Archivos de la categoría ‘fotografía’

¿De verdad es posible que yo fuera ese niño tan querido y arropado por su padre y su madre?
Están tan muertos los pobres, que siento una náusea, un vacío en mis tripas.
Mis amados muertos… Yo también os quise.
Y también el niño murió para dar su vida y sonrisa a lo que soy.
Fue mejor así.
Los niños no deben sufrir dolores y pérdidas tan aterradoras.
Es una hermosa foto de bellos muertos.
Nos vemos pronto.
Bye…

Iconoclasta

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Yo no fotografío cosas ñoñas.
No soy infantiloide, no presto atención a cosas hinchables; los hombres machos comemos carne, a veces cruda.
Es que entre el unicornio y el flamenco, juraría que he visto aparecer una mujer mojada en bikini, absolutamente buenísima.
Y no aparece en la foto. Mierda…
Juro que se me ha encendido solo el cigarro al verla.
Luego ya escanearé los resultados que me dé mi neurólogo para aquellos que ríen con malicia: mi cerebro no está podrido.
Hijoputas.

Y fue que vi una serpiente en mitad de una carretera que cruzaba las montañas y sus bosques.
Y tuve una revelación: “Tal vez sea Satanás” me dije a mí mismo.
Y fue así que, busqué una larga rama para llevar la serpiente al borde del bosque y salvarla de que un coche la aplastara.
Y fue así que esperé el favor de Satanás durante unos segundos.
Y fue que no ocurrió nada, cero, rien de rien, niente…
Y fue así que continué mi camino como el mismo fracasado que era unos segundos atrás de haber salvado a Satanás.
Precioso…
Mierda de paja mental.
(Video de Iconoclasta)

El verde radiante es la resurrección de los que en otoño murieron y sus miles de cadáveres tapizaron los caminos de oro y bronce.
Están contentos… Se nota en el verde de una lujuriosa clorofila.
Ocupan los lugares que eran grises nebulosas durante el invierno del planeta y de mi pensamiento.
Qué guapos lucen vivos…
Tal vez sea el secreto, morir sin drama para brotar espléndido de nuevo.
No como yo, que mi piel vieja no cambia, solo se hace más gruesa, más pesada. Tanto que acabará asfixiándome.
Mientras tanto, bienvenidos amigos, o simples conocidos.
No hay que excederse en las confianzas.

Hay días que no podría distinguir si es otoño o primavera.
Como si en algún momento el tiempo se hubiera confundido en su avance y me hubiera colocado en una diapositiva pasada. Pienso en este instante, en la gracia que ha tenido hacerse viejo, aunque solo sea unas semanas, para volver al mismo momento que viví en el pasado.
¿Soy un viajero del tiempo? ¿Tengo un vuelo reservado en Aerolíneas del Tiempo Quedo?
Solo soy un viejo con demasiada imaginación.
Un viejo que no está cansado por culpa de una genética desproporcionadamente fuerte. Tal vez soy yo el que perturbo el orden del tiempo y del planeta y sus estaciones.
Y las mías… Soy mi propio daño colateral
Es tan hermoso estar solo entre las montañas bajo la lluvia. Nadie pasea ahora.
Soy el último hombre vivo…
En serio ¿es otoño o primavera?
A mi picha no le importa. Se excita con los días grises y lluviosos que dictan recogimiento e intimidad. Y follarla mil veces en la casa con la lluvia golpeando las ventanas.
Me acomodo los genitales a la dureza que palpita y sigo caminando en el tiempo, o tal vez atravesándolo mientras está confuso y detenido buscando su dirección correcta.
Alguien habló alguna vez de la relatividad del tiempo.
Yo digo que tiene sus momentos de estupidez, como todas las cosas que viven.
Yo digo que soy viejo para ser tan fuerte. Lo cual quiere decir que aún me espera más dolor.
No es pesimismo, es sabiduría. Demasiada vida.
A veces pienso que he desaprovechado algunos momentos en los que podría haber muerto.
Una vez escribí que hay tanto tiempo, que nos falta vida.
Ahora digo que si estuviera follándola, no pensaría en tiempo y vida.
Tal vez, por favor… Que el tiempo se vuelva a confundir y me coloque en una diapositiva con ella. Dentro de ella.
Demasiada imaginación, me lamento. Demasiada fuerza…
El poco futuro que me queda, no será un remanso de paz.
Mierda…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Hay animales que están en algún lugar de la pirámide alimentaria.
Bien, pues Murf es un tipo la mar de sencillote y humilde que se siente divinamente en la cima del sofá, esperando el momento que le sirva su ración de paté para gatos.
Es mentira, no es humilde, es un vanidoso felino que ni me da las gracias.