Posts etiquetados ‘dictadura’

Es muy peligroso para la especie humana el nivel de decadencia alcanzado por las sociedades consumistas o urbanas.
En las ciudades se ha desarrollado una especie humana producto de la endogamia, castrada de las básicas características humanas.
No es lo mismo ser un humano puro que el nacido o criado en una granja humana, estabulario o ciudad. La raza humana de ciudad es una especie de mucho menor valor que la libre.
Solo unos pocos intelectuales y unas pocas rarezas que nacen sorpresivamente a pesar del cuidado de los criadores de cerdos o políticos; no conseguirán ya devolver a la especie humana su pureza, o propiamente dicho, su condición humana.
De la misma forma que se han creado líneas genéticas de ganado vacuno manso, las mismas líneas sanguíneas mansas, obedientes, infantiloides e indolentes se han recreado entre el ganado humano de las ciudades.
Y lo peor es que internet, televisión y telefonía móvil, contaminan incluso los pequeños pueblos con su alcance, con la misma degeneración genética.

Iconoclasta

(Policía patrullando en las vacías calles de la España Nazi de los días y noches de cárcel para la población)

Australia es una república islámica fundamentalista sometiendo a su ciudadanía a la prisión y asfixia por el cuento del coronavirus. Tiene el récord de ser el país más cobarde del mundo.
China podría serlo; pero como es una dictadura con muchísimos años ya, lo que más la define es genocida, porque le es más fácil matar un chino que curarlo.
España es una alumna avanzada de China; pero debido a ser un país de gran tradición dictatorial y un folclore propio, los jerarcas actuales o gobernantes nazis españoles pertenecen a las generaciones sucias y son de otras maneras de acosar y encarcelar a la población; aquellas generaciones cuyos padres, abuelos y bisabuelos, decían que con Franco se vivía bien.
Aquellas generaciones de españoles que eran decididamente alérgicos al trabajo (la corrupción de Franco era descendente, empezaba en él y bajando por todos los jerarcas, contagiaba al obrero en su indignidad y desidia; se premiaba lo oral en lugar del trabajo); y al: “Bueno, si lo han metido en la cárcel, lo han torturado o lo han fusilado, algo habrá hecho”.
Mi principal “síntoma” de coronavirus consiste en una inflamación de la memoria: las noches grises del nazismo del coronavirus y sus serenos son idénticas a las del franquismo con sus grises asesinos y sus serenos delatores.
Y la actitud de la gente con su miedo a cuestionar los decretos de prisión y asesinato, también es la misma que en la gloriosa era franquista (para ellos): “Si no se vacuna, que lo maten o lo metan en la cárcel”.
Con Franco estaba prohibida la palabra “comunismo” y con el Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista Español del Coronavirus (también conocido con el eufemismo de presidente español), están prohibidas “libertad” y “respirar”.
De hecho el lema universal de la Nueva Normalidad es: La libertad es enfermedad y respirarás como tu Caudillo decrete.
Franco y el presidente nuevo y normal tienen el mismo fin: el poder absoluto y eternidad ejerciéndolo sin importar los muchos muertos, enfermos y hambrientos.
Hay millones de españoles que no quieren ver el golpe de estado que el Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, cometió a mediados de marzo del 2020 en una aparición televisiva, maquillado teatral y burdamente con ojeras; decretó que no le temblaría la mano para poner freno al coronavirus y a los que no obedecieran a los decretos de prisión, acoso y represión del Nuevo Régimen Español.
Se impuso el bozal (vulgarmente mascarilla) con la aberración de que fuera obligatorio para respirar a cielo abierto. El bozal tiene tres fines: dada la dificultad que conlleva expresarse con bozal, no solo fonéticamente, sino por la ausencia de las líneas de expresión del rostro; es el método más eficaz para evitar que los españoles entre sí, pudieran criticar el nuevo régimen nazi, o hacerlo en menor medida. Y por otra parte, llevar bozal es inculcar el miedo en la población y hacerla sentir que la rodea la muerte. El miedo es la otra herramienta más eficaz. La que queda, la humillación es la más obvia; un pueblo humillado es la prueba de sumisión a su amo. Sin lugar a dudas, el bozal (vulgarmente mascarilla) es el saco de alfalfa del burro (la población) y sus riendas: no deja hablar, no permite donde ir libremente.
El Nazismo Español es líder mundial en prohibir la respiración y con ello enfermar a su población que respira sus propios deshechos biológicos en todo momento. Un resfriado se convierte así, automáticamente en coronavirus o algo peor.
Y ahora, los que se abrazaron acobardados a las rodillas del Nuevo y Normal Caudillo, no pueden dar marcha atrás en su indigno y mezquino desprecio a la libertad, ya que fueron también los primeros en aplaudir al dictador en las tardes de los días de prisión que siguieron al golpe de estado nazi: la policía acudía a los barrios para jalear a la población a que eufemísticamente, aplaudiera a los sanitarios y a sus mismísimos carceleros como protectores de sus vidas. Fueron tantos los que aplaudieron que era imposible esconderse de la vergüenza que luego llegaría y conduciría a sentir un odio feroz hacia los no vacunados (como los alemanes a los judíos) porque aquellos les delataban con su libertad, la miseria y cobardía de servidumbre profesada al nuevo régimen instaurado.
Esa vergüenza de la cobardía y sumisión de una sociedad mayoritariamente decadente en su cobardía e infantilismo, la Nueva Normalidad Nazi gracias sobre todo a una potente y e inescrupulosa red nacional y regional de jueces corruptos, la combatió psicológicamente con el pasaporte sanitario-veterinario de vacunación de coronavirus. A la mayoría se la dotó de una nueva identidad y su código que les permitía, tras mostrar con orgullo patriótico su obediencia al régimen, acceder a lugares vetados a los disidentes o no vacunados (por la razón que fuera). Un “pasaporte” que es ni más ni menos que la copia de la cartilla de razonamiento y cupones de ahorro del franquismo. Si no estabas de alguna forma inscrito en el sistema franquista, no podías acceder al alimento o su ahorro. Simplemente cambia el formato de analógico, al actual digital mediante teléfono móvil.
Y así, nuevamente, se creó una moral que canibalizó todo asomo de ética, como ocurrió con la Santa Inquisición y sus festivas torturas y cremaciones de personas en las plazas de los pueblos y ciudades, atiborradas de mezquinos sedientos de muerte.

Tal vez, en un futuro no muy lejano, el pasaporte sirva también para reclutar con diligencia y precisión individuos aptos para las próximas guerras que se avistan en el horizonte. Porque realmente, en el momento en el que se escribe esta historia de la Nueva Normalidad, la geopolítica está tendiendo hacia un controlado y motivado belicismo (expulsar de sus poltronas a viejos dictadores ineficaces en el nazismo sanitario) para reajustar a los Nuevos y Normales Caudillos a una nueva organización mundial más eficiente.
No tan notoria, dura y millonaria en seguidores como en España; pero así se relata la vuelta al nazismo de las democracias, sobre todo europeas y occidentales.
Al final la Unión Europea se ha convertido en una federación de dictadores y la todopoderosa OMS (la Sanidad Nazi Mundial), es el órgano de arbitraje y recursos para la implementación del nazismo del coronavirus; así mismo reparte proporcionalmente (más o menos, según la amistad) el botín monetario de los contratos con las farmacéuticas inventoras de las vacunas entre los dictadores guardándose su comisión. Usa recursos como, por ejemplo, hacer de los que han optado por no vacunarse los monstruos que buscan la perdición de la humanidad. Y de los vacunados, los mártires beatos que han dado incluso su vida por los demás (el Papa elevó a acto de fe y santidad la vacuna y prometió el cielo a los vacunados a mediados del 2021), es literal, así como suena. Los vacunados forman ya una gran hermandad que cree profundamente ser auténticos ángeles protectores de la humanidad (es necesario este ejercicio de fe para distraer la atención de una mansedumbre y cobardía indigna mostrada a sus líderes nazis); como si vacunarse no fuera un acto personal y único de protección que protege al vacunado y a nadie más; se ha elevado a rango de filantropía beata. La OMS sabe cómo hacer las cosas y vender su saber hacer a los líderes fascistas adscritos a ella.
Negar estos hechos ya históricos sería (ahora sí, con todo academicismo) negacionismo.
A los mal llamados negacionistas que no se han vacunado, que son disidentes por definición (el negacionismo que proclama como herejía el nazismo del coronavirus es una grosera ostentación de analfabetismo) les espera el hambre o que sus cadáveres aparezcan en las cunetas de las carreteras secundarias con un tiro en la nuca (la OMS calla los datos que pueda haber al respecto), como ocurría en las carreteras franquistas.
Porque todo fascismo vive inevitablemente gracias al asesinato, el hambre y la analfabetización de la población.
Solo hay que leer la historia; pero los hay que en lugar de leer (la inmensa mayoría que ha votado al Nuevo y Normal Caudillo como votarían a Hitler) han preferido aplaudir los simplones mensajes de la catequesis nazi del coronavirus, su profilaxis y sus consignas de “libertad es enfermedad” y con un bozal (vulgarmente llamado mascarilla por el régimen) en la boca, besar la mano del Caudillo con un pinchazo en el brazo de una vacuna que no vacuna y necesita muchas, muchas más dosis de refuerzo semestralmente.
Vacunarse debería haber sido un acto tan cotidiano y relajante como no vacunarse; pero en cuestiones de fascismos, es necesario demonizar a unos y santificar a otros, según le vaya bien al Caudillo en el momento que crea oportuno: crea sectas y vencerás. Y así ha sido fácil y de una lógica fascista aplastante, implantar una segregación racial (por la brutalidad) contra los disidentes.
El Neonazismo del coronavirus se ha globalizado gracias a una prensa y medios de comunicación prostituidos y absolutamente volcados a la implementación del cariño y sumisión a los líderes de un nazismo homicida que exhibe un rancio paternalismo, al que han llamado Nueva Normalidad. Un fascismo tan dañino, moralista, represivo y asesino, que incluso ha sublevado los ánimos de la ultraderecha.
Valga decir por último que el viejo nazismo, el de Hitler, tardó casi quince años en implantarse. La Nueva Normalidad Nazi, se ha implantado tan solo en veinte meses. Los golpes de estado a las libertades comenzaron globalmente a mediados de marzo del 2020.
Y está ya tan arraigado en las decadentes sociedades occidentales que solo una gran y devastadora violencia podría devolver las mínimas libertades biológicas que han sido robadas.

Iconoclasta

Vivir en Cataluña es volver a los 50 y 60 del siglo pasado, donde en Berlín, circulaba la peligrosa Stasi, la policía política hermana de la KGB soviética.
Por mucho que le quieras echar romanticismo no hay encanto alguno, con esa policía circulando lentamente, silenciosa y con perfidia buscando con avaricia ciudadanos sin el bozal (vulgarmente mascarilla) obligatorio del régimen fascista español y catalán. Es el juramento, la aceptación del Nuevo y Normal Estado Penitenciario Fascista Español del Coronavirus.
Debes llevar bien visible el brazalete nazi de identificación (un certificado veterinario de vacunación) para entrar ya en muchos lugares. O mejor ni acercarse a ellos para no ser identificado y ser deportado a un campo de exterminio.
Pero sobre todo, sus noches de prisión masiva, son las más grises del mundo. Cuando sales a pasear de madrugada, debes ser muy cauto con la Stasi: porque la noche es prohibida, la noche es del fascismo catalán; para que sin testigos, puedan cometer sus actos indignos de acoso y asfixia a la población.
Debes ser muy cuidadoso con los balcones y ventanas, hay ciudadanos cooperando con el régimen para delatarte en nombre de la Sanidad Nazi que todo lo pervierte y todo lo prohíbe.
De hecho, Cataluña ya es un lugar de destino turístico para gente que quiere emociones fuertes y vivir una dictadura como las de hace decenas de años que no se vivían. Unos van a Chernobil y otros se deciden por el Nuevo Berlín Este: Cataluña.
Pero maldita la gracia cuando vives todos los días en la penitenciaria catalana, tener que pasear controlando a la pasma continuamente.
Bueno, es lo que toca. Cuando algo se prohíbe, no se debe obedecer si tienes un mínimo de amor propio. Cueste lo que cueste, porque al final, podrías morir con esa sucia sensación de haber sido humillado y no hacer nada por quitarte la mierda de encima.
Sería una mala forma de morir.
Si obedeces te conviertes en esa cosa amorfa que mira temblorosa la ciudad desde una ventana, con una cortina mal ocultándola.
Un roedor cobarde e inquieto…

Iconoclasta

Ciudadano -1 se despierta, consulta en el móvil la predicción del tiempo y cagando, da un repaso a las noticias.
Es día de elecciones generales. No hay avisos de una mutación nueva del coronavirus. Y decide que irá al colegio electoral pronto, una vez haya desayunado.
Y en efecto, tras elegir una mascarilla oscura estampada con copos de nieve (es invierno), sale de casa para dirigirse al colegio electoral. Durante el recorrido revisa que su brazalete nazi o certificado de vacunación veterinaria del coronavirus, luzca en verde el código QR.
Porque para acceder a la sala de votación, primero debe presentar el brazalete nazi antes de cruzar las rejas del colegio y las alambradas de espinas de seguridad.
Dos soldados con máscaras herméticas antigases y armados con subfusiles protegen la reja de entrada al colegio y tras ellos, se encuentra el presidente de la mesa electoral, que con su móvil en la mano, da el visto bueno o no a los ciudadanos que presentan su brazalete nazi y los soldados se separan o no para permitir o negar el paso al interior del colegio.
En una zona de aparcamiento adyacente al colegio, hay una tienda de campaña militar con una cruz roja, es un centro de vacunación móvil rápida para los votantes cuyo brazalete nazi esté caducado o luzca rojo.
El Ciudadano -1, tranquilo y orgulloso de que su brazalete esté en orden y su bozal sea el correcto según las especificaciones del Gobierno Penitenciario Autonómico de su Región Militar, se acerca hasta los dos soldados armados.
El presidente de la mesa electoral asoma la cabeza entre los subfusiles que mantienen en alto los militares:
–Muestre su brazalete nazi, por favor.
Ciudadano -1 eleva el móvil hasta la altura del rostro del presidente electoral que con su propio teléfono móvil escanea el código QR.
–Su brazalete nazi no está actualizado con la última pauta.
Ciudadano -1 observa el código QR ahora en rojo.
–Le aseguro que hace menos de tres minutos, estaba en verde.
–Acaba de decretarse la 9ª revacunación de invierno –responde el presidente de la mesa electoral indicándole con la cabeza que se dirija al centro militar de vacunación.
Ciudadano -1 se apresura como perro de ocho patas hacia el centro de vacunación veterinaria militar para evitar que entre alguien antes, tiene prisa para acabar el trámite del Buen Ciudadano.
Al cabo de veintiocho segundos vuelve a la entrada del colegio con el móvil en alto.
Por un momento los soldados le han apuntado el pecho hasta cerciorarse de que solo alzaba un teléfono.
El presidente de la mesa, escanea de nuevo su brazalete nazi.
–Perfecto, yasvotao.
–Oiga, ni siquiera he entrado en el colegio –replica -1 sudando copiosamente por la reacción de la vacuna.
–Sí que ha votado. La novena vacuna tiene efectos secundarios como breves lagunas mentales, amnesia. Nada grave.
– ¿Y a quién he votado?
–No lo sé, su voto ha sido secreto.
– ¡Oh! Está bien. Adéu!
–¡Eh, Ciudadano! ¿Acaso no quiere votar? –le increpa el presidente de la mesa electoral cuando -1 comienza a alejarse.
– ¡Pero si ya he votado! Me lo acaba de decir.
–Yo no –le responde el presidente con semblante serio.
–Me acabo de pinchar la novena vacuna del invierno.
–No señor, eso fue ayer, en las pre elecciones. La vacuna, con toda probabilidad, le provocó un fuerte shock.
Ciudadano -1 respira agitadamente por ansiedad, y le muestra temblorosamente el brazalete nazi al presidente para que lea el código QR.
–Está caducado –le responde malhumorado el presidente de la mesa electoral–. Vaya al puesto de vacunación y haga lo que cualquier ciudadano ejemplar del régimen haría.
Ciudadano -1, de nuevo se encamina confuso hacia el centro de vacunación militar. Es un día soleado, aunque la periferia de su visión forma una zona oscura que parece hacerse más grande por momentos.
Una vez pinchada la décima vacuna, se acerca de nuevo al acceso de entrada al colegio electoral.
–Ya tengo la pauta completa de la vacuna –le dice al presidente de la mesa electoral mostrándole el brazalete nazi.
El presidente escanea de nuevo.
– Molt bé! ¡Yasvotao!
– ¿De verdad? ¿A quién?
–A nuestro Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista del Coronavirus.
–Yo pensaba votar a Unidas Jodemos…
El presidente con displicencia le muestra en su móvil un video de una mujer votando al Nuevo Caudillo Fascista.
–Esta era usted hace apenas quince minutos.
– ¡Es una mujer!
–Exacto, era usted con los efectos secundarios de la décima dosis.
–¡Vale! –exclama con cansancio y desánimo Ciudadano -1– Adéu!
Ciudadano -1, aturdido camina paralelo a la valla del colegio electoral, dirección a su casa. Cuando de repente tose.
Los micrófonos unidireccionales instalados en la valla, recogen el sonido de su tos. De la tienda médica militar, emerge un soldado con un fusil de precisión con mira telescópica. Apunta cuidadosamente a la nuca del Ciudadano -1 y dispara.
Al presidente de la mesa electoral se le escapa una risotada al ver el impacto de la bala en la nuca de -1.
Cuando su rostro toca el suelo, no queda nada de conciencia en él.
La mascarilla se ha rasgado con el impacto. Junto al tejido textil y cerebral, en el suelo, en forma de estela, se puede también observar restos de huesos, parte de la nariz, medio labio y varios dientes, algunos rotos. Hora de la muerte por coronavirus: 11:14.
Las noticias de las 11:15 anuncian a través de mensajes a móviles, radio, televisión y boletines impresos con urgencia por los ayuntamientos que, en pleno día de elecciones generales en la Nueva y Normal España Penitenciaria Fascista del Coronavirus, se ha detectado la primera víctima mortal por coronavirus kappa (-1) -en honor al primer ciudadano que ha muerto infectado e intubado en un hospital militar con esta nueva variante o cepa del coronavirus-.
Se decreta el uso indefinido de la triple mascarilla en exteriores y el encarcelamiento diurno y nocturno por estado de alarma en toda España y sus taifas autonómicas. Se prohíbe así mismo y se castigará severamente cualquier acto por procurarse el sustento vital mediante ejecución pública con un disparo en la cara.
El Nuevo y Normal Tribunal Sanitario Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, avala la destrucción de los mínimos derechos biológicos y sociales (año 13 de la Nueva y Normal Era de la Dictadura Penitenciaria Fascista Española del Coronavirus).

Iconoclasta

¿Es que nadie lo ve?
Los líderes políticos del 2021 y sus gobiernos están formados por cosas no humanas.
Porque donde no hay un cerebro funcional y su dignidad, no hay humanidad.
¿Nadie ve los excrementos que como una papilla gris como el semen, caen de sus bocas cuando dictan leyes y decretos silabeando sus discursos obscenos contra la inteligencia y la integridad?
No tienen órganos genitales, se reproducen por mitosis, se despegan unos de otros y luego un gen los pinta y los modela con distintos rasgos, equivocándose muchas veces.
¿Nadie se da cuenta de que no respiran? Solo dilatan las aletas de la nariz y abren la boca para aspirar microscópicos excrementos que porta el aire para alimentarse.
Nadie se da cuenta de que no hablan, porque nadie tiene inteligencia para reconocer que esos sonidos que emiten, los realizan con unos pequeños élitros que tienen bajo los sobacos. Solo escuchan mensajes eléctricos o químicos que incitan sus pobres neuronas en una dirección u otra.
Los líderes políticos del siglo XXI son grandes insectos que no duermen; hibernan sin que sus cerebros imbéciles sueñen con nada. Son escarabajos peloteros surgidos de las pesadillas de Kafka, letales en su inhumanidad, deterioro intelectual y de la libertad.
Recogen laboriosamente la mierda de las colonias que gobiernan y se esconden en sus mansiones excrementicias.
Quieren un mundo oscuro y confuso, que niños y niñas no sepan que son hombres y mujeres; y les adoctrinan en que sus genitales son excrecencias tumorosas que vale la pena extirpar, amputar, incinerar o esterilizar.
Les dicen a los niños, que jamás deben pensar solos, lo han de hacer en grupo, como lo hacen los insectos agitando sus antenas estúpidamente, sin saber qué captan.
Los políticos del siglo XXI son la involución que ha propiciado la mezquindad y el deterioro humano de una endogamia ya antediluviana.
Ha llegado el momento de eclosionar de sus huevos para erigirse en los elegidos que harán de la humanidad una especie insectil sin conciencia.
Y lo han logrado, la suerte está echada.
Las ratas ocupan ahora progresivamente la superficie de las ciudades y se sitúan por encima de los insectos humanos en la cadena trófica.
El Juicio Final que tanto han pregonado las mentiras de las sagradas y falsas escrituras de todas las sectas religiosas ha llegado; pero ocurre que todos miran un televisor y sus cifras, los enfermos y sus cifras, los muertos y sus cifras y una vacuna perfectamente encuadrada y enfocada en su cerebros, la observan respirando sus propios deshechos respiratorios a través de un bozal o mascarilla; y por ello aturdidos y sin capacidad de raciocinio no se han percatado de la exacta sentencia y la condena que han decretado contra ellos los grandes escarabajos humanoides que los rigen: solo son bichos y alguna especie creará un veneno para acabar de una vez por todas con la plaga que es la humanidad insectil.
Y nadie será juzgado, nadie irá a ningún cielo o ningún infierno; simplemente morirán con los dedos crispados panza arriba por los efectos del veneno, mirando al sol, como un saludo fascista. Y quien los ha envenenado, incinerará todos esos gordos insectos que una vez pulularon por el planeta como si tuvieran el privilegio de la inteligencia.
Sin que a las especies que queden vivas, les importe.

——————————————————————-

Vivimos tiempos indecentes para la inteligencia y campo abonado para la fe y su superstición.
Hasta tal punto que la enfermedad se confunde con castigo religioso y martirologio. Los nuevos nazismos de la Sanidad, han hecho de la libertad un pecado capital y han predicado a los lerdos, que también ser libre es enfermedad.
El genocidio, la ruina y el hambre es la ley fascista sanitaria: “Prima la salud como derecho” por encima de todo, de la vida misma.
Solo ha sido necesario en Europa el resurgimiento de los reinos de la Edad Media en el siglo XXI con una epidemia, para corroborar que la población humana no solo se había estancado hasta hoy en el oscurantismo religioso y de la aristocracia gobernante del poder político, económico, religioso o legislativo; si no que ha degenerado hacia una naturaleza ganadera estabulada.
El nazismo de Hitler, mediante retóricas de Sanidad y diversos paternalismos ilustrados continuamente, sin descanso, por los medios de comunicación y las redes sociales, se ha instalado en toda Europa. Y América ha asumido ya los reflejos que llegan del viejo y decadente continente poblado de reinos medievales, de un rancio fascismo ya imparable como una peste: la epidemia realmente.
Los nuevos judíos del fascismo enquistado en el coronavirus son los libres pensadores.
La cobardía, inmovilidad y mansedumbre del ganado humano, con su absoluta incapacidad para reaccionar contra el fascismo y el robo de las libertades básicas y biológicas es el actual estado de gracia de la humanidad. Una globalización de las reses humanas, cuyos miles de millones de cabezas, son regidos con mano que no tiembla, al igual que en los campos de exterminio, por cuatro o cinco soldados de la Gestapo y una prensa que adapta los cuentos de Hansel y Gretel al nuevo miedo e ignorancia de la actual población mansa.
Los que sabemos leer y escribir pensamientos libres estamos abandonados.
Es el peor momento en la historia de la humanidad para tener hijos, porque no se podrán desarrollar en libertad y dignamente en ningún lugar del planeta.
Dios se ha convertido en una vacuna defectuosa, una vacuna que no vacuna y exige que las reses humanas pasen por el veterinario una y otra y otra y otra y otra vez.
El nuevo y mezquino santiguamiento es un saludo ruin, el símbolo y aceptación social de la cobardía y la decadencia como forma de vida: cuando se cruzan los cabestros humanos, se colocan apresurada y cobardemente el bozal, como si les fueran a robar la mierda que avariciosamente ocultan en la boca. Es la mezquindad más repugnante que se ha visto nunca, tanto, que caricaturizarla resulta pornografía para los sentidos. No es la prudencia, es la obscenidad del ademán ruin, miserable, cagados de miedo. Todos…
Y a lo que pomposamente han llamado “estado de derecho”, es solo un mercado medieval de sobornos, privilegios y corrupción (chulos y putas). Una feria de caudillos, caciques y alcaides de prisión, que entre raya y raya de cocaína, cuentan la cantidad de ganado que mantienen encarcelado, como una competición. Un mercado de la corrupción con el suelo sucio de mierda y paja cuyos tratos se cierran en calles con gente que respira asustada sus propios miasmas, sudorosamente, cientos de veces aspirados y expulsados de los pulmones al día, con el hocico cubierto por el bozal y un miedo indigno, infantil y analfabeto. Ciegos al engaño, ciegos a su indignidad, ciegos a su mezquindad que los inmoviliza como conejos en una carretera ante un foco de luz.
El proxenetismo de los nuevos y normales jerarcas medievales es la nueva corriente política del siglo XXI: un fascismo paternalista, tolerante y globalizado, donde la Sanidad se ha erigido en una ponzoñosa santidad que todo lo controla. De donde surgen los nuevos escarabajos que un día Kafka soñó.

Iconoclasta

Ya no queda duda alguna, el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus, ha convertido a España en un estado policial.
En apenas un fin de semana se han multiplicado los encarcelamientos a posibles contagiados y posibles enfermos por medio de policía fuertemente armada. Incluso se han montado operativos para buscar y capturar a los menores que no han accedido a someterse al secuestro.
La única libertad que existe es la que tienen jerarcas como el Caudillo, ministros, altos funcionarios y caciques autonómicos para encarcelar a la población según su gusto, humor o criterio. Pronto, regidores y alcaldes gozarán de la libertad de ejercer ese poder absoluto cubriendo así todo el territorio español, incluso las más pequeñas poblaciones, con su acoso policial.
No tardará mucho en el que el acoso policial armado y el encarcelamiento se salde con la muerte a tiros de los supuestos enfermos y contagiados, crímenes que por supuesto serán ejecutados por la policía del nuevo y normal régimen español. Los policías de las dictaduras son como perros rabiosos que no atienden a más razón que la que su amo les dicta.
Los padres no pueden hacer nada por liberar a sus hijos, que han sido encarcelados sin posibilidad alguna de ayuda legal, ya que la legalidad es la misma corrupción que los ha llevado a prisión.
Tras el maquillaje de “la flexibilización del uso del bozal”, han instaurado con el aval de unos legisladores corruptos y afines al régimen la encarcelación indiscriminada de las personas en nombre de “la salud pública”. Es el crimen perfecto del nuevo y normal fascismo español del coronavirus.
Y como ocurría durante el franquismo, los corruptos y dictadores tienen el apoyo tácito de una población tan acobardada como ignorante e infantilizada en la que ha calado hondo el lema fascista español: La libertad es enfermedad.
Hay mezquinos deambulando por la calle con su mediocridad e idiocia a cuestas, que dirán que los encarcelados se lo han buscado. Incluso aplaudirán los fusilamientos masivos de presuntos contagiados y presuntos enfermos para atajar la supuesta enfermedad. Es la misma actitud de la población durante el reinado de Franco. Toda esta podredumbre del pueblo español, es algo que se masca en el aire de la península ibérica. Desde el 2020 se ha retrocedido peligrosa y venenosamente sin piedad hacia las décadas doradas del franquismo.
Nadie más que los padres de los hijos secuestrados y encarcelados ha alzado la voz contra el fascismo. Y la prensa, toda, es absolutamente propiedad del gobierno español.
Más que un satélite de la República Popular China, España parece ser una segunda parte de Corea del Norte.
El próximo paso inevitable, será que el gobierno fascista español ordene encarcelar a toda persona que asista o haya asistido a una manifestación, como presunto enfermo y/o contagiado en nombre de la salud pública. Y por supuesto, será ejecutado cualquiera que no obedezca y coopere en el acoso policial.
Incluso este texto, esta reflexión sobre el nuevo y normal fascismo español del coronavirus, empieza a parecerme peligroso para mi libertad y vida.

Iconoclasta

Franco demostró que tras matar a millones de personas en una guerra y cometer crímenes cotidianamente, imponer la corrupción política, judicial y religiosa; la ignorancia y convertir España en una gran cárcel anulando toda básica y elemental libertad como forma de gobierno; era posible erigirse en un líder querido, amado y respetado por ese pueblo sometido y asesinado. Un pueblo que saliendo de la posguerra aclamaba en multitud a Franco y sus sicarios asesinos en desfiles y visitas oficiales.
Un pueblo cobarde a pesar de que los muertos aún casi apestaban en las calles, demostró un afecto desmedido vitoreando y aplaudiendo a aquel puto, degenerado y homosexual que era el depravado dictador y trozo de mierda Franco, el Generalísimo.
Lo que ha hecho el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus, ha sido tomar el relevo de Franco y seguir su ejemplo, su lección. Sin recurrir a una guerra que hubiera puesto en peligro la integridad del patrimonio y riqueza de los que gobiernan actualmente, ha instaurado la dictadura del miedo lanzando cargas de profundidad repletas de explosiva ignorancia y adocenamiento; consiguiendo, al igual que Franco, el aplauso de los españoles.
La lección de Franco sobre la mansedumbre y servilismo del pueblo español, es toda una tesis que ha pasado a los anales de la historia política y social de la humanidad.
No ocurre en ningún otro lugar del planeta, que una dictadura pueda eternizarse casi cincuenta años. El caso de la ciudadanía española es excepcional, no ha existido jamás una dictadura tan sangrienta y acosadora y un pueblo que la aplaudiera tanto, por encima de sus propios muertos.
El nuevo y normal gobierno fascista español, ha sacado provecho de ello merced a una gran y acusada decadencia de una sociedad débil y cobarde, sin valor para enfrentarse a un resfriado y mucho menos a una nueva dictadura asesina y represora hasta en la intimidad de los hogares (hoy día, dogmas y preceptos entran sin permiso en las casas y en los cerebros de los ignorantes con una facilidad que hace cuarenta años no se podía imaginar gracias a haber dotado a la población de telefonía móvil con internet).
Otros países no lo tienen tan fácil para imponer la dictadura del coronavirus, Francia recientemente ha tenido que recurrir a realizar maniobras militares para amenazar con el ejército a una población que no es lo mansa que la española. La presidenta alemana tuvo que pedir disculpas a la ciudadanía tras intentar imponer más prisión al pueblo con el cuento del coronavirus en la semana santa.
Salvo los chinos sometidos por el fascismo del comunismo en una férrea dictadura, actualmente no hay parangón en mansedumbre, obediencia y servilismo en ningún otro lugar del mundo como el que luce el pueblo español.
En estos instantes, el gobierno central fascista español discute con sus caciques autonómicos (presidentes de las distintas taifas del territorio español), prolongar la cárcel, la represión y el acoso de la ciudadanía por más tiempo, incluyendo el uso del malsano bozal al que llaman “mascarilla”; y arruinando al pueblo con total impunidad (“estado de alarma” usan como eufemismo). Todo ello con la venia y los aplausos de una ciudadanía indolente y acobardada hasta el paroxismo.
Es teatro para dar imagen de democracia a los decadentes y temerosos mansos que añoran los tiempos de Franco y aquella felicidad, y que son aún muchísimas generaciones activas. No hay debate judicial alguno, es mentira. La corrupción alcanza a todo lo que forma el gobierno, y por supuesto, al poder judicial (que no es ningún poder es simplemente otro departamento más, otra nómina de funcionarios que saquean cualquier opción de prosperidad económica).
Realmente, cada taifa (llamada autonomía) tiene asignados los jueces corruptos necesarios para dar aire de legalidad a los decretos de represión, acoso y encarcelamiento que dicten los caciques autonómicos (llamados presidentes). Si al pueblo ignorante le dices que un juez democrático ha autorizado la cárcel nocturna, la diurna y el uso de un bozal enfermizo, los mansos suspiran resignados por la bendita democracia, mientras los políticos se limpian el culo con las papeletas recolectadas en urnas de mierda.
Además de los jueces, hay una serie de falsos y corruptos “epidemiólogos”, falsos y corruptos “médicos” y falsos y corruptos “periodistas y presentadores de televisión” que aportan sus dotes de actores para inducir como dogma y verdad todas las mentiras del fascismo como: estadísticas, efectos de las vacunas, número de contagios, número de muertes (en España no existe otra forma de morir que no sea por coronavirus o la covid 19) y la idea tan enraizada ya de que “Libertad es enfermedad y sin bozal te mueres, lelo” o “La juventud es el verdadero coronavirus” (esto es una mentira de las más gordas, cualquiera que pasee por cualquier calle española, verá que los jóvenes son tan cobardes como cualquiera, ya que llevan sin excepción, el bozal en el hocico a “full time”). En definitiva, el mensaje del fascismo es claro: “Es precisa la férrea dictadura para salvarnos de morir por la gripe”. “Es preciso que a pesar de los trombos, os vacunéis, porque la aspirina sí que es mala de verdad, de verdad de la buena”.
La ignorancia hace creer esto último a la población a pies juntillas. Cuando la verdad es que la aspirina se administra como prevención a personas con graves riesgos de trombosis y otros problemas cardiovasculares.
Pero el anodino pueblo español, vistiendo su bozal en el hocico y el certificado ganadero-veterinario de vacunación sellado bajo el sobaco, aplaudirá al nuevo caudillo y sus caciques hasta que le duelan las manos y la boca de sonreírles.
Se aproxima una nueva orgía de fascismo desatado con el cuento de una gripe como el coronavirus. España lleva ventaja en esta carrera mundial por la instauración de la dictadura, por las causas ya mencionadas anteriormente, y que se podrían resumir con la reflexión: un pueblo manso es el paraíso soñado de todo dictador.
El Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus, es el legado de Franco.
Fin (de todo).

Iconoclasta

Las noches del miedo y la sumisión
son noches de vergüenza y asco.
Putas noches…

Las noches de los aplausos y la indignidad
son noches de vergüenza y asco.
Cochinas noches…

Las noches de la desconfianza y el acoso
son noches de vergüenza y asco.
Sucias noches…

Las noches de la hipocresía y la ignorancia
son noches de vergüenza y asco.
Apestosas noches…

Las noches negras de espías y envidia
son noches de vergüenza y asco.
Repugnantes noches…

Las noches de la pobreza y amén
son noches de vergüenza y asco.
Pornográficas noches…

Las noches de ratas y policía
son noches de vergüenza y asco.
Bastardas noches…

Las noches de cárcel y calles oscuras
son noches de vergüenza y asco.
Perras noches…

Las noches de televisión y mentiras
son noches de vergüenza y asco.
Mezquinas noches…

Las noches de los caudillos, caciques y serenos
son noches de vergüenza y asco.
Vomitivas noches…

Las noches del coronavirus y el fascismo
son noches de vergüenza y asco.
Enfermas noches…

Son las auténticas noches de la vergüenza y el bochorno, en las que los caudillos y caciques decretan que la libertad es enfermedad y los mediocres frente al televisor y el móvil, lo creen con fe analfabeta.
Son las noches que avergüenzan a mujeres y hombres; y dan paz y protección a las bestias de las granjas humanas.
Y a la noche de la vergüenza y la náusea, le sigue el amanecer indigno del bozal y las miradas cobardes.
Un nuevo sol para respirar el aire corrupto que se acumula en el bozal de sus hocicos medrosos.

El nuevo y normal fascismo español del coronavirus, del miedo y la vergüenza; ha llevado a España a la edad media, de donde nunca debería haber salido.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Otro nuevo día.
Amanece en la república bananera del fascismo español tras una noche de ratas, bofia y basura. Las únicas cosas que pululan en las tiranas calles frías y malolientes
Las tres cosas se llevan fenomenal en la nocturnidad franquista.
El toque de queda no frena el coronavirus, ni los bozales; cosa que no le importa al Caudillo, ni a sus caciques. No es por eso la cárcel nocturna, es algo más mezquino, más criminal.
Y mientras la cosas ocurrían o no, soñaba con un follar cremoso. Su vagina voraz pulsaba exprimiéndome de la polla hasta la última gota de mi humanidad retornándome a la animalidad más salvaje. Era táctil, era húmeda la onírica realidad fascinante.
Después he despertado de nuevo en la pesadilla de siempre con la polla aún dura y el glande agotado y empapado.
Y está bien.
He jugueteado con una navaja sin precisar ideas, solo tabaco y café.
Ha sido una buena noche, definitivamente.
Mi lascivia es solo comparable a mi absoluta indiferencia a quien vive o muere.
Me pregunto si padre y madre podrían imaginar en lo que me convertiría, en una nocturna obscenidad insaciable ajena a todo, cruel con precisión y un vocabulario perfectamente escogido, ni una palabra o idea al azar.
El amanecer hace foco en la mezquindad: en los que se colocan el bozal en el hocico y sonríen invisiblemente a un nuevo día de mierda, a la madre puta cobarde que, tiene miedo a que su hija entre en casa y la contagie de coronavirus. A las embarazadas desarrollando fetos de rata que nacerán vestidas de humanos y roerán libertad y dignidad hasta pudrirse en vida.
Y yo cierro la ventana a la mezquindad. Rezo cosas innombrables cagando y jugando con un videojuego.
Bofia, ratas y basura… Estoy a salvo de toda esa mierda.
Y ahora ya tengo hambre.
Que los jodan a todos a plena luz del día. Que los tigres y los leones los devoren. O las bombas hagan su trabajo, hasta que la cobardía desaparezca de toda estirpe humana; o que desparezca toda estirpe humana, me da igual. No importa, ya he vivido suficiente y no quiero más mierda.
Bon apetit.

Iconoclasta