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Cuando me estiro en la cama, aún no tengo claro si tengo aspecto de genio o de cortesana (puta, hablando en plata). Al despertar no tengo duda, me siento puta y muy trabajada.

Dicen los gurús del buen rollo y la filosofía de cariz homosexual que no se puede vivir amargado.
Y una mierda.
YO vivo amargado desde que tengo conciencia de MI propia existencia. Ya de muy pequeño me escapé de mis padres siguiendo a un payaso hasta su camerino en un circo. Decidí que aquello que hacían era aburrido de cojones, así que me puse a investigar al payaso a ver de dónde coño salía.
No sé qué estarían haciendo mis progenitores, si estaban fumados ambos o qué; pero me escapé de ellos; y seguí al payaso que una vez en el camerino me dijo ¿Y tú qué haces aquí? Yo tenía apenas dos años y no supe que decirle porque era lerdo y tenaz no hablando. Hasta que llegó mi padre resoplando a buscarme, tras él cacareaba mi madre. Debí ser muy veloz y por ello esa respiración enfisematosa de papá. Gracias a mi padre en aquel entonces, nació mi amor por el tabaco, que en cuanto cumplí los trece (pasó muy lento el tiempo) comencé a fumar y hacerme cada vez más hombre, más perfecto, fuerte, poderoso y follador.
Ya empiezo a divagar…
Quiero decir que si me dan por culo, no le invito al estado a que me la clave otra vez.
Y que si alguien me pega una bofetada, le arranco sus mejillas con una navaja hasta dejar el hueso limpio.
En fin, que me paso por el nabo todas aquellas catequesis franquistas de los curas que tan de moda están ahora en las pseudo democracias fascistas y homosexuales del coronavirus, el cambio climático y la puta que parió al estado en pleno que surgió como un mal franquismo en aquel aciago catorce de marzo del 2020.
Claro que se puede vivir amargado, y ser guapo, inteligente, elegante, artista, fotógrafo, hijo de puta como nadie, fumador carismático, impaciente y cuando hay una tía buena y esperanza de follar, sacar la mejor de mis sonrisas también.
Soy el hombre definitivo. Y todo gracias a esa amargura tan mía que me hace tan desconocido de mierda a todo el mundo. Tan absoluta e impunemente anónimo.
Cagándose en Dios, vuestro puto servidor de mierda: Iconoclasta (como si queréis llamarme iconocojones).

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

En los felices 50 y 60 del siglo pasado ya se inducía a la población a que adoptara la posición correcta para la penetración anal que, se haría una cotidiana realidad en las falsas democracias del coronavirus setenta años más adelante.
Hoy día, ofrecer a tu hijo y el culo al estado es ya toda una liturgia como el bautismo o la comunión.

La primera puta fue el ser humano más inteligente de la humanidad.
Se dijo:
“Para que todos estos tarados subnormales me violen, me llenen de putos hijos y les tenga que comer sus pollas pequeñitas; les ofrezco el coño cobrándoles antes de que entren en celo y me gano una pasta.” O unos cuantos abalorios de piedra, o unas gallinas, según la época de la puta.
Y lo hizo.
Y lo hizo bien, muy bien.
No soy muy listo; pero debo tener algo de puta, dada mi sabiduría y claridad de pensamiento.

No entiendo porque los cementerios no expulsan los restos humanos cuando hay un terremoto. No he visto nunca una foto de semejante situación, de ahí mi angustia.
No sé, es que me gusta el arte disruptivo por llamarlo de algún modo, es demoledor valga la redundancia. Las cosas rotas por una catástrofe tienen una gracia especial de las que carecen las erosionadas lenta y tontamente por la naturaleza.
No es una cuestión de malsano morbo, simplemente lo imagino como una fantasía para conjurar un poco esta leprosa mediocridad de la cotidianidad.
Una vez jugueteé con un hueso humano que había entre las ruinas de un cementerio roto; pero me gustan más los de las vacas, son más contundentes. Luego lo tiré con displicencia y aburrimiento para fumar más cómodamente.
Si hubiera encontrado una calavera, me la hubiera llevado, fijo.
En fin… Lo que me gustaría es contar, de forma coloquial y amigable a algún conocido, la siniestra experiencia de que he visto trozos de esqueletos a cielo abierto entre tumbas rasgadas y lápidas hechas pedazos, una buena aventura que relatar en lugar de hablar de médicos y tiempo.
Tengo muertos en el cementerio; pero no me afectaría que sus esqueletos salieran a la luz.
Por los cadáveres no tengo aprecio o desprecio alguno, son cosas que ya no representan nada de la gente que amé y odié, porque es muy importante saber que lo que odiaste está muerto, es una alegría de la que no deberías prescindir jamás.
Es una costumbre folclórica venerar los cadáveres; pero está visto que nací con pelaje impermeable a los ritos populares.
Será porque soy muy imaginativo y nada puede superar lo que mi mente crea.
Así que no necesito saludar cosas frente a las tumbas, cuando en mi poderoso cerebro, están como la última vez que los vi vivos.
La verdad es que soy mi propio dios castigador y resucitador.
Y es otra forma o dimensión de ver la vida menos aburrida, con más gracia.
Porque, sinceramente, las fotitos del dichoso James Web (nombre imbécil donde los haya para un telescopio o un gato) son lo más ñoñas, repetitivas y aburridas que publica la prensa diariamente para llenar los huecos en sus páginas web cuando se les acaban las mentiras del día.

Iconoclasta

Estoy confuso ante el bombardeo de dogmas noticiados encargados y pagados por el Estado Fascista Español Homosexual, Sanitario y Penitenciario.
¿Tiene algo que ver con la memoria histórica el esqueleto?
¿Es una buena o mala noticia?
¿O simplemente es para rellenar los espacios en blanco de la pantalla del teléfono móvil?
¿Es significativo que sea franquista o republicano para la tergiversación oficial de la mentiras históricas?
Es que uno se queda colapsado con tanta información banal. No recuerdo mi nombre.

Alex, el personaje central de La naranja mecánica se imagina al leer la biblia que es el soldado que azota a Jesucristo arrastrando la cruz.
Si yo hubiera vivido en aquel momento y lugar y de no haber sido un cuento, hubiera hecho lo mismo que hoy con los nazis del coronavirus, sus jerarcas, iluminados y la masa crédula: me habría ido a dar una vuelta por el desierto para alejarme de esa masa de hijos de puta compuesta por los puercos sacerdotes del Sanedrín, los judíos fanáticos hijos de puta apedreadores, los llorones pusilánimes que se lamentaban por la suerte del mesías loco, del mesías loco y de los putos policías romanos de mierda.
Y paseando ya a cinco kilómetros de Jerusalén un poco relajado por el silencio y la lejanía de esa piara de subnormales, desearía con una ingenua y tierna sonrisa en mi bello rostro, que ojalá, Poncio Pilatos ordenara clavarlos a todos en cruces, mandara picharles los pulmones a lanzazos y luego les hubiera pegado fuego a todos.
Y que ni uno solo vivo hubiera quedado. Ésta es mi voluntad.
Luego, para descansar de mi meditativo caminar en pos de la decencia humana y una vez muerto el nazareno loco y acabado el follón en el cochino y abarrotado Jerusalén, me hubiera fumado unas hojas de marihuana a la sombra de Judas ahorcado, y ya sin asomo de irritación cerebral alguna, “pa casa”.
Siempre he sabido que cualquiera que fuera el lugar o tiempo en el que me parieran, sería siempre un buen tipo en general.
Y bueno, como ocurrió con YO y Franco, con YO y Hitler lo mismo: lo hubiera ido a jalear a sus mítines y desfiles la puta de su madre; porque YO nasti de plasti.
Nunca he sentido deseos de moverme entre decenas y decenas de miles y miles de reses humanas arrebatadas por la luz del ilustre prócer para chupársela, sea cual sea su pelaje.
Además, de hijos de puta vamos “sobraos” y nacen con tanta frecuencia que aburren un huevo.
En fin, tengo que confesar que gracias a ser un buen tipo en general, lamentablemente también, siempre he tenido el mal fario de que nunca tendría un buen puesto de trabajo, ni gozaría jamás del trato de favor (económico, sin sexo a menos que sea una tía buena) de un corrupto funcionario.
Incluso pienso, que de alguna manera he desarrollado alergia a la riqueza.
A veces es un asco ser tan buen tipo…

Iconoclasta

Los dos mejores y más importantes inventos en la historia de la humanidad, han sido los cigarrillos y la cocacola.
Todo lo demás ha sido de puta pena y lo único que ha provocado en la población mundial es mariconización del ser humano, su servilismo y mansedumbre.
Y el peor momento para la chusma o masa humana, llegó cuando dejaron de quemar “brujas”, “brujos” y “judíos demoníacos” en las plazas de pueblos y ciudades. La chusma pasó centenares de años deprimida hasta que al fin se inventó el fútbol televisivo y luego el tenis.
YO, por mi parte no puedo más que alegrarme de no haber nacido en aquellos putos y repugnantes tiempos sin marlboro y sin cocacola.
Sudo copiosamente sin ningún tipo de excitación sexual ni alegría tan solo al imaginar mi existencia sin ellos.

Incluso al horripilante gusto de los arándanos verdes.

En la frontera, de Cormac McCarthy. 😬😛😃😃😃