Posts etiquetados ‘noche’

Si no escribo ¿dónde lo guardo todo?
Los que mueren solo dejan sus huesos, y no dicen nada.
Tanto peso en mi cerebro… Margaritas a los cerdos cuando la pluma se seque aburrida de no escribir.
Escribir en la calle, cuando el sol se oculta, cuando todos se apresuran hacia sus casas, como si el frío los empujara con su gélido índice. No es algo usual, no es popular hacer las cosas rodeado de oscuridad y soledad. No es festivo.
Escribir así te hace extraño y ajeno a ellos. Y está bien, es lo que busco.
Solo se muere mejor. Nadie debería morir acompañado o asistido, es humillante.
Escribir frente a las montañas que se hacen negras, bajo la tísica luz de una farola que ilumina lúgubremente el papel.
Pobres animalitos, encerrados en toda esa nada… En una jaula ciega.
Pobre yo que no muero con ellos y me hace cobarde.
El hecho…
No, los hechos son que la vida importa una mierda, escribir no es fructífero, no tiene sentido especular sobre la oscuridad total. No hay nada que entender, la muerte no es prismática.
Y dormir es el didáctico ensayo de morir.
A ver si hoy lo hago bien y no sueño; sería perfecto.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Mirando las estrellas

Observar el cielo nocturno incontaminado por luces artificiales cercanas, provoca dos estados de ánimo:
1º. Asombro, admiración y cierta euforia ante la exultante belleza que forman miles y miles de estrellas y sus nebulosas.
2º. Insignificancia, pesar y tristeza. Tras unos minutos, cuando la visión se ha acostumbrado a esa oscuridad y se hacen nítidas las luces y sus agrupaciones; llega la sensación de ser pequeño, un insecto que a duras penas es consciente de su propia existencia. Tras un tiempo indefinido, mucho más corto de lo que pienso, llega el pesar, la pura realidad: no he visto nada del universo en el que me hallo o me contiene. Soy extraño en mi propio mundo.
Y por fin la tristeza, porque jamás lo podré ver, me falta vida para abarcar tanta multitud, tanta grandeza.
Moriré sin saber, sin conocer.
Entonces te busco, quiero que me localices en toda esa tristeza cósmica, amor. Porque me he perdido en el universo inmenso, en mi insignificancia misma.
Solo el calor de tus labios o la caricia de tu voz en mis sordos oídos pueden rescatarme y vencer el desaliento, el temor y la tristeza que me embarga.
Tus labios me darán la temperatura que necesito para seguir viviendo, la que las gélidas y lejanas estrellas me han robado. El frío universo me ha secado los labios y se me abren por un desconsuelo en esa helada y bella soledad.
Tu voz me devolverá en un susurro a la existencia, me hará hombre y ser vivo.
Por ti y ante ti, soy.
Tu existencia y tangibilidad es lo que me da vida.
No volveré a mirar jamás las estrellas, no tan profundamente si no estás a mi lado. Podría haber muerto ahí solo. Sin ti.
Me doy cuenta esperanzado, de que eres mi universo, el que hace bombear mi corazón y llevar la sangre donde debe.
Te amo con toda mi insignificancia.

 

ic666 firma
Iconoclasta

Qué hermosa intimidad
con la madre noche
cuando el planeta duerme
y yo fumo.
Cuando el planeta despierta
y cierro los ojos a la luz,
negándola.
Soy oscuro, soy noche,
mi propio sueño tangible
milenario y ancestral.
Una erección lunar
una sangre maldita
una piel oscura y doliente.
Después de tanto tiempo,
de tanta lucha,
tantos años…
Oscuro y oculto
la más grande y discreta
íntima libertad.
A salvo de envidias
de dioses y gusanos.
Oscuro y oculto…

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Iconoclasta

Ella duerme con esa piel tan caliente, con sus pesados pechos rozando la piel del vampiro, con las piernas entrelazadas tentando a su señor cruel.
Y él intenta romper su sueño y su descanso. Someter su conciencia a su voluntad.
Los dedos del sin nombre siguen y resiguen con insistencia las tiras de un tanga que convergen en un coño hambriento, un sexo húmedo y dormido que espera la caricia que lo ahogue en sus propios humores. La tela es un medio por donde circula el placer, lo amplifica, crea la expectativa, anticipa lo inevitable. Cuando se aproxima a las ingles o a su inmaculado pubis rasurado, la respiración de la hermosa se convierte en algo audible. Su coño exige más oxígeno y sus pezones más sangre para endurecerse.
Los dedos del vampiro tiemblan abriéndose camino entre las sábanas, buscando la piel, la suave carne de la vagina trémula y ardiente que palpita en la oscuridad y alcanzar la seda de los muslos internos, que pretendiéndolo, aplastan una vulva ya exaltada, jugosa y anegada de lujuria.
Es una violación impune en la noche, la invasión de una vagina indefensa ante lo nocturno y el sueño. Es posesión casi predatoria en la oscuridad.
Una violación que el instinto permite, que busca…
Algo atávico.
Orgasmos nocturnos, robados, vampirizados en el silencio de la madrugada, en las respiraciones oníricas.
Orgasmos sin luz ni conciencia.
Placeres que emanan de pliegues íntimos creando temblores incontrolables en las extremidades, desde un clítoris secreto que palpita cuando la conciencia duerme.
Escalofríos de una fiebre incontenible que agitan en un espacio que no hay, (los cuerpos están cosidos entre sí con suturas de deseos y fibras nerviosas) los brazos y las ingles en una agonía pornográfica, silenciando gemidos de placer para ocultarse a la conciencia. Ignorando lo que duerme y lo que invade; no hay control de las manos que se crispan, de los dedos que empujan a la mano invasora más adentro.
Más…
Está poseída.
Apenas rozan las yemas calientes y rudas los labios entre los muslos apretados, hambrientos de recibir castigo; cuando se le escapa el aire en un exhalación prolongada como un desmayo.
Se vampiriza el deseo, robando la voluntad y saciando el coño lenta y metódicamente; provocando un sismo que derrota el control de los brazos y las piernas.
Es una lujuria que anida descarada entre la nocturnidad llenando los oídos con jadeos difícilmente contenidos que solo la bestia puede percibir, amplificados en un glande resbaladizo a punto de estallar.
El vampiro convierte el aire de la madrugada en una niebla profunda preñada de un placer narcótico.
Sexos derramándose sin apenas un roce, la noche y sus pieles ardiendo.
Un vampiro hambriento e impío… Su pene rozándose con ella, latiendo…
“El coño es una víctima sin voluntad y mi pene una estaca temblorosa derramando un semen retenido durante una eternidad en unos cojones inflamados, colmados…”
El vampiro se arranca la ropa y con un puño que duele sacia su hambre derramando una lefa en las sábanas. Una marea blanca y espesa que empapa sus propios dedos, los testículos y la piel deseada allá done la toca.
El semen se enfría al tiempo que vampiro y víctima regulan su respiración para entrar en un sueño profundo.
La conciencia se siente engañada, algo se le ha escapado a su control, la vagina está tan empapada…
Una gota tardía de semen casi transparente, se desliza placenteramente del falo del innombrable al tiempo que sus párpados se relajan y la mano se hunde en el negro cabello que le condena a la luz y a la oscuridad.
Y todo está bien, el sueño no puede impedir lo inevitable, jamás pudo.
Bendita sea la condena de los seres de la noche.

 

Iconoclasta