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No soporto a ningún político sea de la secta que sea, aunque al final todos son fariseos.
No importa si están libres, encarcelados, torturados o ejecutados. Los odio de una forma vehemente, con saña.
En este momento no podría mencionar un político muerto; me es indiferente la muerte de cualquier individuo de esta especie. Sinceramente, cuando uno muere si me lleva a algo es al optimismo: uno menos.
No me voy a arrodillar para hacerle una mamada al hijoputa que me ha jodido toda la vida, al que me ha querido hundir aún más cuando he estado mal y al que piensa dañarme y robarme próximamente.
Mira, el mejor político es el muerto, porque se escriben numerosas hagiografías de él (mentiras glorificantes, literatura para subnormales) y así pasa a ser una especie de santo o mártir en el imaginario de la chusma.
Un político que sufre o muere, jamás compensará el daño y el robo cometidos desde que nací (porque me importa el rabo de la vaca lo que ocurrió antes de mi existencia).
Han intentado acabar conmigo desde que nací (políticos y sus instrumentos de poder): exijo que mueran a cientos, incluso su descendencia.
El político va contra mi libertad, mi trabajo e insulta de una forma continua mi inteligencia: que muera será motivo para que yo pueda aspirar una bocanada de aire más sano.
Pero la verdad es que cuando uno muere, me importa tan poco que ni siquiera me acuerdo de sonreír.
La peña que se manifiesta por ellos y los aprecia, padece de ese taedium vitae tan propio de los indolentes de la clase alta de la Roma clásica. El rebaño bosteza y se asusta al ritmo de sus amos, los políticos.
El político se merece la muerte como pago al mal que me ha hecho, la libertad robada y la humillación de haber nacido en el repugnante momento y lugar que han creado y perpetúan.
Si Kennedy (el que se follaba a la Marilyn Monroe) hubiera sido asesinado en este tiempo, con toda la mediática comunicación y redes sociales que hoy existen, hubiera escrito: “Joder… ¿Por qué coño no mataron antes de nacer al putañero? Me duele la cabeza, callad ya hijos de puta”.
¿Políticos muertos? Sí gracias.
Es un sueño (no puede hacer daño) y un buen, justo y honrado lema.
Los hay que aman y los hay como yo: odiadores profesionales.
¿Verdad que es hermosa esta diversidad social de mierda?
Si yo tengo que tragar, que traguen otros también. La democracia es muy puta.
Mierda para dios y para ellos (políticos).

Iconoclasta

Las palabras son pobres para expresar el rechazo, la repulsión. Pueden llevar a engaño, a ser demasiado ambiguas a pesar de la claridad con la que se apuñala con ellas.
Hay diccionarios que recogen el acervo cultural de los ignorantes y acopian palabras que sirven absolutamente para nada, solo son expresiones de analfabetos con una pretenciosa ambición de ser neologismos. Los hay de citas, que aunque no den satisfacción, te hacen parecer culta. Hay diccionarios de todo tipo, seguramente se puede comprar uno que no servirá absolutamente para nada, salvo para taparme la cara ante el asco que siente al verme.
Pero si pudiera, me comería el coño ahora mismo y todo el asco que me tiene me lo metería con su glande en el culo sin piedad. Yo me dejaría, pero sin demasiada alegría.
Hay medios atenuantes para evitar sentirme infectada por la repulsión que siente hacia a mí.
Puedo imaginar chistes obscenos, hablar de banalidades o ver una película en silencio para no soportar todo ese asco que me tira a la cara y darle tiempo y lugar para que se pueda expresar con quien ama y desea con más intimidad.
No es por bondad, ni por ser tolerante y comprensiva con su nuevo amor de mierda, es para tener algo de comodidad en medio de toda esa repulsión. Llegados a este punto todo está acabado, es un proceso imparable y cuanto menos molesto sea, mejor.
El lenguaje, para la cuestión del asco y el rechazo, carece de suficientes recursos.
Hay una serie de consoladores rotativos, con perlas que frotan los labios vaginales, que te distraen deliciosa y tiernamente de ese asco que siente; no son muy caros y me quieren. Es que uno solo es aburrido y ya está viejo el que tengo.
Las palabras a veces son mentirosas, ofensivas, hirientes y siempre superfluas, es muy difícil que revelen lo real. Podrían considerarse un berrinche pasajero.
Nunca alcanzarán la intensidad y la sinceridad que produce el contacto con la piel de quien siente asco.
Es un proceso simple, pero te pringa los dedos y los labios como una brea que no se puede quitar aunque se froten las manos desesperadamente con arena.
Un beso en la mejilla y sus lágrimas se derraman como si fuera violación, acaricias su piel y sus músculos se crispan.
Ya no es esa piel que le besa la que deseaba. En el mercado de los fracasados siempre hay pieles mejores que elegir.
Ahí, en ese instante de llanto y tensión, hay que pensar seriamente en que el amor se ha ido a la mierda, o mejor expresado, ha encontrado otra simpatía, otras risas y otro placer.
Cualquier palabra es infructuosa y patética.
Hay esmaltes de uñas preciosos que te mantienen un rato distraída de tanta repulsión. Mucho asco, pero clava su mirada en mis pezones duros sin disimulo.
En ese mismo instante en el que sus lagrimitas se escapan tras el casto beso, comienza a aflorar mi vergüenza por haber amado ese ser que ahora se ahoga en asco al besarle, al hablarle, al acercarme… En todo momento.
La vergüenza de que su nuevo amor se fraguó ya meses atrás, cuando yo le comía la polla y él soñaba que era la boca de la otra.
No es suficiente y hay que realizar otro test de repulsión.
Acme (la de los inventos del Coyote y el Correcaminos) los vende baratos y son bastante fiables; pero si la economía va un poco deprimida y por el mismo camino que el amor, hay un recurso más sencillo, aunque es sucio: el abrazo.
La prueba de fuego es el abrazo: cuando su cabeza se mantiene rígida y lejana para que no llegue mi beso, cuando su cuerpo se endurece y parece que es madera, algo ajeno a mí, a lo que un día fue; resulta positiva de repulsión.
Es algo lógico, era de esperar tras el primer llanto por un beso en la mejilla; pero hay que pasar por ello antes de enviar a la mierda “tantos años o meses de amor”, hay que asegurarse y untarse de esa mierda que su piel despide: repulsión, asco, rechazo, pena, soledad…
El beso en los labios ya no se debe intentar, porque sería tomar veneno, cosa que es innecesaria y excesiva cuando te has intoxicado con su asco. Es mejor que el beso se lo dé quien le ama de verdad y no enfermarse más, que tome sus putas maletas y salga de una vez por todas con su repulsión a que otra le chupe los cojones.
En medio de todo ese asco, lo más saludable sería follar, no es inverosímil, puede ocurrir. Por eso quiero mis tres dildos de diferentes tamaños.
A veces los que ya no se aman copulan como medida de tregua, sin esperanza; tragándose todo el asco que sienten, por la polla o por el coño. Es algo meramente funcional: hay que vaciar los huevos e hidratar la vagina; eso sí, siempre pensando en el nuevo amor y que todo ese placer es un mal trago por el que hay que pasar. No follarán mucho, pero es mejor que un beso que deja sabor a mierda en la boca y en la piel.
Los hay que siguen follando a pesar de que ya están con aquella piel que no les repugna, por algún motivo, sienten la necesidad de enmugrarse follando y recordar los viejos tiempos del asco y la miseria; pero los deficientes mentales no son ejemplo a seguir.
La repulsión no es una palabra, no son mil deseos, no son gritos ni llantos. No son onomatopeyas.
La repulsión anida en su piel y solo se siente en toda su magnitud cuando la mano hace contacto, cuando los labios se cuartean resecos tras un beso que solo ha llevado a un llanto y una tristeza infinitas.
Así que mientras él siente toda esa repulsión y asco, mejor entro en la página de Acme y compro una sex-machine, que es una especie de taladro con un pene doble (anal y vaginal): viene con un trípode y solo has de agacharte un poquito acercando el culo con el control en la mano, lo hace todo.
De verdad, que esto de ser repulsiva, me preocupa mucho.
Bip-bip.

Iconoclasta