Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’

Caminan por la calle y hablan, y hablan, y hablan con sus ojillos felices…
Sienten miedo de estar solos.
Tienen un miedo que se cagan a la soledad y a no pertenecer a un numeroso rebaño de borregos.
Nadie vale tanto como para romper mis momentos de soledad.
Amar no es ser un cobarde dependiente.
Y la amistad es la otra panacea para combatir la soledad. De hecho, la amistad siempre ha sido uno de los vínculos emocionales más hipócritas.
Se suele acabar la amistad cuando follan.
Madres y padres aman demasiado, asfixiantemente a sus hijos. Es la consecuencia del miedo a quedar solos y desvalidos en la vejez. Invierten en un amor desmesurado, incluso pornográfico para ganarse un cuidador en la senectud.
Todo ello salta a la vista cuando los observo hablar a algo con unos plásticos en las orejas. Como locos en sus paseos de permiso del manicomio.
Teléfonos móviles que tranquilizan y controlan a los cobardes, creando dependencias emotivas y físicas entre iguales. Entre esa mezquindad humana que no sabría usar su libertad aunque la desarrollara.
Porque la libertad no te la da nadie, la creas tú.
Humanos castrados que llevan constantemente a alguien como compañía en su teléfono.
Debería desarrollarse una app para toda esa horda de timoratos que necesitan el contacto humano constante. Una app para que jamás mueran solos y dignamente.
Merecen morir con una app de muerte dulce y arropados por cientos de amigos.
Morir como han vivido: pobremente y sin valor.
Morir es como el cagar, jamás debería hacerse en compañía.
Hay animales pequeños y grandes que viven y mueren dignamente, solos y sin demasiados ruidos, sin demasiadas amistades de favor e interés. Sin amantes cura-soledad.
La raza humana siempre ha sido cobarde, salvo algunas raras excepciones. Es lógico que hoy día escriba y describa toda esta miseria pusilánime y borreguil.
Los humanos deberían avergonzarse de su cobarde degeneración.
Y yo debería no sentir tanta hostilidad hacia ellos; pero nada es perfecto.
La vida es una mierda, y los cobardes deambulan con su estúpida sonrisa en el rostro votando a quien no deben.

Hay actos inexplicables como rascarse la cabeza si no hay piojos o sarna.
Como beber vino y decir que es sangre.
Como estallar en mil pedazos para ganar una entrada al paraíso.
Pero nada hay tan enigmático como mi tartamudeo cuando estoy frente a ti.
Si tienes frío, podrías ponerte un jersey y no esa blusa fina, me pones nervioso.
Me gusta cuando las mujeres visten ropas livianas en invierno porque parecen aquellas viejas radios analógicas con sus notables mandos de volumen y sintonía.
A mí me llaman gusano airadas por mis divagaciones, con los pezones duros. Bien, por algo será.
No tengo nada en contra de algunos anélidos. Soy más de odiar las ratas, los cerdos solo los como.
Cada naturaleza ha de ser consecuente consigo misma.
O sea, si escribes idioteces, te pueden dar el premio Nobel según el humor de los borrachos del jurado. Es algo que ocurre con frecuencia.
También hay que saber dejar de escribir en el momento oportuno para que no te premien, además, con un premio Planeta; que también es lo suyo de suculento.
No sé que quiero decir con suculento, solo sé que es hora desayunar y yo aquí escribiendo estupideces.

Pequeñas guerreras que le arrancan al invierno cansado, colores y calidez, arrinconándolo contra las cuerdas.
La primavera, cuando llegue, les va a tener que pagar una prima por productividad.

Estoy un poco cansado de caminar y apoyar el peso de la vida en la pata oxidada.
No quiero decir agotado, o que me duela como si el puto dios estuviera ahí dentro de la carne creando cosas horribles, como si yo fuera una zona de ensayos nucleares.
Jamás me agoto.
Repito para que me oigan los del gallinero que escupen como si nada sobre los de la platea: Solo moderadamente cansado.
Mi vanidad es absolutamente incombustible.
Que tenga o no razones para ostentar tamaña vanidad, es algo que no considero.
Así que el que busque explicaciones, las puede ir excretando por el ano; sé que es redundancia (lo de excretar y ano); pero es la esencia de la retórica. Y si no, escuchad a todos esos maricones políticos (todos).
Hijos de puta… Ellos tampoco se cansan de dar por culo con las dos putas piernas sanas.

Dejemos aparte el asunto de la vanidad de Dios, lo que importa es que Dios existo.
A mi divina espalda, la foto de un ángel roto hace eones. Fallos que ocurren durante el proceso creador, nada que lamentar.
Y el gato… No os engañéis, es la Virgen María, es obvio. ¿Acaso no se nota la pureza en su blanco y su absoluta indiferencia hacia Dios por estar ya habituada a lo divino? Las transmigraciones a veces resultan un poco extrañas; pero siempre es divertido dejar algo al azar. El judío errante anda por Ámsterdam, en cuanto huele a diamantes, se me vuelve loco.
La táctica del diablo es negar su existencia; pues bien, yo no soy el diablo.
Y ahora id a fumar maría que hará más digerible lo que en verdad os muestro.
Ego os absolvo y dominus vobiscum, aborígenes míos.

¿Es que no se cansan de brotar, de vivir?
Yo ya estoy cansado no quiero más decrepitud y más de lo mismo.
Brotar es una putada, cuando ya respiras aliviado de que sea el último invierno; vuelta de nuevo.
No chingues…
Demasiada vida da jaqueca.
Ya me quedan muy pocos inviernos.
No se quejan las plantas porque no tienen boca; pero deben estar tan cansadas como yo. Salta a la vista, nacen de lo retorcido, de lo negro y viejo. Que no se sientan orgullosas.
Es un inconveniente ser demasiado fuerte, los tormentos duran eones.
Voy a por aspirinas.
Bye.

Lorca pensaba distinto en el asunto del verde.
Yo digo que lo radiactivo es hermoso, que promete mutaciones y un color que combate victorioso a los grises.
¿Y si los árboles han pasado una noche de juerga? Los excesos de clorofila vomitados explicarían mi fiebre.
Lorca era un romántico, yo solo un fracasado que observa el mundo con mirada torcida.
Y aún así, le arranco belleza a puñetazos.
Hago lo que puedo, cielo, por darte un lugar hermoso.