserias, Madre de Todas las Penas y Todos los Dolores! Dale lágrimas y asco con la que alimentarse y hacerse Dios. Que comience el Nuevo y Pútrido Mundo —grita el Padre Muerte.

—¡Que mame el Bastardo! ¡Que mame el Bastardo! Que la Madre Puta de los Dolores lo cebe con lágrimas y penas.

El bebé no llora, su boca se abre mostrando unas afiladas encías y los dedos de uñas partidas se mueven ansiosos. Sus piernas atrofiadas se debaten en un pataleo en el aire. Se revuelca en el suelo mostrando su columna vertebral descubierta y deforme.

Hay hombres y mujeres que se clavan los unos a los otros trozos de vidrio en la espina dorsal descubierta por una largo corte que se mantiene abierto gracias a alambres y tenedores viejos. Sus gritos de dolor apagan el ruido de las Sagradas Cataratas de la Ponzoña.

Un niño de cuencas vacías toma al recién nacido en brazos, la Catedral se ha inundado de silencio.

Cojeando se lo entrega a la Madre de Todas las Penas.

Lo toma en su regazo y lo lleva a su pecho, para que mame.

El Bastardo clava sus encías en el pezón derecho, y la carne se rompe, como algo seco, algo sin vida.

No hay leche en los pezones, ni sangre. Las mamas están secas y repletas de orina y lágrimas cristalizadas que crujen como el vidrio e inundan la boca del Bastardo.

El pequeño mastica toda esa inmundicia y su boca se hiere. Mana la sangre que inunda su pecho. Y su primer grito de puro dolor y asco que asusta a hombres y ratas, se extiende por toda la catedral, por todas las superficies.

En la ciudad, la gente vomita sin saber bien porque. Cuando los fetos de las embarazadas caen muertos en el suelo, el hedor en toda la atmósfera es insoportable. Cuando los gritos de miles de enfermos salen por las cloacas y desagües de las calles y casas, ya es tarde. La infección ha hecho presa en los felices, en los luminosos y las iglesias se derrumban, cae todo lo que una vez fue bendito, sacro o santo.

Es la Nueva Era del Dolor. La Verdad la estuvimos pisando, cagándonos en ella.

Ahora la Verdad se caga en nosotros. Y nos mata.

Que la Podredumbre sea con nosotros.

Iconoclasta

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