Archivos de la categoría ‘Humor’

“Y Jesús le preguntó: ¿Cuál es tu nombre?
Él le dijo: Legión es mi nombre porque somos muchos”.
(San Marcos, 5:9)

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Es pleno verano y como cada año: Mercado Medieval.
Los Mercados Medievales venden absolutamente lo mismo que se vende a lo largo del año en las distintas ferias, solo que se añaden un par de puestos de flechas y espadas de juguete y una decoración medieval en la que han tenido a bien, no dejar que corriera mierda y orina por las calles (eso es solo para las noches de viernes y sábado, en las zonas de bares todo el puto año).
Como soy dado a la introspección, independientemente de la cantidad de carne con la que hay que rozarse para caminar, mi cerebro poderoso no deja de procesar con absoluta obscenidad y libertad.
Y sueño que soy conde y que ellas me pertenecen, todas.
Cada día, con los dedos sucios de grasa de venado, ordeno a un par de soldados que pillen una doncella de buen ver, me la traigan al castillo y así follármela gratuitamente; y si no me lo hace bien, su padre deberá pagarme con las tres cuartas partes de la cosecha.
Ser conde y follarse toda hembra que esté casada, soltera o inconsciente.
¡Qué tiempos aquellos!
Sería el Conde Iconoclasta y el condado (Iconoclastaland) estaría lleno de pequeños iconoclastitos saltarines y maridos que me han mirado mal, cortados en piezas en los puestos de carne tapizados de moscas y orugas.
Y con una notoria erección, me enciendo el trigésimo tercer cigarrillo de la mañana y me detengo. Hay una gran muralla de gente interceptando el paso a otra muralla de gente que respira con la boca abierta y la mirada perdida.
No sé porque; pero el vulgo, chusma o vasallaje, se apiña histérico frente a las creperías. Se comen las creps como si fueran uvas durante las campanadas de año nuevo. Supongo que es más barata una tortilla grande rellena de algo que un buen corte de carne o un bocadillo de embutido. Una de las ochocientas creperías del mercado medieval, tiene trabajo para rato. Decido pasar con gran escrúpulo entre toda esa carne que espera su crep, aguantando todo lo que puedo la respiración. Tomo nota de la buenorra morena de tetas sueltas, libres y pesadas, con pantaloncito-braga que deja ver uno de los labios vaginales con gracia y sensulidad, para que mis soldados la traigan está noche a mis aposentos.
La voy a embarazar de trillizos.
Y si tiene novio, lo mandaré ir a recoger boñigas de vaca a los límites del condado, allí hay una epidemia de peste.
Para ser feliz basta con sentirse poderoso.
Bueno, ya he divagado bastante por hoy.
No vuelvo a salir a la calle hasta que hayan limpiado las calles de paja y leprosos.

La confusión piadosa y absolutamente hipócrita de compañía por amor, es la más extendida del planeta.
La peña busca compañía y así ser cuidada en la enfermedad y la vejez.
Lo primero que piensa la chusma cuando su cerebro ya se ha estabilizado (cuando el sexo ebrio ya no es una necesidad perentoria y semanal) es: ¿Y el día que me pase algo y no tenga a nadie?
Por efectos electoralistas y piadosos para no denigrar demasiado a la chusma y no haya merma en su auto estima (los votantes son más maleables si están cómodos), la cobardía pasó a ser cariño en estos casos de corrupción y prostitución del amor.
No hay culpa en ello, aunque existan velos y confesiones susurradas en templos para ocultar la vergüenza. La cobardía a la soledad es un tara característica de la raza humana, igual que el cáncer, la chepa, las malformaciones congénitas de orejas y nariz, las tetas pequeñas, el culo caído, los huevos que no bajan y los mini penes.

En Telegramas de Iconoclasta.

La más patética prueba del sentimiento borreguil de la humanidad (dejando de lado las manifestaciones que se “disculpan” por algún sueño de mejora social o económica) son los maratones populares.
Todos los que se inscriben en ellos (salvo cinco o seis de los cien miles), lo que buscan es pasear sin prisas, acompañados y en continuo roce con un número en el pecho y otro en la espalda.
Por lo visto les da miedo pasear solos, ya que la libertad asusta a todos los animales condicionados a sus jaulas y granjas.
Es una neurosis como otra cualquiera, como las de guerra y las de creerse inteligente o buen ciudadano votante.
Lucir un número les llena de simpatía y ansía de camaradería hacia el prójimo, posiblemente los judíos se debían sentir igual con sus números cuando los amontonaban en un vagón de tren con destino a un horno crematorio. Mierda…
Los maratones populares son una ocasión ideal para que los amantes adúlteros puedan encontrarse “por casualidad” a pleno día y no en el sucio motel o en el coche donde joden sin elegancia alguna. Suelen ser colegas en el trabajo y así se lo presentan al cornudo del cónyuge (macho o hembra, qué más da) durante la maratón.
Al final, de todos los inscritos solo diez o tres llegan a la meta con dignidad y la camiseta mojada.
Si un león viera por televisión un maratón popular, se le haría la boca agua ante tal magna concentración de cebras y antílopes pastando a dos patas.

En la presentación de la horrorosa Megalodón, película de verano y público poco exigente, Jason Statham dice: “Es una fantasía sobre los peligros del mar”.
¡Olé! Tiene un pico de oro…
Qué orgulloso debe estar su padre.
Si la película hubiera ido de un mamut hubiera dicho: “Es una fantasía sobre elefantes peludos”.

Y ya solo queda mencionar a Televisión Española y el equipo móvil que ha llevado al puerto de Algeciras para cubrir la noticia de la llegada del barco Open Arms con tropocientos refugiados africanos en sus bodegas.
En algo tienen que tirar el dinero en verano y un puerto siempre es refrescante.
La tripulación despidiéndose con besos y abrazos…
¡Ay qué chocho!
No sé si alguien ha seguido la noticia, porque oigo ovejas balar por un aburrimiento desesperado.
Si el barco fuera cargado con conejitas de Playboy, Yo hubiera seguido la noticia sin fingido interés, sinceramente.
El verano es un mal tiempo para las noticias, el cine y la soledad.
Aunque en cuestión de periodismo y noticias, todo el año es patético y falso.

No puedo ir con sutilezas, si quiero ventilar mi pierna podrida debo protegerla del sol con algo más contundente que una crema. Si enfocara su piel con la luz del teléfono se arrugaría como corteza de cerdo en la sartén.
Podría ser más discreto; pero con determinadas temperaturas la discreción podría confundirse con adicción al dolor. Y soy un hedonista convencido.
Me basta con ser exótico.
Podría decir que tengo una pata musulmana por aquello del velo.
Bendito sarcasmo…
Hay momentos para ser absurdo y otros para fumar, ambos son complementarios.

Algunos dicen que el vinilo se oye mejor (lo dicen porque se los compran).
Y una mierda.
Otra cosa es que encuentres cosas muy viejas en vinilo que no se publicaron en CD, eso es lo correcto.
Durante toda mi infancia (en la infancia fui usuario del comediscos , el dinosaurio de los walkman) y hasta casi entrada la madurez, viví con los vinilos y sus horribles sonidos de fritura; cuando ya los había escuchado dos o tres veces, sentía la deprimente sensación de haber tirado el dinero por lo poco que duraban. Acababas escuchando el rasguño de la aguja más que la música en poquísimo tiempo. Y tenía tocadiscos de muy buenos, a pesar de lo muy joven que era, le exprimía dinero y cosas a mi padre como si fuera la mejor de las prostitutas del barrio chino.
Negativo: el vinilo no se oye mejor que el CD ni de coña. Es solo otra de esas modas impuestas que llevan a la necesidad de comprar cosas inservibles con argumentaciones y consuelos falaces. A veces cojo un CD con los dedos sucios de ceniza, patatas fritas y semen; y se reproduce a la perfección. Ese nivel de primitivismo y obscenidad en el trato musical era impensable con los LPs (33 R.P.M.) y Singles (45 R.P.M).
Y no seáis tacaños, gastaos la pasta en un buen reproductor de CD, coño.