Archivos para junio, 2017

Vahina Giocante

En Telegramas de Iconoclasta.

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Roma no existe

Porque todos los caminos conducen a ti. Las encrucijadas no señalan el camino a Roma, París o la cochina ciudad que sea.
Mi dirección es hacia ti.
Viajo directo, brutal, encelado y sin una sonrisa hacia tus brazos y los pechos en los que he de reposar mi rostro cansado.
Porque todos esos putos caminos son largos, más de lo que puedo vivir.
Y pienso en el corazón y el infarto. En el destino y la muerte. En la eternidad y tú mi diosa.
En el aire que respiraré de tu boca y en un cigarro que se me quema entre los labios mirando el lejano horizonte donde habitas.
El mundo no es un pañuelo, es un pantano de arenas movedizas que me devoran un poco por cada paso que avanzo hacia ti.
Podría ser peor: que fueras un sueño y morir no tuviera gloria alguna.

Deseando el mal. Tel Samsung. 201706281936

Se puede desear el mal a cualquier desconocido con la plena certeza de que se trataría de un acto justo. Tal vez ahora no; pero lo fue o será un ser indigno.
Y entonces es legal que desee que lo atropelle un coche, que padezca una infección en el cerebro o simplemente sufra insoportablemente un dolor de vísceras.
Todos los humanos son indignos gran parte de sus vidas o en algún momento.
Lo dicen sacerdotes de todas las religiones: el humano nace pecador, nace culpable.
Así que cuando odio al azar, simplemente acepto un precepto.
Para lo que me sale de los cojones, puedo ser muy obediente.

Yo y Jesús

Se me ha aparecido Jesucristo cuando fumaba un cigarro, en una pausa durante la subida a la Sierra del Loco y le he dicho:
-Ahora no. No me jodas.
Y he seguido fumando.

El alma arrugada

Ocurre sin motivo aparente, como una aleatoria reacción química: se desprende una lágrima que corre por la mejilla y desaparece en la comisura de los labios.
Es el roce de su caída por el rostro una caricia tierna e incomprensible que sacude una emoción profunda que me lleva a buscar oscuridad; pero cuando el sabor salado impregna la boca, convierte mi alma en un papel arrugado por un puño inmisericorde.
Y pienso, aunque no quiera, que hay infinitas razones para llorar. Tan solo dos o tres para no hacerlo.
El sabor de la melancolía, la tristeza y los dolores es salobre y no da consuelo.
Se nubla la vista porque esa lágrima provoca otra, y otra, y otra…
A veces se rompen muros de contención.
Hay días para un llanto de sereno dolor, de bella melancolía.
Y siento que soy papel arrugado, que un puño invisible se cierra en el corazón y sin querer, llevo la mano al pecho para mitigar algo que está demasiado profundo.
La mano hace lo que puede.
Pobre mano…
“¡Por favor, ya está bien, ya vale! ¿Qué ocurre? No es necesario esto”, me digo mirando la penumbra a través de una nebulosa húmeda con ojos desenfocados.
No quiero verme a mí mismo, quisiera fundirme con la oscuridad y dejar de sentir.
No quiero ver las lágrimas.
Cada lágrima refleja muertes pasadas, cosas malas que ocurrieron y cosas hermosas que no ocurrirán.
Hay un niño reflejado, encerrado en una bola de cristal. Marchito por la sal de las lágrimas. Y sonríe, no sabe que murió.
Él nunca supo que habrían llantos traicioneros e imparables.
Riadas de pena…
Siento una ternura infinita por él, porque no sabía lo que iba a ocurrir. No podía imaginar tan pequeño, que habían tantas cosas imposibles.
Tantas malas personas…
Me parte el corazón verlo sonreír en su lágrima de cristal.
Yo no podía saber entonces…
Hay amores que se deslizan ahogados por el rostro.
Sueños ajados que tiñen de negro las lágrimas.
Las últimas llevan muerte, que es paz y descanso. Esperanza de que este llanto ya no puede durar demasiado.
No quiero que las vea el pequeño de la lágrima de cristal, que siga sonriendo.
Y por fin, tras el llanto, llega una triste sonrisa de comprensión y ternura.
Todo lo que quedará de tanto llanto, es solo eso: un papel arrugado.
Y mi alma en él.

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

No frost

Está bien, la tecnología tiene sus comodidades, higiene y todas esas miles de ventajas que anuncian los fabricantes; pero empiezo a estar obsesionado, tengo miedo.
Es verano, quiero decir que hace un calor del carajo.
Y nadie mencionó este problema.
En la parte superior del cuerpo, no llevo prenda alguna.
Hace mucho calor.
Temo el momento de abrir la puerta.
Sé que volverá a ocurrir: mis pezones se pondrán duros por el golpe de aire frío en mi poderoso y ardiente pecho.
Me siento tan cohibido por ese frío “no frost” tan impulsado y repentino, que estoy pensando seriamente en destrozar unas orejeras para la nieve y adaptarlas a mis pezones.
Es que llega el momento que me duelen de erizados.
Y pienso en tomar la cocacola caliente antes que abrir otra vez la puta puerta del infierno “no frost”.
Maldito “no frost”…

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Las butacas no están vacías, hay muertos silenciosos esperando que comience la película.
Por eso observo bien las butacas, no quisiera sentarme encima de un alma. A mí no me gustaría.
Me conforta saber que hay cine en la eternidad.