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Qué caliente está… Como ama a su montaña.
¿Ves? Así te cubriría, así te amaría.
Aquí y ahora.
Qué desesperación por follarte, mi amor.
Con la lluvia rociando los labios que jadean, la piel que se eriza, los sexos trémulos…
Invadir tu coño cubriéndote toda, mostrando al planeta cuánto te deseo.
Qué envidia… Quiero ser vapor cubriendo tus pechos y tu piel toda.
Agua cálida y dura en tu sexo…
Chapotearte obscenamente.
Y luego, respirar al fin a tu lado el rocío del otoño.
Y ya…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Una vez te has decepcionado de las cosas vivas, las muertas te dan paz si no huelen mal o te sitúas demasiado cerca de ellas. Bastaría ver las cosas cadáveres con la lejanía de quien ve un gran cuadro, con cierta distante perspectiva.

Y ahí radica el encanto de la fotografía.

Las cosas que fotografías vivas o muertas tienen las ventajas de lo muerto e inodoro, con la razonable estética que hayas decidido para el encuadre y la luz.

Lo cierto es que cuando observas la foto, sin pretenderlo piensas en la muerte, en la vida y en las experiencias sin sentir que un ser vivo está cerca de ti invadiendo con su proximidad tu aire. Sin ruidos, ademanes u olores molestos.

En la televisión ocurre algo parecido, solo que o bajas el volumen de las imbecilidades que se cuentan en cualquier programa elegido al azar, o te colocas unos auriculares con buena música a plena potencia; aunque te sangre un poco el oído no pasa nada.

Ver todos esos bustos y monigotes parlantes, ridículos, mentirosos, repugnantes, gritones, estafadores, melifluos, hipócritas, colaboracionistas con los fascismos y banales; no molestan. Son como cerdos que ves de lejos y piensas que pronto estarán muertos y así, todo está bien.

Lo que sale en la televisión son cosas muertas animadas; pero no hay que olvidar que muchas cosas vivas, tienen una fe ciega en ellas, de la misma forma que la tienen en esos dioses que crearon para condicionar su comportamiento y asegurar un buen nivel de mansedumbre e ignorancia ente las reses humanas. La ignorancia es la política que mejor guarda los intereses del ambicioso político: si un político no es medianamente imbécil, puede tener a los ignorantes bebiendo de sus genitales y éstos, gracias a su ignorancia, felices y agradecidos.

Y amén.

Observar a todas esas cosas animadas que aparecen en la tele sin temor a que en un arranque de ira te lances a ellos, para coserlos a puñaladas y por ello arriesgarte a perder tu libertad, es la mejor forma de visualizar la miseria de la que estás rodeado. Hay que tener en cuenta que las religiones y sus leyes derivadas de los falsos ídolos o cristos, se inventaron para castigar las acciones nobles. Si eres un buen tipo, no tienes futuro en la sociedad que se creó miles de años atrás, con los primeros mandamientos religiosos y adoraciones a un brujo charlatán.

Es lógico y aconsejable, que si tienes mucho dinero, actúes como Elvis Presley destrozando televisores a balazos.

Aunque por norma general, las cosas ricas están sodomitamente unidas en sus propios círculos del poder religioso y político.

Si tienes el control, observa la tele y aprende lo que no hay que ser y lo que se debe eliminar en caso de que te quede poco tiempo de vida; puesto que si te mueres ¿qué más da lo que pase luego? Que te metan en la cárcel muerto sería muy gracioso.

Pero la televisión da poco desarrollo filosófico, la fotografía es la reina. Ese instante en el que puedes observar los ojos de una cosa congelada en un tiempo y lugar por la eternidad, te da la paz y la verdad absoluta de lo que eres: algo que morirá, que la vida pasará veloz y cuanto menos tiempo pases entre las cosas que no te gustan, mejor. Que la soledad es un don solo para los elegidos, los cobardes viven rodeados de cosas siempre.

Observar una foto no es como ir por la calle y observar las cosas anodinas, ofensivas, mezquinas, cobardes y envidiosas que pululan por las calles como otra especie de hormiga.

La fotografía es un arte relajante y la televisión una feria de monstruos que antes de acabar el cigarro, ya te aburre. La televisión es un cubo de basura divertido e internet el cubo auxiliar, el de los plásticos. Ambos, no consiguen juntar ni un píxel de dignidad.

Así que para no tensar tu humor, observa fotos y juzga. Recuerda que cualquier cosa que se mueve, lo único que consigue, es que tu instinto de caza tome el mando. Y la violencia, en esta sociedad, hay que ejercerla muy cuidadosamente si quieres vivir cómodamente.

Iconoclasta

No soy gris de nacimiento, soy gris por la contaminación humana que me ensució desde que mi madre me escupió por el coño.
La grisentería me aplasta, me hace mierda, solo he podido salvar los ojos; porque tanta lágrima de frustración limpia quieras que no.
Por lo demás, si lloviera mierda, no me extrañaría.

Pareciera que la luna tiene sus días buenos y malos.
Un día aparece serena, flotando suavemente, iluminando las cosas inanimadas fría y tétricamente.
Y otro día parece desgarrarse en una lucha contra las nubes que la quieren asesinar en un desgarro tormentoso por pura maldad.
Y ahí abajo, invisible para el universo, un poca cosa como yo observa con un cigarro y cierto cinismo la gloria y el drama nocturno.
La luna no puede explicarme nada que no sepa yo.
Ni las nubes.
Ni siquiera el universo.
Ni siquiera dios.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Sé que no te detendrás jamás; pero… ¿podrías contar lentos los segundos de la Alegría? Es que no abunda, amigo.
Y cuando la vida duela, cuéntalos veloces, hazme viejo por minutos; no importa. Porque de dolor hay tanto que lo dan gratis.
Yo siempre mantendré tu corazón caliente por mucho que la vida duela, lo juro. Puedes creerme, no soy del todo un mal tipo.
Es que no me fio del diablo y sus imprecisos contratos de sangre y alma.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Los árboles son los grandes protagonistas de Ramas tristes entre la niebla. Han ganado el Óscar a la mejor actuación de las horas melancólicas por la trágica y dramática interpretación de los quebrantos tras haber perdido sus hojas. Las ramas son dedos crispados por el dolor de la pérdida, creando un colosal himno mudo a la tristeza y al silencio mismo de morir.
Si dios existiera, y si tuviera decencia; les pediría perdón por sus errores de creación.
Óscar a la mejor fotografía por su precisa y preciosa nitidez contra el albo de la niebla, sin brillos; perfecta como una lámina de papel con definidos trazos de carboncillo puro y milimétrico.
Óscar al mejor guion por la elegante composición de una poesía sobrenatural, triste y bella donde la existencia muere para crear un universo místico, nebuloso, enmarañado de fríos silencios y rudos dolores.
Óscar al mejor sonido, el efecto de las ramas secas agitadas por la brisa, provoca un estado de desesperanza en el espectador anunciando sin descanso muertes en un tétrico e inevitable azar.
La película Ramas Tristes entre la niebla, es ya un clásico del cine existencial.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Subir doscientos metros de montaña en apenas tres kilómetros de recorrido. Aspirar los pulmones que con restos de tabaco se me han salido con una tos. Recuperar ritmo cardíaco con un cigarro colgando de los labios y observar con la mirada brillante las lejanas montañas nevadas.
El frío cala en la piel filtrándose bajo el sudor. Y pareciera que la bici está cansada como yo.
Eso es pasear de verdad y no andar oliendo la mierda que sueltan los coches en las pocilgas-ciudades. A veces tengo suerte, o la identifico.
Bueno, tal vez no sea demasiado el esfuerzo realizado; pero si tienes una pierna podrida, sin sangre, con una rodilla que parece un balón y un tumor que no duele pero jode, los tres kilómetros valen por quince y los doscientos metros por el puto Everest.
Lo del fumar es un extra que me hace aún más heroico.
Veo cada día gente que por menos daño, circula en un cochecito eléctrico.
Pusilánimes…
La foto está inacabada, más temprano que tarde la imagen será completa con mi cadáver enredado entre la bici, la mochila y el casco. Yo diría que mi sombra es algo profético. A veces soy místico de la forma más coloquial.
Está bien, es un hermoso momento y lugar para morir.
Seré un cadáver exquisito, no el sentido literario; en el literal. Un lujo de muerto…
He visto lugares peores para morir, más anodinos y sórdidos. Morir formando parte de la carrocería de un coche no es exquisito y morir en casa y que descubran tu cadáver cuando apesta, tampoco es una delicatesen.
Sé de estas cosas, la experiencia es un grado.
Sinceramente, antes que formar parte de la foto, conozco muchos que deberían morir y yo estar presente para fotografiar sus cadáveres.
Me pregunto que, si mi padre hubiera muerto ahora en la era digital, lo habría fotografiado y colgado en las redes con algún jocoso comentario.
Nunca he querido ser buena persona, de hecho no he considerado ser nunca malo o bueno. Soy como un buitre o un cerdo: es mi naturaleza y no la combato. No me juzgo, solo hago lo que debo y lo que quiero cuando puedo.
Es frustrante lo que se refiere al “cuando puedo”. Me jodo.
¡Bah! Mientras muero y no muero, bajaré a casa con más alegría, la bajada me da risa en la misma medida que la subida me ha dado diarrea.
Tengo un hambre del carajo.

Hasta pronto, Muerte. Nos vemos.

Iconoclasta
Fotos de Iconoclasta.

lo-invencible

Foto reflexión en Realidades Truncadas.

Prólogo.

“A ver si te dicen algo” me dice Óscar en un mensaje adjuntando estas dos fotos. Y yo pienso con el cerebro aún legañoso: Joder, claro que me dicen. Cómo no me van a decir algo. Son como bofetadas a la conciencia.

Y así que frente al arte de mi amigo Óscar, me pongo a desmenuzar la gris ciudad como profundo conocedor que soy de lo artificial y gris.

Así que aquí, junto al arte de mi colega y amigo, dejo ese “algo que me han dicho sus imágenes”. Un algo mucho menos importante que el impacto de su mirada objetivada, pero no domada ni condicionada.
Borrones, miseria y alquitrán.

Tal vez eso sea lo que quede de los ciudadanos cuando mueren, porque mueren, por muy jóvenes que se crean.

Por muy adoradores que sean de Peter Pan.

Borrones de lo que fueron… Un gigante pinta rayas con sus dedos pringados con el alquitrán que son los restos de un urbanita, tal vez un ciudadano ejemplar, digno espécimen de la mediocridad nuestra de cada día. Como el pan de Dios, que no lo es, es el pan que ganamos con nuestro tiempo prostituido por una miseria.

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O tal vez aplaste a algún humano dejando su silueta borrosa en otro muro como muestra de la miseria y la denigración de las ciudades donde la libertad degenerada y la total ausencia de naturaleza, mata instintos y valentía haciendo de los seres humanos esos insectos que se aplastan sin ninguna preocupación.

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Los grises muros urbanitas son borrosos nichos de alquitrán y miseria.

Fotografías de Óscar París París.
Texto de Iconoclasta.