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Quiero creer; quiero imaginar en un ataque de romanticismo,ejerciendo mi privilegio de la imaginación y sin que sirva de precedente, que las nubes bajan a llorar los miles de cadáveres pequeñitos y grandes que hay en las montañas. Y que no estoy seguro de que el vapor sea del cielo. Parte de esos muertos se hacen humo para sentir la luz. Tal vez (pobres), tienen frío.
Son buena gente esas nubes y esos muertos.
Es un precioso momento para morir.
Compartir la muerte así es hermoso ahora que aún respiro.
Un día me lloraréis con esa dulzura ¿verdad, nubes? No soy un mal tipo después de todo.
Hasta pronto…

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La mano se quedó vacía de repente. Se le ha robado lo que amaba, la calidez y el suave pelaje de la tierna vida.
¡Por favor! Ahora no sabe donde posarse.
Y le es imposible encontrar y sacar eso que oprime el corazón, está demasiado profundo.
La mano es solo una pobre mano desoladoramente vacía.
Y el corazón no consigue gestionar toda esa tristeza que le roba un latido, como si sorpresivamente a lo largo de las horas oscuras, la muerte lo pulsara con su negro dedo.

Como decía en otra reflexión, cuando llegues a tu destino deja que tu montura descanse, apárcala en la sombra, límpiala de barro y revísale la presión de los neumáticos para no llevarte una desagradable sorpresa en el largo camino de vuelta.
Y por supuesto, lubrícala.
En fin, que cuando llegas a tu destino, te espera un trabajo de cojones.
Me saldría más a cuenta comprarme un burro.
Fui al estanquero a consultar qué coño llevan los cigarrillos que fumo habitualmente y dejó caer que, o necesitaba gafas o un psiquiatra.
Yo le respondí: “Hijo puta” y le compré otra marca de cigarrillos.
Tengo que buscar una bici un poco más ligera, aunque no sea tan eficaz para montaña. Es tengo que subirla cada día en el hombro hasta el primer piso, donde vivo y acabo fumando cuatro cigarrillos seguidos para calmar mis pulmones por el esfuerzo.

A veces me asusto porque parece que se le ha caído o perdido la cabeza. Es un histérico durmiendo.
Si mi naturaleza me dejara, dormiría tan resguardado del mundo como Murf (en la foto, es un gato).
Por poco que se me doble un poco el cuello durmiendo (además de babear), al despertar quedo tan doblado, con tanta torticolis, que parezco un amante de los cuadros de Nicoletta Tomás.
Incluso es capaz de respirar toda esa maraña de pelos. Gatos y su flexibilidad…
Cochina envidia.

Primeras nieves del invierno que anuncian gélidos adioses y muertes blancas.
Unos cruzarán el invierno, otros se quedarán en él eternamente. Y el día de muertos, cuando se aparezcan ante sus seres amados u odiados, deberán explicar que el infierno no es necesariamente fuego.

A: Tenía la ilusión de que al arrancarle la hoja al árbol, se quejaran por un dolor alguna de las partes ante la tragedia de la amputación.
B: Por un momento pensé que las gotas en la hoja pudieran ser sangre. Eran agua. Simple lluvia.
C: A pesar de lo incruento del color, es bello y su textura cálida. Como si aún le quedara sangre en movimiento.
D: Está visto que los mejores resultados para realizar la foto de una cruenta tragedia de otoño, se obtienen con la amputación traumática de extremidades de seres vivos cárnicos, preferiblemente sin demasiado pelo en las extremidades.
E: No hay magia alguna en el planeta. No hay bellas tragedias. Demasiada simplicidad para mi gusto.
F: Tengo unas ganas de largarme… Me aburro.