No frost

Está bien, la tecnología tiene sus comodidades, higiene y todas esas miles de ventajas que anuncian los fabricantes; pero empiezo a estar obsesionado, tengo miedo.
Es verano, quiero decir que hace un calor del carajo.
Y nadie mencionó este problema.
En la parte superior del cuerpo, no llevo prenda alguna.
Hace mucho calor.
Temo el momento de abrir la puerta.
Sé que volverá a ocurrir: mis pezones se pondrán duros por el golpe de aire frío en mi poderoso y ardiente pecho.
Me siento tan cohibido por ese frío “no frost” tan impulsado y repentino, que estoy pensando seriamente en destrozar unas orejeras para la nieve y adaptarlas a mis pezones.
Es que llega el momento que me duelen de erizados.
Y pienso en tomar la cocacola caliente antes que abrir otra vez la puta puerta del infierno “no frost”.
Maldito “no frost”…

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