Posts etiquetados ‘imaginación’

Hay días que no podría distinguir si es otoño o primavera.
Como si en algún momento el tiempo se hubiera confundido en su avance y me hubiera colocado en una diapositiva pasada. Pienso en este instante, en la gracia que ha tenido hacerse viejo, aunque solo sea unas semanas, para volver al mismo momento que viví en el pasado.
¿Soy un viajero del tiempo? ¿Tengo un vuelo reservado en Aerolíneas del Tiempo Quedo?
Solo soy un viejo con demasiada imaginación.
Un viejo que no está cansado por culpa de una genética desproporcionadamente fuerte. Tal vez soy yo el que perturbo el orden del tiempo y del planeta y sus estaciones.
Y las mías… Soy mi propio daño colateral
Es tan hermoso estar solo entre las montañas bajo la lluvia. Nadie pasea ahora.
Soy el último hombre vivo…
En serio ¿es otoño o primavera?
A mi picha no le importa. Se excita con los días grises y lluviosos que dictan recogimiento e intimidad. Y follarla mil veces en la casa con la lluvia golpeando las ventanas.
Me acomodo los genitales a la dureza que palpita y sigo caminando en el tiempo, o tal vez atravesándolo mientras está confuso y detenido buscando su dirección correcta.
Alguien habló alguna vez de la relatividad del tiempo.
Yo digo que tiene sus momentos de estupidez, como todas las cosas que viven.
Yo digo que soy viejo para ser tan fuerte. Lo cual quiere decir que aún me espera más dolor.
No es pesimismo, es sabiduría. Demasiada vida.
A veces pienso que he desaprovechado algunos momentos en los que podría haber muerto.
Una vez escribí que hay tanto tiempo, que nos falta vida.
Ahora digo que si estuviera follándola, no pensaría en tiempo y vida.
Tal vez, por favor… Que el tiempo se vuelva a confundir y me coloque en una diapositiva con ella. Dentro de ella.
Demasiada imaginación, me lamento. Demasiada fuerza…
El poco futuro que me queda, no será un remanso de paz.
Mierda…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

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Un momento para soñar. Samsung Tel.20170810_184401

Me permití soñar.
A veces lo cometo (soñar despierto), aunque despertar luego duela.
Escapar del dolor y el cansancio no es malo si no es caballo en vena.
Que tampoco se puede decir que sea doloroso despertar, yo diría que es simplemente incómodo al caer en la cuenta de que la realidad no es el momento y lugar que me gusta.
Lo que duele de verdad es caminar y la realidad diaria sin pizca de imaginación.
A veces pierdo el control y lo sórdido y el miedo pretenden imponerse.
Y soñé que estaba solo en el planeta, bajo un cielo apocalíptico que pretendía aterrorizarme. No cedí, sonreí.
Y estaba bien.
Soñé que no dolía caminar-vivir. Dos veces bien.
Soñé que no tenía cojones. ¡Ah! Primero me asusté, observé mi flamante pene y pensé: “No es malo, no existe mujer con la que aparearse para dejar preñada. No hay nadie.”
Soñé que habían cantidades pornográficas de cigarrillos, para todo lo que me quedaba de vida y casi cinco años más. Cuatro veces bien.
Me senté en una playa al atardecer y cerré los ojos al sonido y el olor del mar. Cinco veces bien.
Cuando abrí los ojos, la playa estaba llena de delfines muertos, con sus eternas sonrisas, mecidos los miles de cadáveres por olas perezosas. Sus ojos velados mirando a ninguna parte…
Y fumé perturbado.
Hasta para morir ríen los delfines. No entiendo porque dicen que son inteligentes, no comprendo su faz de sonrisa eterna y estúpida. No hay nada por lo que valga la pena sonreír. A lo mejor no ríen y la puta naturaleza los hizo así para joderlos.
No sé porque se empeñan a veces en ayudar a los humanos. Aunque no creo en lo que cuentan las películas y la chusma sensiblera.
A lo mejor han muerto por serviles, por tener tan poco orgullo como especie.
Seis veces bien.
Todo lo que podía morir ha muerto y el silencio me causa cierta angustia; pero es agradable, es algo que nunca había escuchado. Algo que nunca había sentido.
Es tan fuerte, tan denso el silencio, que pesa como una columna de agua en mi pecho y me impide respirar bien y relajadamente.
Me hace especial sentir la asfixia de la soledad absoluta.
Siete veces bien.
Soñé que por primera vez era feliz, que era un hombre en un planeta muerto, rodeado de silencio. Un héroe, un protagonista de mis propios relatos.
Ocho veces bien.
Y soñé que era de noche, que en el cielo no había luna ni estrellas y la oscuridad acariciaba mi corazón. Y sentí ser amado por la nada y por nadie.
Nueve veces bien.
Soñé llorar porque nadie podía verme ni sentirme. Y un rayo me partió la cabeza y mientras mis sesos resbalaban, no comprendí como podía ser tan cruel de soñar algo así.
No estuvo bien. Mi pensamiento, lo que soy era absorbido por la tierra aún templada por la luz del día.
Y desperté y el sol me oprimía, me ahogaba de calor y sudor.
Y por enésima vez, no me gustó estar vivo, no aquí, no ahora.
Una vez soñé con un cielo azul ektachrome y en el flotaban como cristos crucificados hombres y mujeres que conocía de la vida diaria y de la televisión. Mi padre, mi madre, un presentador de las noticias…
Estaban todos.
Tenía ocho años y no sabía que pensar observando todas aquellas personas que lloraban clavados en las cruces.
Ahora lo sé, la muerte es un arte, una performance inquietante y fascinante.
La muerte hace del último pensamiento un sueño eterno y depende del sueño que sea infierno o paraíso.
O más de lo mismo.
Es hora de cojear de nuevo, se acabó lo fascinante.
He de ser cuidadoso.
Controlar mientras pueda.

 

ic666 firma
Iconoclasta
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Una vez la verdad se presenta clara y rotunda, no hay forma de alguna de volver a imaginar la magia. Si alguna vez se creyó en ella, si alguna vez existió.
Solo hay un camino: vivir muy alejado de la verdad. A miles de kilómetros y en lo oscuro.
Donde no interfiera en nuestro pensamiento, en la imaginación. Y demostrar así que la podrida verdad no doblegará ni una sola de nuestras conexiones neuronales.
Ante la verdad se estampa el puño de la indiferencia y el absoluto desprecio, un rotundo directo a los sabios y los inteligentes que la exponen en un alarde pedante e irritante.
Una mierda a los valientes y concienciados defensores de la moral pública debidamente personalizada según sus hipócritas ideas de amistad, amor, cariño y respeto de mierda al planeta.
Cuando al fin tenemos el maldito privilegio de ver la verdad, ya solemos estar preparados para despreciarla. Tenemos el pleno convencimiento de que cualquier cosa que imaginamos es mucho mejor que la verdad.
Los que vemos la verdad, claro, porque la inmensa mayoría nada en mierda creyendo que es néctar de durazno.
Y solo ven la verdad unos pocos, los que no se creen una mierda el dichoso efecto mariposa: si sonríes, en otra parte del mundo comerán langosta y si le das un beso a tu hijo, en Tailandia un viejo se folla a una niña. Y donde hay una patada, en otro lugar hay un terremoto.
Aleteos de mierda…
Y esto es una verdad irrefutable.
Con la imaginación y sin ellos molestando, hacemos cosas más hermosas e intensas que la verdad, mucho menos podridas.
Dios es un efecto mariposa de una mentira clamada millones de veces hasta que los ignorantes la han convertido en un Jesucristo, un hombre de feria, que los drogadictos y locos creían ver caminar por el agua.
Porque la verdad solo sale de cerebros tarados, sin posibilidad de inventar, de imaginar.
La verdad es solo un subproducto de baja calidad de la envidia.
Como lo son sus leyes, su moral, sus tradiciones orales, mamadas de puta de boca podrida o escritas con palabras analfabetas, ininteligibles. De a cincuenta pesos la comida de polla.
La verdad es el excremento que pisamos sin darnos cuenta en la acera. La verdad es el reflejo de un humano maduro integrado en la sociedad que vive mediocremente y quiere que nadie lo supere y mira a su espalda y a los lados con nerviosismo, para que si aparece algo mejor que él, hundirlo en la basura. La verdad es un policía multando, un policía cobarde, un juez corrupto y un profesor que no sabe enseñar nada. La verdad es un padre que no gana dinero, un vago.
La verdad es la puta madre que le da de comer al cerdo y permite con ello que sus genes se reproduzcan.
Y así los sacerdotes, los políticos y los jueces, se convierten en portadores de la verdad que ilustra a los cerebros más elementales.
La verdad es la cobardía a la muerte, y el aferrarse como un piojo a la vida y seguir jodiendo a los demás. La verdad es la cobardía del tiempo y aquellos que quieren volver a edades que no les corresponden, que ya vivieron. Cobardes, cobardes, cobardes… Retrasados mentales.
El mundo está tan lleno de verdad, como subnormal es la especie humana que no sabe escribir dos palabras correctamente en su propio idioma.
La verdad es un analfabetismo institucionalizado que pasa de abuelos a padres, de padres a hijos y de hijos a bastardos que lo son todos.
La verdad es un muerto de hambre que folla a su mujer para que tenga otro niño que mamar de su teta seca. Es un padre del hambre, un animal sin cerebro. La verdad es que no está muerto y es triste que el padre hambruna, siga follándose a su negra para demostrar que tiene leche en los huevos.
La verdad es que los misioneros son buena gente, y de tan buenos, no dejan morir a los que debieran.
La verdad, es que mi cerebro es poderoso, y no se contaminará jamás con la verdad, nunca lo hizo, nunca lo hará.
Espero a la muerte fumando un cigarro relajadamente y cagándome en el dios de todos ellos.
Estáis podridos, yo os maldigo y que vuestra verdad os pudra la sangre en las venas.
La verdad es mi mano en mis cojones.

 


Iconoclasta