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La maldad

Mi hijo duerme tranquilo ahora en la cuna tras tomar el biberón. Mi esposa también duerme en nuestra habitación. Era mi turno de atender al bebé. Apenas tiene aún tres meses; pero reconozco lo que es: un humano más.
Las madrugadas y el malhumor de tener que despertar para atender a mi hijo, me llevan a pensar cosas sombrías.
Cuando llora siento deseos de tomar su manita entre las mías y romperle uno de sus deditos. O arrancárselo. Me irrita el llanto de mi hijo.

 

¡Ah, la maldad!
El mal (la maldad) como ente no existe más que en la literatura, el cine, la superstición (religiones de cualquier índole) y en la ignorancia popular.
El mal como ente, como corriente maligna que lleva a la dominación, tortura, asesinato, robo y usura es solo una creación mitológica para justificar las crueldades de los que están en el poder y así poder perdonar a otros hijos de puta (sus sicarios), ya que todos podemos caer víctimas de la maldad que cubre la faz de la tierra en constante lucha con el bien de mierda.

Tengo una navaja de filo dentado y acaricio la barriguita del pequeño, me tranquiliza saber que puedo destriparlo y esperar a que despierte su madre y acuchillarle los ojos también.

En el planeta no existe la maldad como epidemia o microbio del aire.
Solo hay malos. Malas personas envidiosas. demasiado pendientes de lo que otros tienen o hacen.
No solo es malo el tirano (la tiranía no es un acto de maldad, es un acto de un hijo de puta), son malos los muertos de hambre que gobierna, los que le comen la verga con fruición para recibir un favor de su amo. Y eso mata a otra gente: a sus vecinos a los que deben dinero o ganan más que ellos.
Y tirano es cualquier juez que ejerce su poder, una narcotraficante, un presidente de cualquier país, un empresario ambicioso hasta la enfermedad o la banca.

 

El bebé arruga el ceño por algún malestar de la digestión. No quiero que el pequeño asqueroso llore y estropee el silencio de la noche.
Intento serenarme; pero no puedo evitar darle un pequeño golpe en la cabeza con la mano. Sorprendentemente, solo se ha movido inquieto en la cuna y no ha llorado.

 

Hay quien habla de la maldad como si fuera algo ajeno a la humanidad y ésta fuera víctima de ella. Es lógico que inventaran un dios para protegerse del diablo. El ser humano es esencialmente animal, un animal medio domesticado por otros con un poco más de cerebro. Así que ante tanta violación, robo y asesinato que perjudicaba la riqueza del amo de los más pobres, se acordó crear la maldad como responsable de tanta mierda.
Pones a rezar a los hijos de puta y que se crean santos de mierda. Con eso ya los tienes medio controlados. Judíos, cristianos, musulmanes, taoístas… Solo es cuestión de tomar una muestra de cada superstición para observar los ojos sucios de la hipocresía.

 

Mi hijo será otro de tantos, a lo mejor si tiene suerte se convierte en alguien con cojones que reconoce lo que es; pero me temo que los genes de su madre han estropeado esa opción de parecerse a mí.

 

Definitivamente, la única forma de extinguir la maldad es erradicar con fuego y radiactividad todo rastro de vida humana. Verás que limpio queda de mierda el planeta en unas semanas.
Años atrás, afortunadamente, había cierta mortalidad de bebés al nacer; pero eso se ha perdido. Ahora nace todo y mueren pocos.

 

El bebé arranca a llorar: lo zarandeo y le abofeteo la cara, le grito que es un pequeño asqueroso y le pongo la punta de la hoja de la navaja bajo un ojo. Si se mueve, bruscamente será su culpa.
“¿Qué le pasa a David? ¿Por qué gritas?”
Pregunta mi esposa desde la puerta de la habitación, solo lleva bragas y el vello de su coño asoma por ellas. Sus tetas están aún enormes y pesadas de leche. Me gusta follarla así.

 

Así que menos plegarias para pedir la paz y la armonía, porque esas cosas son alérgicas a los humanos. El hecho de que se manifiesten contra las corridas de toros y disfruten con los ojos felices de las fiestas del orgullo homo, no los hace buenos; simplemente están desesperadamente aburridos.

 

Cuando enciende la luz de la cabecera de la cuna, observa la mejilla enrojecida de David y tal vez algún daño en el cuello por la bofetada. Me grita que soy un hijo de puta.
Le pego un puñetazo en el vientre, le arranco las bragas cortándolas con la navaja y le doy un puñetazo en la boca con el dorso del puño. Le meto la polla, ahora que está aturdida y tirada en el suelo. Muerdo sus pezones mientras la embisto una y otra y otra y otra vez; quiero que le duela.
Yo la jodo y el bebé de mierda llora. Precioso.
Le digo a mi esposa que no es mi responsabilidad el bebé, yo no quise ser padre. No quiero atenderlo. Está de acuerdo, ha asentido con la cabeza mientras de su coño se escapa mi semen (me siento macho absoluto), de su boca sangre y de sus ojos lágrimas. Y así, goteando mi leche, se ha incorporado y ha tomado al pequeño en brazos, el bebé ha callado y respira tranquilo. Seguramente no hay daño alguno en el cuello. Ha tenido suerte.

 

En el mundo no hay maldad, solo una cantidad pornográfica de hijos de puta.
Yo no soy maldad, soy simplemente malo, porque quiero, porque me gusta, porque me la pone dura.

 

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Iconoclasta

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Jodiendo

¿Y si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen?
Tantos seres reproduciéndose sin control…
Los humanos como plaga.
La mediocridad eternizada sin que nada pueda detenerla.
Una blasfemia que me haría vomitar.
El acierto de las religiones no reside en la bondad y el amor predicados.
Reside en el mal, en su continua enumeración de delitos y pecados.
Las religiones piden violencia, dolor, abuso y muerte para poder condenar y castigar.
Porque el premio es post-mortem.
No importa, estoy yo, estamos nosotros para corregir la falsedad, la falacia, la ignominia de una bondad que nace de los cerebros blandos e inefectivos.
Cuando te follo, hay momentos en los que me siento metafísico, estar dentro de ti es el mundo sin errores, sin asco.
Y así, mientras mi falo hace su trabajo en tu boca, en tu coño y en tu piel. Yo sueño que te jodo encima de una montaña de cuerpos moribundos y muertos.
Que mi semen gotea por tus nalgas sobre rostros cadáveres y rostros que agonizan de dolor y miedo.
Que miro el mundo con el ojo ciego y cerrado de mi glande supurando deseo.
Rostros muertos y rostros gimientes.
Si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen; la humanidad tiene una esperanza de no convertirse en rumiantes: Tú y Yo.
Yo dentro de ti bombeando en tu coño mi amor y hostilidad innata. Te llamo puta jadeando con baba colgando de mis labios.
Y tú gritándome: “¡Párteme en dos con la polla, hijo de puta, animal!”.
Y ellos agitados por el movimiento brutal de nuestra cópula, los muertos y los que han de morir.
Y ante los sanos, los saciados, los bondadosos; dejando caer sobre sus bocas satisfechas mi leche y la baba de tu coño espesa y obscena.
Somos el obsceno reducto de la dignidad humana. Los guardianes de los más primitivos instintos.
Semen, fluidos y jadeos se derraman sobre la faz de la bondad y la maldad.
Sin importar quien vive o muere.
Quien sufra o goce.
Quien llore o ría.
Somos el contrapeso amoral de toda ley o norma.
De toda adocenada bondad farisea.
Benditos los hijos que no nacerán de nosotros.
Yo te jodo sobre muertos y vivos.
Tú gimes y te arqueas sobre pieles frías y enfebrecidas por la muerte que avanza como una sanguijuela ávida.
Derramamos la leche estéril de la ira y la animalidad que nadie quiere.
Solo nos espera la muerte, jodamos.
Jodámoslo todo.

 

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Iconoclasta
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“Te cubriré de oro y joyas, de piedras preciosas engastadas en gemidos lascivos, bañadas de dulce y espesa sangre.”

Ciudad Vieja de Jerusalén. Donde inicia la comercial calle Jaffa, en un pequeño local interior; un orfebre joyero pule y da brillo a las piezas que ha tallado y moldeado en su taller. Tiene que detenerse a menudo para secarse las lágrimas de los ojos y calmar el temblor de las manos.

“Dos finos anzuelos de oro traspasarán los labios de tu coño, unidos con cadenitas prendidas a dos esclavas en tus muñecas.
Que cuando tus manos se alcen tu vagina se abra como una orquídea ante mí, para mi boca, para mi corrupto bálano goteante…”

Aquel día, hace siglos, hace apenas doce días; sus hijos al llegar de la escuela le preguntan dónde está mamá. Les miente que ha tenido que tomar repentinamente un vuelo a Ámsterdam: el abuelo se ha puesto muy enfermo.

“Coronas de diamantes y rubís con finas agujas de platino en su interior para tus pechos, para coronarlos. Que las areolas y los pezones asomen por encima de toda esa riqueza con soberbia. Y lamer la sangre que manará suavemente por tu pecho y abdomen por cada embestida que pegaré en tu coño, agitando violentamente así tus tetas coronadas.
Te mortifico… Te odio y te amo…”

La cabeza de su esposa cuelga del techo tal como le indicó aquel engendro, no la ha descolgado. A aquel ser le acompañaba el olor a descomposición de la carne. La fetidez de la maldad absoluta. Entró en el negocio familiar, saltó con tranquilidad sobre el mostrador de la tienda, tomó a su esposa por el cabello y con un hacha que sacó de la cintura del pantalón decapitó a Batiofi antes de pronunciar una sola palabra.
Como si hubiera entrado… No, simplemente irrumpió en su cerebro, lo obligó a no llorar, a no gritar. Se sintió sucio por dentro, quería lavarse la sangre.
Le bloqueó el alma y el cuerpo en una exhibición de hediondo poder.
Quería evadirse de ese horror absoluto que es estar prisionero en un rincón de tu propio cerebro.
Y prestó toda la atención del mundo a lo que 666 le exigió.

“Un espéculo bucal de acero con diamantes engastados para inmovilizar abierta tu boca y follártela.”

– Eres Guibor, el mejor orfebre de Tierra Santa. Lee este poema. Quiero que fabriques cada uno de los objetos que enumero. Si en dos semanas no lo has conseguido, decapitaré a tus hijos en la escuela, en hora de recreo, ante todos los primates. Y luego te arrancaré la piel del cuerpo y no dejaré que te desmayes. Pregunta a tu Yahvé, si no me crees.
Y toda la familia os pudriréis de dolor y miedo en el infierno. Y el infierno soy yo.
Y soy eternidad. No habrá descanso a vuestro dolor y sufrimiento.

“Un fino cilindro de plata labrado en basto para llenar tu ano palpitante cuando gozas.”

Guibor observa aterrorizado el 666 escarificado en carne viva y siempre sangrante en el antebrazo de Satanás.

“Gruesos cordones de platino ceñidos a tus muslos y sujetos a cadenas y argollas de titanio placado en oro, para que no puedas cerrar las piernas, para que el agua de tu coño corra libre en todo momento.
Pornográfica y suciamente abierta a mí.”

– Puedes fundir todo este oro y platino y usar las piedras necesarias. Son viejos tesoros, algunos con miles de años de antigüedad -le dijo 666 dejando sobre el mostrador una vieja mochila de lona repleta de joyas.

“Una pinza de oro en el clítoris para aislarlo y sensibilizarlo. Y desesperes cuando sople en él todo mi deseo y toda la maldad que te ama.
Una máscara de plata esmaltada en negro. Con los ojos ciegos para que no puedas ver los abusos que cometo en tu cuerpo y en tu mente.
Una jeringuilla damasquinada para que el dolor se convierta en libidinosa paranoia. La clavaré en una de las palpitantes venas de tus pechos coronados y la heroína y YO seremos sangre hirviendo en tu coño, pulsando con dureza en tus pezones.
Y yo… Yo me estrangularé el pene con una vieja cadena sucia y oxidada hasta casi gangrenarlo, cuando escupa mi semen en tu boca abierta sin piedad.
Esta es la riqueza y el placer que te prometí. La que te ofrezco con el glande dolorosamente henchido de sangre.”

Te quedarás con lo que sobra y tú y tus hijos Idan y Jadash conservaréis la vida. Es el precio de tu trabajo.

La Dama Oscura se golpea el clítoris con cada palabra que 666 recita de su Oda a la riqueza y al placer negro.
Con los dedos separa los labios de la vagina y orina ante los pies de 666. Toma de un clavo de la pared de la cueva un antiguo aro de hierro de una cámara de tortura inquisitorial y lo cierra en el bálano duro de su Ángel Caído.
666 ruge con una ira feroz y con él, hacen coro con bramidos de terror las almas condenadas que padecen eternamente en el infierno; creando así el más espantoso de los coros que cualquier criatura creada por Dios pueda soportar.
Porque las almas temen que un nuevo dolor se sume al que padecen.
Si pudieran morir…
Toma con violencia la negra cabellera de la Dama Oscura y la obliga a mamársela.
Ella vomita y él eyacula.

Guibor llorando y soportando el dolor de la muerte de Batiofi, se apresura en su trabajo con la esperanza de salvar la vida de sus dos hijos.
A pesar de que Yahvé, mediante el ángel Etienel, le comunicó que 666 los matará y arrastrará sus almas al infierno.
Y Guibor pensó entonces que no tenía otra cosa que hacer antes de morir.
Y en porqué su Dios no los salvará.
La verdad le ha sido revelada y en silencio clama la blasfemia: porque el verdadero Dios es 666.
Su credo se ha venido abajo. Todas las promesas y amenazas que le inculcaron se han quedado tan muertas como los ojos de su amada Batiofi cuya cabeza decapitada se balancea sin ser necesario y su rostro ya putrefacto, parece vivo de sufrimiento.

666 sentado en su trono de piedra, acaricia distraídamente el monte de Venus rasurado de su Dama Oscura que reposa con desidia en sus piernas.

Es la noche del decimotercer día. Guibor envuelve los objetos fabricados y los coloca dentro de la mochila con una Estrella de David rota, bajo la cabeza de su esposa.
Sube a la habitación de los niños y los mata de un tiro en la cabeza. Luego se mete el cañón de la pistola en la boca y es el fin del mundo.

666 sonríe, su encargo se ha realizado con puntualidad.
– Mañana te coronaré con semen, placer y sangre Emperatriz del Infierno, mi oscura puta.
Ella sonríe y aprieta sus muslos excitada.

Siempre sangriento: 666
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Me encantan esas largas y profundas felaciones que están de moda en el porno. Cuando la puta se mete la polla en la boca tan profundamente, que siente arcadas y le salen los mocos por la nariz. Y lo mejor es cuando se sacan toda esa carne de la boca y se les escapa una catarata de babas con los ojos llorosos.
Me pone la polla muy dura. Si una mariposa me rozara el glande en ese momento, me correría.
Marco el número de Dominic, una puta albanesa que no se llama así. Es barata: cincuenta euros con transporte incluido por cuarenta y cinco minutos para que se la meta por el coño o por el culo. O bien me hace una paja con mamada.
Una mamada sin condón y tragando la leche son diez euros más.
Ha llegado. Al abrir la puerta le digo que quiero que me la coma sin condón.
No la saludo porque a las putas, cuanto menos les hablas mejor trabajan.
Le doy el dinero y le indico que pase al salón.
– ¿Quieres que me desnude, rey?
Le digo que no me llame rey de mierda, ni nada. Que me basta con que deje las tetas desnudas.
Me gusta el roce que hacen los pezones en las piernas cuando me la chupan.
Me siento en el sofá y Dominic se arrodilla ante mí.
Debe rondar los cincuenta mal llevados, el maquillaje no puede cubrir tanta miseria y su nariz de boxeadora dice claramente lo mucho que le gusta la coca.
Sus tetas no valen nada; pero estoy caliente y no me molesta especialmente.
Las putas con tetas operadas o trabajadas en gimnasio son tres veces más caras y más estúpidas follando y mamando.
Con las dos manos empujo su cabeza hasta que la polla entera desaparece en su boca y siento sus labios calientes rozar mi rasurado pubis.
Manotea intentando incorporarse porque se ahoga; pero soy demasiado fuerte.
Fuerte y macho.
Intenta gritar pero solo consigue emitir mugidos roncos que excitan mi pijo cosa mala.
Se convulsiona, sus ojos parecen los de un hámster cuando lo estrangulas. Se le escapan las lágrimas creando ríos negros en su rostro.
De niño estrangulé seis hámsters, me encantaba ver sus ojos que parecían saltar de sus cuencas al oprimir sus cuellos. Hace décadas que no estrangulo hámsters.
Su rostro empieza a estar amoratado. Pensando en lo difícil que sería sacar de mi casa un cadáver sin ser visto, la puta consigue incorporarse solo un poco, se arquea agónicamente y consigue vomitar. El repugnante olor me provoca náuseas.
La arranco de mi polla tirando de su pelo y deja ir otra bocanada de vómito.
La llamo cerda y le pego un puñetazo en el vientre.
Cuando se dobla y cae de rodillas, le doy una patada en un costado.
Le digo que se largue por puerca.
Y le aviso de que si grita al salir de la casa, si forma escándalo, la meto en la cocina y le arranco los pezones con un cuchillo.
Dominic se pone la blusa por encima sin abrochársela y se larga presurosamente conteniendo con las manos en la boca un llanto.
Tengo vómitos en el pantalón, en la camisa, en las manos. Vómito que me baja por los cojones y entre las ingles.
Y la tengo tan dura y caliente…
Me masturbo y me corro justo en el charco de vómito.
Pienso en la suciedad y la sordidez. El sexo es sucio por idiosincrasia, los coños y las pollas se usan para mear y ambos están muy cerca de los anos.
Sea por amor o por dinero, acabas oliendo y saboreando orina y mierda cuando follas.
Tal vez sea eso lo excitante: la escatología de amor o dinero, placer, orina y excremento.
Si le sumas lo regurgitado, la fiesta es grandiosa.
Limpio, meto la ropa en la lavadora, me ducho y salgo de casa encendiéndome un puro.
Entro en la iglesia cuando lo he acabado.
Hay quien va al parque a pasear o relajarse sentado en un banco.
Yo no creo en dioses, santos o vírgenes de mierda. Me gusta el sonido de las iglesias sus ecos, las voces de los curas que intentan ser creídos y su olor a cera e incienso.
Tomo asiento en la zona media porque no me gusta ese instante cuando un crédulo abre la puerta y deja entrar el sonido y la luz de afuera.
El cura no sé de qué habla. Nunca lo entiendo, mi pensamiento es tan profundo que me aísla de todo.
Pienso en el rostro de Dominic y en su agonía, en sus babas bañándome la polla. Imagino cortarle los pezones con unas tijeras de podar y me masturbo de nuevo por encima del pantalón, presionando el glande repetidamente, con la mirada perdida en las vidrieras con imágenes de santos.
Se me escapa el pie cuando eyaculo y provoco un ligero ruido que rompe el silencio sagrado.
No sé en qué momento el cura ha acabado su rollo.
Salgo al exterior y la vecina del sexto me saluda.
– ¿Cómo ha ido la misa, vecino?
– Bien, Margarita, siempre es relajante.
– Bueno, seguro que irás al cielo -dice riéndose.
Yo en el cielo y su boca llena de mi polla, cubriéndomela de babas, vomitando en mi vientre… Es lo que pienso cuando mis labios pronuncian:
– En eso estoy, Margarita. Buenos días.
– Buenos días, Mario.
Y además de macho, soy un buen tipo.
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He visto el hielo en las piedras de un viejo muro de más de cuatro siglos.
El sol no alcanzaba a evaporarlo, como si el muro cobijara al hielo y éste enfriara y diera de beber a las secas y viejas piedras cansadas.
Son buenos amigos que se hacen compañía.
Todos esos siglos los han unido.

Debe haber un tiempo secular determinado para que las cosas más extrañas traben amistad entre ellas.
Y entiendo porqué amo y odio con idéntico placer e intensidad y nada me frena.
Con entusiasmo, lo mismo que construyo, destruyo.
Debe ser que soy más viejo que el muro y el planeta me adora por la pureza y la total ausencia de escrúpulos en mis emociones.
He cumplido una edad secular y el planeta adora mis emociones de amor y destrucción.
Al fin y al cabo soy hijo suyo: un producto de este lugar que flota en el cosmos.

Soy fuego y hielo.
Hierba y piedra.
Agua y tierra.
Soy perfecto, equilibrado en maldad y bondad puras.
El universo me quiere, es mi amigo a pesar de mis aberrantes pensamientos.
Tan viejo como él mismo.
Por ello aún vivo.

No tengo reparo en odiar por igual al más rico o al mendigo que más sufre. No prostituyo mi ser por nada ni por nadie.
Soy muro y hielo que avanza hacia una muerte que no pide ni necesita arrepentimiento alguno.

No existe el examen de conciencia en mí. No soy conciencia, soy consecuencia. Soy un acto continuo perfecto.
Cada acto cruel, cada detestable pensamiento, que he ejecutado y hay en mi cerebro, es la perfecta consecuencia del universo.

Podría ser más hermoso; pero nada es perfecto.
Y lo perfecto hastía.
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Las divagaciones de un ateo

Yo sé que no existes, pero a veces desespero en este mundo sin magia ni dioses, necesito a alguien a quien responsabilizar de mis errores y lo que pago de los ajenos.
Porque vivir en este planeta que tú creaste, es patear los excrementos que dejan los otros a medida que caminan. No puedes dar un paso sin ensuciarte los pies.
El hombre se procuró calzado por esa razón. Alguien tenía que tener el sentido de la higiene que a ti te falta.
Te has equivocado, Dios. No tienes sentido de la equidad, no tienes un ápice de ética.
Tus errores, son nuestro tormento, angustia y frustración.
Tengo un rosario de cuentas de mierda que hago bailar entre mis dedos en honor a ti.
Siempre me das en el mismo lado de la cara, tu sentido del equilibrio es nulo.
¿O simplemente eres malo sin más?
¿Es posible que mi podrida mente haya creado algo tan repugnante como tu divino misterio?
Joder, Dios, no me das descanso. ¿Tal vez sea que me sobrevaloras? ¿Crees que podré resistir hasta la hora de morir tu negligencia como ser superior? ¿Me quieres obsequiar otro tumor, otras venas secas, otros huesos infectados? Tengo la sangre dulce y apenas me quedan dedos en los pies que cortar.
Eres un puerco…
Ya está bien ¿no? No soy un Dios, no puedes joder a alguien que es tan poca cosa como yo, no tiene mérito. Eres un Dios apático, sin inquietudes. Un Dios que como una mala ramera, se conforma con cualquiera que le dé unas monedas.
Solo que tú, no necesitas prostituirte. Entiendo tu perversión y el placer que sacas de ella; pero si yo fuera tú, sería el puto Dios al que todos aman y admiran. No te golpearía cada día, ni te llevaría lejos, al lado contrario del amor.
Soy soberbio y vanidoso. Soy lo que tú no has sido nunca, por eso nos odias. A ella y a mí.
Te daría unas monedas para que desayunaras bien un día, luego te arrancaría el corazón; pero alternaría entre la alegría y la tristeza. A los perros les damos carne entre tanta croqueta seca.
Tú no… Tienes que acabar con quien te propones, hasta que cague sangre oscura.
¿Te masturbas allá arriba o a mi alrededor? A veces soy yo el que se masturba y desearía dejarte ciego con mi semen, que acertara en tu gran ojo de párpado triangular, estúpidamente triangular.
Ese ojo que todo lo ve, que todo estropea.
Sumas penas a otras penas, hilvanas costuras de soledades y lejanías, tejes una telaraña de desesperanzas y eliges a tres o cuatro idiotas a los que dar toda la alegría que a mí me niegas.
Eres un hijo puta.
Nos niegas a dos seres insignificantes, una simple esperanza.
Nos haces la vida tan larga que pedimos a gritos la muerte.
¿No la ves? Está sola, está cansada, como yo. No hagas nada, mi Dios de mierda, simplemente mira a otro lado, deja que nos acerquemos despacio, con esperanza. Moriremos antes de llegar.
¿A ti que más te da, mi piojoso Dios?
Si tuvieras algo de decencia, crearías un cáncer en los testículos de ese vecino idiota que no sirve para nada. Yo lo jodería así y ayudaría a un buen hombre a cambio. Es mucho pedir para ti ¿verdad?
Tú no buscas dormir tranquilo, sonriendo por esos pobres diablos que al fin se han besado.
Es más excitante para tu gran pene sagrado ver como la piel de unos niños se pega a sus huesos y sus ojos son los abrevaderos de cientos de moscas. Te conozco Dios, no sirves, eres un gran error que se retroalimenta de volubles designios, que son inescrutables porque simplemente no existes. Te creamos los desesperados de la ilusión. Te creamos los ateos ante la frustración de vivir cada día aquí, en este lugar que creaste sin existir.
Solo eres una conciencia colectiva, una pantalla de autocine.
Una simple abeja reina que lanza sus feromonas indiscriminadamente, sin voluntad, sin inteligencia.
¿No ha habido bastante dolor? Mira, hay mucha gente a la que matar, a la que enfermar, los hay a millones. Gente que se lo merece de verdad, te lo digo yo.
Deja de mirarnos, no somos nada, no importamos más que a nosotros mismos.
Deja que nos aproximemos, no puede hacer daño a nadie. Nos duele todo el cuerpo… Nuestras vidas están ya muy avanzadas o castigadas, puedes llamarlo como te salga de la polla; pero búscate otra distracción.
Yo la beso, la abrazo y tú miras a otro lado o matas a un bebé durante esos instantes, no importa.
Simplemente no nos prestes atención. No somos peligrosos, puto Dios.
Como me gustaría cortarte el cuello y que la sangre caiga sobre la humanidad, crear con tu sangre diosa una plaga de dimensiones cósmicas.
Tengo mis sueños, tengo a mi amor tan lejos en tiempo y distancia, que ya no sé si es amor o una locura de mi mente apaleada. De mi ánimo cansado de tu aceite hirviendo goteando encima de mí.
Tal vez sea el agobiante peso de tus designios lo que me hace pensar que alguien me pueda querer solo un poco. Que alguien me pueda estar esperando. Porque tú no das tregua, si por ti fuera, comería cristales rotos todos los días, todas las horas. A veces me oculto de ti, por eso sigo vivo.
No creo en ti, no existes; pero deberías ser. Alguien tiene que ser responsable de todo esto, de mi cuerpo, de mi cansancio, de mi boca seca, de mis lágrimas que son legañas puntiagudas como erizos anclados en mis lagrimales.
¿Estarás contento si consigo llorar sangre? Déjame ciego y que ella me guíe.
No te pido nada, solo pido, Dios de la mierda, que me ignores. Que la ignores a ella, porque mi sufrimiento lo puedo sobrellevar; pero el de ella… Es algo que me pudre las entrañas. Me duele ella más que yo mismo en llamas.
Que niegue tu existencia es lo mínimo que puedo hacer, porque yo sí que tengo algo de dignidad. Necesito devolverte todo el mal que nos has hecho.
Fíjate en esa mala mujer, haz que de su coño nazcan hijos muertos cada vez que mee. Céntrate en la asquerosa, se lo merece. Y dale así un respiro a mi amor. Déjala que se levante, ya se ha arrastrado bastante. Déjanos llegar con vida al abrazo ansiado.
Eres un hijo de puta, a los buenos destrozas y la idiotez premias.
No lo haces expresamente, Dios imbécil, solo haces lo que puedes. Eres un accidente del universo, algo aleatorio. Alguien te matará desde una galaxia lejana, alguien que sepa de tu podrida inexistencia.
Alguien disparará una andanada de ondas quarkianas y mi cabeza estallará y morirás.
No te creas tan Dios.
Solo vives en mi mente cansada de tanta banalidad y envidia.
Solo eres una moneda lanzada al aire con un pulgar torpe.
Aún así, eres responsable ante mí y ante ella de nuestro cansancio vital y de unas lágrimas excesivas.
No creo en ti, pero te odio y desprecio tan profundamente como a ella la amo.

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Iconoclasta

Hay una exquisita ternura en como toma en brazos el maltrecho cuerpecito. Hay un cariño extraterreno en la forma de cortarle la carótida al bebé, mientras entre sus brazos susurra en los inútiles y pequeños oídos ancestrales palabras de amor y compasión.
Es solo un pequeño tajo con el indoloro filo de su puñal. El cobertor que envuelve a la criatura se tiñe de rojo y la poca sangre que contiene su cuerpo se vacía en apenas un minuto.
Deposita el cadáver del bebé en su cuna de la sala de cuidados intensivos de pediatría.
El pequeño de espina bífida deja de sufrir a los cuarenta y tres minutos de haber nacido.
Lo observa con una milenaria mirada, vieja como las rocas del planeta.
Desaparece hundiéndose en el suelo para aparecer desnudo en su sillón de piedra, a millones de kilómetros infierno adentro.
La Dama Oscura toma su pene y lo endurece con lamidas y besos.
Los ojos de 666 tienen un brillo de tristeza.
A veces 666 siente alguna necesidad de cometer una ternura y todos callan esa debilidad en la fresca, oscura y húmeda cueva.
La Dama Oscura derrama el semen en sus pechos y 666 lanza un grito atroz que hace temblar a los ángeles y al mismo dios en el cielo.
Los crueles y los condenados guardan un silencio de terror escondidos entre las penumbras de la cueva, como inquietos insectos que temen una catástrofe.
Siempre sangriento: 666.

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