Archivos de la categoría ‘fotografía’

La incertidumbre del momento de la muerte puede darse cuando estás sentado cómodamente en el sillón del salón. O cuando estás bajo un cielo precioso entre altas montañas, en valles…

En el segundo caso la incertidumbre no angustia, al final te sientes nube y viajas allá donde los vientos te llevan. Estás donde debes.

En el primer caso, no hay drama; pero es triste y no es euforizante.

Es solo un pensamiento casual, porque no es fácil elegir donde morir.

Tal vez, por alguna justicia poética, los que hemos tenido una vida de mierda, tengamos una buena muerte.

Mentira: te joden hasta el final.

No me fio.

Anuncios

En las noticias de la tele se ve la misma basura todos los días: políticos podridos, afortunados ricos de mierda que nacieron en un buen momento y en un buen lugar, estafadores simpáticos para la puta madre que los parió y asesinos que, por alguna razón de leyes imbéciles de esta sociedad repugnante, siguen respirando.
Me levanto del sillón para cepillarme los dientes, como si toda esa mierda escupida por la televisión se me hubiera metido en la boca. Toso repentinamente y escupo sangre, una buena bocanada.
Me miro atentamente en el espejo con los labios y dientes ensangrentados, un par de hilillos rojos se deslizan por la nariz hacia el labio. Pienso en lo que ha reventado dentro de mi cuello y la muerte.
Y siento una profunda melancolía, como si ya hubiera dejado atrás lo amado, lo querido. La tristeza es hermosa…
Pero no tengo miedo, solo rabia porque no podré ver morir a todos esos que odio.
Siempre he sido un perdedor entre tantos hijos de la gran puta.
Fumo y odio, es básicamente mi filosofía de vida.
Las actitudes positivas me las paso por el forro de los huevos, solo sirven para crear mentes serviles y obedientes.
No me voy a sentir especialmente sensible por morir. Ni necesito una muerte apacible. Si vivir ignorante e ingenuo es una obscenidad para la dignidad, morir afable y con el rostro bendecido por una sonrisa de paz, es diarrea mental.
No, mi último pensamiento es saber que no veré morir a muchos. Algunos me han ganado y me entierran a mí.
¡Puercos…!
Que sirva como epitafio.

Si como yo, tienes suficiente tiempo que perder en estupideces; al observar la sucia balsa de un campo parece que ves medusas latiendo en una especie de caldo primigenio, esperando absorber tu alma para formar una conciencia genocida.
Incluso pasaría por la placenta de algún parásito extraterrestre.
Estoy seguro de que si meto la mano en ese agua ignominiosa, seré clonado y luego mi alter ego se dedicará a comer vísceras aún calientes de seres humanos desollados.
Todas esas cosas tan coloridas que alertan de la toxicidad no importan; porque llega el labriego o pastor, mete la mano y se refresca la cara sin ningún pudor.
Y además dirá que es de lo más sano con los mocos radiactivos adheridos a sus cejas y colgando de las orejas.
¡Ah, la gente del campo y su ingenuidad!
Seguro que hacen ricos cocidos con ese agua tan proteínica; los tradicionales, los de toda la vida.
A veces es todo tan absurdo, que no sé si soy yo, o soy el personaje de una mala película de ciencia ficción.

¿Le está pidiendo ayuda el joven pino vencido por el viento? Como si le pidiera a su compañero que no lo deje caer y morir. Que todo se arreglará…

Nunca es buen momento para morir.

Para nadie.

Hay lugares, como los bosques, en los que la vida está tan abigarrada que, no hay espacio para morir.

Y pienso el día en el que la muchedumbre humana sea tan densa que los cadáveres se mantengan derechos. Llevados, arrastrados por la apestosa masa humana con absoluta indiferencia.

Es mentira: sí que hay buenos momentos para morir. Éste es uno que me gusta.

Me subo con cierta urgencia en la bici, quiero alejarme de ese drama. Me perturba más de lo que quisiera mi cochina imaginación.

Y aun así, es una hermosa tragedia.

Existe el viento, lo sé, lo he experimentado; pero dios no.
Nein, nada, cero, niente, nasti de plasti…
Porque si existiera, me habría ayudado cuando el cochino viento me estaba jodiendo: bien apoyando su sacro dedo índice en mis riñones para empujarme, bien cambiando la dirección del viento, que me soplara en el culo en lugar del pecho.
Una subida en bicicleta, con fuerte viento de cara, se convierte en dos subidas. Eso lo saben hasta los cerdos ignorantes que, escriben tuits de cuatro palabras para nada cada día.
Me ha costado veinte minutos más de mi vida llegar al final de la ruta.
He llegado con la boca llena de espumarajos, cual brioso corcel jodido por su jinete que va tan fresco y relajado en la silla. Hijo puta…
He blasfemado hasta quedarme afónico; pero dios no se ha manifestado.
El único que ha aparecido es el diablo, que me ha ofrecido dar un par de grados más de calor al viento helado a cambio de que le besara el culo.
Le he dicho que no soy maricón y he continuado mi puta marcha.
Que jodan a los divinos, a los malditos y al asqueroso y voluble planeta de mierda.

Que si llueve, que si el frío, que si el calor, que si nieva…
Me asomo a la ventana y, a menos que corran ríos de lava afuera, no me quedo en casa.
No pueden hacerme nada que no me hayan hecho ya.
Por otra parte, si dios existiera, tampoco le tendría miedo.
Los quejicosos mueren en su casa y sus gatos se alimentan de sus cadáveres.