Posts etiquetados ‘sordidez’

Acto 1°

Nuestro amor es la verticalidad profundamente clavada en la vida.

Los ojos que lloran sangre vieja configuran con precisión angular la horizontalidad de la muerte.

 
Acto 2°

La vida muerta es el último suspiro y dura hasta que los pulmones se asfixian de espanto y muerte. Y es eterna.

La vida bella es un pezón erizado durante el gemido lácteo que chapotea indecente en nuestra cópula. Dura un nanosegundo.

 

Acto 3°

La muerte absoluta es el cadáver que suspiró hace unos segundos. La rigidez será inexorable.

La dulce vida es un semen que se escurre perezoso de tu vagina aún palpitante.

 

Acto 4°

En la habitación de al lado hay un cadáver.

En la habitación de al lado de la del cadáver, sonreímos y susurramos banalidades abrazados.

 

Acto 5°

Amar es el acto vertical de crueldad y exclusión más bello.

Morir es una intrascendencia horizontal que no importa a los amantes verticales.

 

 

ic666 firma
Iconoclasta

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Un hombre averiado def

Primero fue con una sonrisa,
los dientes se desprendieron.
Y ahora…
En su sangre hay clavos oxidados
desgarrando el corazón con cada latido.

Las máquinas de los médicos se rompen
filtrando el hierro hiriente y alguno
se ríe indecente ante esa suerte.

Su orina es óxido rojizo, su puta polla
se desintegra en escamas como
un tubo infecto de hierro podrido
clavado en las pútridas alcantarillas.

Aconsejan amputar; pero
el rabo se desprenderá solo.
¿Para qué más dolor?
En algún momento se averió
y no hay repuestos, no hay mecánicos.
Está abandonado.

Lágrimas de mercurio descienden
pesadas y letales a la comisura de los labios
y lo envenenan y lo matan.
Dolor al dolor…

No hay filtros depuradores para
el tóxico llanto de la imposibilidad,
tan solo le recetan colirios con mierda.

Los oídos son dos láminas de hojalata
melladas y peligrosamente afiladas
cortando todas las palabras
las bellas y las feas, quiera o no.

Unos audífonos creaban chirridos
que lo llevaban a la insania y licuaban
sus sesos y el cráneo que los contiene.

Sin quererlo sus caricias llagan
carnes amadas que profieren llantos
por los insondables daños de la incomprensión.

Y los guantes se rompen sin dar
solución al acto del cariño.

Sus hijos nacen muertos,
tornillos en los ojos y la boca,
desencajadas las bisagras.
Y uno que vivió unos segundos,
mordía con la paranoia del dolor
la teta que mamaba y al morir,
sus encías semejaban golosinas de sangre.

No hay antídoto que neutralice
la ponzoña que anida en sus cojones.

Los amores se funden y sus cadáveres
son escoria flotando en el magma rojo
de lo inconsolable y desesperante.

Y los psiquiatras recetan decapitación.

A pesar de ello, no siente demasiados
deseos de morir, aunque así vivir
es en definitiva morir al cuadrado.

Se limita a funcionar como aún puede,
un viejo juguete con la cuerda agotada y
los brazos arrancados por un malévolo niño.

Solo la tristeza y la soledad funcionan bien
muy bien. Perfectas.
Y piensa que hay que joderse.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Brindo por los no natos

¿Se puede brindar por los no natos?

Porque por ellos sí que vale la pena una sonrisa.
Una sonrisa triste y rasgada como un vientre acuchillado.
Como una garganta cercenada que no sabe que ríe.
Y solo sangra.

Los que no nacieron, nada pudieron hacer.

No molestaron.

Es absurdo, tanto como creer en hombres con alas, centauros y unicornios.

Los que no nacieron, sus restos, vagan por alcantarillas. Sus sórdidos ataúdes son condones sucios y apestosos.

Brindo por los no natos y su absoluta inocencia.

Brindo por su triste falta de oportunidad.

Y por los que salieron de su madre y murieron al nacer, sin siquiera abrir los ojos y recibieron muertos el abrazo maternal.

Pálidas tetas plenas de leche no encuentran un bebé donde vaciarse.
Y lloran en blanco.

Es un terrible brindis; pero sincero y duro como la muerte.

Penes tristes y goteantes de cadáveres en láctea suspensión, condones rotos, tetas inconsolables y vaginas que supuran la esterilidad de un semen que no llega a donde debe, son los invitados a la fiesta de los no natos.

Nadie soplará velas porque no hay.

No son necesarias, nadie quiere la vergüenza indigna de soplar a lo que no nació.

Nadie puede soñar con ángeles y unicornios cuando el coño trémulo y cansado ha parido un cadáver.

Un brindis por todas las penas, las que no nacieron.

 

ic666 firma
Iconoclasta

¡Oh puta entre las putas!
Tus mamadas son grandiosas, me arrancan la leche y la sangre dejándome vacío. Hacen débiles mis huesos.
Y provocan mil blasfemias, donde la virgen recibe un sagrado rabo meándose de placer.
Sé que tu boca vale más que trescientos cincuenta pesos. Tu arte no tiene precio, puta.

¡Oh, ramera, naciste para esto! No necesitas amar ni ser amada, tu vanidad basta para que me destroces la polla con lengua, labios y dientes.

No haces ascos, no temes.
Si tuvieras hijos serían presidentes, escritores, artistas, jueces…
Si no tuvieras una matriz tan podrida…
Te ríes cuando te llamo zorra. Eres una delicia, mi puta. Por trescientos cincuenta pesos rompes la monotonía que destroza mi ilusión convirtiéndome en un pene triste que escupe su lefa sin alegría.
Contigo el semen brota como cuando tenía dieciséis y ya han pasado dieciocho.
Trescientos cincuenta pesos y va incluida alegría y buen humor. Si no fuera un pobre de mierda te pagaría tres veces más.
Si no fuera porque mis hijos tienen que comer, al menos mañana, te abriría la boca y te haría tragar otra vez lo que hace pesados mis cojones.
Me perteneces, eres mía en estos minutos que tu increíble boca da placer a toda esta carne entre mis piernas.
Provocas dolor dentro de mis huevos cuando me corro. Es tanta la presión que provocas en los cojones…
Estoy seguro que si durmiéramos juntos, el hechizo se iría a la mierda, como ocurrió con la madre de mis hijos. Tiene una boca cuidada y limpia, no fuma; pero es aburrida como el puto dios que la parió.
Y tu coño… Es tan prieto, tan tenso. Si pudiera pagar más, te la metería sin condón más a menudo.
Es tan prieto, tan tenso…
Quien lo diría, con las vergas que te han clavado.
Las putas sois tan especiales…
Ojalá mi madre hubiera sido una puta como tú, porque ahora sería un cochino presidente o un juez como esos subnormales que van disfrazados por los juzgados, así podría meterte diez mil pesos en tu puta boca de puta ramera, puta, puta, puta mojados con mi semen.
Soy un asqueroso pobre, ramera. Y por unos segundos tu boca y tu coño eficientes son míos.
Si no tuviera hijos o no comieran, te daría más dinero para pagar los pezones que te arrancaría con los dientes.
Pero estos trescientos cincuenta, es lo que he ganado en estos tres días en la obra. Date cuenta cuanto te valoro, cuanta admiración… Vales más que el hambre de mis hijos y la de mi patética esposa.
No te puedo pagar más tiempo, puta.

Juan Greco Zamora hunde una vieja navaja oxidada y sucia entre las costillas de la puta, el aire que escapa por la herida es como el de un neumático pinchado. Se encuentran bajo las oscuras escaleras de un bloque de apartamentos sucios y ruinosos, en un barrio bajo de Puebla.
La puta no puede separar la cabeza de entre las piernas de su cliente, una mano ancha y fuerte de piel sucia de cemento, mantiene su nuca inmovilizada contra esos cojones que huelen a orina y sudor. Se ahoga con el pene, con el semen que baja por la garganta y la sangre que sube de su pulmón reventado. Son las últimas cosas que percibe Evangelina antes de que su boca se llene completamente de sangre. Tiene treinta y cuatro y hace quince que es puta barata. Especializada en mamadas rápidas, muere también rápidamente con una polla en la boca y trescientos cincuenta pesos metidos en el sostén blanco y sucio.
Así mueren las putas: con las pollas puestas.
Una vida de mierda y una muerte igual. Es de risa…
Cuando Juan llega a casa, su mujer le pide dinero para comprar huevos, él le dice que no le han pagado. Mañana…
Toma a su parienta por los hombros y la dirige a la mesa, donde la obliga a postrar el pecho. Le levanta la bata, le baja las bragas y le mete el pene sucio de sangre en el coño. Ella jadea desganada y aburrida. Él eyacula silenciosamente y los dos pequeños juegan en el suelo con las colillas de un cenicero, no prestan atención a la follada.
Cenan gelatina y se van a dormir muy pronto.
A la puta muerta la descuartiza un forense en una especie de matadero con azulejos que jamás serán ya blancos.
Y a la mañana siguiente no habrá variado absolutamente nada; porque otra puta ocupará la vacante del portal y Juan Greco Zamora, un mediocre peón de albañil que no es hijo de una ramera, comprará carne de puta cuando vuelva a cobrar su jornal de mierda por ser analfabeto.
En otro lugar de México muere una cantante y cientos de miles de seres lloran su muerte y otros piden justicia por la muerte de un periodista.
Es de risa…

 


Iconoclasta