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Si estás lejos de todo y eres capaz de mantener la entereza en la oscuridad hasta dudar de tu existencia, sin que importen los sonidos que como acechos te llegan cercanos de lo oscuro; adquieres la dimensión de lo irreal.
Y nada te impide ya imaginar cómo es la muerte y serlo; aunque sea para ti mismo, pero si no existes ya, qué más da.
Un jabalí con sus movimientos nerviosos agita ruidosamente la vegetación en algún lugar, oscuridad arriba. ¿Cree que soy la muerte? ¿O teme que la oscuridad que me ha comido lo devore a él?
¿Qué ocurrirá cuando llegue a la luz? ¿Tendré una guadaña en mis manos y haré el trabajo que me corresponde? Aunque temo que seré la misma mediocridad que la luz desenmascara todos los amaneceres.
Me quedaré aquí no existiendo, que el jabalí me tema. No tengo otra cosa que hacer.
Me siento irrealmente poderoso.
Bye, vida.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Otro nuevo día.
Amanece en la república bananera del fascismo español tras una noche de ratas, bofia y basura. Las únicas cosas que pululan en las tiranas calles frías y malolientes
Las tres cosas se llevan fenomenal en la nocturnidad franquista.
El toque de queda no frena el coronavirus, ni los bozales; cosa que no le importa al Caudillo, ni a sus caciques. No es por eso la cárcel nocturna, es algo más mezquino, más criminal.
Y mientras la cosas ocurrían o no, soñaba con un follar cremoso. Su vagina voraz pulsaba exprimiéndome de la polla hasta la última gota de mi humanidad retornándome a la animalidad más salvaje. Era táctil, era húmeda la onírica realidad fascinante.
Después he despertado de nuevo en la pesadilla de siempre con la polla aún dura y el glande agotado y empapado.
Y está bien.
He jugueteado con una navaja sin precisar ideas, solo tabaco y café.
Ha sido una buena noche, definitivamente.
Mi lascivia es solo comparable a mi absoluta indiferencia a quien vive o muere.
Me pregunto si padre y madre podrían imaginar en lo que me convertiría, en una nocturna obscenidad insaciable ajena a todo, cruel con precisión y un vocabulario perfectamente escogido, ni una palabra o idea al azar.
El amanecer hace foco en la mezquindad: en los que se colocan el bozal en el hocico y sonríen invisiblemente a un nuevo día de mierda, a la madre puta cobarde que, tiene miedo a que su hija entre en casa y la contagie de coronavirus. A las embarazadas desarrollando fetos de rata que nacerán vestidas de humanos y roerán libertad y dignidad hasta pudrirse en vida.
Y yo cierro la ventana a la mezquindad. Rezo cosas innombrables cagando y jugando con un videojuego.
Bofia, ratas y basura… Estoy a salvo de toda esa mierda.
Y ahora ya tengo hambre.
Que los jodan a todos a plena luz del día. Que los tigres y los leones los devoren. O las bombas hagan su trabajo, hasta que la cobardía desaparezca de toda estirpe humana; o que desparezca toda estirpe humana, me da igual. No importa, ya he vivido suficiente y no quiero más mierda.
Bon apetit.

Iconoclasta

¿Y si dormimos con y por la esperanza de que al despertar la realidad sea otra?
Necesitamos escapar.
No es solo por descanso.
Tal vez pretendemos que el mundo duerma y mañana amanezca raro.
Sea como sea, cuando dormimos somos incorpóreos y escapamos a las leyes de la física. Viajamos a la absurda e incuantificable velocidad del pensamiento.
Todo es posible.
Y la posibilidad es la dimensión de la esperanza.
El sueño es la libertad infinita. La suprema libertad.
Y dormir la cuántica esperanza de que todo sea diferente al despertar, no mejor o peor; sino otra cosa.
Tal vez al despertar, tu sueño me haya convertido en algo no mediocre. En algo que se diferencie de los otros que duermen solo para descansar, o por narcosis. Esos… los de los sueños vacíos que no reparan nada.
¿Tienes el poder de cambiar la vida, cielo?
Di que sí mientras duermes, porque en los sueños todo es sinceramente extraño, son absurdas realidades, extrañas certezas que duelen o ensalzan las almas.
Eres mi esperanza.
¿Sabes? Muchos de mis despertares son tristes; porque cuando irrumpe la consciencia, tengo la certeza de que no ha cambiado nada, el aire tiene el mismo tacto que ayer.
Y duermo desesperanzado de que pueda cambiar la vida. Escribo lo que me hubiera gustado ser y sentir. Escribo que quiero volver allá donde el sueño es tan absurdo y sus luces tan extrañas, donde el amor se siente en la corriente sanguínea y los miedos son tan grandes, que me hacen héroe.
Te deseo hermosos sueños porque te amo y además son mi esperanza.
Un día despertarás y seré digno. Y quedará una palabra a medio escribir en el papel nocturno. Una palabra que en algún momento de tu sueño, se interrumpió en mi mano porque no era ya necesaria.
Algo cambiaste…
Querré llorar.
Todos los seres tristes quieren dormir.
Lo fascinante del absurdo, es que no precisa ni tiene explicación; es imprevisible y debes abandonarte a lo que ocurre con la serenidad que da lo expectante e ignoto.
Duerme, cielo, eres mi esperanza a la desesperanza.
Tal vez, cuando despiertes mi vida y el mundo merezcan la pena o una sonrisa.
Y entonces no sabremos que ocurrirá y todo estará bien, sin tristezas al despertar.
Pero hoy la vida ha vuelto a despertar triste, que desolación.
Me quiero morir, cielo…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Existo cuando respiro violento, cuando pulsa un latido hostil en la sien.
No puedo ni debo renunciar del animal que soy; por ello quemo la vida y digo que la paz es para los muertos.
A menudo me arrepiento de ello; pero no puedo ni debo renunciar de lo que soy; por ello quemo la vida.
Y quemo la vida.
Otra vez…
Y la vida arde.
Las cenizas ahogan y hacen la sangre espesa.
Todos rotos, todos destrozados.
El arrepentimiento pulsa una muerte ¿Está en la sien la muerte?
Todos quemados.
Los sueños todos… Por favor…
A menudo me arrepiento de ello; pero no puedo ni debo… la vida quemada… La paz es muerte…
A menudo me arrep… Soy un enfermo de podridas venas.
Un chute de aspirina de la buena…
Un caballo salvaje que trota en las venas y piafa en el corazón gélido.
Los muertos no hablan y sus labios suturados duelen; pero no debería ¿O sí?
El cerebro hierve en el cráneo y no hay control, no hay coherencia. No hay paz.
No es nieve, son las cenizas de las ilusiones.
El arrepentimiento llega tarde, cuando hay paz y no hay retorno.
Qué desolación…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

He decidido, en vista de que el nuevo y normal fascismo del coronavirus parece que va a durar cuarenta franquistas años más, sacrificar mi alma al diablo por un bien para mí mismo.
Y de rebote, desgraciadamente, que os libere a vosotros, ¡oh gandules y decadentes seres!
Soy tan asquerosamente generoso, que mi propia conciencia me insulta.

Siempre asqueado de esta sociedad: Iconoclasta, el hombre.


En estas entrañables fiestas navideñas del Año de los Hijoputas del Fascismo del 2020, deseo que los que intentan robar y controlar mi libertad mueran entre fuertes dolores, vomitando sangre por la boca con las vísceras en descomposición.
A saber quiénes:
Así deseo que mueran reyes, presidentes y ministros; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran los altos funcionarios; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran los médicos y periodistas que propagan las mentiras que intentan robar mi libertad; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran jueces, militares, bofia y serenos de las noches negras, carceleros de la libertad; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran vecinos acusadores y confidentes; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Y que a los cobardes se les seque la sangre en las venas.
Mi alma (si la tuviera) será tuya cuando haya muerto todo aquel aquí designado. Solo pretendo ver morir hasta el último mono y sentirme en paz. ¡Oh Mi Negro Señor de Maldad y Muerte!
Mi sangre te pertenece, con ella pacto ante vos, el pago por mis deseos cumplidos.
Que la sangre de los que deben morir en estas entrañables fiestas, forme ríos visibles desde el profundo espacio. ¡Oh Mi Negro Señor de Maldad y Muerte!

Iconoclasta

Manuscrito de Iconoclasta.

Vivir duele todos los días en partes aleatorias del cuerpo. A medida que avanza el tiempo uno siente con precisión cada uno de esos dolores.
Se requiere cierta edad para ser consciente del dolor de vivir.
Duele a todas las edades; pero el descubrimiento del mundo, distrae del dolor.
Hasta que inevitablemente lo sabes todo…
El dolor de vivir, no tiene nada de relativo, el dolor es rotundo, a menos que seas un enfermo mental deseando que te claven agujas en los genitales y en el blanco de los ojos.
Sin embargo, las tristezas son subjetivas: tu tristeza puede ser mi indiferencia o alegría.
Y viceversa.
Cuando leo o escribo “viceversa”, me viene a la mente un espejo en el cual se escurre un escupitajo que deforma mi reflejo.
El espejo esconde y refleja lo que desconozco: mi rostro mismo.
Yo no soy ese ser que me observa con indiferencia y desdén.
Me creía mejor…
Hay un breve momento en la vida en el que te encuentras frente a un desconocido cuando te asomas al espejo.
Y después, lo echas de menos, porque ya no volverá a aparecer jamás ese rostro desconocido que estaba en el “otro lado” y al cual desearías ver para concretar diferencias, incluso preguntarle como es la vida en ese otro mundo.
Tal vez sea mejor así. Una forma de evitar la locura, porque… Si algo es distinto al otro lado del espejo ¿qué o quién es el reflejo?
No quisiera sumar al dolor de vivir, la frustración de ser irreal.
Los espejos esconden las ideas más malvadas.
Y yo reflejo los dolores más vitales aunque no quiera.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Ayer tuve una teofanía durante uno de mis paseos asilvestrados.
Dios me preguntó si necesitaba algo: dinero, salud, amor, sexo o suerte.
Le dije que no, nasti de plasti. Aunque estuve tentado de pedirle unas gafas de sol molonas dada la potencia lumínica de su manifestación.
El muy zorro es malo como la peste; los favores los cobra con usura y podrías pasar los próximos doscientos mil millones de años pagando su favor de mierda.
Es mejor comprarse un coche de lujo con tu salario de mierda, financiado a precio de prostitución infantil que, pedirle a Dios una mísera cura de un dolor de uña.
Se sintió un poco molesto de que una de sus creaciones no se hincara de rodillas frente a él para hacerle una mamada. Soy un tipo experimentado en psicología de supervivencia y mediocridad.
Me preguntó por la familia y le dije que “Los que no has matado, están vivos ¡psé! Y supongo que bien”.
Y se alegró, aunque un tanto descolocado, seguramente porfiando por mi tono.
Le dije que no era para tirar cohetes, no todo es salud de mierda.
Aumentó un poco su potencia lumínica y entendí que tenía unos grandes deseos de incinerarme. Yahvé es un dios celoso y furioso.
Así que le dije con voz humilde: “Oye, me estoy meando. Luego hablamos ¿vale?”.
“Si tienes problemas de próstata te curo ya mismo”, se ofreció solícito.
“¿Qué cojones me está preparando este cabrón?” me pregunté ya alarmado.
Así que me saqué la polla y me puse a mear delante mismo de sus rayos foto-divinos, tuve que apretar fuerte el culo para que el chorro fuera potente y no sospechara de mi próstata y la urgente necesidad de curarla.
Se le escapó un rayo como un pedo y dejó caer una gran tormenta sobre mí y apagó su luz de mierda.
Esperé que se me apareciera el diablo (ambos son culo y mierda) para pedirle ropa seca, sus intereses por intervención sobrenatural son mucho más bajos; pero tras esperar veinte largos segundos no apareció, y eso que miré atentamente entre la maleza a ver si se arrastraba siseando una asquerosa serpiente hacia mí; pero nada.
Y como soy un cauto optimista, me dirigí mojado a casa; pero a salvo de la ruina y mi polla ilesa.
Dejo foto de la teofanía.
No todo en internet es mentira.
Me refiero a no todo lo que YO escribo, lo demás es para pedirle a Dios que te limpie el culo con ello.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Cuando la mente se hace pedazos el cuerpo no atina en ningún movimiento, ni en la articulación de las palabras.
No sé porque no se sincroniza la muerte del cuerpo con la de la mente.
Es pornográfico que vaguen cuerpos con el cerebro podrido.
¿Es acaso una última forma de la naturaleza para dar alimento a los que no han tenido un buen día de caza?
Tal vez sea eso.
Un cuerpo descontrolado, excretando, abonando…
Un cuerpo que vagabundea para servir de comida.
Pero nadie caza esos cuerpos.
Ése es el problema.
No es una noticia feliz.
A veces, los que tienen las mentes hechas pedazos aciertan a follar de forma accidental. Sin pretenderlo, tal vez en sus cerebros podridos guardan la reminiscencia de un episodio sexual y consiguen encontrar sus genitales en su cuerpo idiota.
Y nacen bebés con la mente hecha pedazos, obedientes pero inoperantes.
Y crecen, se eternizan sin control.
Los cuerpos idiotas son un peligro en cualquier especie, la estropean.
La pudren.
Las mentes hechas pedazos han nacido de una endogamia azarosa e inevitable en el hacinamiento.
Las grandes concentraciones de seres de cualquier especie acaban degenerando las líneas genéticas por los graves efectos consanguíneos de un follar ebrio e idiota.
Hay animales que no han nacido para vivir en rebaño; pero no lo saben por desidia, por cobardía, por ignorancia, porque nacieron así de defectuosos…
Una tara pegada a otra tara, a otra tara, a otra tara…
Las mentes hechas pedazos no pueden impedir que los cuerpos sin control rellenen sus propios agujeros con materiales orgánicos e inorgánicos. Los anos han perdido su función para sacar y son para meter, las vaginas son meros estuches portaobjetos, los penes son orgánicos enemas de esperma y orina. Toalleros obscenos que nadie usaría, ergo patéticos.
Los cuerpos idiotas se cortan las venas, o se tiran desde decenas de metros al vacío.
Sin saber por qué.
Si sus mentes no estuvieran hechas pedazos, sabrían que se matan por frustración de la más alta pureza.
No hay cementerios para las mentes y ese cadáver se queda en los cuerpos torpes infectándolos con su descomposición.
El dios de las mentes hechas pedazos solo supo hacer cosas semejantes a él.
Murió el dios y sus creaciones ahora yerran sin padre, gimoteando imbécilmente.
Estamos abandonados…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Padre…
Mírame: la tengo dura por los muertos y los enfermos, por los pobres y los hambrientos.

¿Es legal?
El televisor habla de coronavirus y parece de carne, orgánico… En la pantalla bajan lefas escurriéndose como cera caliente que humea un poco antes de enfriarse.
Padre: cuando camino el movimiento masajea mi glande y me desespero; el semen hirviendo presiona y no sé como gestionar lo caliente que estoy. Solo acierto a meter la mano en la bragueta. Estoy tan encelado…
Encelado de tanta miseria y cobardía que veo y escucho, padre.
No sabía de mi mórbida obscenidad. ¿Tuviste algo que ver con esto que está tan dolorosamente duro entre mis piernas y mi degeneración? Mis huevos están contraídos, parecen de cuero, padre.
Es también una clara cuestión de mortificación.
No me importa el dolor, la muerte y el miedo; solo pienso en correrme.
Dime que no estoy enfermo, padre.
Padre: ¿Qué hago? Los policías me dicen que tengo la obligación de mostrarles mi erecto y palpitante pene para que me hagan un test con sus bocas ávidas.
Agentes de la indecencia…
Les digo que tengo prisa, pero me acarician los huevos y una agente fea, se acaricia retorcidamente entre las piernas con la porra.
Como yo hago sin poder evitarlo apretando mis cojones con el puño.
¿Qué hago, padre? ¿Les dejo beber de mí?
¿Sabes, padre? Me hubiera gustado que no hubieras muerto y supieras de la excepcionalidad del cerebro podrido de tu hijo.
Moriste sin conocerme…
Me parece injusto.
Padre, hay una epidemia y no consigo enfermar, no mis pulmones. Es mi pene que se expande y llena todas las bocas y todos los coños de los que viven y los que se pudren. ¿Soy yo la infección? ¿O son ellos los que me infectan con su cobardía y mediocridad?

Estoy sucio.
¿Estás orgulloso de mí, padre?
¿Los muertos sentís orgullo?
Padre, tengo el cerebro podrido y mi pensamiento supura un blanco lácteo y cremoso.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.