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El pecador hace algo contra su fe.
Yo no creo en nada, ergo estoy libre de pecado.
Los pecadores tienen la enorme ventaja de ser perdonados si se comen una hostia.
Yo no puedo ser consolado con ningún rito supersticioso, y en cualquier caso, el que administrara las hostias sería yo.

Sí, ya sé que son tiempos de coronavirus o covid 19.
Sé que hay mucha angustia humana por la posibilidad de contagio y sus consecuencias: calvicie, caída de pies o manos, amputación más concretamente (como la propaganda televisiva que el fascismo español transmite de vez en cuando para potenciar el miedo de la chusma), rotura de uñas, muerte, muerte, muerte e incluso toser y estornudar mocos. El simple catarro deprime y aterroriza a los millones de cabezas de ganado humanas que portan su bozal personalizado o de molón diseño.
Pero no es mi preocupación, soy un metafísico que reflexiona sobre cosas serias de verdad:
¿Por qué la pinche tortilla de patatas está tan requetebuena en la montaña?
Mucho más que en casa, que incluso la acompaño con los putos tomatitos Cherry que no saben a nada; pero son tendencia como se le llama ahora a la moda o mediocridad.
Igual es que soy un poco susceptible con el asunto de la libertad y me sugestiono… Pero no, mi inteligencia es perfecta bien entrenada e inasequible al mimetismo con la chusma. Soy de otro planeta, resumiendo.
Incluso he pensado que el buen sabor se debe a que se ha contaminado con esas bolitas erizadas e invisibles que son las cargas víricas, esas que flotan horas y horas como drones premium ante las narices de los miedosos y aguantan la respiración para no quedar impotentes o frígidas (otra secuela del coronavirus, fijo).
Si es así, no me puedo quejar, no pueden ser más malas esas bolitas del coronavirus que el hummus.
Pinche tortilla… Está que te cagas, moragas.

Esto no ha acabado aún, volveré.
Siempre he sentido unas ganas tremendas de decirlo.
Soy un terminator frustrado.

El odio con violencia se paga.
Y el amor con besos, caricias y sexo.
La monotonía y su mediocridad con ira.
La frustración con una lágrima y luego otra, y otra, y otra…
La tristeza vital y una enfermedad mortal se saldan con suicidio.
La locura con camisa de fuerza y destrozando el cerebro con un punzón se paga.
La cobardía con una puñalada o una bala en la cabeza.
Muerte con muerte se paga.
Nacer con llanto se paga.
Morir es gratis.
Pero lo más interesante de toda esta reflexión es que amar follando se paga.
Síiiii… Ya sé que me he repetido.
Es tan solo un recurso literario para dar más énfasis al texto, un pleonasmo divertido y excitante.
Pretendo ser clarísimo y explícito en el aspecto de joderte hasta el alma por este amor que me esclaviza a ti todos los días todas las horas.
Sí, ya sé que locura con lobotomía se paga; pero sinceramente, no ha nacido el que tenga unos buenos órganos genitales como para acercarme el puto punzón de mierda a un ojo.
Pues eso, cielo, solo quería recordarte que el amor con sexo se paga y con el redondeo de los céntimos, con un cigarrillo y un café frente a ti, admirando como el amanecer te ilumina como a una diosa en un altar.
Bye, amor.

Si no eres capaz de respirar en este lugar y ahora, déjalo.
El suicidio es un acto absolutamente necesario en tal caso.
Piénsalo bien, estás sufriendo para luego morir igualmente.
Porque vivir paralizando la respiración libre por el miedo, es agonizar. Ya estás muerto.
Hay alturas, trenes, venenos, filos cortantes, drogas y gases para elegir la forma de dejar la vida; si es que se le puede llamar vida a la tuya.
Vamos… Deja ya de sufrir y deja espacio y aire a otros.
Nadie sentirá demasiado tu muerte. Los cobardes son hojas de periódicos ajados al viento. No tienes nada que hacer aquí más que lloriquear.
Y si me haces una jugosa transferencia bancaria ahora mismo, alivio al instante tu agonía. Incluso evitaré que tu ropa se ensucie con la sangre que manará de tu cuello con un tajo rápido e indoloro.
Será tan rápido como un parpadeo y no es necesario que te quites la mascarilla. Será profiláctico también.
Y si eres crédulo, te dejaré morir con una biblia para asegurarte de que vas al paraíso. Como a ojos de tu dios serás un asesinado y no un suicida, entrarás al cielo con un certificado de buen tipo en general, sin trámite alguno. Directo y rápido como un infarto.
Y ya sabes ¿no? Los muertos no necesitan ni pueden hablar, ni respirar, ni llorar.
Nadie sabrá que fuiste cobarde hasta el colapso nervioso; y si alguien lo supiera, callará el muy zorro porque hay millones de cobardes como tú. No es algo de lo que sentirse orgulloso.
Es más, dirán que fuiste un valiente al suicidarte. Te aseguro que yo no diré nada de mi intervención.
No será una tragedia, en absoluto. Verás que pronto se olvidan de ti tus seres queridos. Y los que no te quieren, ni siquiera saben que existes, qué más da.
Todo son ventajas con el suicidio.
Y sobre todo, dignidad.

Hay asaz de tontos del culo yendo en bici grabándose con el móvil, y estoy pensando que están infectados de algún coronavirus que provoca una imbecilidad profunda.
Aunque no es tan fácil para ellos el que sea una enfermedad. Los idiotas son producto de una genética sucia y repetitiva.
Los accidentes no ocurren por estas cosas.
Un accidente es un hecho fortuito. Que un primate con teléfono móvil se rompa la crisma haciendo el idiota, es una consecuencia lógica.
O sea, que no basta con llevar cuidado de uno mismo, sino que además has de vigilar de evitar toparte con un tarado con móvil.
Y el hecho de que en verano se prodiguen más los idiotas que en invierno, se debe a que además de idiotas son débiles y pusilánimes; se cagan y marchitan con el frío.
No es extraño que en su propio coche conduzcan con una piojosa mascarilla o bozal para hacerse una puta selfi y demostrar que son buenos ciudadanos o cabestros más específicamente.

Que no deje de amarte en un mal lugar y tiempo; rodeado y acosado por el fascismo, los cobardes, los hipócritas y los mezquinos; tiene un millón de mérito.
Me debes tres mamadas seguidas, tus bragas húmedas y el beso más potente que puedas darme en la noche más oscura, cuando la enfermedad haya aniquilado a toda la puta humanidad.
Rabio por tenerte. ¿Ves? No todo es asco por lo que me rodea y asfixia.
Acuchillaría seres humanos uno tras otro y te seguiría amando a corazón sangrante.
Te seguiré amando a pesar del odio homicida que siento, cielo.
Ya sabes, exigiré el pago correspondiente por amarte por encima de todo y de todos.

No puedo dejar de escribir porque sería no existir.
Mientras lleno páginas con palabras, respiro.
De ahí las dichosas apneas del sueño…
Debo programar una alarma nocturna para que suene cada dos horas y no dejar de escribir así, mis estupideces, esas que me dan oxígeno.
El problema del papel no es el ecologismo, el problema es que los puercos no quieren que escribas tu pensamiento real en un soporte táctil, tridimensional.
Es pura envidia y control.
Es el fascismo de la ignorancia y la incapacidad intelectual global.

A mí me importa nada la humanidad y su futuro. No soy aficionado a ser santón y buen tipo en general.
La cuestión es que la humanidad tiene una vida muy larga y la mía es muy breve.
Así que no me planteo ninguna acción para el futuro. Solo me importa el presente bienestar, el mío.
No soy responsable de las negligencias de las futuras madres y padres.
Tengo un hijo; pero es como yo: no necesita caridades y bondades de nadie para vivir y sobrevivir.
En mi bienestar no contemplo la posibilidad de perder el tiempo separando desperdicios o guardar profilaxis para evitar que una epidemia pueda contagiar a todo el puto mundo. Tampoco me preocupa el consumo energético, me gusta la luz y como puedo permitirme el gasto, uso la suficiente y mucha energía para encender toda mi casa a mi gusto.
Yo debo hacer lo que quiero, porque ya está el gobierno y los negligentes cobardes e ignorantes que lo forman para joderme con sus prohibiciones e impuestos.
Comprendo que haya santones que nacieron con esa necesidad de cuidar de los demás: preparar la bienvenida al mundo de las próximas generaciones y tenerlo todo bien limpio y en buen estado de conservación; al menos eso cuentan en su mentidero público de feisbuc o tuiter.
Yo soy infinitamente mejor: para que las próximas generaciones puedan vivir, han de aprender lo dura y puta que es la vida; porque si crecen en un lugar donde todo es perfecto, seguirá ocurriendo como ahora: han nacido unas cuantas generaciones cobardes, lloronas y homosexuales en poco tiempo. Y lo que es peor: ignorantes hasta ser condenados a ejecución.
Es aconsejable, aconsejable no; necesaria, la ocasional muerte de los seres humanos.
La naturaleza es así, los hay que mueren para no enturbiar la genética de la especie.
Este es el gran problema que acucia a las sociedades de hoy en día: la falta de selección natural y la salvaje y masiva fertilización de mujeres que no hubieran debido parir porque la naturaleza no lo permitía.
Demasiados nacimientos forzados y artificiales lo están jodiendo todo a marchas forzadas.

Cuando el silencio humano se hace presente durante un prolongado espacio de tiempo, pienso que no habría drama alguno en ser el único ser humano del planeta. Estoy dos veces bien.
El drama empieza cuando aparecen las primeras voces humanas tras ese paraíso de silencio y se rompe el hechizo dejándome abandonado en la mediocre realidad de un tiempo y lugar en los que no pedí nacer.
Es entonces cuando estoy dos veces mal.