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Fotos para captar la luz, lo anodino y extraordinario, las formas, las texturas y darle interés a todo ello. Interés para uno mismo, porque cuando hago una foto espero que me guste. No considero ninguna otra opción ya que no vivo de ello.
Hay que saber adaptarse a la luz y luego modificarla, desechar o no los colores.
Hacerla vibrante, triste, incómoda, desenfocarla…
La fotografía es mi recurso ante mi incapacidad para expresarme con arte. Mis dedos no saben, no aciertan a dibujar como hacen los artistas.
Tengo manos de mecánico, mecánicas en cuanto que más allá de escribir, apenas les puedo arrancar una creatividad. Mis torpes y rudos dedos no conectan con el cerebro y sus emociones e inquietudes.
Es uno de mis grandes lamentos, esta incapacidad para el arte.
No considero la fotografía arte, sino tecnología.
E instintivamente y por iteración a lo largo de la vida, he dominado la técnica; lo suficiente como para sentirme bien cuando observo lo que he fotografiado y luego transformado. Como dios.
Otra luz irrepetible… He formado una imagen de cómo quiero que sea el mundo que habito en un momento y lugar irrepetible. Entrópico.
Estaba cansado de tanto color, necesitaba serenidad.
Y me he dado cuenta de que cada día deseo un mundo distinto, no importa si más oscuro o claro, gris o policromático.
Ante la magia de mi foto, sinceramente pienso que dios, de haber existido, lo creó todo mal.

La sombra es prueba irrefutable de solidez.
Y también de mi negrura.
Está bien, lo llevo muy bien…
¡Psé!
No me quejo, es simple vanidad.

Foto de Iconoclasta.

Pienso existencial y fatalistamente, llevado por un ingenuo y banal romanticismo: ¿Por qué es tan oscuro y pedrizo el camino a la luz? Debería ser alegre, esperanzador. Y no profetizar el final a un precipicio.
Y caigo en mi estupidez de romanticismo simplón: si camino hacia la luz es porque habito lo oscuro.
Es el contraste, el puto contraste de luz y penumbra lo que saca lo más tonto de mí.
Y a falta de magia me propongo crearla porque la imaginación, la mía, no tiene límites. No me impongo la más mínima concesión al comedimiento o censura.
Hay un mojón justo al final de la cuesta vestido de luz y sombra. Es una prohibición más, o un resto de ella.
Las prohibiciones nunca mueren, se acumulan como los excrementos en los prados.
Indica que no hay libertad, que si quieres cochina libertad, te mantengas en la oscuridad donde nadie te envidie ni controle. Sé oculto, porque en la luz estás indefenso a la mezquindad, codicia, servilismo y pobreza que te envuelven.
Tal vez el mojón evitaba el paso de carros ya inexistentes. Las puertas al campo y su libertad son milenarias, no es un invento nuevo.
Los mojones se mantienen como aviso a la luz opresora en la experiencia de la oscuridad.
La luz está acotada por leyes, pecados y condenas como la oscuridad por los muros del puente.
La luz y la oscuridad no representan el bien y el mal, el cielo y el infierno. No hay nada especialmente bueno o malo en ellas.
Son las metáforas propias de la cobardía y el valor, del conocimiento o la ignorancia.
Libertad o servilismo.
En la oscuridad se crean las cosas más hermosas que la luz deshilacha en jirones.
No… La luz y la oscuridad sólo pueden ser metáforas de la bondad y la maldad en la ignorancia y la cobardía. En la incomprensión de la propia naturaleza humana.
La especie animal humana sacó alimento de la luz y creó sueños de esperanza en la oscuridad.
Los dioses, todos, se inventaron a plena luz por un homínido cobarde y enfermo que por sus incapacidades quiso parasitar, esclavizar y vejar la existencia de miles y miles de humanos como él.
Un dios no es más que el excremento seco de aquel parásito alérgico al trabajo, al esfuerzo y a la imaginación.
Y aquel primer creador de dios, ni siquiera lo modeló con sus manos; le dio la mierda que cagó a uno de aquellos primeros homínidos para que le diera forma, de pirámide, de cruz, de luna… A cambio de un favor mezquino.
Todos aquellos medio-humanos abrazaron la fe que llamaron luz, y dejaron la imaginación y la esperanza pudrirse en la oscuridad.
Y se hicieron mayorías votantes, las de hoy.
No voy a cruzar el puente, me detengo a fumar. Decido quedarme en la penumbra de mi pensamiento íntegro e inviolado.
Luego, volveré a la oscuridad que amo, la de su coño húmedo y envolvente. Absorbente… Que amo, que busco, que beso y embisto. La necesito tanto como para someterme a su esclavitud oscura y cremosa.
Dulce…
No, aquella luz en la pasarela del puente es mala, mala, mala… El mojón se esculpió con libertades y sueños muertos.
Me fundiré en mí, no emergeré a la luz.
Bye…

Foto de Iconoclasta (“Dramatización de un puente”. Pont del Raval, Ripoll).

Flotantes y bellas grisenterías. A veces el color barre la belleza de la textura y su intimidad.
Porque no puedes evitar acariciar la textura.
su piel, su amada piel, su desesperante piel…
Y sentir un gemido propagarse entre los dedos como monocromática correspondencia de amor sin sobresaltos, serena como las almas sin cuerpo.

Foto de Iconoclasta.

No puedo habituarme a pesar de los años que llevo de condena en el planeta.
La gracia del cambio de horario de invierno/verano (gracia para el estado/dios o gobierno) no radica en el ahorro energético, si no en el evangelio que transmite a las reses humanas que somete: el estado/dios es quien decreta cuándo y sale o se pone el sol.
Y las más que amaestradas, castradas reses humanas en la granjas-ciudades donde se crían, engordan y explotan así lo asimilan; con el fatalismo y la indolencia propia de los animales nacidos en cautividad y condenados hasta la muerte a ella.
El cambio de horario es simplemente un recordatorio disciplinario, que no olviden nunca las bestias humanas sometidas al estado/dios, quién manda sobre sus pequeños y limitados horizontes, noches y días.
En definitiva, una pornográfica ostentación del poder político-religioso sobre los días y las noches y sus grises y ajados contribuyentes.
Es lógica toda narcosis o drogadicción para vivir en cautividad con la puya del estado/dios clavada en la chepa cada día, sin esperanza de volver a ser humanos dignos.
Así que mañana será un despertar más oscuro (a efectos de la explotación ganadera de humanos) porque los puercos en el poder cebados por nosotros, así lo decretan.
Entre orondos cerdos y tristes vacas pasan los inviernos y veranos…
Lo del “ahorro energético” sólo se lo pueden creer las bestias humanas más castradas y serviles.
¡Qué puta mierda!

Foto de Iconoclasta.

Nube fuelle o acordeón.
No sé para qué sirve esta chingadera.
Dicen que la naturaleza es sabia. Yo digo que sólo es aleatoria.
Psé…

Foto de Iconoclasta.

Me asusta Murf cuando lo observo pensativo.
Me asusta cuando comprendo con un vértigo su ancestral y pura sabiduría milenaria. Su naturaleza pura e inviolada.
No como la mía, castrada e imbécil.
Lo quiero más que a mi puta vida.
Pierdo dos latidos del corazón ante la posibilidad que un día pudiera morir y abandonarme a mi solitaria y anodina idiocia.
Si dios existiera y yo fuera crédulo, le rezaría algunas jaculatorias para que me matara antes que a él.
Murf no me necesita, es pleno y sabio. Es de naturaleza libre y autónoma.
Cuando lo observo ensimismado en su pensamiento, su grandeza es aplastante como la ternura que desata en mí.
Soy un mierda, no tengo nada que mostrarle.
Jamás seré una pérdida.
Él sí.
Mi hijaputa pérdida.
No quiero sobrevivirlo. Sin él perdería el contacto y concepto de la libertad y sabiduría innata.
El conocimiento es sólo un maquillaje hortera que cubre la soriasis de las incapacidades e imposibilidades de los que hemos nacido en cautividad, en las ciudades y bajo las leyes que nos convierten en cerdos de granja revolcándose en su mierda con indolencia.
Y si dios existiera… Bueno, ningún dios/muñeco tiene poder sobre Murf; su sabiduría rechaza toda superstición humana.
Toda piojosa mentira.
A lo sumo, Murf es poesía orgánica.

El silencio es el canto de las aves en la fronda del bosque, el berrido de los ciervos, el chillido del águila, los ronquidos del jabalí, el graznido de la grulla volando a ras del agua, el parpeo malhumorado de los patos que me hace sonreír, como el graznido siempre irritado de los gamberros cuervos que en pandilla toman el sol en los prados.
Como silencio es la viscosa y líquida descomposición de un cadáver humano olvidado entre la hojarasca, fertilizando o infectando la tierra con sus miasmas.
Silencio es el rumor de un río que limpia el aire de toda injerencia sónica humana haciéndote libre y único.
El silencio es el deseo de que callen los mezquinos de una vez por todas. No importa la causa, si por muerte o lejanía. Porque en silencio afirmo que no importa que vivan o mueran, sólo necesito que enmudezcan.
Silencio es el crepitar de mi cigarrillo cuando deambulo por el cementerio, una isla de bendita soledad.
El silencio es ella clavando sus uñas en mi piel mientras la embisto y se corre.
El silencio es mi leche rezumando entre los pliegues de su coño y las respiraciones agitadas tras el supremo follar.
En silencio temo perderla y clavo las uñas en mi puta polla laxa para conjurar la angustia.
El silencio es el íntimo llanto por los amados muertos.
Silenciosa es mi vergüenza de haber nacido en cautividad, en una ciudad, en una granja de explotación humana. Y mi pensamiento es un silencio atronador pleno de odio y frustración ante lo establecido mucho antes de que fuera escupido por el coño de madre.
Silencio es la sagrada y reparadora violencia y las manos goteando sangre ajena y propia.
Silencio es observar al enemigo abatido y sonreír: mejor él que yo.
Porque la voz es cobardía y dependencia del enjambre y su reina, su jodida reina, su puta reina, su repugnante reina.
La hija puta reina mal follada que dice quién vive y muere.
El silencio es libertad y unicidad.

Foto de Iconoclasta.

La luna ha finalizado su turno de noche y ahora se muestra nueva y relajada.
Templada y cálida. Satisfecha.
La puta más bella del Sistema Solar.
Una sonrisa de amante en el azul. Una sonrisa a nadie…
Coqueta se deja bañar por el sol y templa las pasiones nocturnas.
La luna es como ella, la que me esclaviza con amor y deseo, con ternura y determinación. Con pasión inmisericorde me monta con los cuatro labios húmedos y los pezones empapados de mi baba animal, de amor sin cerebro. De ansia sin control.
Debe sentirse la luna cansada de las frías noches que la desnudan en su brillo metálico ante los ojos que habitan el planeta: lunáticos, trágicos, románticos, asesinos, licántropos, vampiros, astrónomos, brujos y depresivos. De vez en cuando un solitario anodino que no piensa en sus misterios, sino en su sencillez, en su belleza sin más.
Un cojo dolorido que al admirarla, piensa que al final vale la pena vivir un poco más.
Es un movimiento planetario precioso cuando surge de día.
Cuando ella se derrumba convulsa por el placer sobre mi pecho y su cabello en mi rostro.
Inspira ternura y paz verla de día, apareciendo sin ser necesario.
Porque las noches son duras y solitarias y podría no salir.
Ojalá que nunca lo haga.
El amor nocturno es de luz gélida y sombras misteriosas. Pasión en penumbra, acechante…
De día el amor nuevo es una sonrisa, un te quiero sereno antes de separarnos para trabajar. Un beso tan cálido que borra los malos augurios e incertidumbres del día.
Te engaña tiernamente… No puede hacer daño.
Si de noche la deseas y la follas con un amor desatado, salvaje y ávido; de día le tomas la mano y paseas con ella y no quieres más que seguir escuchándola, sintiéndola táctil. Compartiendo el aire en el mismo momento.
Es como follarle el alma…
La luna es como ella. Una ternura y un amor sencillo y sereno. Y al despertar compartimos café y tabaco y unas sonrisas satisfechas, algún gruñido porque la vida es muy puta; pero lo más hermoso es ese silencio amable que no estropea los sonidos del amanecer y su mar.
Yo no soy una luna, no sé cómo un ser menor como yo ha tenido el privilegio de ser parte de sus lunas llenas y nuevas.
No puedo evitar que me preocupe que un día mi amor de lunas se dé cuenta de que no soy suficiente, de que no soy nada.
No soy nadie.
Sólo un microbio bajo la tierna presencia de la luna nueva, tan inaccesible y tan letal.
Tan presumida y provocadoramente indiferente a quién vive y muere.

Foto de Iconoclasta.