Posts etiquetados ‘luz’

Hay oscuridades en mi mente, secretos que guardo celosamente de la traidora luz, de los falsos colores que confunden la envidia con el deseo y compartir la vida con la cobardía a la soledad.
En verdad Yo os digo: envidiosa y cobarde es la luz que refleja la humanidad.
Tengo obscenidades ocultas envueltas en amor y ternura, como moléculas indisociables. Si intentas separar alguno de los componentes, se desintegrarán y se perderá todo lo que son y lo que podrían ser.
No son vergüenzas mis oscuridades, son vanidades.
Mis tesoros a salvo de mediocres. Aunque a veces un glande húmedo, inquieto y palpitante temo que me delate.
Mi indecente y oscura debilidad…
No creo en dioses, iluminados y líderes. Solo creo en mis palpables penumbras, húmedas, duras, crueles, adultas y sexuales que marcan mi naturaleza.
Obscenos y dichosos secretos…
¿Ternura? Los cachorros de perros son tiernos y las patatas bien cocidas.
Yo solo soy oscuridad y deseo. Nací en un tiempo que no me corresponde; pero no es mi error.

Iconoclasta


Foto de Iconoclasta.

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Ahora puedo hablar con seguridad.
Ahora que la muy puta se ha fundido. Arrastrada por el agua, evaporada por los rayos de un sol cabrón y vencedor.
La muerte no es negra, el miedo y el dolor son carbón y son vida.
La muerte es blanca, un fogonazo de luz que no vemos extinguirse porque se abren los ojos en rebeldía al fin.
El cerebro asustado corre hacia ella, pensando que luz es vida.
Adquiere sentido y lógica la frase: “la luz al final del túnel”. Porque el túnel y su luz es un eterno resplandor fijado en las pupilas muertas.
Lo blanco, lo fulgurante, es la muerte y lo oscuro es follar; los ojos se cierran con un gemido para que nada contamine ni interfiera con el placer.
Así pues, escritores, pintores y otros artistas se han confundido y han otorgado a la muerte la tenebrosa oscuridad del dolor y el miedo.
Hoy he visto de cerca la muerte, y la he pisado. Era fría y destacaba en el suelo nocturno como el cadáver destripado de la luna llena.
La nieve es muerte, un albo frío que se agarra a los pies y trepa hacia el corazón con dedos congelados, lenta y serenamente cruel.
La nieve intenta robarme el contacto con la tierra y me hace resbalar hacia la fractura (un dolor que puede partir el corazón o reventar los conductos sanguíneos por una presión excesiva y sorpresiva), hacia el canto afilado de un banco de piedra. La nieve busca la zancadilla que estrelle mi cabeza contra el suelo con un fogonazo de luz de extinción absoluta.
La nieve quiere que muera como un poseso, mirando directo atrás con el cuello roto.
La muerte viste de blanco sugerente y hermoso, como la puta que se maquilla para los hombres que no quiere, los hombres que detesta.
La oscuridad es sueño y libertad.
Sabía yo que la humanidad está equivocada.
Tuve que nacer con un fin, igual que dicen de Cristo.
Y mi fin es corregir lo mal pensado, lo mal creado, las malas semánticas.
La nieve es la muerte que nos cae, la que se aferra a la cabeza y congela las lágrimas y el corazón contrae.
Y como toda belleza, es letal.
Porque lo bello te aboca a la locura y la autodestrucción.
“Año de nieves, año de bienes”, solo para los herederos.
He visto la garza solitaria, encorvada en el prado helado, con el cuello encogido entre las alas contraídas, como los hombros caídos de un hombre derrotado haciendo capilla. Como yo cuando nadie me ve.
Dejaba que la muerte subiera por sus largas patas sin carne, de madera. Con los ojos muy abiertos.
Lo sé porque nos hemos mirado, y hemos asentido; comprendemos, sabemos: no hay final feliz cuando lo blanco nos hipnotiza con su belleza.

 
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

 

Nos convertimos en luz continuamente.
Como en un cuento de ciencia ficción, los segundos cumplidos nos transforman en una estela que viaja por el espacio, sumando cientos de años por cada día de viaje.
La muerte es tan veloz…
Por cada latido que da nuestro corazón, nos convertimos en metralla de nuestra vida. Retazos de lo vivido catapultados a velocidades lumínicas, eternamente, como una condena sin sentido.
Porque la energía no se destruye como nuestra vida se quema.
Cada uno de nuestros segundos pasados, se propaga en línea recta y en todas direcciones rumbo a los infinitos infinitos que hay en esa pesadilla llamada espacio.
Alguien decodificará en precisos cristales de argenisca toda esa vida reflejada hasta morir. Y conocerá nuestros delitos y nuestras locuras. Nuestros deseos, amores y odios.
Estaremos muertos hará millones de años cuando alguien nos juzgará.
O tal vez observen nuestra vida con indiferencia.
Podría ser que simplemente, se masturbara ese extraño ser.
Nuestros placeres, dolores y esperanzas, serán un entretenimiento multimedia para unos seres de una civilización capaz de capturar el pasado que viaja por el cosmos peligroso y silencioso en forma de luz.
Ahora estarán viendo un documental sobre los dinosaurios en el momento que se extinguen.
Esperan las primeras luces emitidas por homínidos, mientras se llevan a la boca piojos del metano garrapiñados sentados frente a sus pantallas.
Observamos la aburrida luz de los astros muertos, fantasmas que insisten en iluminar las noches.
Fulgores de pasados milenarios, de edades tan lejanas que la mente no puede concebir.
El cielo nocturno está punteado por la luz de la destrucción.
Esa destrucción que nos baña… ¿Será por eso que la noche da miedo instintivamente a millones de humanos?
Un director de cine alienígena hará un montaje con nuestra vida. La procesará para proyectarla sobre un manto de esferas líquidas positrónicas, con núcleos congelados de átomos de helio radiados con gas inergistian, que tan de moda están en los multicines extraterrestres. Podrán ver en alta definición el semen que derramo en ella y dentro de ella.
Posiblemente, crean que ese esperma es un veneno paralizante y que los amantes están muriendo por amor, porque su reproducción es por medio de tentáculos que dejan escamas fertilizantes en su bocas y es una especie de náusea su clímax.
Tal vez lloren conmovidos por la blanca y cremosa muerte de esos seres que desaparecieron hace eones de años. Los directores de cine hacen trampa para emocionar al público. Como en todos los planetas, la verdad suele ser aburrida. Y por cada placer hay un fatal fundido en negro convenientemente insertado.
No importa, que alguien vea lo que fuimos e hicimos. No hay que ser tímidos, ni apagar la luz; es más digno exhibir la obscenidad con descaro.
Actuar como si ya estuviéramos muertos no es difícil, de hecho vivir es morir continuamente hasta agotar el tiempo.
Esos seres no podrán condenar el asesinato ni la indecencia, asistirán impotentes ante toda la maldad y la mezquindad de los humanos y otras especies planetarias que puedan ser simples y aburridos microorganismos.
La humanidad será plaga incluso muerta. Una destrucción más iluminando ojos extraños.
Como hacen los astros muertos en nuestra piel en las noches que nos soñamos.
Tú y yo no seremos reflejados. Te prometo inventar algo que destruya nuestra luz, para que nada ni nadie pueda asistir al misterio de amarte tanto.
Seremos ocultos y secretos a los ojos del universo.
Ni siquiera a millones de años luz muertos, podrá contaminar nadie nuestro amor.
Seremos oscuridad en el espacio, un secreto de nosotros mismos.
Seremos un dato irrecuperable, un vacío irrellenable en la alienígena producción cinematográfica.
No seremos una película de un mal director en algún maloliente planeta, lo juro.

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Iconoclasta

Luna de mierda,

al observarte siento asco.

Siento odio por mis vergüenzas,

por mis penas obscenamente expuestas.

A tu luz, a tu puta luz

a tu podrida luz

a tu alabada luz.

La noche debería ser oscura

como las mentes sin cerebros,

agujeros negros que trabajan

y matan bajo la luz del cabrón rey,

del Luminoso.

Ramera barata chuleada por el Sol…

No eres un astro

ni una compañera de la Tierra,

eres un buitre que otea miseria en lo oscuro,

una lechuza deforme.

Tengo un misil que borraría la vida humana,

en segundos haría mierda la carne

y las casas.

Apunta a tu faz lechosa y pringosa;

para que mueran todos lentamente

en la ya eterna oscuridad de las noches,

abrazados a su cobardía.

Ojalá estalles y dejes de iluminar

la tierra en las noches

el planeta y sus reproches.

A los miserables y sus penetraciones…

Eres el consuelo de los cobardes,

la fantasía de los simples,

la molestia en mis retinas.

No más cochina luz,

no es bueno alumbrar lo que somos.

Revienta puta luna.

Que los locos se queden sin tu lunática visión

y que el mar muera,

y con él los animales todos

y los hombres todos.

Apágate puta del astro rey, estalla;

no lo hagas más, no luzcas.

No eres tan bella como dicen

eres un tumor en el cosmos

luces porque estás infectada,

de nosotros, de humanidad.

No me entiendes, porque eres idiota

como el dios que te parió.

Cuando al final

por fin el sol se oculta,

apareces tú, guarra entre las guarras.

Cerda blanca…

Y me expones de nuevo a la luz

junto con todos ellos.

¿Quieres ver la cópula de los mediocres

en sus cuartos con luces apagadas?

¿Te gusta eso, aborto de lechuza?

Eres un ojo enfermizo.

Yo que no los quería ver por unas horas,

yo que espero la noche para no saber…

Odio la luz.

Y la tuya es tan falsa como mediocre.

Revienta, luna mierdosa

y da oscuridad con tu muerte

a la noche de una puta vez.

Para siempre si puediera ser.

Quiero descansar de tanta luz

y tanta vida.

Me dueles en los ojos.

Mueves los mares y riges

menstruaciones y partos.

No es necesario que hayan partos

ni mujeres ni hombres,

no alimentes su idiocia.

Mi semen es estela de plata bajo tu luz,

pero no quiero oro ni plata,

solo lo negro.

No quiero ver que viven,

que respiran.

Necesito creer en las noches

que no se hará la luz nunca jamás.

Es mi esperanza lo que rompes.

La sangre roja por el día

tú la haces de color mierda con tu luz,

creas presión con tu gravedad en mi cabeza

y me robas esperanzas oscuras.

Tu luz no es fría,

es traidora y alevosa.

Hipócrita…

Eres solo una puta piedra

iluminada en la esquina de una calle

por un triste neón de night-club.

Y es por ello que luces

anaranjada en algunas ocasiones.

Como si el rubor de tu voyeurismo

te delatara en tu decadencia.

Iconoclasta

El caleidoscopio

Publicado: 7 octubre, 2010 en Absurdo
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Alguien me mueve, me gira hacia la dolorosa luz, me rota y a veces me agita.

Estoy a su puta merced. Me fragmento, me rompo.

Soy estrella y después ameba. Mi mente se deshace en mil estallidos de color.

Sin dolor.

Sólo es asombro. Dios está juguetón. Dios me rompe y me rehace.

Dios es un psicópata.

Me transforma como una absurda energía que no tiene utilidad alguna.

Hay colores que se descomponen y en esos momentos la oscuridad reina.

Es desolador verse sometido así.

Descorazonador.

Estoy abandonado.

Podrido.

Iconoclasta

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