Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

La angustia, el existencialismo, el romanticismo, las inquietudes humanísticas… Todo eso da mucha importancia a la psique, nos hace parecer importantes a nosotros mismos.
La muerte, la vida, el dolor y el placer, el hambre y la saciedad, la riqueza y la pobreza.
Sin embargo, pienso en lo mal repartidas que están las experiencias y sus emociones, los hay que conocen solo lo bueno y otros solo lo malo.
Fumas, escribes, te masturbas como un animal sin ser necesario y cierras tu pensamiento a cualquier otra consideración que no sea trabajar o hacer correctamente la compra.
Por tanto solo sé de lo malo.
Y ninguna mente es perfectamente hermética y robotizada o condicionada, por lo que el deseo de que haya una destrucción total asoma como un brillo de inteligencia en mi mirada cuando el jefe me daba la tarea del día o me cobran en la caja del supermercado con evidente aburrimiento tras hacer cola durante una eternidad.
Pienso en esos grandes artistas bohemios que tenían la suerte de poder alimentarse de mierda, marihuana y licor sin pensar en trabajar largas horas todos los asquerosos días. Y luego en mis largas jornadas laborales y en mi imposibilidad psicológica de pedir dinero prestado, cigarrillos o cualquier otra cosa. Vivir literalmente del cuento bohemio, no está dentro de mis gustos ni orgullo.
Y así, todos esos grandes maestros pierden peso. Su banalidad y su suerte me provoca prurito en los genitales.
No soy feliz como ellos.
A Bukowski, una puta le come gratis la polla y yo tengo que pagar una pasta por una mierda de mamada de una furcia de dientes podridos y bragas rotas.
No soy amable con la suerte de nadie, por muy carismática que sea su forma de alucinar con tóxicos varios.
Sin estar narcotizado sé de peores cosas que esos listillos.
He visto de niño a locos mutilarse a través de las ventanas de un manicomio y lo que es peor: la envidia.
La envidia es el pan nuestro de cada día. Me refiero a la envidia como forma de vida y pauta de comportamiento en esta sociedad mierdosa.
Aunque conociendo al ser humano, no puedo imaginar una sociedad sin envidia.
Si eres amable por fuera y por dentro desprecias con ira la mierda de leyes que han ido tejiendo a lo largo de los siglos tienes la fuerza del pensamiento; pero si aceptas con resignación el juego, te conviertes en una boca muda que come de una bolsa colgada de un ronzal con la cabeza gacha.
Siempre hay medios para hacerse oír y más en estos tiempos.
Decir estupideces no es necesario, simplemente inevitable. ¿No se dice que haya donde fueres, haz lo que vieres? Lo hago, cojones.
Así que ya no he de ser un borracho de mierda para que un editor me publique y vender el espectáculo del “hombre hecho mierda” y ser leído en un hipotético futuro.
Desde la comodidad de una buena silla o una buena mesa, puedo denigrar todos y cada uno de los estándares de esta mierda de colmena humana.
Ya no debo esperar a morir para tener la suerte que mi pensamiento sea leído por algún trapero que encuentre mis diarios y mis escritos envejecidos.
Ahora, aún vivo, soy capaz de ofender a mucha gente. Tanto o más como yo he sido ofendido.
Alguien tendrá que joderse al encontrar alguna de mis frases por culpa de un puto buscador y pensar: ¿Quién coño es este imbécil?
La gran obra maestra que solo acabará con mi muerte se ha metido tanto y tan íntimamente en internet que, ya soy una voz que se quiera o no se puede tropezar con ella.
No me importa la calidad, importa la claridad y la contundencia. Y cuando alguien busca felicidad, sexo, amor, dolor, envidia, humor, semen, violencia, violación, puta, polla, coño, infancia, mamada, política o religión, se encontrará con mi pensamiento y con toda probabilidad no le va a gustar.
Y se preguntarán si soy drogadicto o borracho, de la misma forma que yo me pregunto cómo es posible que los cuerpos con cerebros tan simples como los de la humanidad, puedan realizar funciones tan básicas como cagar o mear sin equivocarse de conducto de evacuación.
Nunca fui ni pude ser un puto y afortunado bohemio, solo un puto obrero amargado.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

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Existen las cosas tristes y las tristes cosas.
Las cosas tristes viven patéticamente.
Las tristes cosas yacen muertas, ocasionalmente picoteadas por funerarios buitres.
No sé bien donde encajo, si entre las cosas tristes o las tristes cosas.
Hay un lugar donde las cosas no pueden dejar de ser espantosas y no ven la hora de morir. Lo llaman purgatorio; pero yo no purgo nada, mi digestión es perfecta; simplemente algo salió mal en mi concepción.
Soy una cosa con ese serio problema, me encuentro en un limbo en el que medio vivo lastimosamente y no acabo de morir para descansar.
Hay cosas que no tenemos suerte para lo menos malo, ni para lo malo absoluto.
Y Dios es una puta que apenas mal te corres, sale veloz por la puerta del motel con el dinero entre las tetas, sin preocuparse si lo eyaculado es pus o esperma.
Sinceramente, yo tampoco me preocuparía. Siempre que he podido he hecho lo que quería, no siempre ha sido agradable para otros, ni siquiera para mí.
Y como la puta o como Dios, no he mirado atrás.
Soy una mala cosa ¿eh? No me quejo, solo concluyo.
¡Ja!

¿Se puede “beber” la vida?
Eso es optimismo puro. La vida nunca se bebe como si fuera un buen licor o un dulce refresco.
La vida te la hacen tragar quieras o no. No como esos que dicen bebérsela a grandes tragos, con alegría y pasión.
Mentira.
Y si se lo creen, no deberían sentirse orgullosos de esa ingenuidad impropia de adultos formados. Claro que si viven en una burbuja de felicidad y comodidad, es lógica esa tara mental.
Para esas mariposas y mariposones preñados de felicidad, tanto que hasta cagan rosas: La vida tiene un sabor para quienes luchan por ella que los protegidos no conocen (Khe San).
No consuela; pero es digno.

No soy un correcto y medido amante de esta época de maricones con voz meliflua respetando libertades. No contigo.
Eres mía.
Tu libertad no me interesa. Todo lo contrario, quisiera tenerte esposada a mí.
Es que quiero poseerte (lo deseo secretamente, sueño…), que seas mía a cada instante; como se expresaban aquellos románticos trágicos que escribían de vampiros y monstruos entre láudano, alcohol y opio.
No me enseñó nadie a desearte así de impune e impíamente, no copio; es innato en mí. Con el tiempo supe que no estaba en el tiempo correcto.
Existe este deseo de encadenarte porque existes.
Eres la causa de que exhiba abiertamente mi incorrección.
No te amo para que seas libre y lejos de mí.
El amor es posesivo, follarte es agresivo; entrar en ti sin cuidado, desesperado, desatado.
Lo paradójico, mi amor, es que amar esclaviza.
Y no quiero morir como el soldadito de plomo.
Ergo soy tu esclavo, el que sueña en la oscuridad de un rincón secreto poseerte incivilizadamente, con el semen que se derrama gélidamente solitario por mis testículos.
Tú eres diosa y ama, y soy feliz (no tengo opción) ardiendo en tu infierno, el que creaste para mí con esa pagana vanidad de je ne sais pas.

Iconoclasta

Cuando veo cielos tan enormes siento un deseo suicida de hacerme un punto, desaparecer en el horizonte, aunque fuera para siempre.
Tal vez por eso soy un tullido, para que el dolor me frene, me detenga. El cuerpo se protegió de mi mente en algún momento, cuando supo que no habría final feliz.
Es tan grande el mundo y mi pierna tan mierda…
Es tan bello el cielo y mi pierna tan negra…

El pacifismo es una filosofía y práctica derivada de la ganadería, adaptada meliflua y bucólicamente (sin mencionar los mataderos) al ganado humano.

Un lugar distinto, un firmamento extraño. Una luz suave, una tierra púrpura y la serenidad de los caballos.

Si yo hubiera nacido antes que Dios, hubiera creado un mundo más bello.