Archivos para junio, 2019

Amarte silenciosamente es lo mejor que me podía ocurrir.
Porque el amor no se deteriora cuando se mantiene secreto, en silencio.
Está a salvo de malentendidos y de mis vergonzosas limitaciones y carencias este amor que oculto y que guardo tan silenciosa y sigilosamente.
Nunca sabrá nadie la brutalidad de mi amor.
No lo pretendo; pero es una consecuencia lógica que este secreto te proteja de mí mismo y de mi existencia al no interferir con la tuya. Todo encaja ¿verdad, cielo?
Amarte silenciosa y caligráficamente es mi privilegio. Forma parte de mi escorada naturaleza.
No necesito tu permiso, ni compartir mis inquietudes y emociones con un amigo confidente.
Sé con certeza que cuando el amor deja de ser secreto, se autodestruye en cinco, cuatro, tres, dos… Estalla mediocremente, sin grandes aspavientos y ni cadáver deja para poder visitar su tumba y llorarlo al evocarlo.
Al evocarte a ti.
Sé de una forma natural, que ambos seremos felices con este amor, porque no sentiré la pesada carga al besarte, de no ser lo que me gustaría.
Sé que algo está deteriorado en mi cerebro.
La cuestión es que no hay remedio, ni lo quiero.
Es tarde, o tal vez, destiempo.
No es para ti esta carta, amada mía.
Es para este amor que palpita oscura y silenciosamente en mis sienes.
¿Te das cuenta de la trascendencia que amarte le da a mi vida? Gracias, mi amor.
La belleza de escribir solitariamente, de amarte sin límites ni gravedad. Poderosamente…
Es delirante, e incluso hace añicos el real concepto del amor.
Suelo romperlo todo, nací disconforme, enfadado con todo.
Así que escribo este secreto para dar peso, tamaño y tacto a este extraño amarte y situarlo como un jalón en mi historia.
Podrías pensar, si supieras de qué forma te amo, que estoy loco.
Claro que sí, no puedo rebatirlo; pero no ocurrirá. Moriré y nunca se sabrá, ni dolerá, ofenderá, ni asombrará.
Y lo mejor de todo, no me avergonzará jamás.
Temo al ridículo como al veneno.
Puedo reconocer mi locura porque este acto, estas palabras no me resultan extrañas. Son connaturales en mí por lo que soy y por lo que sé.
En otro momento, te escribiré de nuevo, no puedo olvidarte, cielo.
Te follaría ahora mismo, con la pluma en la mano…

Iconoclasta

Imagen de Iconoclasta.

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Un viejo camina muy despacio, demasiado para ser habitual.
Yo digo que deambula sin saber bien adónde va, un tanto confuso, disperso.
Se detiene en la acera frente a mi balcón (estoy leyendo tan plácidamente como puedo) y me llama la atención su absoluta inmovilidad y que sus ojos parecen no registrar nada de la luz que captan. Parece que mira adentro de sí mismo.
Y así ha estado al menos dos minutos. Luego ha intentado caminar con un titubeo, ha dado un paso y se ha vuelto a detener girando hacia mi dirección unos segundos. Lo ha intentado de nuevo y por fin ha salido de mi campo de visión. Hubiera tenido tiempo para fotografiarlo mil veces.
Temo que de repente hubiera caído en la cuenta de que está en un mundo que no es el que soñó o esperó en alguna edad; y que a sus años ya no hay esperanza ni tiempo para que sea diferente.
Yo pienso igual, solo que no me detengo hasta encontrarme en un lugar íntimo y vacío de humanos (o razonablemente vacío).
¿Y si no sabía dónde estaba? Así de simple y sin más intimismos.
¿Y si era la copia de sí mismo que ha salido de una vaina de guisantes o judías?
Películas, frustraciones y malos riegos cerebrales… Vete a saber qué.
Interesante cóctel.
Imposible no fotografiar algo tan anodino que resulta extraordinario cuando todo se mueve a velocidad de fibra óptica.
Observo, luego temo.
Todo ese aislamiento, enajenación, inmovilidad o pensamiento en blanco es un auténtico cortometraje existencialista. Un triste microcuento inenarrable.
Cerebros cortocircuitados, rotos, cansados. Llenos y por ello, colapsados.
Es lógico que ocurra. Es raro ser testigo de ello.
Prefiero pensar que es un Ultracuerpo, es menos triste.
Da más esperanza.
A mí, que un día también quedaré anodinamente varado en la nada.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Y fue que vi una serpiente en mitad de una carretera que cruzaba las montañas y sus bosques.
Y tuve una revelación: “Tal vez sea Satanás” me dije a mí mismo.
Y fue así que, busqué una larga rama para llevar la serpiente al borde del bosque y salvarla de que un coche la aplastara.
Y fue así que esperé el favor de Satanás durante unos segundos.
Y fue que no ocurrió nada, cero, rien de rien, niente…
Y fue así que continué mi camino como el mismo fracasado que era unos segundos atrás de haber salvado a Satanás.
Precioso…
Mierda de paja mental.
(Video de Iconoclasta)

Ya…
Los escolares británicos son más tontos que las piedras.
Los titulares de prensa deberían ser claros y concisos como yo.

En Telegramas de Iconoclasta.

Se trata de una pista estrecha asfaltada de unos diez kilómetros que pasa por el interior de prados y montañas, y en algunos momentos, bordeando el río Ter. Es un paseo digno de hacerlo todos los días sin que te decepcione o aburra en ningún momento. Se encuentra en la provincia de Girona, en Cataluña.
Sin embargo, en los días primaverales, en los que los colegios hacen excursiones en bici, o los fines de semana cuando el ganado urbano invade el medio rural para tomarse un respiro, no se puede apreciar que es hermosa y naturaleza pura.
Dijéramos que cuando colegios y turistas invaden la Ruta del Hierro, solo puedes pensar que se trata de un lugar didáctico. Te sientas en un banco en cualquier día festivo o de excursión escolar, cuando una piara de colegiales en bici con abundantes subnormales entre ellos sale con su escuela a recorrer la ruta; y te das cuenta en los niños cuales serán los futuros idiotas que coparan los mejores puestos remunerados (he comprobado a lo largo de mi vida que los tarados y los idiotas son los que más cobran en los trabajos) y los que crearán los más graves accidentes de tráfico. Lo mismo vale para los adultos, que cuando llegan en su fin de semana, por alguna razón se piensan que el campo es todo suyo. Y por algún miedo o alguna homosexualidad precisan circular en bici el uno al lado del otro invadiendo dos idiotas todo el espacio de la estrecha pista.
Si a esto le sumamos que los cerebros catalanes, al igual que muchos de cualquier parte del mundo (el catalán no tiene nada de especial, creedme, yo soy catalán), son absolutamente incapaces de pensar que alguien puede circular en sentido contrario, los accidentes no demasiado graves se dan tan a menudo que siento ganas de rascarme el culo y escupir mierda con rabia incontenida.
Porque lo que te enseña la Ruta del Ferro i del Carbó (La Ruta del Hierro y del Carbón), es que hay niños idiotas que provocan accidentes con un retraso mental que con toda probabilidad han heredado de sus putos padres, que también provocan accidentes por que tienen miedo a pedalear solos, como ya he dicho, por alguna causa homosexual o alguna tara congénita.
Es didáctico este lugar, porque de paso desmonta el tan cacareado mito de la educación de los catalanes (profesorado y monitores incluidos), de su exquisitez y alto grado de respeto.
Y una puta mierda…
Son tan chonis, chulos, nacos, ineptos, incultos, mentirosos, vanidosos (de todos es sabido que los que más carencia intelectual tienen caminan o van en bici con una actitud de folladores reproductores natos), negados y maleducados como lo puedan ser en cualquier región del planeta. Solo que los diferencia su idioma, claro.
Pero que nadie se crea que en la Ruta del Hierro va a encontrar menos mierda que en otros lados.
En definitiva, cuando quieras conocer la Ruta del Hierro Ripoll-Sant Joan de les Abadesses, espera a que sea en día laborable y fuera de temporadas cálidas para no encontrarte con los mismos idiotas niños (sus profes y monitores), adolescentes y adultos que te harán sentir que sigues en la misma pocilga de la que saliste para disfrutar de libertad unas horas.
Y por favor, que nadie se crea el puto mito de la educación catalana porque te juegas la integridad física como en cualquier otro suburbio del mundo.