Archivos de la categoría ‘fotografía’

Misticismo

Si fuera un místico pensaría que la publicidad es un aviso profético. Pero no me hace falta de ninguna profecía para saber lo que me espera. Soy tremendamente práctico e inasequible a la ingenuidad.
Dijéramos que simplemente es divertido, y más teniendo en cuenta que ya he perdido muchas piezas dentales. Vamos, que no son para siempre por mucha muerte que lo afirme.

Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

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La vida tiene un efecto negativo sobre la muerte: la retrasa.
Y en algunos casos, demasiado.

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Yo no lo pedí, me cansa. Me preocupa el asunto de la locura porque el amor es tragedia, caminar es agotador y odiar se ha convertido en monotonía.
La vida es demasiado larga.
A veces pienso en un momento de delirio, que el humo incinera el pensamiento y me convierte en simple carne.
Me equivoco, lo aviva y lo lleva a los pulmones para que intoxique la sangre y el pensamiento se extienda como un moco por toda la piel.

El oficio más triste. Dic 2016. Sant Joan Ab. Fuji

Los terneros, separados de los adultos, duermen juntos en el prado templado por el sol de mediodía como en una guardería humana.
En algún momento alguno se incorpora y hociquea a su madre en un costado. Ésta le lame los ojos y el hocico. El pequeño mete la cabeza entre sus patas buscando la teta. Buscando el cariño que toda cría necesita, sea vaca o humana. Buscando amparo en este gigantesco mundo.
Siento una profunda tristeza, como una herida sangrante en la emoción de la ternura; el triste final. Terneros y madres morirán sin oportunidad de defenderse, sin oportunidad de tener una vida completa.
Ser ganadero es el oficio más duro, el más triste.
Vivir cada día con esos seres tan llenos de emociones. Todos los días ver y experimentar esas necesidades de cariño, de crecimiento que los humanos también sienten. Relajarse observando su sencilla placidez: como se tumban al sol en silencio cuando han comido, como si todo estuviera bien y por lo tanto, nada que decir.
Todas esas vidas que se cargarán en un camión y luego matarán.
Tantos meses compartiendo sus días…
No podría, no tendría valor para ser ganadero.
No puedo cruzar un prado y pensar solamente que viven en paz, que son seres hermosos.
Hay una tragedia escrita como una ley. E inquebrantable.
Han de morir, en unos meses.
A veces las saludo porque me observan cuando paso frente a ellas. Les digo: “¡Hola guapas, buenos días!” si no hay nadie cerca.
E intento no pensar en lo que ocurrirá, no quiero que puedan intuir mi tristeza.
Todos morimos; pero no con la absoluta certeza de la inmediatez, la norma y la indefensión.
Sobre todo, la inocencia. No lo imaginan, lo sé por sus miradas tranquilas, por sus mugidos perezosos y plácidos. Porque los pequeños a veces juegan entre ellos y se vuelven a tumbar en la hierba cansados. Juntos, como amigos de clase.
Son muy pequeñitos para que alguien les diga la verdad. Las verdades no deben decirse jamás; solo hacen daño y corrompen la alegría.
Yo no podría matar a mis amigos.
Pobres hombres y mujeres que deben hacerlo.
“¡Adiós bonitas, hasta mañana!” me despido de ellas con la alegría más triste del mundo.
La belleza de la montaña encierra una tragedia que colapsa la alegría.
La belleza es un animal venenoso de atractivos colores.
Es como si hubiera una norma que dijera que siempre es un buen momento para la pena y para morir.
No hay belleza sin dolor.
A veces siento un cansancio vital, como si no quisiera saber más, ver más.
Ya lo he vivido todo.

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Existen los creadores y tras ellos, aparecen los perfeccionadores.
Estos últimos son los que se mortifican por no haber sido capaces de crear y dedican todos sus esfuerzos por mejorar una creación ajena.
El creador solo busca la paz sacando de su cerebro, de una forma clara y precisa, esa idea que pulsa como un tumor en su cráneo.
Cuando lo ha conseguido llega el descanso y cierto temor a que se desarrolle un nuevo tumor.
El perfeccionador mantiene siempre constantes su esfuerzo y envidia para superar al creador; pero no hallará consuelo y desaparecerá vencido por el anonimato.
Las molestias que sufre el creador en su cerebro, las sufre el perfeccionador en el culo.
Y así llegamos al yutup y sus videos para hacer la vida mejor con sus lemas: “Deberías probar…”, “Deberías hacer…”; donde unas manos ágiles y veloces hacen alguna estupidez con algo sacado de la basura o con golosinas baratas para hacer otra golosina más empalagosa aún.
Esto es un ejemplo de lo que llegan a sufrir los perfeccionadores por no haber sido creadores: llegan al ridículo por medio de la desesperación de su impotencia creadora.

Cromatófobo

La monocromía grisácea me da paz y serenidad. Los colores y su brillantez dispersan mis pensamientos y se tornan volátiles y erráticos.
Banales.
Y es lógico, cuanto más me adentro en mí, más oscuridad.
En lo oscuro reside el temor y lo ignoto.
Y el conocimiento insoslayable.
Soy gris y temible en un mundo de color. Me temo a mí mismo. Me frustro continuamente.
Mi cromatofobia es un síntoma de mi alergia a lo superficial.
Algo crónico y degenerativo.

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El otoño es la época más hermosa en el bosque. No solo por los colores, la agradable temperatura que alivia la piel tras el ardor del verano y el olor a tierra húmeda a las mañanas.
Se presta a la ilusión.
Si te detienes frente a un árbol cuando hay una suave brisa, sientes el murmullo de su frondosidad decadente y amarronada. Y llueven las hojas sobre ti. Como si el árbol te acariciara, como si estuviera contento de que lo acompañes en la hora de las hojas muertas y te saluda con una lluvia de mariposas secas.
Adquiere sentido soñar que un muerto querido te saluda también, que ahora es tierra y vegetación y te reconoce.
Sí… El otoño es un buen momento para soñar, para imaginar amores y cariños imposibles o los que ya murieron.